viernes, 18 de mayo de 2012

La Marihuana - sinapsis

También nos han dado un trabajo de biología sobre la Marihuana. Nos ha costado mucho encontrar información concreta, pero ahí voy a poner algo de lo que pudimos encontrar.No esta muy completo que digamos....

Casi todas las drogas actúan sobre el cerebro y alteran el comportamiento o estado de ánimo, estimulando o inhibiendo la actividad de sistemas de neurotransmisión. Con este  trabajo, pretendemos investigar sobre los efectos que tiene la mariguana en nuestro organismo…
MARIHUANA: Afecta la coordinación, trastorna la percepción de la profundidad y el sentido del tiempo; altera la memoria de corto plazo (probablemente reduciendo la concentración de Acetilcolina en el hipocampo); inflama los ojos; causa vasodilatación periférica. Produce euforia dilataciones sensoriales y alucinaciones.
Los canabinoides de la marihuana reaccionan con los canabinoides de las neuronas, en la sinapsis paquetes procedentes de la marihuana reaccionan con los receptores de las neuronas dando lugar a todas las maravillosas sensaciones consecuentes.
La marihuana contiene una sustancia llamada delta -9- tetrahidrocannabinol que es capaz de estimular un receptor de unos de estos mensajeros químicos llamado “anandamida”. Esta molécula opera y cumple funciones relacionadas a la memoria, percepción y comprensión de la realidad.
No es verdad que el cannabis destruya las neuronas sino que, el de origen vegetal, cambia la “configuración” de las herramientas psíquicas activando unas funciones más que otras. 

El cannabis es la droga más consumida del mundo. Para los científicos, el cannabis se ha convertido en una herramienta de exploración del cerebro, un utensilio tan inesperado como apreciado.
Originario de las montañas indias y chinas del Himalaya el cannabis se ha utilizado desde hace mucho tiempo en las ceremonias rituales por sus virtudes terapéuticas. Marruecos es el primer productor mundial con 2300 toneladas anuales. El cannabis se fuma bajo la forma de hojas secas, llamada marihuana, hierba o grifa, o bien en forma de resina o hachís y el kief, un polvo del polen, que se extrae golpeando la planta, una técnica tradicional en Marruecos.
Con más de 160 millones de consumidores, es la droga ilegal más extendida en el mundo. Sin embargo, el estudio del cannabis, ha permitido a científicos, descubrir un sistema esencial en el funcionamiento del cerebro. Un sistema del que nadie sabía de su existencia hace unos años.
Sin las ratas y los ratones jamás habríamos podido estudiar los efectos de las drogas. Comparten un gran número de sus genes con nosotros  y las drogas desencadenan las mismas tempestades en sus cerebros. De hecho, la humanidad entera, tiene una deuda moral con estos pequeños animales.
Podemos drogar a las ratas, manipular sus genes e incluso diseccionarlas. Es la triste, pero la necesaria labor diaria de los laboratorios  que comparan el estado de las ratas drogadas o genéticamente alteradas con las ratas controladas o normales.
Como todas las drogas, el cannabis, visto al microscopio electrónico actúa atacando el sistema de comunicación del cerebro. Pues nuestro cerebro se pasa la mayor parte del tiempo “hablando consigo mismo”. Su buen funcionamiento se basa en el dialogo incesante entre nuestras cien millones de células nerviosas, las neuronas.
Para hacer circular la información, las neuronas envían mensajeros químicos denominados neurotransmisores. Bien sea el dolor, el placer o el ritmo en el intercambio de información, los neurotransmisores regulan un equilibrio sutil y complejo del que depende el conjunto de las funciones de nuestro organismo. Entre cada neurona existe un pequeño espacio en el que reina una intensa actividad. Es aquí en la sinapsis donde actúan los neurotransmisores.
Para hacer circular la información de una neurona a otra, los neurotransmisores se dirigen a los receptores correspondientes. A principios de los años noventa, unos investigadores descubrieron que el cannabis se aloja dentro de ciertos receptores, lo que esto quiere decir, es que nuestro cerebro fabrica moléculas que se parecen al cannabis. Estas moléculas y sus receptores forman lo que expertos denominan el sistema cannabinoide endógeno, así llamado porque se encuentra en el interior de nuestro organismo.
En nuestro organismo existen receptores específicos que pueden captar el cannabinoide. Su objetivo no es sentir los efectos de la marihuana, en absoluto, es porque poseemos también un sistema cannabinoide endógeno. La cantidad de receptores canabinoides es mucho más importante que la cantidad de receptores para cualquier otro neurotransmisor clásico. Esta cantidad de receptores ha dejado perplejos a los investigadores. En ciertas áreas del cerebro su número es hasta doce veces mayor al de la dopamina.
Dentro del cerebro, este sistema actúa sobre todo en el cerebelo que rige la coordinación de los movimientos, en el tronco cerebral, que regula las funciones vitales y en el estriato, el hipocampo y la amígdala, responsables respectivamente de los movimientos reflejos, de la memoria y de la ansiedad.
Una vez identificados los receptores los científicos iniciaron la búsqueda de las moléculas próximas al cannabis producidas por nuestro organismo.
Cuando el cerebro necesita de los cannabinoides se auto fabrican utilizando la grasa de la superficie de las neuronas, se reubican rápidamente durante la sinapsis y así pueden estimular a los receptores de cualquier neurona.
Molécula activa del cannabis D-9tetrahidrocanabinol 

LA IRA

El trabajo que han escrito mis compañeros aunque no debía entregarse... era disertación.


1.- ¿Qué gatilla o dispara la emoción?
· Frustraciones: una mala nota, un plantón.
· Sucesos irritantes: una llave perdida, el ruido en el jardín de los vecinos.
· Provocaciones verbales y no verbales: la sarcástica observación del jefe, el coche que nos adelanta por la derecha en la autopista.
· La falta de corrección y la injusticia: una crítica fuera de lugar, el aumento de los impuestos desproporcionado desde el punto de vista social.
La ira está muy relacionada con los fracasos, frustraciones y conflictos del hombre.
Pocas veces se presenta la ira en primer término, y sin causa.
Con frecuencia los seres humanos transformamos en ira nuestros sentimientos primarios de preocupación, culpa, decepción, rechazo, injusticia, choque, incertidumbre o confusión.
La ira puede llegar después del TEMOR (por ejemplo, de que un hijo se lastime).
La ira también puede llegar desde la FRUSTRACIÓN (intentamos infructuosamente llevar adelante una tarea, porque un obstáculo se nos interpone en forma permanente).
Si nos sentirnos CELOSOS -y por lo tanto AMENZADOS- podemos disfrazar nuestras reacciones primarias con sarcasmo, y -por ejemplo- sentir el impulso de agredir verbalmente a nuestro cónyuge.
Incluso la FATIGA puede transformarse instantáneamente en hostilidad. También la TURBACIÓN puede desatar la ira, y la HUMILLACIÓN transformarse en furia.

2.- ¿Cuál es su tonalidad afectiva interna en términos de placer o displacer, agradable o desagradable?
La ira generalmente es un sentimiento desagradable para la mayoría de las personas, aunque depende muchas veces de la mentalidad y personalidad de quien la sienta, ya que hay quienes encuentran una sensación placentera o de vitalidad en esta emoción.
3.-¿Qué fenómenos corporales internos la acompañan?
Latidos del corazón, tasa respiratoria, incomodidad.
4.-¿Qué expresiones corporales externas genera?
Pueden manifestarse en forma de sudor, palidez, o por el contrario, enrojecimiento del rostro, temblores, gestos desproporcionados.
5.- ¿Qué tipos de acción o comportamiento da lugar?
Se manifiesta de diferentes formas en cada persona. Algunos pueden reaccionar con violencia, rompiendo cosas y golpeando cuanto hallen a su alrededor, lanzando gritos y subiendo gradualmente su tono de voz.


Borrador:

IRA, ENOJO Y FURIA

'La ira jamás carece de motivo, pero raramente tiene 
un buen motivo'.
Benjamin Franklin
La cólera o ira es una reacción repentina de tipo violento-agresivo. El acceso de cólera produce trastornos neurovegetativos que pueden manifestarse en forma de sudor, palidez, o por el contrario, enrojeci-miento del rostro, temblores, gestos desproporcionados con gritos y violencias, sentimientos apasionados de odio que disminuyen momentáneamente el raciocinio. 

        Por lo general, la persona iracunda sufre una contracción del rostro, acompañada de una mímica que manifiesta estupor y rabia a la vez. Cuando habla aumenta el tono de la voz, esta conducta emocional -más comúnmente- va acompañada de una tendencia exagerada a la gesticulación.
La agresividad propia de la cólera puede ir dirigida contra la causa de la contrariedad y suele terminar cuando se genera una respuesta violenta ante el estímulo que la provocó. Pero puede también, y con frecuencia, hallar otro objeto (cosa o persona) desviando su atención hacia él a fin de no enfrentarse con la causa verdadera. Es conocido el hecho de la persona, pusilánime en su entorno social, que descarga su cólera al llegar a casa.
La cólera, la ira, la indignación y el comportamiento agresivo son reacciones de lucha fundamentales e instintivas cuando nos amenaza algún peligro. El psicólogo Raymond W. Novaco distingue entre cuatro clases esenciales de provocación que pueden desencadenar nuestra indignación:
· Frustraciones: una mala nota, un plantón.
· Sucesos irritantes: una llave perdida, el ruido en el jardín de los vecinos.
· Provocaciones verbales y no verbales: la sarcástica observación del jefe, el coche que nos adelanta por la derecha en la autopista.
· La falta de corrección y la injusticia: una crítica fuera de lugar, el aumento de los impuestos desproporcionado desde el punto de vista social.
La ira está muy relacionada con los fracasos, frustraciones y conflictos del hombre. Ahora bien, hay que tener en cuenta que no existen personas que alguna vez no hayan tenido un fracaso. Muy por el contrario, éstos son necesarios en el proceso de aprendizaje del hombre.
Hay quienes opinan que la ira, al igual que otras emociones, es innata y congénita, pero estudios más recientes apuntan hacia el hecho de que lo único innato y congénito es la respuesta de los individuos ante las situaciones desagradables que, a través de procesos de maduración y de aprendizaje, se van haciendo diferentes en cada persona. 
 
 

LA IRA ES UN CÓDIGO
Pocas veces se presenta la ira en primer término, y sin causa.
Con frecuencia los seres humanos transformamos en ira nuestros sentimientos primarios de preocupación, culpa, decepción, rechazo, injusticia, choque, incertidumbre o confusión.
La ira puede llegar después del TEMOR (por ejemplo, de que un hijo se lastime).
La ira también puede llegar desde la FRUSTRACIÓN (intentamos infructuosamente llevar adelante una tarea, porque un obstáculo se nos interpone en forma permanente).
Si nos sentirnos CELOSOS -y por lo tanto AMENZADOS- podemos disfrazar nuestras reacciones primarias con sarcasmo, y -por ejemplo- sentir el impulso de agredir verbalmente a nuestro cónyuge.
Incluso la FATIGA puede transformarse instantáneamente en hostilidad. También la TURBACIÓN puede desatar la ira, y la HUMILLACIÓN transformarse en furia.
El saber que la ira generalmente cubre una emoción anterior nos ayuda a manejarla con más eficiencia. El verla como un código la hace menos amenazante. Cuando uno desconoce este hecho, es proclive a responder en forma directa, echando leña al fuego con la negación, la represión o la manifestación crónica y sin límites.
No es necesario comentar demasiado los efectos nocivos de esta emoción, que nos perjudica tanto en nuestra vida familiar, académica, social y laboral.
Ha dicho de ella el filósofo Denis Diderot: 'La cólera perjudica el sosiego de la vida y la salud del cuerpo, ofusca el juicio y ciega la razón'.  

Testimonio de una persona que disfrutaba de la ira...

La ira.

Todos hemos experimentado la ira alguna vez. ¡Incluso algunos disfrutamos con ella! La ira es un obstáculo al crecimiento espiritual y puede adoptar muchas formas: gritos, violencia, respuestas cortantes y tonos hirientes, fumar comprar, comer en exceso, dejar de comer, beber, drogarse, entre otras muchas cosas.
¿De dónde procede toda nuestra ira? Si examinamos esta pode6rosa emoción, hallaremos que gran parte de nuestra ira realmente procede del miedo a no poder controlar el resultado de una determinada situación o las acciones de los demás. Surge de nuestra no aceptación de una situación dada o de la manera en que una persona está actuando, que es diferente de la manera en que nosotros actuaríamos. No entendemos por qué los demás no hacen las cosas a nuestra manera. A veces, la ira proporciona a la persona enojada una sensación que la hace sentirse viva. El corazón se acelera y la respiración se hace más rápida. La ira parece crear energía. Yo solía disfrutar de mi ira porque me hacía sentir como si mis nervios estuviesen calientes y listos para entrar en acción. ¡Había excitación en el aire! Pero me di cuenta de que, además de la ira, existían formas más productivas de sentirse vivo, y que las consecuencias de querer sentir más ira, en lugar de menos, me perjudicaban, mental o físicamente.
Muy frecuentemente culpamos a los demás y a las circunstancias de nuestra ira. ¿Cuántas veces ha dicho usted: "¡Me sacas de quicio!"? En realidad, no es la otra persona quien le ha sacado de quicio, sino usted mismo. Posiblemente porque sintió que la manera en que aquella persona estaba actuando no era la manera en que usted habría actuado. Para usted, esa persona estaba equivocada. Este pensamiento confunde mucho porque es sumamente sutil y por lo general pasa inadvertido y nuestra mente consciente no lo detecta. Un ejemplo típico de cómo nuestra ira se puede basar en el deseo de control puede verse en una frase como ésta, no tan infrecuente: "No puedo creer que ella hiciese eso. Me pone a cien. Yo en su lugar hubiera...".
Nos hemos convertido en personas que, en vez de aceptar a los demás, tenemos miedo de quienes son diferentes de nosotros. Es un círculo vicioso que hemos creado y del que debemos aprender a salir. Si alguien actúa o parece diferente, lo clasificamos y encasillamos y decimos que está equivocado, tal vez porque se viste o comporta de una determinada manera. Pero en realidad no estamos enojados con esa persona porque es diferente, sino que más bien sentimos envidia porque es lo suficientemente libre para ser ella misma. No tiene miedo a vestir de un modo diferente, a manejar una situación de una manera diferente, a ser exactamente quien es, inmune a nuestro control.
Somos una especie predecible, pero al mismo tiempo también somos distintos. Cada uno de nosotros tiene sus propias características y personalidad individual. Pero de algún modo todavía esperamos que nuestros hijos sean "iguales que nosotros" y, cuando no lo son y desarrollan sus propias opiniones acerca de las cosas, nos enfadamos y decimos cosas tales como: "No pareces hijo mío. No sé de dónde sacas esas ideas. No eres como tu madre ni como yo". ¿Por qué nos enfadamos de esa manera?
Nuestro hijo ¿cometió un delito o simplemente expresó puntos de vista que son diferentes de los nuestros? Intentamos enseñar a nuestros hijos a sostenerse sobre sus pies, pero a la vez les enviamos mensajes verbales contradictorios. Lo que realmente les decimos es: "Puedes ser independiente y tener tus propias opiniones, pero con tal de que esas opiniones coincidan con las nuestras". Tenemos que aceptar a los demás como son y permitirles que sean lo que sienten necesidad de ser.
La ira puede proceder del miedo, la inseguridad, los celos y la envidia. Nos enojamos con los demás porque en alguna parte, en lo más hondo de nuestra psique, inconscientemente, les vemos hacer algo que nosotros siempre hubiésemos querido hacer y que, por una razón u otra, jamás hicimos. Entonces, en vez de celebrar sus éxitos, los humillamos, porque no podemos aceptar la ira que experimentamos en nuestro interior por no haber tenido el valor suficiente para llevar a cabo nuestros propios sueños y deseos. En resumen: hemos vendido la libertad de ser nosotros mismos y nos hemos amoldado a una sociedad que nos dice "esto se hace y esto no se hace". Al enfrentarnos con nuestra ira y su verdadero origen, podemos enfrentarnos con nuestros propios defectos.
Responsabilizarnos de nuestra ira y nuestros actos, y ser honestos con relación a nuestras emociones, constituye una de las claves para hallar la felicidad en nuestro interior, y la mejor cosa que jamás podremos hacer por nosotros mismos. Considérelo como una inversión a largo plazo. Responsabilícese de sus sentimientos y su ira en vez de echar la culpa a los demás.
Para garantizar la felicidad y la paz interiores, tenemos que conocer de dónde surge nuestra ira y examinar honestamente esa fuente. Lo que descubrimos sobre nosotros mismos no tiene que confesarse en medio de la sala de estar o en la cafetería del trabajo o proclamarse desde una tribuna. Puede admitirse en silencio, interiormente, en un momento de reflexión, y no hay necesidad alguna de hablar de ello.
Nadie más que nosotros mismos es responsable de nuestra vida y nuestros actos. Algunas veces el hecho o la palabra que despiertan la ira no son su verdadera causa. Quizás es otra cosa que se halla por debajo de las emociones, enterrada, hasta que algo dicho con toda la inocencia hace que la ira salga a la superficie. Cuando esto sucede, lo mejor que se puede hacer es abordar directamente esa ira. ¡Se quedará muy sorprendido al saber de dónde procede, e incluso del tiempo que ha estado oculta en su interior!
Bien, ahora ya tiene una idea de por qué se enoja. Pero ¿qué puede hacer para detener lo que usualmente acaba siendo un choque de trenes mental? La respuesta: aceptación y comprensión. ¿Por qué está tan enojado y molesto por tener que hacer una larga cola en el banco en una mañana de sábado? Porque tiene tantas cosas que hacer... Pero ¿tiene que hacerlo todo precisamente esa mañana? No, pero quiere hacerlas, de ese modo la próxima semana dispondrá de más tiempo libre. Y mientras está de pie y haciendo cola, mirando con impaciencia al empleado, que parece que tarda demasiado en realizar cada transacción, su irritación va en aumento. Ahora trate de contemplar la escena desde un punto de vista un poco diferente: el empleado ciertamente tarda más de lo que usted desearía, pero está haciendo bien su trabajo. Está asegurándose de que las operaciones se realizan sin errores y que entrega la cantidad correcta de dinero a cada cliente. Cuando le llegue su turno, ¿no le gustaría recibir la misma atención?
Aunque no nos demos cuenta de ello, somos los causantes de gran parte de nuestra ira. Necesitamos dar un paso hacia atrás para percatarnos de dónde procede toda esa ira. Hay mucho que aprender sobre esta emoción intensa. Una gran manera de enfrentarse con ella es interrogarnos constantemente y tratar de descubrir en nuestro interior por qué nos sentimos tan irritados con una determinada persona o situación. Después de cada respuesta debemos añadir otro "¿por qué?", hasta que finalmente lleguemos a la raíz de nuestra emoción. Una vez hayamos contestado todos nuestros "por qué", ¿cuál es el siguiente paso?
Pues o bien podemos ignorar lo que hemos aprendido y continuar enojándonos, y posiblemente acabar con una úlcera de estómago (y no muchos amigos), o podemos renunciar a nuestros deseos de control, no importa lo inconscientes que sean, admitiendo que no nos es posible controlar determinadas cosas. No hay nada que podamos hacer acerca de cómo piensan y actúan los demás. Y tanto si lo aceptamos como si no, habremos de tratar con ciertas personas y situaciones que serán capaces de alterarnos y que harán que nos enojemos. Así pues, ¿por qué no soltamos el lastre de la ira?
Si no lo soltamos, nuestra ira se incrementará, se volverá hacia el interior y con el tiempo puede que se manifieste en forma de una enfermedad física. Otro punto importante es recordar que no pasa nada si no se entiende una relación o una situación determinada, pero que es imperativo entender que no podemos hacer nada para modificarla. Ya lo llamaremos karma, destino o proceso de vivir y aprender, cada uno de nosotros debe intentar decirse a sí mismo: "No entiendo esta relación, no hay nada que pueda hacer para modificarla, así que la dejo correr y lo acepto como es".
Si descubrimos que nuestra ira tiene su origen en la inseguridad o los celos (que son inseguridad, pero bajo otro disfraz), debemos trabajar para cambiar esta actitud. Incluso la admisión -en silencio y a nosotros mismos- de cómo reaccionamos a determinadas circunstancias es el comienzo del cambio.
Cuando antes hablaba acerca de la ira que se va cociendo a fuego lento, hasta que de repente algún comentario hace que se vierta, me estaba refiriendo a la ira equivocada. Suponga que un amigo o un compañero de trabajo hace un comentario y usted pierde los estribos. ¿De qué está realmente enojado? Puede que no sea de lo que esta persona ha dicho, sino del tono en que lo ha dicho. Tal vez activó algo en su interior que le recordó a su padre o a su ex marido o incluso a un profesor que le hablaba y humillaba con un determinado tono de voz. Por consiguiente, su ira surge realmente de una situación no resuelta del pasado, más que de un problema del presente.
¿Cómo se resuelve la ira equivocada? Enfréntese con la fuente que origina su ira. Puede que la persona con la que está realmente enojado no responda de manera receptiva, pero por lo menos habrá sido capaz de hablar con ella acerca del problema. Sáquelo de su sistema. Si todavía conserva ira por una situación pasada, y no hay manera de enfrentarse con la persona que estuvo implicada en aquella situación, escriba una carta, vertiendo en ella todos sus sentimientos lo más honestamente posible y, en vez de enviarla, quémela, liberándose de todas las emociones que le han tenido atado durante tanto tiempo. Al mismo tiempo que quema la carta, pida perdón a esa persona, para esa persona y para usted mismo, y pida la curación a los espíritus que guían. Éste es un poderoso ritual, y ayuda a situar su ira contra los demás y contra las situaciones no resueltas en el auténtico lugar que le corresponde. También contribuye a dejar atrás el pasado. Al dejar atrás el pasado, uno está libre para ocuparse del presente precioso.

Guayasamín





Oswaldo Guayasamín 1919- 1999


Oswaldo Guayasamín (Nace el 6 de Julio de 1919 en Quito; Muere el 10 de marzo de 1999 en Baltimore) fue un destacado pintor ecuatoriano.
http://es.wikipedia.org/wiki/Oswaldo_Guayasam%C3%ADn
http://mutatismutandis.blog.terra.com.pe/tag/la-edad-de-la-ira/

Me encantaron las pinturas de este hombre. Todas esas formas... encierran un montón de sentimientos desgarradores y tristes... y todo esto, por estar haciendo un trabajo de filosofía-psiología sobre la ira.

                                                                              

Cap.38 CLARE

Capítulo 38

El día siguiente no fue tan difícil como creía. Ahora que Fred había vuelto y podía aconsejarme y consolarme, suponía que las cosas comenzarían a ser más simples.
Mi primer impulso luego de haber aceptado la verdad y luego de haberme calmado un poco, fue ir hasta donde estuviera Balthazar y matarlo. Ya no era para mí el salvavidas que siempre había considerado, no era ni mi mentor ni mi proveedor de sangre, simplemente era un sucio animal que intentaba crear un ejército superdotado de demonios híbridos.
Pero Fred no me dejó. Me convenció de que lo mejor era seguir fingiendo que nos agradaba, pues podía servirnos de mucho. Era un vampiro muy poderoso.
En cuanto a lo de la raqueta… era lo que menos nos importaba en esos momentos.
Cuando entré en clases de matemáticas esa mañana, me sentía muy nerviosísima, como si tuviera escrito en la frente el hecho de que el mounstro que me había dado la vida fuera el mismo director. No, pero nadie lo sabía y esperaba que nunca nadie lo supiera.
Fred, que estaba conversando con unos chicos, sentado sobre su mesa, me dirigió una sonrisa sincera. Nunca había visto en su cara una sonrisa como esa.
Me senté en mi puesto y en cuando la campana dio inicio a la clase, Button puso el examen que habíamos hecho hacía poco, encima de las mesas de los alumnos. Mi rojo, me lo estampó en el pupitre como si con eso me lo restregara por la cara.
“Me extraña que no uses a Lyan para saber las respuestas. ¿Cómo crees que Greg es tan inteligente?” susurró Fred mentalmente.
“Gracias por tus comentarios idiotas” le dije “Me suben el ánimo…”
Nunca creí que fuera tan divertido pasar toda una clase conversando, sin que nadie se diera cuenta. Así debía de hacer Max con sus amigos, era un pasatiempo muy interesante.
Quizá podía probar hacerlo con Bob más seguido, así no tenía que estar viniendo al internado a cada instante.
En el almuerzo, me senté con “Greg” ahí en el mismo bordillo de la pared en la que había comido con Max y Anne alguna vez. La gente nos miraba disimuladamente comentando de seguro la escenita que había hecho Clare la loca y luego lo que había pasado con el entrenador. Debían estar muy intrigados.
-Lo que sí, tendrás que decirle  a Balthazar que me has descubierto. O si quieres se lo digo yo, aunque poco importa –su voz era un susurro apenas audible, ya que no queríamos que los lobitos pudieran oírnos por casualidad- Seguramente te dará una escusa de que era por tu propio bien, que estabas muy apenada y que si te decía que me habías convertido te sentirías aun peor… -comentó Fred con el tenedor dando vueltas en el aire.
No le presté mucha atención y formulé la pregunta que tenía en mente con el mismo tono de voz, tan bajo, que casi ni uno de los dos podía oírlo.
-Si les dijiste a tus amigos que yo estaba un poco chiflada ¿Como explicarás que estás sentado aquí ahora tan cómodamente conmigo?
-Deja de pensar en lo que dirían los demás. Que se lo expliquen solos. Te vas a dar cuenta de que cuando comiencen a preguntar, hacen sus propias conjeturas. Hacen todo el trabajo así que tu solo debes asentir. “Claro, claro, eso fue lo que pasó” les dices.
Asentí encogiéndome de hombros. Podía funcionar.
“Ahora, he estado pensando y me preguntaba si tu estarías de acuerdo en formar conmigo nuestro propio ejército”
Fruncí el ceño formando dos surcos muy profundos entre mis cejas. ¿Qué tontería estaba diciendo?
-¿Estás loco? –dije en un tono de voz más fuerte del que pretendía.
Yo no quería luchar. Si hubiera podido escapar de todo lo que me había pasado desde que había llegado al internado, lo habría hecho hace mucho. Pero no podía.
“Exacto” dijo “No puedes. No podemos, así que lo único que podemos hacer es afrontar todo esto y la mejor manera para hacerlo es estando preparados”
Suspiré y me acomodé en mi asiento que era la orilla de la pared. Bajé la vista a mi comida y la contemplé con desinterés. Ya me había acostumbrado a que la comida solo fuera un gusto tonto y no una necesidad… pero la extrañaba tanto.
Comenzaron a deambular por mi cabeza un par de rostros que podrían ser parte de nuestro supuesto ejército…
-Bob… -susurré. Era el único que se me ocurría que aceptaría sin ningún titubeo.
Fred no lo conocía personalmente, pero asintió con la cabeza, sabiendo que estaría bien.
-¿Y tu novio? –preguntó Fred.
Suspiré y desvié la mirada hacia el ventanal.
“Si Tyler supiera que soy… lo que soy, preferiría matarme antes de siquiera pensar en unirse en nuestro ejército… te mataría a ti también”
Fred volvió a asentir lentamente.
-Bueno, al menos somos cuatro –dijo en voz alta.
¿Cuatro? Bob, él y yo… ¿Y quien más?
“Pues tu papito… Él estará con nosotros hasta que decidas que es el momento idóneo para acabar con su asquerosa vida”
Me estremecí y la cólera en contra de ese hombre volvió a mí. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Había heredado casi todo su físico. Pelo negro… ojos azules… piel clara… dedos largos… el gusto por la sangre…
Volví a estremecerme y meneé la cabeza de lado a lado para quitarme ese sucio recuerdo de la cabeza. Debía conservar la calma.
Luego mi cabeza voló haci otro ser en la tierra, que también era casi completamente igual a mí. Danna.
Fred saltó con su bandeja de comida en las piernas. Casi se la cae.
-¡La había olvidado!
Ella podía… Claro. Ella había querido ayudarme el día de mi transformación y era obvio que estaría de nuestro lado. Ella me ayudaría a acabar con nuestro maldito progenitor. Solo había que encontrarla.
“Hoy en la noche, planeaba una salida nocturna a la ciudad para cazar un par de vagabundos que no tengan donde caerse muertos. Pensaba darles un buen lugar…” Se recostó sobre la pared, palpándose el estómago como si estuviera saciado. “Podemos aprovechar de buscar a tu hermana”
Rodeé los ojos.
-En primer lugar, no es mi hermana… quiero decir… no me gusta que le llames así – “y en segundo, no se como no se te revuelve el estómago el pensar en matar a alguien”
“Está bien si no los conoces”
Recordé lo muy mal que me había sentido luego de creer haberlo matado. Se lo hice saber. Todos los días que había pasado sin beber ni una sola gota de sangre, ni de humano ni de animal… ¿Cómo es que no se sentía así después de beberle la vida a un humano inocente?
“¿Inocente? Estaría haciéndole un beneficio a la sociedad. En especial cuando me encuentro con chicos malos que matan por placer… y no porque necesiten alimentarse…”
Procuré ignorarle, pues aun no me parecía que aquellas fueran buenas escusas y me terminé el resto de la comida.
“¿Crees que Danna pueda escucharme si la llamo mentalmente?” pregunté justo al tiempo en que sonaba la campana de entrada a clases.
Nos dirigimos lentamente hacia la sala de lengua, mientras continuábamos debatiendo interiormente, quienes de los que conocíamos y de los que aun no, podrían servirnos como aliados.
Pensamos en todos mis antiguos vigilantes desertores, como posibles amigos, pero no podíamos estar seguros de que les agradara la idea de que la humana por la que habían renunciado a su manada, se hubiera convertido de pronto en un demonio.
Y nos ocurrió lo mismo con Max y Anne, salvo que yo quise zanjar el tema mucho más rápido.
“Ivi…” susurró Fred mentalmente bajando la cabeza mientras trotábamos uno al lado del otro. “Ella… es, es… una vampira que conocí mientras “no estaba muerto y andaba de parranda” rió rascándose la cabeza “No dudaría un segundo en ayudarnos si se lo pidiera, pero, no lo sé… tiene solo catorce años ¿Tu que opinas?
Inspeccioné las imágenes que Fred me entregaba mentalmente. Era una chica de expresión dulce, su pelo era castaño chocolate y le llegaba hasta un poco más debajo de los hombros. Sus ojos eran casi del mismo color del pelo, pero eran grandes y penetrantes como los de Marie, solo que parecían más agradables. Tenía las mismas pecas que Fred en las mejillas y en el puente de la nariz, las que resaltaban de un tono dorado contra su piel clara. Era bajita, por la distancia que había entre la mirada de Fred y el rostro de la chica, pero su apariencia tímida la hacía ver aun más menuda.
La habían transformado mucho después que a Fred, por lo que sus catorce años eran humanos. Fred la había encontrado en el lecho de un río, justo cuando la chica comenzaba a abrir sus ojos, desesperada por la falta de movimiento de sus músculos. Se había acercado a ella, rápidamente, recordando el miedo atroz que había sentido al despertar sin saber nada, dentro de un ataúd oscuro y se apresuró a confortarla, acompañándola todo el tiempo que bastaba de su transformación.
Entonces, Fred ya había vuelto a comunicarse con Balthazar y estaba planeando su regreso al internado. La pobre Ivi, apenas alcanzó a estar un par de semanas con su adorado protector, antes de sentirse fuera de lugar por estar interfiriendo en los planes de Fred.
“Se marchó un día, diciendo que volviera a mi lugar en la tierra, que todo lo que la había ayudado ya era suficiente para que se valiera por si misma. Me dijo, que si alguna vez necesitaba algo, no dudara en acudir a ella, pues me debía la vida entera… Estuve a punto de no volver al internado, pues me parecía tan indefensa. Pero ella se opuso rotundamente. Sentía que era una carga, pero nunca se imaginó que fue la única amiga que tuve luego de pasar tanto tiempo solo y lejos de mis conocidos. Te juro que tan solo bastaron esos dieciocho días con ella para dejar de ser el naufrago loco en una isla desierta…”
Sonreí disimuladamente. Nunca me lo habría esperado, pero eso me sonaba a amor.
“De hermanos” rebatió “Como tu y Bob” “¿Y bien, que opinas?”
Lo pensé por un momento.
“No lo sé, Fred. La guerra es de todos, pero tú sabes que ni siquiera quiero que Bob se meta en esto. Y ella, Ivi, se ve tan indefensa. Tú lo has dicho”
 Acordamos entonces, que esa misma noche me la presentaría, cuando saliéramos de cacería. Claro, que yo, no estaba muy convencida con la idea de ir matando vagabundos por la vida. Fred, insistía en que no me llamara asesina, que “Desparasitadores de la Sociedad” sonaba mucho más bonito… como si fuera una placa policiaca.
Cuando hubieron terminado ya todas las clases, y nos hubimos duchado y vestidos, de la forma más abrigada posible, me fui con “Greg” a pasar toda la tarde en la biblioteca.
La gente nos miraba raro y yo continuaba sintiéndome incómoda, a pesar de todo lo que Fred me recriminaba para que dejara de preocuparme. Pero, ¿Qué otra cosa iba a hacer sino, en especial cuando el chico que adoras cree que estas interesada en alguien más?
No hallaba la hora de pararme en frente de Max y gritarle toda la verdad, para que supiera que yo nunca había dejado de quererlo. Que necesitaba su comprensión, sus abrazos, que me compadeciera y me dijera que todo iba bien, tal como había hecho un día fuera de mi habitación, cuando había tenido ese sueño horrible.
Volví a la habitación veintisiete, ya cerca de las once y media de la noche y Marie no se dignó a soltar ese maldito libro que siempre usaba para fisgonear, hasta ya pasada una hora entera.
Solo luego de la una de la madrugada, Marie se durmió completamente y pude dejar de hacerme la dormida y dirigirme a la ventana.
“Voy saliendo” susurré mentalmente a Fred.
-Lo sé – murmuró de vuelta tirándome su aliento justo en la cara.
Me sonrió con esa típica sonrisa de Fred el que se cree muy divertido e inmediatamente luego de que le correspondiera con una mueca sarcástica por el susto que había pasado, se lanzó hacia abajo, chocando sus pies suavemente sobre la tierra.
Imité su proeza y empujé mis manos y piernas contra lo que quedaba bajo ellas y salté varios metros por delante de lo que había caído Fred.
-Deberías estar más atenta antes de salir. ¿Qué tal si no hubiera sido yo el que te esperaba en la ventana?
Rodé los ojos. Él sabía de esto, mucho menos que yo. Balth… ese maldito malnacido me había instruido lo suficiente tanto física como mentalmente para poder ingeniármelas con cualquier lobito. Si hubiera encontrado a Max o alguno de sus compañeros, yo no estaría escapando… yo estaría mirando las estrellas.
-Claro… ¿Con un pie afuera?
“Deja de hablar en voz alta, que pueden escuchar” le recriminé cambiando de tema.
“Como quieras… ¿Me sigues?”
Asentí una sola vez y partimos como dos gacelas, hacia la pared trasera cercana al gimnasio, donde podíamos saltar a un callejón sin salida escondido del publico en general. No queríamos que algún idiota que anduviera por las calles a esa hora, viera saltar el muro a dos alumnos del internado O’Reilly… según Fred, nos veríamos obligados a quitarle sus preciados glóbulos rojos… blancos… plaquetas y demás.
Di un pequeño saltito para treparme a la pared y crucé ambas piernas para sentarme sobre el muro, tal como un Humpi – Dumpi. Me lancé hacia el suelo sucio del callejón y esperé, ya que Fred continuaba sentado sobre el gran muro de ladrillos.
-Estaba pensando…
-¡Oh! No te vaya a pasar algo… Neuronas agotadas… pum, puf… falla del sistema… -bromeé imitando una computadora.
-No te preocupes, yo todavía no me preocupo de esas cosas. Se que en tu caso ya es diferente y debes tener un pensamiento limitado, pero… no todos somos como tú querida…
Se impulsó contra la pared y saltó a mi lado.
-Estaba pensando en que podíamos ir a caminar por calles peligrosas, bueno, tú sola, para atraer algún tipo asqueroso que…
Lancé una risotada.
-¿Quieres usarme como cebo para atrapar violadores y beberles la sangre? Me ofende que me compares con carnada.
-Sería divertido.
-Primero encárgate de llamar a Ivi.
Suspiró ruidosamente y se puso a caminar en mi dirección. Intuí que ya estaba comenzando a comunicarse con la chica. A ninguno de los dos le gustaba la idea de meter a más gente inocente en esto, pero era de vital importancia no estar solos en esta batalla.
“Y tú, intenta llamar a tu hermanita”
Me estremecí. No era mi hermana… Balthazar no era mi padre, por lo tanto yo no tenía ni un hermano.
“Oh, lo olvidaba… También tienes otros hermanos…”
Inspiré profundamente y la barbilla comenzó a temblarme sin querer. Era cierto. Balthazar me lo había dicho, pero aun no quería aceptar que entre esos pobres chicos y yo, hubiera algún tipo de lazo.
Comenzamos a caminar sin ninguna dirección específica, ambos en el silencio más absoluto. Fred, llamando a Ivi y yo simulando hacer lo propio con Danna.
Entonces, escuché un ruido sordo proveniente del tejado de la casa por la que pasábamos. Fred miró hacia arriba extrañado por la similitud del ruido a pisadas humanas… o inhumanas y luego me miró. Pero yo ya estaba dando un gran salto hacia el lugar de los hechos, luego de verificar que nadie estuviera cerca para mirar.