viernes, 18 de mayo de 2012

Cap.38 CLARE

Capítulo 38

El día siguiente no fue tan difícil como creía. Ahora que Fred había vuelto y podía aconsejarme y consolarme, suponía que las cosas comenzarían a ser más simples.
Mi primer impulso luego de haber aceptado la verdad y luego de haberme calmado un poco, fue ir hasta donde estuviera Balthazar y matarlo. Ya no era para mí el salvavidas que siempre había considerado, no era ni mi mentor ni mi proveedor de sangre, simplemente era un sucio animal que intentaba crear un ejército superdotado de demonios híbridos.
Pero Fred no me dejó. Me convenció de que lo mejor era seguir fingiendo que nos agradaba, pues podía servirnos de mucho. Era un vampiro muy poderoso.
En cuanto a lo de la raqueta… era lo que menos nos importaba en esos momentos.
Cuando entré en clases de matemáticas esa mañana, me sentía muy nerviosísima, como si tuviera escrito en la frente el hecho de que el mounstro que me había dado la vida fuera el mismo director. No, pero nadie lo sabía y esperaba que nunca nadie lo supiera.
Fred, que estaba conversando con unos chicos, sentado sobre su mesa, me dirigió una sonrisa sincera. Nunca había visto en su cara una sonrisa como esa.
Me senté en mi puesto y en cuando la campana dio inicio a la clase, Button puso el examen que habíamos hecho hacía poco, encima de las mesas de los alumnos. Mi rojo, me lo estampó en el pupitre como si con eso me lo restregara por la cara.
“Me extraña que no uses a Lyan para saber las respuestas. ¿Cómo crees que Greg es tan inteligente?” susurró Fred mentalmente.
“Gracias por tus comentarios idiotas” le dije “Me suben el ánimo…”
Nunca creí que fuera tan divertido pasar toda una clase conversando, sin que nadie se diera cuenta. Así debía de hacer Max con sus amigos, era un pasatiempo muy interesante.
Quizá podía probar hacerlo con Bob más seguido, así no tenía que estar viniendo al internado a cada instante.
En el almuerzo, me senté con “Greg” ahí en el mismo bordillo de la pared en la que había comido con Max y Anne alguna vez. La gente nos miraba disimuladamente comentando de seguro la escenita que había hecho Clare la loca y luego lo que había pasado con el entrenador. Debían estar muy intrigados.
-Lo que sí, tendrás que decirle  a Balthazar que me has descubierto. O si quieres se lo digo yo, aunque poco importa –su voz era un susurro apenas audible, ya que no queríamos que los lobitos pudieran oírnos por casualidad- Seguramente te dará una escusa de que era por tu propio bien, que estabas muy apenada y que si te decía que me habías convertido te sentirías aun peor… -comentó Fred con el tenedor dando vueltas en el aire.
No le presté mucha atención y formulé la pregunta que tenía en mente con el mismo tono de voz, tan bajo, que casi ni uno de los dos podía oírlo.
-Si les dijiste a tus amigos que yo estaba un poco chiflada ¿Como explicarás que estás sentado aquí ahora tan cómodamente conmigo?
-Deja de pensar en lo que dirían los demás. Que se lo expliquen solos. Te vas a dar cuenta de que cuando comiencen a preguntar, hacen sus propias conjeturas. Hacen todo el trabajo así que tu solo debes asentir. “Claro, claro, eso fue lo que pasó” les dices.
Asentí encogiéndome de hombros. Podía funcionar.
“Ahora, he estado pensando y me preguntaba si tu estarías de acuerdo en formar conmigo nuestro propio ejército”
Fruncí el ceño formando dos surcos muy profundos entre mis cejas. ¿Qué tontería estaba diciendo?
-¿Estás loco? –dije en un tono de voz más fuerte del que pretendía.
Yo no quería luchar. Si hubiera podido escapar de todo lo que me había pasado desde que había llegado al internado, lo habría hecho hace mucho. Pero no podía.
“Exacto” dijo “No puedes. No podemos, así que lo único que podemos hacer es afrontar todo esto y la mejor manera para hacerlo es estando preparados”
Suspiré y me acomodé en mi asiento que era la orilla de la pared. Bajé la vista a mi comida y la contemplé con desinterés. Ya me había acostumbrado a que la comida solo fuera un gusto tonto y no una necesidad… pero la extrañaba tanto.
Comenzaron a deambular por mi cabeza un par de rostros que podrían ser parte de nuestro supuesto ejército…
-Bob… -susurré. Era el único que se me ocurría que aceptaría sin ningún titubeo.
Fred no lo conocía personalmente, pero asintió con la cabeza, sabiendo que estaría bien.
-¿Y tu novio? –preguntó Fred.
Suspiré y desvié la mirada hacia el ventanal.
“Si Tyler supiera que soy… lo que soy, preferiría matarme antes de siquiera pensar en unirse en nuestro ejército… te mataría a ti también”
Fred volvió a asentir lentamente.
-Bueno, al menos somos cuatro –dijo en voz alta.
¿Cuatro? Bob, él y yo… ¿Y quien más?
“Pues tu papito… Él estará con nosotros hasta que decidas que es el momento idóneo para acabar con su asquerosa vida”
Me estremecí y la cólera en contra de ese hombre volvió a mí. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Había heredado casi todo su físico. Pelo negro… ojos azules… piel clara… dedos largos… el gusto por la sangre…
Volví a estremecerme y meneé la cabeza de lado a lado para quitarme ese sucio recuerdo de la cabeza. Debía conservar la calma.
Luego mi cabeza voló haci otro ser en la tierra, que también era casi completamente igual a mí. Danna.
Fred saltó con su bandeja de comida en las piernas. Casi se la cae.
-¡La había olvidado!
Ella podía… Claro. Ella había querido ayudarme el día de mi transformación y era obvio que estaría de nuestro lado. Ella me ayudaría a acabar con nuestro maldito progenitor. Solo había que encontrarla.
“Hoy en la noche, planeaba una salida nocturna a la ciudad para cazar un par de vagabundos que no tengan donde caerse muertos. Pensaba darles un buen lugar…” Se recostó sobre la pared, palpándose el estómago como si estuviera saciado. “Podemos aprovechar de buscar a tu hermana”
Rodeé los ojos.
-En primer lugar, no es mi hermana… quiero decir… no me gusta que le llames así – “y en segundo, no se como no se te revuelve el estómago el pensar en matar a alguien”
“Está bien si no los conoces”
Recordé lo muy mal que me había sentido luego de creer haberlo matado. Se lo hice saber. Todos los días que había pasado sin beber ni una sola gota de sangre, ni de humano ni de animal… ¿Cómo es que no se sentía así después de beberle la vida a un humano inocente?
“¿Inocente? Estaría haciéndole un beneficio a la sociedad. En especial cuando me encuentro con chicos malos que matan por placer… y no porque necesiten alimentarse…”
Procuré ignorarle, pues aun no me parecía que aquellas fueran buenas escusas y me terminé el resto de la comida.
“¿Crees que Danna pueda escucharme si la llamo mentalmente?” pregunté justo al tiempo en que sonaba la campana de entrada a clases.
Nos dirigimos lentamente hacia la sala de lengua, mientras continuábamos debatiendo interiormente, quienes de los que conocíamos y de los que aun no, podrían servirnos como aliados.
Pensamos en todos mis antiguos vigilantes desertores, como posibles amigos, pero no podíamos estar seguros de que les agradara la idea de que la humana por la que habían renunciado a su manada, se hubiera convertido de pronto en un demonio.
Y nos ocurrió lo mismo con Max y Anne, salvo que yo quise zanjar el tema mucho más rápido.
“Ivi…” susurró Fred mentalmente bajando la cabeza mientras trotábamos uno al lado del otro. “Ella… es, es… una vampira que conocí mientras “no estaba muerto y andaba de parranda” rió rascándose la cabeza “No dudaría un segundo en ayudarnos si se lo pidiera, pero, no lo sé… tiene solo catorce años ¿Tu que opinas?
Inspeccioné las imágenes que Fred me entregaba mentalmente. Era una chica de expresión dulce, su pelo era castaño chocolate y le llegaba hasta un poco más debajo de los hombros. Sus ojos eran casi del mismo color del pelo, pero eran grandes y penetrantes como los de Marie, solo que parecían más agradables. Tenía las mismas pecas que Fred en las mejillas y en el puente de la nariz, las que resaltaban de un tono dorado contra su piel clara. Era bajita, por la distancia que había entre la mirada de Fred y el rostro de la chica, pero su apariencia tímida la hacía ver aun más menuda.
La habían transformado mucho después que a Fred, por lo que sus catorce años eran humanos. Fred la había encontrado en el lecho de un río, justo cuando la chica comenzaba a abrir sus ojos, desesperada por la falta de movimiento de sus músculos. Se había acercado a ella, rápidamente, recordando el miedo atroz que había sentido al despertar sin saber nada, dentro de un ataúd oscuro y se apresuró a confortarla, acompañándola todo el tiempo que bastaba de su transformación.
Entonces, Fred ya había vuelto a comunicarse con Balthazar y estaba planeando su regreso al internado. La pobre Ivi, apenas alcanzó a estar un par de semanas con su adorado protector, antes de sentirse fuera de lugar por estar interfiriendo en los planes de Fred.
“Se marchó un día, diciendo que volviera a mi lugar en la tierra, que todo lo que la había ayudado ya era suficiente para que se valiera por si misma. Me dijo, que si alguna vez necesitaba algo, no dudara en acudir a ella, pues me debía la vida entera… Estuve a punto de no volver al internado, pues me parecía tan indefensa. Pero ella se opuso rotundamente. Sentía que era una carga, pero nunca se imaginó que fue la única amiga que tuve luego de pasar tanto tiempo solo y lejos de mis conocidos. Te juro que tan solo bastaron esos dieciocho días con ella para dejar de ser el naufrago loco en una isla desierta…”
Sonreí disimuladamente. Nunca me lo habría esperado, pero eso me sonaba a amor.
“De hermanos” rebatió “Como tu y Bob” “¿Y bien, que opinas?”
Lo pensé por un momento.
“No lo sé, Fred. La guerra es de todos, pero tú sabes que ni siquiera quiero que Bob se meta en esto. Y ella, Ivi, se ve tan indefensa. Tú lo has dicho”
 Acordamos entonces, que esa misma noche me la presentaría, cuando saliéramos de cacería. Claro, que yo, no estaba muy convencida con la idea de ir matando vagabundos por la vida. Fred, insistía en que no me llamara asesina, que “Desparasitadores de la Sociedad” sonaba mucho más bonito… como si fuera una placa policiaca.
Cuando hubieron terminado ya todas las clases, y nos hubimos duchado y vestidos, de la forma más abrigada posible, me fui con “Greg” a pasar toda la tarde en la biblioteca.
La gente nos miraba raro y yo continuaba sintiéndome incómoda, a pesar de todo lo que Fred me recriminaba para que dejara de preocuparme. Pero, ¿Qué otra cosa iba a hacer sino, en especial cuando el chico que adoras cree que estas interesada en alguien más?
No hallaba la hora de pararme en frente de Max y gritarle toda la verdad, para que supiera que yo nunca había dejado de quererlo. Que necesitaba su comprensión, sus abrazos, que me compadeciera y me dijera que todo iba bien, tal como había hecho un día fuera de mi habitación, cuando había tenido ese sueño horrible.
Volví a la habitación veintisiete, ya cerca de las once y media de la noche y Marie no se dignó a soltar ese maldito libro que siempre usaba para fisgonear, hasta ya pasada una hora entera.
Solo luego de la una de la madrugada, Marie se durmió completamente y pude dejar de hacerme la dormida y dirigirme a la ventana.
“Voy saliendo” susurré mentalmente a Fred.
-Lo sé – murmuró de vuelta tirándome su aliento justo en la cara.
Me sonrió con esa típica sonrisa de Fred el que se cree muy divertido e inmediatamente luego de que le correspondiera con una mueca sarcástica por el susto que había pasado, se lanzó hacia abajo, chocando sus pies suavemente sobre la tierra.
Imité su proeza y empujé mis manos y piernas contra lo que quedaba bajo ellas y salté varios metros por delante de lo que había caído Fred.
-Deberías estar más atenta antes de salir. ¿Qué tal si no hubiera sido yo el que te esperaba en la ventana?
Rodé los ojos. Él sabía de esto, mucho menos que yo. Balth… ese maldito malnacido me había instruido lo suficiente tanto física como mentalmente para poder ingeniármelas con cualquier lobito. Si hubiera encontrado a Max o alguno de sus compañeros, yo no estaría escapando… yo estaría mirando las estrellas.
-Claro… ¿Con un pie afuera?
“Deja de hablar en voz alta, que pueden escuchar” le recriminé cambiando de tema.
“Como quieras… ¿Me sigues?”
Asentí una sola vez y partimos como dos gacelas, hacia la pared trasera cercana al gimnasio, donde podíamos saltar a un callejón sin salida escondido del publico en general. No queríamos que algún idiota que anduviera por las calles a esa hora, viera saltar el muro a dos alumnos del internado O’Reilly… según Fred, nos veríamos obligados a quitarle sus preciados glóbulos rojos… blancos… plaquetas y demás.
Di un pequeño saltito para treparme a la pared y crucé ambas piernas para sentarme sobre el muro, tal como un Humpi – Dumpi. Me lancé hacia el suelo sucio del callejón y esperé, ya que Fred continuaba sentado sobre el gran muro de ladrillos.
-Estaba pensando…
-¡Oh! No te vaya a pasar algo… Neuronas agotadas… pum, puf… falla del sistema… -bromeé imitando una computadora.
-No te preocupes, yo todavía no me preocupo de esas cosas. Se que en tu caso ya es diferente y debes tener un pensamiento limitado, pero… no todos somos como tú querida…
Se impulsó contra la pared y saltó a mi lado.
-Estaba pensando en que podíamos ir a caminar por calles peligrosas, bueno, tú sola, para atraer algún tipo asqueroso que…
Lancé una risotada.
-¿Quieres usarme como cebo para atrapar violadores y beberles la sangre? Me ofende que me compares con carnada.
-Sería divertido.
-Primero encárgate de llamar a Ivi.
Suspiró ruidosamente y se puso a caminar en mi dirección. Intuí que ya estaba comenzando a comunicarse con la chica. A ninguno de los dos le gustaba la idea de meter a más gente inocente en esto, pero era de vital importancia no estar solos en esta batalla.
“Y tú, intenta llamar a tu hermanita”
Me estremecí. No era mi hermana… Balthazar no era mi padre, por lo tanto yo no tenía ni un hermano.
“Oh, lo olvidaba… También tienes otros hermanos…”
Inspiré profundamente y la barbilla comenzó a temblarme sin querer. Era cierto. Balthazar me lo había dicho, pero aun no quería aceptar que entre esos pobres chicos y yo, hubiera algún tipo de lazo.
Comenzamos a caminar sin ninguna dirección específica, ambos en el silencio más absoluto. Fred, llamando a Ivi y yo simulando hacer lo propio con Danna.
Entonces, escuché un ruido sordo proveniente del tejado de la casa por la que pasábamos. Fred miró hacia arriba extrañado por la similitud del ruido a pisadas humanas… o inhumanas y luego me miró. Pero yo ya estaba dando un gran salto hacia el lugar de los hechos, luego de verificar que nadie estuviera cerca para mirar.

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