viernes, 20 de enero de 2012

CLARE Cap. 36

Capítulo 36

El día Lunes me lo pasé pensando en que artimaña usar para atrapar a Fred en su farsa. Bob, con quien me había reunido luego de la conversación con Balthazar, seguía insistiendo que mi idea era una soberana tontería y comenzaba convencerme de que eso era cierto.
Al primer descanso fui con Lyan y Harry a dar un paseo por el campus y no dejaron de hablar de un montón de tonterías de fútbol que no me interesaban. Fue más un tiempo que dediqué para pensar que para prestar atención a mi entorno y a nadie pareció importarle.
La clase de religión fue distinta ahora. Desde que la profesora Fielding había pasado a mejor vida gracias a mí, nos habían mandado a nuestras habitaciones o a desaparecernos un rato del mapa cuando nos tocara una de sus clases. Pero ya habían arreglado lo del reemplazante y nunca me lo habría esperado.
Estaba sentada junto a Lyan, conversando con Pete y Teresa sobre lo mucho que nos hubiera gustado que las “no clases” siguiera tal como estaban, cuando por la puerta de la salita de religión, entró Balthazar. Al principio, creí que venía a anunciar al nuevo profesor, pero quedé atónita cuando se anunció como tal.
-¿No crees que es muy guapo? –me preguntó Teresa dándose vuelta.
Pete bufó con una sonrisita sardónica pintada en su rostro.
-¿No crees que es muy joven para ser director? –se obligó a buscar algo malo, dando justo en el clavo.
-Pues le queda muy bien. Si hubiera sabido antes que el director era tan joven y guapo, no me preocuparía demasiado por portarme bien. Clare, tu le habías visto antes, no dijiste nada… -me recriminó.
Intenté rehuir a aquella situación, fingiendo que una risita divertida se escapaba de mi garganta y giré mis ojos en redondo, como si me pareciera extremadamente alocado eso que Teresa estaba diciendo. Cambié de tema inmediatamente.
-Oye, Lyan, ¿Así que dentro de pocos días se viene uno de los partidos importantes? –le miré interesada, sabiendo que cogería el anzuelo inmediatamente.
Comenzó a contar y a contar, mientras yo fingía estar muy interesada, pero más que nada le prestaba atención a Balthazar. No me había informado de este cambio y eso me tenía un poco disgustada, pero al verle tan relajado hablando de muchas cosas del pasado bíblico, creí que no era algo a lo cual darle mucha importancia.
“Recuerda que mi creador fue Gedeón-Esec” me susurró en la mente mientras hablaba del nacimiento de cristo.
“Y ese… venia…” Mi mente rellenó el resto con imágenes que no podía expresar en palabras, no porque no conociera la apropiada, solo que no me lo creía totalmente.
“Así es, del infierno. Él venía del infierno, así que todos los años que estuvimos juntos, pude enterarme de muchos detalles que nadie conoce”
Sonreí a algo que decía Lyan y miré atentamente a Pete cuando comentaba algo sobre el vozarrón del entrenador. Balthazar continuaba explicando y leyendo algunas cosas, con el propósito de dejarnos más tarde, algún molesto trabajo.
“No sabía que creyeras en Dios”
“Que sea un demonio no significa que no crea en él. Al contrario, esto me hace aun más creyente, sé que existe… Eso no significa que esté de su lado. ¿Tú lo estás?
“Yo nunca creí en ningún ser omnipotente…”
“Pues bien, ahora sabes que si existe uno”
“No creo que sea tan benévolo como lo retratan…” De no ser así, no estaría viviendo todo esto… Pero procuré bloquear mi mente en esos momentos, para que Balthazar no supiera esto último.
Luego de la conversación interna que había tenido con Balthazar, éste nos dio el rato libre luego de pedirnos que nos leyéramos “El Caballo de Troya I” de J. J. Benítez, para la última semana del mes. Así que lo único que hicimos el resto de la hora, fue conversar con nuestros compañeros de puesto y aquellos que se encontraban cerca.
Y así debió hacer Greg también, que ya comenzaba a llevarse mejor con los mismos amigos con los que Fred se sentaba en esa clase, ya que al poco rato de otorgado el rato libre por el nuevo profesor, escuché una estridente risa proveniente de una esquina de la sala, la opuesta a la puerta de entrada.
Por un momento, toda la clase quedó en silencio mirando en su dirección y Greg debió creer que había sido muy escandaloso. Pero no, si hubiera sido cualquier otro, nadie le habría puesto importancia, pero aquella risa se asemejaba tanto a la típica de Fred, que todos habíamos quedado pasmados, creyendo que él había vuelto de entre los muertos sin que nos diéramos cuenta.
La clase completa se obligó a volver a sus asuntos, guardando para sí la impresión que habían tenido de eso. Yo hice lo mismo, pues por mi mente pasaron todas las pruebas que me apuntaban a creer que Greg era Fred disfrazado.
Los ojos, las pecas, el rostro, su cuerpo, sus movimientos, sus gustos, su voz, su risa. Solo su forma de ser me hacía dudar, pero aun tenía la explicación para eso… solo fingía.
“¡Clare!” me regañó Balthazar, mentalmente. “¿Estás desconfiando de mí? ¿Crees que no me cercioré de que Fred Lockwood estuviera muerto? ¿Crees que pude pasar por alto semejante calamidad?
Miré turbada en su dirección, sin saber que responder. No era esa la impresión que quería darle de mis pensamientos, ni siquiera quería que tuviera la oportunidad de tener una impresión. Había olvidado poner la habitual barrera que ponía entre mi mente y la de Balthazar luego de nuestra conversación.
“Son solo ideas tontas…” repliqué asustada. No había nada peor que la furia de un hombre afable. No quería hacerle enojar y sabía que esta supuesta falta de desconfianza le había molestado. “Sabes cuánto desearía que mis estúpidas suposiciones fueran ciertas”
Cerré mi mente inmediatamente dejando paso solo a alguna respuesta de Balthazar.
“Lo sé. No quiero que pienses más esas tonterías”
Asentí con movimientos tan cortos y rápidos de la cabeza, que parecía que estaba tiritando. Mis compañeros a mi lado me miraron con extrañeza y luego se rieron.
-¿Quieres que te preste mi chaqueta? –me preguntó Lyan, posando su mano sobre el respaldo de su silla, donde tenía colgado lo que me ofrecía.
Negué lentamente, para que no volviera a parecer que tenía frío.
-¿Quizá un abrazo le haría bien? –sugirió Pete a Lyan.
Éste sonrió avergonzado, pero su rostro, perfectamente pálido, no enrojeció. Eso era lo bueno de Lyan, no daba indicios de que por su cuerpo corriera alguna gota de sangre, era leche pura y la leche a mi no me gustaba.
El aroma era distinto. Olía tan bien como cualquier otro humano y en ese aspecto, no parecía que le faltara nada de sangre. Pero ya me era más fácil ignorarle, cuando bebía sangre de animal casi todos los días.
Ya en el siguiente descanso, yo y Teresa, no podíamos ir a las  paredes caídas. El frío era intenso y yo no podía hacer como si no me importara, así, que como casi todo el mundo, teníamos que quedarnos en el comedor o en las habitaciones.
Pero nosotras, o al menos yo, no éramos como casi todo el mundo, por lo que le pedí a Teresa que fuéramos a refugiarnos del frío en la biblioteca.
Nos sentamos en dos de los sillones luego de ponerlos uno al lado del otro y Teresa comenzó a hablar.
-¿Porqué no dejas de jugar con Lyan? Tu le gustas, está más que claro y si te conozco bien, podría jurar que a ti también.
Fruncí el ceño, creí que Teresas era más perceptiva.
-Que poco me conoces entonces…
Teresa se mostró impresionada.
-¿No te gusta? No lo puedo creer. Podría jurar que de todas las personas que existen, con quien más tiempo pasas es con Lyan.
Me reí sin querer. Si hablábamos de horas con una persona, el que ganaba era Balthazar. A Lyan solo le veía en los descansos y en clases de religión, puesto que luego de clases, siempre me desaparecía.
-Teresa, deberías dejar de creer que puedes jurar un montón de cosas…
Chasqueó la lengua.
-Pues en lo último tengo razón.
Decidí no rebatir, porque confesarle que pasaba más tiempo con el director del instituto sería de lo más extraño.
-Me extraña. Ustedes se verían tan bien juntos –señaló.
-Ya te estás portando igual de paranoica que Marie.
Suspiró hondamente.
-Entonces ¿Si te gustaba Fred? Son rumores, solamente y no me lo había creído hasta ahora, que se de tus propios labios que no sientes nada por Lyan, como yo creía.
Cerré los ojos y apreté los dientes con fuerza. La culpa volvió a apoderarse de mí trayendo consigo ese horrible dolor que solo otorga la muerte de un ser querido.
-No, no me gustaba, simplemente nos llevábamos tan mal, que era hasta divertido.
-¿En verdad se llevaban mal? Algunos dicen que era solo para aparentar frente a los demás…
Fruncí el ceño, extrañadísima. ¿A quién se le ocurría inventar tanta tontería?
-¿Hablemos de otra cosa Teresa? Esto no me sienta bien.
-Sí, claro, lo siento…
Terminó el descanso y la bibliotecaria gruñona nos mandó de vuelta a clases. Iba saliendo de la biblioteca, cuando un estúpido chico pasó corriendo frente a mí empujándome fuertemente.
-¡Eh, pedazo de idiota! –le grité enfadada.
El chico se detuvo dándose la vuelta, mostrando la típica sonrisa burlona de Fred.
-Tranquila chica, que genio… -comenzó a decir, pero su sonrisa se borró poco a poco al mirarme a la cara.
Recordé nuestro encontrón cuando Marie había leído mi carta.
Mi expresión de furia también se borró, cambiando súbitamente a la impresión contenida. Sentí como un gritito ahogado explotaba en mi interior, sin que le permitiera subir por mi garganta para que fuera escuchado por los demás.
Greg, forzó una sonrisa intentando parecer amable a modo de ofrecer una disculpa y se marchó rápidamente. Yo hice lo mismo, por el lado opuesto, sin ofrecerle ninguna explicación a Teresa, que caminaba a mí lado, con su mejor expresión de “Dime lo que eso significa”.
Pudimos haber bajado por las mismas escaleras por las que había bajado Greg, pues nos quedaba mucho más rápido para llegar a nuestras respectivas clases, pero Teresa no reclamó y supuso que era obvio que quería evitarle.
“Claro, hemos estado hablando justamente de Fred y se le cruza su clon por delante” escuché la mente de mi amiga y creí que la Teresa perceptiva había vuelto una vez más. Así era más fácil, odiaba dar explicaciones y ella procuraba dárselas solas.
Me despedí de Teresa antes de entrar a mi clase de biología y debí esperar un poco a que Greg, quién se había detenido un rato fuera de la sala a conversar, se dignara a entrar. Esperaba no volver a toparme con él por casualidad y encontrarme con otro parecido a Fred. Era solo un chico nuevo y esa sonrisa forzada de disculpa, no era porque se hubiera acordado del personaje que debía fingir, sino que al ver que era yo, su compañera de gimnasia, no pudo más que ser cortés.
Cuando pude al fin, entrar en clases de Biología, me encontré con mi otro problemilla.
No sabía si era el lugar en que Max estaba sentado que hacía que fuera el primer alumno al que uno le dirigía la mirada al entrar o era yo la que no podía evitar mirarle aunque sea por un segundo cuando tenía la oportunidad.
Como había hecho desde que nos habíamos dejado de hablar, me metí por el primer pasillo de puestos y debí pedirle permiso a Norbert, para que me dejara pasar por detrás suyo. Suerte que el chico ya se había acostumbrado y en cuanto entraba en la sala, el ya se echaba para adelante.
Así, de esta forma tan infantil, había solucionado el problema de no tener que pasar por su lado a diario  obligándonos a reprimir el saludo y retirar las miradas.
El profesor Hargensen entró en la sala, antes de que Anne terminara de decir “hola”. Pidió silencio y el silencio se hiso.
Al rato, me llegó un papelito desde el asiento de adelante, que decía así:
“Sospecho de ti, Clare... No creas que eso lo digo de forma amenazadora, porque no es así, solamente es que sospecho todo lo que está pasando y porqué te comportas como te comportas. Aunque no lo creas, soy mucho más perceptiva que los demás y he venido atando clavos desde hace tiempo. Max solo está dolido y no tiene tiempo de pensar en nada coherente. Creo que si le dijeras la verdad, podríamos solucionarlo los tres juntos, verás que no era tan terrible como creías”
“Anne”

Solté una risita disimulada, que seguramente Anne no escucharía. No me harían caer tan rápido. Era obvio que ambos habían planeado esto, para poder sonsacarme la información, pero no era tan idiota. Y aunque Anne dijera la verdad, y solo ella supiera todo esto, ya se lo habría dicho a todos sus amiguitos lobos mentalmente, ellos podían leerle los pensamientos, tan fácil como yo se los leía a Lyan. Y como aun no me habían venido a asesinar, podía estar segura de que Anne no sabía nada.
Arrugué el papel con una mano y lo metí dentro del bolso de Marie, el que me había rehusado a aceptar como regalo.
En cuanto terminé la clase, me fui casi corriendo a donde mis amigos, pues no quería que Anne me cortara el paso de pronto y me obligara a responder a su nota.
Me puse en la cola para comprar la comida, mientras buscaba con la mirada, a alguien conocido de entre la multitud. No me fijé hasta muy tarde, que quien estaba delante de mí era Greg. Iba a salirme inmediatamente, pero él me saludó antes y no podía marcharme siendo tan obvia.
-Lamento haberte golpeado al pasar. Tenía que ir al baño antes de que comenzaran las clases –soltó una risita que poco se parecía a las de Fred y me hiso pensar que era fingida.
-No importa, al menos ahora no tenía ni una carta en la mano.
Sentí como eso le hacía reaccionar y que su expresión titubeaba casi imperceptiblemente. Pero era un buen actor. Si, esperaba que fuera Fred el buen actor que Greg, un tipo común y corriente.
-Se dice, un “as bajo la manga” me corrigió. ¿Pero a que te refieres?
Si, muy inocente. Al parecer muchas de las personas que conocía me tenían por tonta. Primero Anne, ahora Fred, porque no podía ser otro ese chico, a menos que me estuviera volviendo loca.
-No lo sé… vamos avanza –le pegué un empujoncito al ver que el último chico de la fila, antes que él, ya estaba a varios metros.
Nos quedamos apoyados sobre el mesón en el que se veían las comidas calientes. Ambos dejamos la mirada perdida en la multitud de las mesas, mientras la fila avanzaba, y no volvimos a hablarnos, hasta la hora de gimnasia, pues entonces, decidí dejarme de rodeos e ir al grano.
Bob ya me había advertido que podía quedar como una loca psicópata ante los ojos de Greg y yo lo tenía completamente claro, pero ya no podía más con la intriga y estaba dispuesta a asumir las consecuencias. Y es que a mi hipótesis se había agregado un argumento mucho más realista que lo de la broma y el disfraz.
-¡Fred! –le llamé antes de que pudiera entrar al gimnasio.
Greg se comenzó a dar la vuelta, luego se detuvo y finalmente decidió dar la vuelta completa. Me acerqué a él al trote.
-Clare –me saludó con tu típica sonrisa fingida de cuando le atrapaba en su farsa.
Le miré casi furiosa y con los ojos llenos de lágrimas. Me las sequé inmediatamente con el dorso de la mano y tragué el nudo que tenía en la garganta.
-¿Porqué te has dado la vuelta cuando llamé a Fred?
Su falsa sonrisa se borró inmediatamente y luego de mirar a todos lados respondió:
-Pues, creo que es porque siempre me confunden con él –respondió casi convincentemente.
Inspiré profundamente, asegurándome de que aún estaba firme de seguir con mi plan hasta el final. Estaba decidida a continuar, pasase lo que pasase, incluso si al final de todo Greg resultaba ser Greg y yo terminaba siendo una loca psicópata.
-Dime la verdad que no soporto más… -susurré tan bajo, que la voz quebrada apenas se notó.
Greg se quedó mudo mirando al suelo por sobre mi  hombro. Le puse una mano en su mejilla para que me mirara y en parte también, porque eso era parte de mi plan.
-Todos están mirando para acá –me informó de lo que estaba sucediendo en las puertas del gimnasio.
Me encogí de hombros.
-No importa… Solo quiero que me digas la verdad. ¿Quién eres?
Greg cerró los ojos y murmuró:
-Soy Greg Harrison –pero eso sonó como si en verdad intentara convencerse de ello, como si lo hubiera estado repitiendo varias veces esa mañana frente al espejo para creer que era verdad- soy Greg Harrison.
Asentí lentamente.
-Bien, ahora solo quiero probar una cosa más.
Y antes de que pudiera saber lo que me proponía, curvé el dedo pulgar de la mano que tenía en su mejilla y le hice un fino corte de un par de centímetros con mi uña.
Greg dio un respingo más de sorpresa que de dolor y abrió los ojos en aquel mismo instante. Mirándome y preguntándome que era lo que me proponía.
-Fred… -susurré con la certeza del corte en su rostro.
La pequeña herida apenas había soltado una sola gota de sangre y luego de eso, la línea se volvió blanca y luego la carne se juntó rápidamente, terminando por cicatrizar en tan solo unos segundos, dejando una fina franja blanca que se confundió con la piel.

jueves, 12 de enero de 2012

Hush, Hush - Crescendo - Silence (Becca Fitzpatrick)

Autor: Becca Fitzpatrick


Nacimiento: 3 de Febrero de 1979

Nacionalidad: Estadounidense

Género: Fantasía, Libros de caballerías y literatura juvenil

Obras Notables: Hush, Hush.

Sitio Web Oficial: http://beccafitzpatrick.com/







"Hush, Hush"
Nora Grey, una alumna aplicada en busca de una beca para la universidad, vive con su madre viuda en una granja a las afueras de Portland, Maine. Cuando Patch se convierte en su nuevo compañero de instituto, Nora siente a la vez atracción y repulsión hacia este extraño personaje, que parece tener acceso a sus pensamientos. Luego se entera de que Patch es un ángel caído que quiere convertirse en humano. Nora está bajo su control, pero también hay otras fuerzas en juego y de repente se encuentra viviendo hechos inexplicables y en medio de una situación muy peligrosa.




"Crescendo"
¿Te atreves a sentir la química entre Nora y Patch¿ A pesar de su fascinante relación con Patch y de hacer sobrevivido a un intento de asesinato, la vida de Nora dista mucho de ser perfecta. Patch está empezando a alejarse y Nora no sabe si es por su bien o porque cada vez está más interesado en su archienemiga Marcie Millar. Además, una serie de imágenes sobre su padre la acosan de manera recurrente. A medida que Nora se sumerge en el misterio de su muerte, comienza a sospechar que su sangre nefilim puede estar relacionada con el asunto. Pero Patch no le da ninguna respuesta, por lo que ella decide investigar por su cuenta, arriesgándose hasta el límite. ¿Que verdad se esconde detrás de la muerte de su padre? ¿Puede contar con Patch o éste le oculta secretos más oscuros de lo que ella imagina? Una novela de amor, intriga trepidante y ángeles diabólicamente seductores.


"Silence"
El ruido entre Patch y Nora se ha ido. Han superado los acribillados secretos del pasado oscuro de Patch... unieron dos mundos irreconciliables... se enfrentaron a las duras pruebas de la traición, lealtad y confianza, y todo por un amor que trasciende los límites entre el cielo y la tierra. Armados con nada más que su fe absoluta el uno por el otro, Patch y Nora entran en una lucha desesperada para detener a un villano que tiene todo el poder para destruir todo en lo que han trabajado -y su amor- para siempre.






A Mi Criterio: (Aun no leo Silence)
La verdad es que no le tenía mucha confianza a estos libros, pero me han dejado con muchas ganas de continuar leyendo. la maña que le tenía, se debía a "Fallen", aunque me pareció un libro muy bueno, pensé que no era mi estilo todo este tema de Ángeles Caídos. Pero decidí no juzgar por la portada y apenas leídas unas pocas páginas, ya estaba completamente absorta. No me demoré más de tres días en terminar los primeros dos libros.                                                                       
Los personajes son los que más me han encantado.
Nora, puede ser la típica chica del montón, "vulnerable", que se enamora del chico malo... pero es crespa, ja, ja, ja. Así que con eso se salva.
Patch, el chico malo, me ha gustado bastante, porque es medio hostigoso y menos depresivo que los chicos malos de otros libros que he leído. Solo que en el segundo se comienza a parecer un poco a ellos. 
Vee... ella es mi preferida. No había ni una sola vez en que no apareciera sin que me riera de algún comentario suyo. Simplemente, la adoré. 
Rixon... me gustaba y siempre me lo imaginé de contextura gruesa, a pesar de que siempre decían lo contrario. Me lo imaginaba siempre con esa polera blanca sin mangas, ajustada, como mecánico. No digo nada sobre su personalidad, pero repito, me gustaba.
Lo único que no me ha gustado de estos libros, han sido los finales. Todo se resuelve tan abruptamente que no es emocionante. Pensaba todo el tiempo, que al final del libro exclamaría en mi mente algo como: ¡Ahora todo tiene sentido!, pero la autora lanza las respuestas a las interrogantes como su fuesen un paquete y diciendo: "Toma, eso es lo que pasó, si no te gusta, pues ahí tú", así que mi mente solo logró exclamar un: "Ah, genial, ¿Eso era? Bien... será..."
Espero que el tercer libro logre complacerme y si no, tendré que esperar al cuarto, que no tengo ni la menor idea de cuando sale, pero sé que saldrá.

PARA DESCARGAR: 

Hush, Hush ----------------------- http://www.mediafire.com/?m5wtyjztytm
Crescendo  ----------------------- http://www.megaupload.com/?d=DPQ61BLE
Silence ----------------------- http://www.mediafire.com/?1l5qk4qhwki011f



CLARE Cap. 35

Capítulo 35
(¿Que tal si no pongo ninguna imagen?)

El entrenador Kelem, volvió a hacernos practicar tenis con nuestras antiguas parejas y como la mía había muerto, no lo quedó otra que asignarme al más parecido.
-FRED, VEN AQUÍ QUE ESTA SEÑORITA TE NECESITA –pidió el entrenador son su voz estridente.
A varios nos produjo una mezcla de incomodidad y pesadumbre el que se hubiese equivocado en el nombre de chico, pero este le corrigió extrañado, con una perfecta sonrisa y un marcado seño fruncido.
-Greg, entrenador, me llamo Greg Harrison.
-ESO ES LO QUE HE DICHO, GREG, ES EL ECO DEL GIMNASIO EL QUE LOS HACE OIR OTRAS COSAS –y yo desee que fuera así, que simplemente fueran los nombres los parecidos y no las personas las que nos hicieran confundirnos- AHORA NO ME RETARDES MÁS Y VALLAOS A PRACTICAR. 
Entonces nos marchamos a un costado de la cancha de básquetbol y ensayamos los saques, haciéndolos lo más difícil posible, y ensayamos los efectos y procuramos tirarnos lanzamientos difícil para que nos costara contestar. Al rato, ambos estábamos o fingíamos, en mi caso, estar muy cansados, y nos acercamos a conversar un rato, acordando explicar al entrenador, si es que nos preguntaba, que solo estábamos debatiendo algunas ideas.
-Eres bueno –le adulé.
-Eh, gracias, tu igual –dijo sin prestar interés- Oye, Clare, dime una cosa… ¿Cómo se llamaba el chico que murió?
Se me revolvió el estómago al recordar, pero compuse la misma expresión alegre que intentaba mantener a toda costa frente a Greg.
-Fred –respondí.
Asintió complacido.
-Ah, ok, ya lo entiendo. Y supongo que tengo algún parecido…
Muy buen deductor. Suspiré.
-No sabes cuánto.
Asintió con una sonrisa considerándolo simpático e inusual, una respuesta divertida al porqué del trato receloso hacia él y pronto recordé algo que había dicho él mismo. “Yo no he pasado por nada de lo de ustedes y debo ser un bicho raro y entrometido”.
Hiso rodar su raqueta en sus manos un tanto nervioso, sin saber muy bien que podía agregar y supuse que lo mejor sería que volviéramos al juego. Pero el entrenador Kelem se nos adelantó y nos llamó a todos a un lado de la cancha de tenis.
Comenzarían los partidos.
Fui presentando a todos los jugadores a Greg a medida que iban pasando delante de a cuatro.
Cuando fue el turno de nosotros, me sorprendí que apenas nos costara un rato para haber vencido a nuestros contrincantes. Greg y yo no errábamos ni una sola vez.
Cuando estuvimos frente a frente con Max y Kate, disputando el primer lugar, no tuve ninguna duda de que teníamos grandes posibilidades de poder ganarles. Solo esperaba que Kate, se distrajera un poco por el parecido de Greg con su buen amigo Fred y nos otorgara la ventaja.
Realmente fastidiamos al lobito y doy por sentado que Max estuvo a punto de romper la barrera de la humanidad en frente de toda la clase. Nunca le había visto en la necesidad de hacer eso, y estaba muy contenta por nuestra nueva victoria.
Solo habría deseado que Fred hubiera estado vivo para poder disfrutar de esto.
-Vaya, vaya… -dijo Greg con la respiración agitada  e intenté imitarle lo mejor posible- me siento un poco culpable
-¿Porqué? –le pregunté.
-Pues pareció por un momento, que mi compañera de juego tenía habilidades más parecidas a las de la mujer maravilla que a las de huna humana común y corriente. Siento que no he hecho nada.
Me estremecí, no podía ser que Fred… Greg, pensara que yo podía tener algo de sobrenatural. Simplemente nos habíamos conocido hacia un día y su comentario había sido una incómoda coincidencia.
Aun así no podía dejar de recordar las sospechas que el profesor Koth albergaba en cuanto a mí y a los lobitos. Estaba casi cien por ciento segura de que a su lista se había agregado un nuevo nombre: Hannah Fielding y que a un lado se hallaba un gran asterisco y que quizá estuviese unido con una línea al nombre de Fred y apuntando con una flecha al mío.
¿Podía un humano cualquiera sacar conclusiones tan certeras como me estaba imaginando? Deseaba que no, y que solo fuera mi paranoia la que le otorgara un poder de deducción tan elevado a un hombre cualquiera.
Pero entonces albergué otro tipo de sospechas más alentadoras, que eran casi tan imposibles como mis primeras ideas.
Fue al día siguiente cuando decidí poner el plan en marcha, el cual, si resultaba como yo esperaba, sería una sorpresa muy, muy grata, y si no, pues no tenía nada que perder y solo me llevaría una decepción muy, muy grande, pero que solo me ganaba, al tener tan incoherentes y banales esperanzas.
Fui a sentarme en mi habitual puesto de matemáticas a un lado de Lyan, luego de haber saludado al mismo, al chico que tenía a su derecha, Greg y a los dos galletas de chocolate con una simple sonrisa.
Ese día era otro de los tantos en que teníamos examen y como había acostumbrado a hacer desde ya hacía bastante, no había estudiado nada. Y ni que hablar lo difícil que estaba.
Penas respondí unas cuatro o cinco preguntas con seguridad y todas las demás las marqué al azar.
Dejé mi pluma en la mesa y esperé a que los demás terminaran, pero antes de que pasara mucho rato, el rabillo de mi ojo sintió un cosquilleo al sentir que me estaban mirando. Giré un poco la cabeza para atrapar a Greg mirándome a hurtadillas.
Desvió la mirada inmediatamente al verse sorprendido, pero yo continué mirando en su dirección decidida a llevar a cabo parte de mi valioso plan.
Me mantuve mirándole por un buen rato, hasta que este decidió hacer lo mismo. Le dirigí una débil sonrisa, que luego de que me la correspondiera, cambié rápidamente a una sonrisa burlona y me rocé con la yema del dedo gordo el pómulo derecho, tal como había hecho con Fred hacía bastante tiempo.
Y ahí estaba. Aunque fue apenas perceptible, la sombra de la sorpresa y perplejidad estaba ahí en su rostro. No podía ser cosa mía, porque a pesar de que aquel débil gesto duró una milésima de segundo, la falsa  sonrisa confundida que le siguió a continuación fue suficientemente forzada para echar el suelo todas mis dudas
Ese era Fred. Y al final terminé por contarle todo a Bob esa tarde.
-Estás completamente chalada –se rió de mí- ¿Segura que no escuchas voces en tu cabeza? Ups, ya estamos mal con eso…
Si, si, muy gracioso. Le di un manotazo en el hombro. Estaba hablando en serio, y estaba casi completamente eufórica, por lo que un poco de su apoyo no vendría mal.
-Clare, debes admitir que esas no son pruebas suficientes para desenmascarar al chico. Además, ¿No lo habías matado?
-Quizá solo nos tendió una broma a todos… -sugerí esperanzada.
-Vamos, no digas bobadas… -comenzaba a perder la paciencia realmente- Solo te pido prudencia, no vaya a ser que el pobre Greg te crea una loca psicópata. Si se parece tanto a tu amigo, puede que ustedes se lleven bastante bien de todos modos.
Cedí por el momento, pero estaba decidida a continuar con mi plan de descubrimiento lo más disimuladamente posible.
El segundo fin de semana de Julio, fui obligada por Marie a salir del internado. Se estaba sintiendo culpable dejándome aquí sola mientras ella se divertía en la ciudad. Pero aunque a mí no  me producía ningún atractivo el viaje, decidí complacerla.
Nos subimos al autobús escolar a eso de las cuatro de la tarde y partimos hasta el centro de la ciudad, ahí donde había estado de compras con Marie y Teresa hacía tanto tiempo ya. Me parecía realmente una eternidad.
Me senté junto a mi amiga rubia y le presté toda la atención posible al libro de dibujos que me ponía delante. En verdad era una artista genial, pero teniendo sentados justo al otro lado del pasillo del bus, a nada más y a nada menos que a mis vigilantes, no podía concentrarme.
No salían cuando yo me quedaba en el internado y eso me estaba haciendo dudar si Billy les había devuelto el puesto o solo continuaban queriendo protegerme.
O solo desean saber si continuas siendo tan inocente como antes, susurró esa vocecilla interior que siempre quería molestarme.
-Mira, esa es de Tyler. ¿Crees que se parece?
Noté los ojos de Max disimuladamente posados en mí mientras me crispaba.
-Sí, ya lo creo, pasa la hoja –le pedí.
-Lo hice para ti, no está terminado, pero como no los he visto juntos de nuevo, no recuerdo algunos detalles.
Suspiré nerviosamente, removiéndome inquieta en el asiento del transporte.
-¿Se verán hoy? Supongo que no habrías aceptado tan rápidamente en acompañarme si no fuera así –ahora Max tenía la cabeza completamente vuelta hacia nosotras y Anne solo fruncía el ceño- No te preocupes por mí, planeo molestar a Teresa un rato.
Le quité el libro de las manos, con toda la suavidad de la que fui capaz. Le pasé a la hoja rápidamente, para que el rostro afable que había plasmado Marie en grafito, no siguiera mirándome y haciéndome sentir traicionera.
-No, no lo veré.
-¿Y todas esas cartas que te llegan fuera de plazo? Aun no me explico cómo… pero bueno…
Eché  un vistazo hacia mi derecha y me encontré con la mirada de Max. Rehuí rápidamente, pero aun podía verle por el rabillo del ojo.
Escuché que Anne le susurraba algo así como que dejase de entrometerse y con su mano empujó la mejilla de Max hasta que le dejó mirando por la ventanilla.
-Que linda es esta –intenté centrar su atención a un dibujo de su madre, para no tener que contestar a la pregunta sobre las cartas- ¿Y qué son estos?
En la siguiente página había un montón de pequeños retratitos. Muchos rostros pertenecías a gente del internado y otros no los conocía en absoluto.
-Es que dibujo a toda la gente que conozco aquí. Como sacarles una foto de carnet. Luego, a los más importantes y cercanos, les concedo un retrato especial.
Observé atentamente. Cada retrato traía un nombre debajo.
Jill O. Penélope S. Brandy L. Helga K. Laura A… estaba Lyan, Harry… oh, y era Nataniel no Daniel como había creído que se llama el segundo galleta de chocolate. Charlotte, Gabbe, Todd, muchas chicas del club de cheerleader, estaba yo, aunque claro, también me había visto antes en un retrato especial.
-Eres una gran artista Marie –le elogié con una enorme sonrisa.
Cuando levanté mis vista del cuadernito para mirarle, pude ver por sobre su rubia cabeza, que los ojos de Max se habían vuelto nuevamente hacia nosotras y eso ya comenzaba a irritarme.
-Gracias –dijo Marie.
Fue una tarde muy agradable la que pasamos en la ciudad. Nos la pasamos la mayor parte del tiempo sentadas en una tienda de comida, tomando una taza de café bien caliente para paliar el frío. Conversamos la mayor parte del tiempo y como no fue nada sobre mí, ni que me relacionara, logré ser una animada partícipe.
Teresa me susurró al oído, cuando veníamos de vuelta al autobús, que estaba muy contenta de que volviera a ser la misma de siempre, y aunque quería que me lo tomara como un cumplido por mi excelente estado de ánimo aquel día, no pude evitar volver a sentirme culpable, por mi falta de disposición los días anteriores.
Ya estábamos de vuelta en el internado cerca de las siete y media de la tarde. El cielo estaba nublado y había oscurecido tanto que podía decirse que era de noche hacía bastante. Hacía frio, además, pero yo solo podía notarlo gracias a las quejas de mis amigas.
Procuré quejarme un poco yo también, antes de que pudiera pasar por bicho raro.
Al día siguiente, Balthazar me mandó a llamar telepáticamente. Fue casi como si me hubiera llegado un telegrama mental. Tan breve, tan falto de sentimiento, que no me ayudaba en nada a saber que esperar.
“Ven” era lo único que me había dicho.
Llegué a la cabaña dentro de pocos minutos. No golpeé la puerta antes de entrar, pero la abrí tan sigilosamente y me asomé con tanto cuidado, que parecía que en vez de estar haciendo una visita, hubiera entrado a robar.
-Pasa y siéntate –me ordenó con un tono cándido y sereno.
Casi pensaba que podía llegar a sonreír. Pero no, no después de lo que había hecho.
-Quiero pedirte disculpas por mi comportamiento –dijo al cabo de un rato- creo que he sido excesivo.
No dije nade, pues no tenía idea si debía darle en la razón, contradecirle atribuyéndome toda la culpa o si simplemente debía callar.
La tercera opción me pareció más certera. Cuando no sabías la respuesta, era mejor omitir, que errar, todo lo contrario a lo que había hecho en mi examen de matemáticas el otro día.
-Debes saber, que mi relación con Hannah, no era tan íntima como para que pudiera afectarme en tal grado su muerte. Lo que más me ha enfurecido ha sido tu falta de conciencia. Te había estado repitiendo desde la muerte del señor Lockwood que bebieras sangre y no cometieras ninguna estupidez, pero al verme ignorado perdí completamente el control mi niña. Odio tanto que me contradigan cuando se trata de un asunto tan serio. –hiso una pausa los bastante larga para que ambos comenzáramos a sentirnos incómodos- Me gustaría que me prometieras que desde ahora ya no tendremos estos problemas sin razón y que intentarás seguir mis consejos por más ilógicos que te parezcan. –adoptó una expresión torturada que nunca había visto nunca en su rostro- Sabes muy bien lo desafortunado que he sido con mis hijos. Yo no he podido criarlos ni verlos crecer y desde que te conozco, he sentido que una fuerte lazo nos ata y por el cariño que he desarrollado hacia ti, no me gustaría nada perderte.
Me sentí conmovida por sus palabras y fue tanta la emoción de ser perdonada, que casi me arrojo por encima del escritorio para poder abrazarle. Pero me contuve. Aun no creía que fuéramos tan cercanos como para darle un abrazo, nuestra relación se parecía más a la que tenían hacía siglos, los hijos con sus padres, cuando apenas podían tartamudear la palabra señor para dirigirse a ellos.
-Me lo prometes ¿No?
Tragué saliva ruidosamente y le sonreí asintiendo con fiereza.
-Te lo prometo, aunque aconsejes que lo más sensato sería arrojarme de un precipicio, te prometo que lo haría.
-Claro –sonrió- de todas formas no morirías.

CLARE Cap. 34

Capítulo 34

Encontraron el cuerpo de la profesora Fielding al cabo de tres días en la rivera de un río. Las heridas de su muerte habían convencido a los doctores, que habían sido provocadas por un animal salvaje cerca de un río y que esta solo había caído por casualidad. Nadie podía creer que todo fuera tan simple, pero supuse que Balthazar también tenía sus contactos con la policía.
Supuse además, que Balthazar podía haber modificado algunas de las heridas con las que había dejado a la profesora para que parecieran hechas por un animal salvaje, pero luego pensé que  ahora yo podía ser fácilmente comparable con un animal.
No asistí al funeral, tanto por las razones por las que casi no había asistido al de Fred y porque Balthazar aun estaba completamente enfadado conmigo y yo evitaba encontrármelo a costa de todo.
Lamenté que el pobre alumno nuevo hubiera llegado en una época peor. Quizá si en vez de aparecerse a mitad de año, hubiera esperado al próximo, le habrían recibido con mayor afecto, o incluso si hubiera aparecido antes de la muerte de Fred, ya que el parecido existente entre ambos nos había dejados a todos catatónicos.
Era rubio, sí, pero el color pardo de sus ojos, las mismas pecas y las mismas facciones de Fred le daban un aspecto tan parecido, que a casi nadie le apetecía entablar amistad con él. Incluso su forma de moverse era similar y sus más cercanos se sentían muy turbados.
Charlotte parecía haber vuelto a su estado depresivo y yo sentía que aquella aparición era solo una maña del universo para hacerme sentir culpable. Y lo estaba logrando.
-¿Puedes creer que tome el mismo desayuno que Fred, todos los días?
Estaba de pie en la fila para comprar la primera comida matinal, junto a Lyan, que como todos, no dejaba de observar  y hacer comentarios sobre el chico nuevo.
-Esto parece una mala broma –murmuré.
Lyan asintió de acuerdo.
Nuestra amistad había mejorado notablemente desde que había vuelto a beber sangre y las relaciones con los amigos que había dejado de lado, fueron por el mismo camino. A excepción de Max. Ya no había vuelta atrás con nosotros dos, el tren había pasado y habíamos perdido el pasaje desde hacía bastante tiempo
Nos sentamos en el extremo de una de las grandes mesas. El comedor estaba casi vacío, como todas las mañanas y eso ofrecía la suficiente privacidad.
-No sabía que existiera gente en el internado que no conociera a Fred… -mustió Lyan siempre mirando a “Fred II”.
Fruncí el ceño pero pronto vi la respuesta en su mente. Aun así, pregunte:
-¿Porqué lo dices?
Apuntó a mis espaldas, en la larga mesa paralela a la nuestra. Ahí estaba “Fred II” y un par de chicos, cuyos nombres no conocía.
-Si ellos hubieran conocido a Fred, no estarían ahora sentados tan cómodamente junto al chico nuevo.
Me encogí de hombros.
-No sabía que le creías capaz de conocer a todo el mundo aquí –dije.
El también se encogió de hombros, decidiendo que el tema no era de total agrado para mí.
Se pasó unos momentos revolviendo su café mientras yo husmeaba en sus pensamientos. Quizá tuviera una buena idea, porque no quería pasar las vacaciones de invierno con mi madre y arriesgarme a ser descubierta.
-¿Dónde piensas pasar estas vacaciones de invierno? –preguntó con fingido desinterés.
Recordé que los sentimientos de Lyan por mí no habían cambiado. Era yo la que ahora parecía notarlos mucho menos. Así que decidí contestar de una forma en que le hiciera sentir incómodo al hacer cualquier proposición.
-Espero no pasarla en ningún lado. Aquí en el internado debe de estar bien vacío para entonces, me agradará no estar obligada tener que poner buena cara a la gente por un par de semanas.
Sentí la oleada de desilusión que invadió a Lyan en secreto, pero aún así soltó una carcajada.
-¡Como si alguna vez te obligaras a poner buena cara cuando no tienes ganas! –rodé los ojos ante su comentario pero no pude evitar esbozar una sonrisa divertida.
Lyan suspiró por un momento y luego volvió a hablar.
-Supongo que yo también debería quedarme –la imagen de una pareja disgustada pasó por mi cabeza- no es que sea muy agradable pasar dos semanas con mis padres…
-Me gustaría ver a mi madre de nuevo, la estoy echando de menos, pero algunas cosas se complicaron y en verdad creo que no haría ni un bien que me apareciese por allá –se me escapó.
Aunque de todas formas, no parecía muy arrepentida. Quería contarle de forma parcial algunas verdades a alguien más que a Bob, y ya tenía el dialogo más o menos planeado.
-¿Qué es lo que anda mal con tu madre? Te he notado muy mal este último tiempo, pero he evitado preguntar, se que esas cosas molestan mucho…
¿Entonces porqué estaba preguntando ahora? Pero la respuesta estaba claramente plasmada en la mente de Lyan. Solo estaba verdaderamente preocupado por mí y tenía intenciones de ayudar. Sentía curiosidad, claro, pero si yo no quería contar nada, el ya estaba planeando cualquier otro tema de conversación con el cual distraerme.
-No es que me guste hablar sobre el tema –dije, esperando que luego no se atreviera a preguntar mucho sin molestarme- pero sé que puedo confiar en ti.
-Si no quieres contarlo no importa…
-Está bien –total, no sería toda la verdad- Sucede que me he enterado de cosas sobre mi padre por boca ajena y ahora no sé cómo llegar a casa y enfrentar las cosas o simplemente hacer como si nada.
Lyan asintió lentamente.
-Uhm, te entiendo. ¿Y tu padre…?
Comencé a hablar antes de que él pudiera complicarse con el resto de la pregunta.
-Ella me dijo que había muerto cuando era muy pequeña, pero al parecer simplemente abandonó a mi madre antes de que yo naciera. No es tan complicado en realidad –mentí- pero no entiendo la necesidad de mi madre de mentirme sobre eso.
-¿Y cómo es que te enteraste?
Titubeé, pero prontamente se dibujó una escusa barata en mi cabeza.
-Uh, una carta… un amigo se había enterado y bueno… no pudo más que contarme.
La revelación parcial que le había hecho a Lyan sobre mi vida, había servido de poco, por no decir que había empeorado las cosas. Ahora creía que tenía la suficiente confianza en él para contar una cosa tan íntima y eso no me parecía bien en absoluto.
Había esperado que eso ayudara a desahogarme, pero lo que le había contado carecía de los detalles más importantes para poder cumplir su cometido. Pero Bob cumplió su parte y le veía casi todas las tardes en el bosque, así que tenía un constante paño de lágrimas a quien contar mis penas.
-¿Cómo vas con Tyler?
Ese era uno de los temas que con Bob, no solíamos tocar. Pero sentía como su curiosidad crecía con los días y ya no había podido más.
-Mal…
Estábamos en un claro del bosque, justo del otro lado del cerro, donde presumía, que no habían estado nunca los demás lobitos. Era un lugar muy alejado del internado para que les llamase la atención.
-Pues por el genio de Tyler, a mí me parece que van terribles.
Rodé los ojos. “Gracias por animarme” le gruñí mentalmente.
-Yo nunca pensé que los de ustedes pudiera funcionar. Tyler y sus caprichos y tú tan impulsiva como siempre.
Apreté la mandíbula y le fulminé con la mirada. El levantó sus brazos y se encogió de hombros aparentando inocencia. Me tendí de espaldas en la hierba ignorando el gesto de Bob.
-¿Y Max? –preguntó logrando sacarme un suspiro. Él rió por eso.
Le había comentado brevemente las confusiones de mi corazón, pero no había insinuado que fuera nada serio para que pudiera recordarlo ahora.
-¿Qué pasa con él? –pregunté haciéndome la inocente.
Bob se recostó al lado mío reprimiendo una risita.
-Clare –me reprendió.
-Está bien, está bien, no pasa nada con él. Nada. Y creo que es mejor así, porque de pasar algo, podría terminar matándolo.
Asintió lentamente.
-Supongo que eso no pasaría con Tyler. Así que ya entiendo más menos tú dilema.
Por su cabeza pasó todo lo que me afligía en cuando a Tyler y Max, y estaba tan claro como el agua, que no había persona en el mundo que me conociera mejor que Bob.
Comprendió casi mejor que yo, que ya no quería a Tyler y lo único que temía, era herirle y perder un aliado en esta guerra. Muy egoísta, pensó Bob, pero comprensible. Entendió que estaba perdidamente enamorada de Max, y que de no ser por eso, pasar algún tiempo con él me resultaría mucho más fácil. Comprendió que no me gustaba nada esta situación, pero no dijo nada.
-¿Y qué hay del director vampiro amigo tuyo?
-Aun no nos hablamos. Sigue odiándome por lo de entonces aunque no me lo haya dicho.
Bob soltó una risita burlona.
-Debes sentirte fatal por eso –me molestó.
-Era lo único que tenía antes de que llegaras…
Chasqueó la lengua y se encogió de hombros restándole importancia.
-Solo debes admitir que fue una gran ayuda. Agradece que este repentino enojo te haya salvado de deberle algo. ¿Por qué le tomas tanta importancia?
-No lo sé.
-A mí me da mala espina.
-No lo conoces –defendí casi sin proponérmelo.
-Es demasiada amabilidad para ser sincero…
Así, los debates que sostenía con Bob, me ayudaron a hacer más llevadero todo lo que estaba pasando. Era como si hubiese estado demasiado tiempo sin moverme y mis músculos se hubiesen agarrotados. Antes, no había querido moverme por sentir el dolor, pero al hablar con Bob, era como si me estuviera acostumbrando nuevamente a la movilidad. Poco a poco mover un brazo ya se hacía cómodo.
Pero había un músculo que aun no había ejercitado en mis encuentros con Bob. No le había contado de “Fred II” y esa parte de mi cuerpo seguía dormida, nada susceptible ante cualquier inclinación a moverse.
No podía dejar de fastidiarme, que el destino hubiese querido traer a un chico tan parecido a mi víctima. Para colmo de males, el chico nuevo había reemplazado todo lo que Fred había dejado atrás. Le veía en cada clase y ahí donde antes se había sentado un moreno, ahora había un rubio. El entrenador Kelem, incluso había señalado que, al ser nuevamente el curso un número par, podían volver con las actividades que habían dejado de lado. Solo esperaba que las parejas no volvieran a ser las mimas, ya que me tocaría con el chico nuevo.
Pero pronto llegué a la determinación, que quizá acercarme a él, y comparar diferencias, me haría sentir mejor. No cabía duda, de que al conocerle más profundamente, podría darme cuenta de que el parecido con Fred era solamente físico.
Decidí hacer acopio de valor un día en que me lo encontré por causalidad en la biblioteca. Respiré profundo y comencé a acercarme a él por su costado, simulando buscar un libro.
El chico me miró de reojo y entonces yo giré mi cabeza en su dirección. Tragué con fuerza y me obligué a hablar.
-Mmm, hola –sonreí casi con jovialidad y casi risueña- me sorprende ver chicos por aquí –reí- Es bueno que llegue alguien más a quien le interesen los libros.
Debí sonar de lo más desesperada por intentar un tema de conversación cuando le hablé, que llegué a sentirme más nerviosa de lo que quería. Pero era justificable, yo era una chica y él era guapo. Pero esas no eran mis intenciones.
-Sí, la verdad no soy muy fanático de la lectura, pero… ¿Suele ser aquí la gente tan poco cortés con los nuevos?
Sentí pena por el pobre, él no tenía la culpa de parecerse tanto a Fred. Eran casi tan parecidos como lo éramos yo y Danna. La única diferencia era el color del pelo.
Su comentario era prácticamente una súplica y una queja a la vez, esperando que yo no fuera tan descortés como los demás.
-No, es que has llegado en el peor periodo.
El chico levantó una ceja, sin entender y yo le expliqué lo sucedido hacía tan poco tiempo a la profesora de Religión y a un chico que era muy amigo de todos. Notó claramente lo turbada que me sentía al mencionar esos dos sucesos, y esperaba que no notara la culpabilidad.
-Ya veo. Lo de la profesora no me sorprende. Últimamente mueren muchos por ataques de jaurías de perros, pero no había escuchado nunca a nadie, que se enterrara un cuchillo por debajo de la almohada.
Me estremecí y él lo notó.
-Lo siento, no creo que te guste hablar de esto.
Negué rápidamente.
-Ya entiendo un poco el porqué de la veta que me han impuesto. Yo no he pasado por nada de lo de ustedes y debo ser un bicho raro y entrometido. Luke y Sim, me contaron algo, pero apenas podía formular unas cuantas preguntas cuando cambiaban de tema.
Levanté la vista y le miré directo a los ojos. Eran tan cafés y expresivos como los de Fred. No podía existir una copia más perfecta, a pesar de que sus modales eran irreparablemente mejores que los de mi difunto. Aunque aun no dejaba de preguntarme, que tal nos habríamos llevado Fred y yo, de no comenzar con el pie izquierdo.
Retrocedió un paso, ante nuestro largo contacto visual e intentando desechar la incomodidad que podía haber sentido, me tendió la mano para presentarse.
-Uhm, lo había olvidado, soy Greg Harrison –acepté su mano y sonreí de vuelta.
-Clare Thompson…
Odié que los nombres Fred y Greg se pareciesen tanto.