lunes, 24 de octubre de 2011

Cap. 27 CLARE

(Mi objetivo era y sigue siendo, terminar esta historia sea como sea, por lo que este capitulo fue escrito y simplemente escrito, sin ser sometido a una segunda ojeada. Si esta malo, que bien, si esta bueno, que bien tambien)



Capítulo 27
Me dirigí directo al baño cuando volvimos de la cacería. Tenía la boca y toda la ropa manchada de sangre de perros, gatos y conejos. Max podría llegar en cualquier momento y no quería parecer una asesina.
Hannah entró en ese momento trayendo ropa y vendaje nuevos. Comenzó a desvestirme con rapidez y agilidad, mientras que con una toalla húmeda me quitaba los restos de sangre seca pegados a mi piel. Comenzó a sacar los vendajes antiguos, que ya estaban o a punto de despegarse o estaban tan sucios como si me hubiera revolcado en tierra. Volvió a colocar vendaje nuevo sobre donde se suponía que estaban las heridas y en especial, un vendaje más grande y reforzado en mi hombro, donde aun tenía la cicatriz de la mordida de Danna.
Me tomó el pelo en una coleta y volvió a pasarme un nuevo paño húmedo por la cara para limpiarla bien. Me roció perfume por todos lados y luego de haberme vestido bien, con un nuevo pijama, se marchó del baño y luego de la habitación, sin haber pronunciado ni una sola palabra.
Me quedé mirando fijo a la puerta por donde había salido. La profesora Fielding siempre había sido una gorda gruñona con la que no me había llevado nunca bien. Aunque siempre había parecido tener paciencia en explicarnos todo sobre los “persículos”, nunca me había gustado la forma en que me miraba con un odio reprimido.
Sí, y desde que la conocía en esta nueva vida, no habíamos cruzado siquiera una sola palabra.
Desperté de mi ensimismamiento y dejé de mirar fijo a la puerta, cuando escuché acercarse un par de pasos rápidos que se acercaban a subir por mi ventana.
En un segundo me encontraba dentro de las sábanas recién arregladas de mi cama, y me hacía la dormida.
Max entró un par de segundos más tarde. Le sentí disminuir la velocidad, para hacer menos ruido, cuando me vio dormida. Se acercó lentamente y en silencio hacia la orilla de mi cama. Se inclinó sobré mí, apoyándose en el catre con una mano y con la otra me quitó el cabello de mi rostro.
Había tenido planeado que despertaría en ese momento, pero por alguna razón, me detuve a abrir los ojos y quise que siguiera pasando sus suaves dedos por mi mejilla.
Me forcé a abrir los ojos lentamente y Max retiró sus dos manos para dejarlas a sus costados. Me giré para mirarle a la cara y me acomodé un poco mejor y así parecer un poco más erguida.
-Hola –le saludé adormilada.
-Buenas tardes, dormilona –me sonrió.
-¿Cómo está Marie? –se me ocurrió preguntar.
Max se sentó a los pies de mi cama.
-No lo sé, no hablo mucho con ella, pero se debe sentir bastante sola en una habitación sin ti.
-Quizá está de fiesta –reí.
-La verdad, no creo… pero bueno. ¿Cuándo vuelves?
-El lunes. Ya me siento mucho mejor, y por lo menos ahora tengo a alguien que sepa la verdadera historia.
Max tomó una de mis manos y la estrechó con fuerza entre las, suyas, fuertes y nerviosas.
Parecía querer darse más ánimos a él que a mí. Me imaginaba el susto que debía haber pasado aquella noche, creyéndome siempre humana y de pronto desapareciendo como todas sus ilusiones.
-Te quiero… -susurró rozando mis dedos con sus labios.
Y yo… Si, cuanto lo quería.
No podía hacerle nada. Él era tan bueno, que no merecía nada de lo que había planeado todo este tiempo. Quería vengarme, no lo haría claro… significaría revelarle mi secreto, pero había deseado vengarme y ahora veía que eso no podría ser nunca.
Me gustaba mucho y él lo sabía. Había podido leerme la mente en su momento.
Balthazar me había explicado que ahora nadie podía leerme los pensamientos mientras yo no lo permitiera. Era algo natural en el mundo de lo sobrenatural, y me inquietaba que Max pudiera asociar ese impedimento de saber lo que pienso, con lo que había pasado el día del baile.
Por suerte tenía un parche en la cabeza. Podría haberme visto afectada por eso ¿Verdad?
-Billy aun no confía… -suspiró al fin.
-¿Porqué tendría que hacerlo?
Max levantó la cabeza con el ceño fruncido. Parecía enojado, con Billy, no conmigo.
-¿Qué más pruebas quiere? Estás aquí herida, por culpa de esa maldita demonio…
-¿Eso no sería una razón aun más grande para desconfiar…? –pregunté arrepintiéndome en el instante de las palabras recién pronunciadas.
No era apropiado que le diera pistas sobre mi hasta ahora bien ocultada mentira. Balthazar me reprendería luego por no haber controlado bien mi lengua, pero debería perdonarme, después de todo era una novata y como él mismo había dicho, la concentración no era mi fuerte.
Debía agradecer que hasta ahora el secreto continuara intacto.
-Billy cree que todo es razón para desconfiar –mustió sin captar nada extraño en lo que había dicho- y los demás no tienen más alternativa que hacer lo que él diga. Creo que Roger está de mi lado… pero qué más da si aún así obedecerá todo lo que Billy diga.
-¿Roger el chico de pelo lindo? –pregunté recordándolo en la playa.
Max hiso una mueca, extrañado.
-¿Pelo lindo? Me sentiría celoso si fuera cierto… -Sus labios se curvaron instintivamente en una sonrisa pícara- Roger, con suerte se Baña una vez a la semana.
No pude evitar sonreír. Me agradaba que Max admitiera que podía sentirse celoso si yo encontraba guapo a otro chico. ¿Pero qué pasaba con Tyler? Nunca había parecido molestarle.
-¿Quién es Roger entonces?
-¿El de pelo negro…? ¿Largo? ¿Tatuajes? Creo que él estaba en la playa la vez que lo viste, pero no viene al colegio, ya tiene veinticuatro.
Oh, ya lo recordaba. Era el chico malo. Reí para mis adentros, ese chico no llegaría a tener nunca el hermoso pelo que recordaba. ¿Entonces de quien era? ¿Jack? Era uno de los que había nombrado el profesor Koth ¿Todd? Ese era el hermano de Gabbe… No, pero también era amigo de Max. ¿No era el joven?
-¿Y cuántos años tienes tú? –pregunté desviándome de lo que se suponía que debía interesarme en esos momentos.
Max volvió a sonreír con una mueca, como si lo hubiera sorprendido en algo sucio. Soltó el aire lentamente convirtiéndolo en un suspiro.
-Bien, no debería ir en tu curso… pero era necesario.
Comenzó a interesarme.
-Dime cuantos –insistí con su misma sonrisa.
-No debería estar siquiera en el internado… -continuó rehuyendo.
-¡Max! –me quejé- ¿Cuántos?
-Aunque tampoco es demasiado… No creas que estoy muy viejo, Billy ya tiene cincuenta y tres y se ve de veintidós, ya sabes, es por la edad en que comenzamos a ser lobos… Bob te contó… Pero yo no fui convertido, es que…
-¡¿Qué cuántos años tienes?! ¡Dime ya! –reí frustrada.
-Solo tengo diecinueve, ¿Ok? Te decía que…
-Me refiero a los años reales, no a los que aparentas. ¿Cuántas vueltas le has dado al Sol mientras existes aquí en la Tierra?
Max se echó a reír.
-Te digo que no soy viejo. Tengo diecinueve y punto. No me has dejado explicarte.
-¿Qué?
-Que. Yo. Nací. Siendo. Así –dijo atropelladamente antes de que le interrumpiera.
Fruncí el ceño.
¿Eso se podía o me estaba bromeando?
-¿Lo dices en serio?
Max asintió lentamente, complacido de su declaración. Aun no le creía mucho, pero preferí dejar que me explicara. Ya casi había olvidado mi meta aquel día, de seguir con el embuste y parecer afligida, pero qué más daba si Max no estaba notando nada extraño.
Prefería mil veces divertirme cómodamente con él, antes que continuar mintiéndole.
-Mis dos padres eran hombres lobos y bueno, yo no tenía muchas opciones, o le heredaba la genética a mis abuelos o continuaba con el nuevo trabajo de mis padres.
Me sentí extraña. Yo había disfrutado unos hermosos dieciséis años como una chica normal y él había tenido que lidiar con esto toda su vida.
-¿Nunca fuiste humano? –era una pregunta idiota, ya lo sabía, la respuesta era obvia.
Negó con la cabeza, borrando la sonrisa de sus labios intentando adecuarse a mi humor.
No me calzaba que alguien tan bueno como él, no hubiera podido disfrutar siquiera un rato siendo normal. No era justo.
-Y yo que… -me detuve.
Casi comenzaba a decirle lo tonta que había sido por no agradecer a la vida de conocer la humanidad. Balthazar debía de estar completamente nervioso del otro lado de las pantallas. Quizá decidía evitarles la molestia  a las cámaras y venía a vigilarme  al mismo cuarto antes de que dijera algo que nos delatara.
-Si yo fuera… -no me aguanté- como tú… ¿Me querrías?
Max alzó una ceja y volvió a besarme la mano.
-Si –mustió- Aunque… no me gusta mucho la idea.
-¿Por qué? Seríamos iguales…
-Billy no habría tenido nunca la necesidad de vigilarte y así yo nunca podría hacerte conocido. Me dijiste hace días que te hubiera gustado nacer de otras personas completamente normales para así vivir una vida normal. Me dolió un poco que no te importara que me hubieras conocido… pero debía entender que lo único que querías era ser feliz, vivir una vida normal y estar a salvo.
De pronto enrojecí completamente. Era raro. El único que hacía que mi torrente sanguíneo funcionara como cuando era humana, era Max. Aunque hasta entonces no había visto a más de tres personas.
Esta vez, al igual que la noche anterior, me escondí bajo las sabanas. Ahora las razones no eran las mismas, sino que era tal cual lo que Max había imaginado antes. Sus palabras habían acelerado mi corazón como nunca más creí poder sentirlo.
Escuché como reía. Esta vez no se fue como lo había hecho antes, sino que decidió intentar sacarme de mi escondite. Tomó del borde de la blanca sábana con la que me cubría y la deslizó hacia atrás con delicadeza, dejando descubierta la parte superior de mi cabeza y uno de mis ojos para que le mirara.
-¿Dejaras de hacer eso cada vez que te avergüences? Antes no lo hacías…
Pensé que quizá afectara mi nueva condición, pero recordé que antes no me había escondido por vergüenza, sino que sentía una sed terrible de su sangre.
-Antes no me decías estas cosas –recriminé.
-¿En el baile te dije unas pocas y lo único que hiciste fue insultarme y golpearme?
-Y querer besarte –agregué recordando- Y tú me recházate.
-Estabas borracha –se defendió- Si tú quieres puedo pagar mi deuda ahora mismo.
¿Qué? Le miré horrorizada y volví a mi escondite. Nuevamente no había sido la vergüenza, sino el recuerdo del olor de su piel tan cerca de la mía. Yo quería decirle que sí, de todas formas había sido su rechazo lo que me tenía aquí, pero no podía arriesgarme.
-Vamos, Clare, era una broma –le escuché rezongar. Mentiroso, pensé, si era una broma, bueno, a mi me dolería mucho- Creí que eras más valiente.
Ok, no me besaría, eso estaba bien, aunque yo quería…
Tenía que optar por lo más saludable para todos. Ni a mí ni a Max nos gustaría que me descontrolara y le diera una buena mordida en busca de sangre. No le gustaría ni a Balthazar ni a los lobitos.
Le escuché suspirar. No pude adivinar si estaría sonriendo o ya se estaba aburriendo de mi actitud.
Decidí que tal vez, lo mejor era volver al tema que a Balthazar le importaba. Me había desviado demasiado y ahora podía estar corriendo un riesgo.
Me destapé lentamente y le miré esbozando una sonrisa que le pedía disculpas. Pero Max ya estaba sonriendo desde antes y eso me alivió.
-Hablemos de algo más –sugerí- ¿Qué les dijiste a tu compañeros?
Me refería a sus amigos lobos, por supuesto, Max lo entendía.
Apenas alcanzó a abrir la boca cuando sentí unos pasos veloces dirigiéndose desde el bosque al internado. Mi acompañante se puso tenso, segundos después de que yo notara aquello.
Debí concentrarme por sobremanera para no delatarme, ya que yo me había dado cuenta antes que Max, que alguien nos haría una visita.
-¿Qué pasa? –susurré haciendo como que no entendía.
Max se levantó de un brinco y encaró la ventana. Yo no sabía si levantarme también, para estar preparada ante un ataque o si continuar postrada en la cama, sin abandonar la farsa. Balthazar debía de estar mirando desde alguna de las cámaras; debía confiar que él no dejaría que nada me pasase.
Miré hacia la muñequita de porcelana, donde yo creía que estaba una de las cámaras y lancé mi mejor expresión de terror. Si Balthazar no se había dado cuenta que alguien se acercaba, pues al menos debía intentar prevenirlo de que algo andaba mal.
Entonces, con mucha más agilidad que Max, se internó por la ventana un hombre joven, de pelo crespo y moreno que me parecía familiar. Sonrió arrogante y entonces mis recuerdos se refrescaron. No podía olvidar aquella odiosa sonrisa sardónica con la que me había mirado aquel día en la playa.
-Billy –gruño Max- ¿Qué hace aquí?
Le dirigió una mirada de desprecio que nunca antes le había visto. Claro, a Tyler lo había mirado desafiante, porque no era de su manada, en cambio, Max, lo estaba defraudando.
-Teniendo en cuenta que la mocosa ya sabe todo y tú no me has servido de nada, pienso que será mejor que verifique yo mismo lo que necesito confirmar.
Comencé a incorporarme cuando Billy dio el primer paso en mi dirección.
Max le detuvo colocando una de sus manos en su hombro. Le fulminó con la mirada y creí que Billy no aguantaría mucho la traición de Max.
-Si la tocas, yo te mato, sin importar que hayan humanos ahí afuera que puedan enterarse de todo –gruñó entre dientes.
Billy se sacudió la mano de Max y le propinó un empujón que lo azotó contra la pared. Estuve a punto de levantarme a ayudarlo en la pelea que estaba a punto de comenzar, pero de pronto escuchamos una voz.
-¿Está bien señorita Clare? Escuché un ruido… -era la voz de una mujer que no conocía.
Me asusté un poco, pero entonces comprendí que debía ser una estrategia de Balthazar para espantar a los lobitos que querían comenzar a jugar.
Titubeé. No sabía si contestarle o no. No sabía siquiera que debía contestarle.
-Dile algo –ladró Billy en un tono bajo- Que no venga…
Le miré horrorizada.
-Yo… e-estoy b-bien –tartamudeé nerviosa.
No estuve muy segura, si la mujer había podido escucharme o no, pero Billy pareció relajarse.
-Cualquier cosa, me avisa –Respondió la voz femenina.
Iba a responder, pero el hombre lobo me miró furibundo. Max volvió a interponerse entre nosotros, cuando Billy quiso acercarse a mí nuevamente.
-Vete, que no quiero pelear –amenazó Max, como si verdaderamente resultara ser una verdadera amenaza contra ese hombre enorme- Ella es humana, siempre lo ha sido. Ya ves lo herida que está, ¿No puedes dejarla tranquila?
Yo ya no aguanté más y me fui levantando de a poco. Saqué una pierna de la cama, pero eso a Billy no le gustó.
-Quédate quieta, que yo no me voy –volvió a mirar a Max- Todavía estas a tiempo de remediar tus errores…
Me pareció un hipócrita. ¿Quién se creía que tenía el poder de perdonar? ¿Dios? Saqué mi otra pierna.
-¡Que no te muevas, dije! –salté del susto mas luego volvió su atención a Max- Tú sabes que yo tampoco quiero pelear contigo, sabes que eres mi mano derecha, o al menos lo eras… Me apena mucho que te hayas desviado tanto… ¿Porqué no vamos al grano y terminamos tu trabajo de una vez por todas?
-Tú estás loco, Billy ¿Cuántas personas tendremos que dimitir, para que te convenzas de que Clare es humana?
Billy frunció el ceño, como si eso le hubiera dolido en el alma. Ladeó la cabeza un tanto y luego hiso una mueca de asco.
-¿Dimitir? ¿Tendremos? –asintió lentamente, comprendiendo- ¿Acaso te estás transformando en otro maldito desertor?
Le escupió en la cara de pronto, sin que nadie se lo esperara. Me levanté de inmediato, cuando vi que el puño de Max se dirigía con furia al rostro del maldito lobo.
Antes incluso de que pudiera comenzar la lucha, yo ya tenía mis opciones claras. Las había estado sopesando mientras ellos hablaban.
No podía unirme a la lucha para ayudar a Max, se darían cuenta de mis nuevas “habilidades” y eso terminaría por poner en contra a mi mismo protector. Por lo que lo único que podía hacer era llamar a alguien de fuera.
Balthazar, o no debía estar prestando atención, o creería que todos se solucionaría por arte de magia.
-¡Profesora Fielding! –grité con todas mis fuerzas justo en el momento en el que Billy se estrellaba contra la pared, con Max bajo sus garras.
Ambos se quedaron pasmados al instante.
-¡CALLATE, BURRA! –ladró Billy, casi superando la potente voz del entrenador Kelem.
-Eres idiota –le gruño Max- Crees que a ti tampoco van a escucharte…
Los tres escuchamos como unos tacones acelerados se acercaban hacia la puerta de mi habitación. En el espacio de un par de segundos mi habitación había quedado completamente vacía, a excepción de mí.

sábado, 8 de octubre de 2011

Padre e Hija/ Mis diarios/ Soy distraida


¿Lo había dicho ya? No recuerdo bien.
Este fin de semana me he quedado sola con mi padre. Creo que esto es algo digno de ser contado, ya que no sucede muy a menudo. Ni siquiera recuerdo la última vez en que me he quedado sola con mi padre, y eso me hace sentir demasiado alejada de él. 
Mi madre y mi hermana viajaron a donde mis abuelos. También irían mis tíos y mis primos, así que por esa razón decidí esconderme un rato en mi casita. En general, siempre acompaño a mi mamá y supuse que quedarme una sola vez, no haría daño a nadie, aunque claro que a mis abuelos no les debe haber agradado mucho la idea. Seguramente querían verme (Y yo igual, claro)
Otra razón por la cual decidí quedarme, fue que solo aquí tenemos computador y sin él, no podría continuar escribiendo en mi historia. Y es que me encanta escribir. Es por eso que llevo un diario de vida...
Lo comencé hace poco, este año. El resto de mi vida, antes de que lo comenzara, me había contentado escribiendo en agendas con días restringidos y en hojas sueltas. Ahora he estado recopilando todo para poder pegarlos en un solo lugar. Ya me gasté un cuaderno entero de 100 hojas escribiendo mi vida efn tres meses. No es que tenga una vida muy interesante, pero puedo rellenar hojas y hojas con detalles absurdos. Seguramente, cuando esté vieja y los encuentre en una caja sucia en el desván (no tengo desván, ni recuerdo que es eso, pero es para darle emoción) terminaré muerta (literalmente) de la risa al leer las estupideces que hacía cuando pequeña.

Uhm, ya veo porqué relleno tantas páginas en mis diarios ¿ Es que siempre me desvío tanto del tema? Y lo voy a hacer de nuevo.                                                     

El otro día iba a contarles algo amis amigas, y en eso me distraje en un detalle lo que se tradujo en otra conversación y en otra y en otra. Las retaba todo el tiempo, porque no me dejaban terminar, pero era yo la que nunca iba al grano. 

Entonces, me quedé con el computador y ahora voy a continuar con mi historia, ya que quiero deshacerme luego de ella. Supongo que queda mucho, pero que más da.

¿Esto tuvo sentido?
Hola
¡Oh, una mosca!

Amor Violento - Los Tres




Cuando por primera vez
Te ví
Supe que el cielo
Era para tí
Y para mí
Y para tí
Y para mí


Nunca más podré dormir
Nunca más podré soñar
Con nadie que
No seas tú
Gastaré toda mi vida
En comprar la tuya
Gastaré toda mi vida
Y más...


El amor tendrá que esperar
Un buen rato
Para descansar
De tú y de mí
De tú y de mí


El amor tendrá que esperar
Un buen rato
Para descansar
De tú y de mí
De tú y de mí


Gastaré toda mi vida
En comprar la tuya
Gastaré toda mi vida
Y más
Y más
Y más


Porque un amor violento
Nos deslumbró
Un amor violento
Nos fulminó




(Me gusta esta cancioncilla) 

Pet Society

Hoy en mi paso por Facebook, decidí hacer una visita a mi ya olvidada mascota virtual, para enterarme de todos los cambios que se habían producido en mi ausencia. No eran muchos, seguramente, como el juego a pasado de moda los cambios abruptos han aminorado.
Visité un par de tiendas notando disfraces de varias películas Disney conocidas, como la Bella y la Bestia, la Sirenita, Alicia en el País de las Maravillas... etc. Me gustó cuando vi "La noche estrellada" de Van Gogh en versión Pet Society... porque siempre he relacionado ese cuadro con la versión artística de la astronomía (Y es algo que me encanta)






               





Me sorprendió ver además "El Beso" de Klimt, que es el cuadro favorito de Bianca Olivier en el Internado de Medianoche. (Fue un libro que me gustó mucho, junto con el segundo... pero el tercero... creo que ya no me pareció tan bonito que metieran fantasmas... uhm...)
            

Me gusta el cuadro, los colores, la forma en que están abrazados. Me está comenzando a gustar la forma de trabajo de Klimt. (Sonrisa Feliz)

viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 26 CLARE

(Ejem... ya he acabado. Ahora a escribir y terminar pronto esta historia antes de que me vuelva loca. Sobretodo porque quiero continuar con muchas otras que también he dejado inconclusas. Lo peor de todo es cuando se te vienen ideas nuevas a la cabeza que te parecen cada vez mejores y entonces quieres dejar lo que ya habías comenzado para iniciar algo nuevo. 
Me pican los ojitos... Uhm, ¿Son las 4:00 ya? Se me está haciendo tarde. Por suerte mañana mi madre y mi hermana viajan a ver a mis abuelos y yo puedo quedarme durmiendo hasta tarde. Me estoy sintiendo un poco mal por no querer ir, pero también irán mis tíos y a decir verdad no me caen nada bien. Quisiera ver a mis primos, que no veo hace muchos meses, pero están distintos, tan crecidos que ni los reconozco. Lo único de lo que podemos hablar, es de clases, notas y ya está, me apena...)


Capítulo 26
Volví al internado luego de tres días. El director y la profesora Hannah me habían preparado una habitación especial en donde tenía que fingir estar adolorida y cansada. Para todo el mundo, estaba totalmente prohibido ir a visitar a Clare Thompson, solo Max pudo filtrarse por la ventana sin que “supuestamente” nadie se diera cuenta.
Era parte del plan el que yo hablara con el chico y obviamente Balthazar, que había reparado en la visita del lobito, le había permitido entrar sin ningún problema.
Ocurrió el cuarto día en la noche, cuando mientras intentaba quedarme dormida, escuché unos ruidos en el patio del colegio, que poco a poco comenzaban a acercarse a mi ventana. Me acomodé dentro de las sabanas intentando parecer enferma, cerciorándome de que todos los falsos parches que me había colocado la profesora, estuvieran correctamente ajustados.
Fue fácil fingir sorpresa cuando vi asomarse la cabeza de Max por el alfeizar. A duras penas logré contener la risa y fue más difícil aun cuando reparé en la torpeza con que se colaba por la ventana semi-abierta.
-¿Qué haces? –pregunté notando fácilmente su expresión afligida.
Parecía totalmente asustado mientras se acercaba a mí. Quizá esperaba encontrarse con el demonio que realmente era, o simplemente estaba preocupado.
Intenté sentarme lo más torpemente posible mientras él se arrodillaba a un costado de mi cama.
-Quería cerciorarme de que estabas bien.
Sentí un dolor en el pecho, recordando lo que había pasado el día de la fiesta. ¿De verdad me gustaba tanto? Pues ahora tendría que olvidarme de eso. No era demasiado conveniente –y el director me lo había repetido hasta el cansancio- que comenzara un romance, con cualquiera, en especial con un lobo, mientras continuara en este estado. Era una vampira recién convertida y eso podía traerme problemas.
-No demasiado… Max –comencé el show- hay algo importante que deberías saber…
Tragó saliva y cerró los ojos en una mueca dolorosa, luego tomó mi mano y me besó sobre los dedos. Fruncí el ceño un poco nerviosa… no me gustaba verlo así aunque en parte, fuera él el culpable de lo que me había sucedido.
-No me trago nada de lo que el director nos contó a todos. Es imposible que hayas desaparecido así como así… yo fui tras tuyo inmediatamente.
Asentí lentamente, tal y como Balthazar había dicho. Forcé mi mejor expresión de terror.
-Fueron demonios… Tú me dijiste que había uno merodeando por el bosque –Max abrió los ojos ampliamente, pero continuó escuchando- Yo no recordé eso aquella noche… estaba borracha.
Miré a un costado y suspiré hondamente, haciendo parecer que me costaba trabajo hablar de este tema.
-¿Qué pasó?
-Gracias por venir… yo no había podido decirle esto a nadie.
-Lo sé, lo sé… -Me acarició la mejilla con su dedo pulgar.
Eso no estaba bien. Me desconcentraba, me hacía querer contarle todo, absolutamente todo, pero no se podía. Me odiaría por siempre.
-Continúa.
-Era una mujer… rubia –agregué. Si era propicio dar características para que los lobos la siguieran y la atraparan, no me callaría la boca. Después de lo que esa maldita me había hecho.
-¿Pálida y de ojos azules? –preguntó concentrado.
-Sí –afirmé extrañada- ¿Cómo la conoces?
Apuntó a sus espaldas, hacia el bosque, por la ventana.
-Los chicos la vieron la otra vez e intentaron atraparla. Es muy rápida…
-¡Si, corre como loca! –enfaticé cogiendo el hilo- Me tomó con fuerza y me internó muy profundo en el bosque.
Max parecía desesperado. Se cubrió la cara con ambas manos dejando de mirarme.
-¿Te mordió? –masculló por entre sus dedos sin haber levantado la cabeza aun.
Me puse nerviosa y mi corazón comenzó a bombear la poca sangre que quedaba en mi cuerpo con mayor rapidez. Negué con la cabeza, para luego corregirme con la voz.
-No, por suerte… -el chico suspiró aliviado- Justo en ese momento llegó otro demonio que se lanzó encima de la chica…
-¿Otro demonio? –Max levantó la cabeza mirándome intrigado ahora- ¿Cómo era?
Miré fijo al horizonte fingiendo que trataba de recordar. Pero en realidad intentaba pensar en si inventar las características del segundo vampiro o simplemente haberlo olvidado por la borrachera, que sería lo más creíble.
-No lo sé, estaba demasiado oscuro… Además nunca le vi la cara de cerca, como la de la chica. Él se lanzó muy rápido contra ella… no sé por qué quiso salvarme.
A mi lado, Max hiso un extraño gesto de disconformidad y luego, para mi sorpresa, me miró con cierta expresión burlona en el rostro.
-No creo que haya querido salvarte –Intenté lucir confundida. ¿Sino quería salvarme, entonces qué? Max debía de sentirse muy divertido por mi tonta deducción, pero claro, lo había hecho a propósito- Imagino que se peleaban por la comida.
Abrí los ojos como platos y ahogué un grito. De seguro era esa la reacción que Max esperaba recibir de mí.
-Yo creía que solo bebían sangre, no sabía que los demonios eran caníbales.
Max me miró con espanto.
-¡¿Solo?! Quiere decir que consideras que beber sangre es solo un detalle.
-Eh, no, claro que no –ahora un poco, sí- pero no me esperaba que también me comieran, es una forma horrible de morir…
-No, los demonios no se comen a los humanos, “solo” –enfatizó esa palabra como dándome en el gusto- beben su sangre. Pero aunque no lo creas, ellos tienen formas muy tétricas para poder matar a sus víctimas para luego drenarles la vida.
Sí, eso ya lo sabía. Recordé en mi mente, como había triturado los huesos del pobre conejo con mis propias manos. Podía imaginar cómo era sentir en tus manos el crujir de millares de huesos varias veces más grandes que los de un conejo.
Cerré los ojos con fuerza intentando borrar esa imagen de mi mente. Era horrible y esperaba nunca sentirlo en la realidad. Con los tazones calientes que me daba el director me bastaba y sobraba.
-¿Cómo caíste al barranco? ¿Es verdad que la profesora Fielding te encontró o hay otra historia?
Hice una mueca inconscientemente.
-Logré huir mientras los demonios luchaban. Fue horrible… se escuchaba como una tormenta eléctrica –añadí recordando la explicación que me había dado Balthazar- Y ya sabes, yo no estaba en las mejores condiciones. Asustada y borracha me caí por ese pequeño barranco y ya no supe más de mí hasta que desperté aquí.
Inmediatamente me arrepentí de lo que había dicho. Tenía que agregar que la profesora Hannah me había cargado… pero lo había pasado por alto.
-La profesora Fielding –intenté agregar- me curó las heridas. Intentó sacarme la verdad de lo que había pasado. Pero yo estaba tan confundida y me dolía tanto la cabeza que no supe que inventarle. No podía decirle que me había topado con dos seres paranormales, me creería loca.
El chico suspiró frunciendo el ceño y se preparó para hablar.
-Tenemos que inventarnos algo… pero por mi parte… voy a tener que decirles la verdad a mis compañeros. No puedo seguir mintiéndoles, tarde o temprano se darán cuenta de mi traición; así que… es mejor que sea más tarde que temprano.
-¿Qué hora es? –pregunté por costumbre. Obviamente Max lo tomó como que ya estaba cansada, pero solo quería saber.
Se giró para mirar en un reloj de pared que seguramente un humano no podría encontrar en medio de la oscuridad. Eran las Tres y cuarto de la mañana, observé, Max se sentiría culpable por tenerme despierta a esas horas.
-Ya es tarde, debes estar cansada, sobretodo… duerme y mañana hablamos sobre esto. ¿Bien? –forzó una sonrisa.
Se acercó a mí y suavemente posó su boca en la comisura de mis labios. Sentí una mezcla de sentimientos extraños que me dejaron  pasmada. El corazón, para mi sorpresa, me latió casi tan fuerte como sucedía en estas mismas situaciones cuando era humana y escuché como el de Max hacía lo mismo, pero escucharlo no me produjo más que una sed terrible. Me resistí a morderlo en ese mismo instante y me enterré en las sábanas como una tortuga.
El chico soltó una risita, suponiendo que mi reacción había sido por vergüenza. Si hubiera sabido que “solo” me quería beber su sangre, no le parecería tan gracioso.
Yo en cambio, bajo las sábanas cerraba los ojos con fuerza y hacía rechinar los dientes por el trabajo que me costaba contenerme. Esperaba que Max se fuera lo más pronto posible.
Seguramente luego de darse cuenta de que no saldría de mi escondite, decidió marcharse. No fue hasta que le sentí caer en tierra firme cuando recién me descubrí el rostro. Respiré hondamente, aliviada, pero su aroma seguía en el ambiente.
Balthazar llegó al rato, cuando me encontraba un poco más calmada.
-Se lo tragó todo…
Seguro había estado escuchando en algún lugar, pero yo no me había percatado de su presencia.
Asentí a su comentario. No era una pregunta, pero necesitaba creer que de verdad me había resultado, que Max se había creído todo y que me ayudaría a la mañana siguiente.
Me levanté acercándome al director, que se había quedado mirando por la ventana. Escudriñé lo que traía en sus manos.
Era un tazón, pero el líquido que contenía no era el que yo estaba esperando.
-¿Té? ¿Por qué?
Me miró con una sonrisa traviesa.
-No es para ti… Yo tenía deseos de tomar té ¿Algún problema?
Me encogí de hombros y me encaminé hacia el otro extremo de la habitación, donde había una cómoda de caoba con una muñequita de porcelana encima.
-¿El lobito te dio hambre? –preguntó burlesco.
Le fulminé con la mirada. ¿Cómo se había enterado de todo lo que había pasado dentro de la habitación si ni siquiera estaba cerca? De ser así lo habría notado, había estado pendiente de todo a mí alrededor, por todo el tiempo en que Max había estado en este lugar.
-Instalé cámaras de seguridad… -señaló un punto en la repisa de libros, pero yo no noté nada. Luego señaló otro punto en la cómoda de caoba a mis espaldas.
Miré la muñequita de porcelana. Se veía completamente normal. ¿Le cabría una cámara dentro?
Le resté importancia. Estuvieran donde estuvieran las cámaras de seguridad, el director ya había visto todo. Y si de cierto modo, me incomodaba, a él no tendría por qué importarle.
-Tengo sed –manifesté. Aun tenía el deseo que me había provocado la piel de Max tan cerca de mi nariz.
Dejó de mirar por la ventana y giró para mirarme a mí, al otro lado de la habitación.
-¿Porqué no vamos a cazar?
Fruncí el ceño. Ya no quería triturar huesos. Con beber sangre ya era suficiente para mí, y en un tazón era mucho más agradable. Además, la sangre del conejo no me había sabido tan bien como la que me daba Balthazar.
-Ya no puedo seguír gastando mis reservas, Clare. Es necesario que aprendas a cazar, al menos un par de ardillas y pájaros si no quieres arriesgarte a cazar algún gran animal. Pero debes dejar de tomar del biberón.
-La sangre de esos animales no es tan buena como la que usted me da –me quejé.
Soltó una risa silenciosa.
-Vamos, Clare, no quieres que asalte bancos de sangre todo el tiempo. Si quieres sangre de humano, pues aprende a cazarlos.
Fruncí el ceño nuevamente e intenté sosegar mi corazón, que se había disparado nervioso. ¿Tenía que matar? O podía conseguirme una “amiga”, como la profesora Fielding lo era para Balthazar, y pedirle que me alimentara de vez en cuando. ¿Lyan me ayudaría? Pero qué horror.
-¿Cuándo vuelvo a clases? –pregunté con curiosidad.
Me habían entrado unas ganas locas de ver a Marie, como si la estuviera extrañando.
-¿Estas cambiando de tema apropósito?
-¿Qué? No… Ah… ¿Me desvié del tema nuevamente?
No me había dado cuenta, pero Balthazar me había advertido que sería así. Tendría que comenzar a prestar más atención si no quería caer en mi propia trampa cuando hablara con Max al día siguiente.
El director asintió lentamente y caminó en mi dirección.
-Volverás el próximo lunes.
-¿Y ya  estaré bien?
Se encogió de hombros.
-Si me acompañaras a cazar ahora, estarías mucho mejor.
Puse mis ojos en blanco. De cualquier modo no era de lo más seguro salir de noche cuando había un montón de hombres lobos vigilando el perímetro.
-¿Qué tal si nos atrapan? Estamos rodeados de lobos.
-Clare, son unos niños cabezas de músculo. Lo único que saben es luchar. Lo único que tenemos que hacer, es saber estar en el momento y lugar indicados. Ellos no ven tan bien como nosotros en la oscuridad y tienen un rango de audición menor al nuestro. Eso sin contar que se mueven con mayor torpeza y podríamos escucharlos a kilómetros. ¿Cómo crees que no me han encontrado todos estos años?
Me relajé un poco. Pero pronto recordé mi reciente conversación con Max. Él me había contado que sus compañeros habían visto a la chica rubia.
-Los lobos saben que la chica rubia anda por aquí cerca.
-Sí, pero Danna tiene cientos de años menos que yo. Puede cometer errores, en especial cuando se concentra demasiado en su propósito.
-Yo tengo cientos de años menos que Danna –enfaticé aun sin ganas de salir a cazar.
-Pero tú estarás conmigo.
Suspiré resignada. Al parecer, Balthazar no me permitiría quedarme en cama esa noche. Extrañaba dormir, no tenía sueño, pero ya había estado despierta desde que me había convertido y eso me estaba molestando. Quizá mañana, me conformé.

Cap. 25 CLARE


Capítulo 25
Los arboles pasaban a mi lado borrosos como la niebla, borrosos e indefinidos. Las sienes me dolían de los deseos que tenía de derramar aquellas lágrimas que ya no existían. Sorteé ramas y raíces sin ningún problema y no llegué a cansarme en ningún momento.
Esperaba que el director estuviera intentando acortar terreno entre los dos corriendo tras de mí, pero era evidente que la carrera era solo mía.
Cuando, en medio de mi carrera, comencé a pensar con mayor claridad deduje que ir a pedir ayuda sería lo más sensato, pero en medio de los árboles y de mi atropellamiento había olvidado la dirección al instituto.
¿Por qué tenía que haber un inmenso cerro justo detrás del internado?
Pero entonces un aroma irresistible se me agolpó en la nariz e invadió todos mis sentidos. Choqué de frente contra un enorme pino y caí de espaldas. Gateé en busca de ese aroma que, aunque no tan impactante como el de la sangre que me había enseñado el director en la cabaña, me había atontado por completo.
Me levanté en un sucinto movimiento para correr más rápido de lo que antes había corrido y perseguir a aquel animalito que se había escondido entre las ramas de un pequeño arbusto. Ambos, el conejo y yo,  corrimos lo más rápido que pudimos hasta que el pobre calló bajo mis fauces.
Me sorprendí en un momento cuando escuché el crujir de sus huesos bajo la presión de mis manos y su insistente pataleo para intentar liberarse de mí. Me entró el pánico apenas por una fracción de segundo, pero luego de eso ya no era dueña de mis pensamientos y el conejo estaba totalmente muerto.
Salí de mi estupor luego de unos segundos. El animal estaba completamente laxo entre mis dedos y con enormes heridas por todo su cuerpo.
Lancé un grito al comprender que había sido yo. Había bebido toda su sangre como la del tazón, había sido capaz de matar con mis propias manos sin ningún pudor.
Me llevé las manos a la cara que se me caía de vergüenza pero éstas, estaban completamente profanadas de una sangre espesa que cada vez se secaba más y más.
-Sabía que iba a ser poco –murmuró la voz del director desde mi espalda.
Instintivamente le di la cara retrocediendo al mismo tiempo un par de pasos. Estaba sentado contra el tronco de un árbol en una postura totalmente relejada. Tenía una piedra en la mano a la cual le pasaba su dedo pulgar por encima haciendo que cayeran pequeñas limaduras.
No llegué a sorprenderme de ello, hasta entonces habían pocas cosas que me pudieran sorprender y ahora sospechaba que nada, nunca más atraería mi atención. Esto era el colmo de los colmos, era horrible.
-¿Quieres seguir con tu caza o prefieres volver a tomar nuestra merienda?
“¡Lágrimas, lágrimas, vuelvan a mí!” Estaba harta de que solo se agolparan en mi cabeza para molestarme y no llegaran a salir nunca.
Le di negativa a su respuesta. Lo menos que quería hacer después de todo lo que había pasado era volver a tomar aquel líquido rojo y viscoso al que no quería volver a llamar sangre.
-Volverás al internado cuando te haya explicado todo. No puedes presentarte ante los demás en este estado sicológico.
-¿Mi madre no sabe?
-Claro que no…
Cuando había despertado obviamente había deseado que mi madre hubiera sabido de mi infortunio y que estuviera conmigo. Pero antes no sabía todo lo que me había pasado y que era  diferente a como era antes. Ya no quería que nadie se enterara.
Lo que más me aterraba era que Max pudiera darse cuenta de que era ahora. Sentía la necesidad de confesarle todo al director para que pudiera tranquilizarme, pero no podía traicionar la confianza que habían depositado en mí, Bob, Tyler y mis vigilantes.
Aunque el director ya sabía que yo estaba enterada de la existencia de demonios. Si él sabía eso, mínimo debía conocer cuál había sido mi fuente de información.
-¿Usted conoce… hombre lobos?
-Me recuerdas a mí hace varios años atrás. No era capaz de continuar una conversación coherentemente. Nos distraemos tan fácil cuando recién nos enteramos de este nuevo mundo.
Continué mirándole sin expresión alguna esperando que respondiera mi primera pregunta. Si decía que me distraía fácil no le resultaría esta vez cambiarme el tema.
No hablamos por unos segundos que me parecieron eternos, hasta que de un brinco se levantó y dando un largo suspiro se acercó a mí para responder.
-Tú hablas de tus pequeños amiguitos –rió sardónicamente- Son unos novatos. Han estado vigilando este internado por más de un década y aun no sospechan de mí.
Fruncí el ceño.
-¿Cómo van a sospechar si parece una persona normal?
Comenzó a caminar en círculos a mí alrededor con las manos dentro de los bolsillos.
-Hay ciertas “pistas” que pueden delatar a un vampiro. Si te vieras… estás mucho más colorada que hace media hora y eso es porque has recuperado sangre. Como vez, yo estoy totalmente pálido. Aquel sorbo que bebí en la cabaña no me sirvió de nada, fue muy poco. Tampoco han sospechado que mi continua ausencia se deba a que todo el mundo podría darse cuenta que con el correr de los años sigo viéndome de veintisiete años. –le dio un puntapié al conejo que yacía en el suelo- Claro, cualquiera no sospecharía tan fácilmente, pero ellos son hombres lobos, se supone que están más cercanos a este mundo de fantasía, se supone que deberían tener más experiencia, pero ¿Qué puedo esperar de ellos que apenas han vivido una fracción de años de lo que yo?
Me sorprendí que pudiera restarle tanta importancia a la presencia de sus mayores enemigos en su internado. Me sorprendí de que los viera como unos mocosos que jugaban un juego de guerra, mientras yo con ellos me moría de miedo. Y más me sorprendí que los dejara seguir jugando sin interferir.
Estaba perdida y sola sin alguien que me guiara ahora, así que más me valía seguir todas las indicaciones del director.
-¿Qué sucedió en verdad?
-Aquella chica, era una vieja conocida mía. Quería vengarse de mí por haberla convertido, pero yo no tenía demasiada conciencia en ese tiempo. Simplemente me dejaba guiar por el instinto. Seguramente pensó que atacar a alguno de mis alumnos atraería mi atención. Yo ya sabía que estaba en el campus desde el día anterior, así que estaba alerta. Lo malo fue que nunca esperé que a alguien se le ocurriera internarse en el bosque por cuenta propia en especial cuando las reglas lo prohíben. Así que debí partir rápidamente para intentar rescatarte, pero fue demasiado tarde. Apenas llegué ella ya estaba mordiéndote.
-¿Así nada más?
Asintió adormilado.
-Huelo duraznos… -murmuré.
-¿Cómo? –preguntó sin comprenderme.
Y no tenía demasiado sentido que lo dijera entonces, pero siempre me habían encantado los duraznos desde que tenía memoria. Y ahora los sentía cerca.
-Me gustan
-Ah, sí. Planté varios cuando llegué a este sitio y fundé el internado. Siempre fue mi fruta favorita. Lástima que ya no quiten el hambre como cuando estaba vivo.
-¿Vivo?
-Si ¿No te sientes muerta?
Lo pensé por unos segundos y recordé que había sido una de las primeras cosas que había pensado al despertar. Ya no me sentía con vida.
Luego intenté forzar mi mente y recordar todo lo que había pasado últimamente para hacerlo encajar.
Me había cambiado de ciudad a un internado de mala muerte de donde lo único que quería era escapar. Me había enterado de que mis dos mejores amigos de toda la vida, eran seres mitológicos que caminaban sobre cuatro patas. Me había enterado que mi padre era un demonio, o como ahora lo sabía, un vampiro. Hombres lobos me habían vigilado toda mi vida creyendo que era peligrosa. Y Max había estado todo este tiempo intentando convencer a Billy de que yo no podría dañar a nadie, cuando de pronto se me ocurre escaparme al bosque donde me atraparía una chica demonio.
Ahora si podía ser peligrosa. Había matado a un conejo con mis propias manos y no me había significado un arduo trabajo. Seguramente un humano no me causaría muchos más problemas.
Fred. Quizá el mereciera algún susto por haberme querido emborrachar. Después de todo, él había sido el culpable de mi tonto descontrol.
-¿Cuándo puedo volver al internado? –pregunté planeando mi venganza.
-Y nuevamente cambias bruscamente la conversación.
Lo medité. Su última pregunta había sido si no me sentía muerta y había olvidado responder. Pero que importaba en realidad. ¿Y los duraznos?
- Volverás al internado cuando te haya explicado todo. No puedes presentarte ante los demás en este estado sicológico –repitió lo mismo que me había dicho antes- Primero debo advertirte sobre ciertas cosas.
Me encogí de hombros indicándole que estaba dispuesta a escuchar fuera la estupidez que fuera. Ya debía de estarme acostumbrando a recibir noticias catastróficas y al parecer esta nueva “especie de vida” me hacía sentir un poco más fuerte.
Nos encaminamos de vuelta a la cabaña. Caminamos a un paso normal, pero que me parecía tan lento como el de un caracol. A cada paso que daba sentía como mis músculos me reprochaban. Sentía como era capaz de mucho más, como lo había sido al intentar escaparme del hombre hacía un rato.
El director se dirigió nuevamente hacia detrás de su escritorio y oprimió una vez más el botón del hervidor para que su contenido continuara hirviendo.
-Seguramente querrás más –dijo más como una sugerencia.
Asentí. La verdad era que aun sentía deseos de atragantarme con aquel líquido rojo, aunque no lo quisiera admitir.
-Bien, puedes llamarme Balthazar O’Reilly o si prefieres, Director O’Reilly, aunque me gusta más lo primero… Tengo veintisiete años y tres hijos que no veo desde hace siglos –se peinó las cejas con los dedos en un claro intento de cubrirse el rostro por un momento- Creé esta institución hace ciento quince años con el propósito de ver crecer a los chicos, como no pude hacer con mis propios hijos. Si, se que debería pensar antes en la educación de la juventud, pero no me importa que mi propósito sea egoísta.
>>Nací en el siglo X en plena edad media y a los veintisiete años fui convertido por un vampiro autóctono del infierno –alzó las cejas intentando llamar mi atención. Obviamente sabía que yo me estaba preguntando a que se refería con eso, pero no le quise interrumpir- Se llamaba Gedeón-Esec y era un verdadero tirano. Durante años lo sentí como un padre cruel, pero poderoso y admirable; luego de darme cuenta de que solo causaba dolor y destrucción intenté alejarme de él lo más posible, poniendo cielo, mar y tierra entre los dos.
>>Terminé recorriendo el mundo entero hasta que encontré un par de lugares insignificantes en donde podía pasar inadvertido. Este último siglo me ha resultado bastante bien aquí. Fundé este internado por las razones que ya conoces, e intenté protegerlo todo este tiempo de aquellos que quisieran hacerles daño a los alumnos. Pero Danna me encontró al fin, después de muchos años y quiso vengarse –inspiró hondamente- No lo logró conmigo, pero logró que tú fueras su víctima.
Lucía triste, pero increíblemente no logró conmoverme. Comenzaba a preguntarme si esta nueva vida, cambiaría mi forma de tomarme las cosas, si acaso fuera más fácil. Esperaba a que sí, pero no tenía prueba contundente. Lo de ahora era casi lógico que no me importara, apenas conocía a ese hombre.
-¿Quién es Danna? –pregunté distraída.
-La chica que te atacó.
La hervidora me sobresaltó al indicar que ya estaba lista. Balthazar se dirigió premeditadamente hacia ella y tomándola, nuevamente la vertió en mi tazón, solo que esta vez no se dejó ni una gota para él solo.
Tomé mi tazón sin reclamar ahora. No tenía caso sabiendo que de todas formas no podría resistirme por mucho tiempo más y por otra parte, era mucho mejor que triturar un conejo con tus propias manos.
-¿Qué le diré a mis amigos de por qué me desaparecí misteriosamente?
Hizo un gesto de autosuficiencia indicándome que ya lo tenía todo planeado. Mientras, me tomé la sangre de un solo sorbo.
-Serán dos historias… Una para tus amigos humanos y la otra para los lobitos.
Di mi mejor expresión de no entender nada. ¿Porqué no dar la misma historia para todo el mundo? Sería menos complicado y se correría menos riesgos de que unos u otros se enteraran de las distintas versiones.
-Max te ayudará a mentir, por supuesto…
-¿Qué él ya sabe? –interrumpí sorprendida.
-No… déjame hablar. Él creerá que sabe la verdadera historia, creerá que es el único que sabe la verdad y que por lo tanto deben mentirle a los demás –aun continuaba sin entender- Le dirás a este chico que fuiste atacada por una chica y que pensaste que era un demonio. Obviamente él ya sabe que tienes conocimiento sobre eso, así que solo se mostrará preocupado y se tragará todo. Le dirás que la chica te tomó en brazos y te alejó mucho del internado, y eso explicaría tu pronta desaparición. Porque el chico seguramente te debe de haber seguido y extrañado de que te hallaras ya tan lejos de donde te vio desaparecer en el bosque. Entonces la chica se habrá encontrado con otro demonio y estos lucharon hasta que tú caíste por un pequeño barranco en el que perdiste la conciencia, producto del susto, del golpe y la borrachera. Luego de eso dirás que te encontró la profesora Fielding la cual…
-¿La profesora Fielding? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? ¿No creo que a cualquiera le apetezca atestiguar a nuestro favor.
El director giró los ojos en redondo disconforme con mi reciente interrupción. Se rascó la nariz, como si hubiera perdido la concentración por culpa mía y ahora quisiera recuperarla.
-La cual… sabe de nuestra existencia.
Abrí los ojos como platos. ¿Cuántos vampiros y hombres lobos habían a mi alrededor sin que pudiera darme cuenta?
-Ella es humana. Estuvo aquí poco tiempo antes de que te despertaras, cerciorando que tus heridas estuvieran cicatrizando correctamente. Ella es la encargada de alimentarme las veces que se me acaba la sangre del congelador, las veces que no puedo salir a cazar. No son muchas, pero muy de vez en cuando lo necesito.
-Es una especie de sirvienta suya… -dije con desprecio en el tono de vos.
No entendía como alguien podía ser tan insensible para tener a un humano a su disposición para cuando quisiera. Seguro era cómodo.
-Es una amiga –me corrigió cortante.
Silenciamos por un minuto. Nos quedamos mirando fijamente mientras prometía quedarme callada hasta que terminara con sus explicaciones. Quizá no era muy conveniente hacerlo enfadar, especialmente sabiendo que era la única persona que podía darme todas, o la mayor parte de las respuestas que me faltaban.
-¿Puedo…?
-Si… lo siento –respondí más sumisa de lo que me hubiera gustado.
Carraspeó mirando el escritorio. Luego levantó la vista.
-La profesora Fielding dirá que salió a buscarte luego de haber escuchado un fuerte grito, tuyo por supuesto, mientras regaba los tomates que tenemos en un huerto en medio del bosque.
¿Un huerto en medio del bosque? Bien, supongo que eso no era tan raro, pero parecía poco convincente que justamente los estuviera regando a aquellas horas.
-Yo ya me encargué de avisar a todo el colegio de que habías tenido un pequeño accidente y que estas siendo cuidada por la profesora y una enfermera en una habitación individual. Para todos está prohibido visitarte ya que estás muy cansada y necesitas recuperarte bien. Le dirás a tu lobito que estas muy asustada y que la verdadera razón por la que no quieres ver a nadie es porque la experiencia te dejó horrorizada. Así no tendrás que asistir a clases por algún tiempo ni expondrás a nadie  ahora que eres más peligrosa que nunca.
Me quedé pensando por unos instantes. Ahora era peligrosa y hacía tan solo un par de días lo más que podía hacer era pegarle una bofetada a un compañero. Un compañero que tenía toda la culpa de que ahora estuviera así, al igual que Max. Ambos, Fred quitándome el raciocinio con sus bebidas y Max enfureciéndome, habían logrado que me internara en el bosque donde firmaría mi condena.
Era ahora un demonio al igual que mi padre. Qué locura. Lo había evitado por dieciséis años y podía haber seguido así de no ser por esos dos chicos.
Quizá cuando me encontrara mejor, podría hacerles pagar todo lo que me habían hecho. Pero ahora debía poner toda mi atención al plan de Balthazar, debía intentar aprendérmelo con mil detalles para narrarlo como si en verdad me hubiera sucedido.
-¿Y qué les tenía que decir a los demás?
-Solo te caíste por el barranco… y Hannah te encontró. Ahí te ayudará Max para agregar algunos detalles, se supone que él sabe la verdadera historia y debe ayudarte a mentir a los demás.
-¿Y por qué no le cuento a Max la misma historia que a otros? No creo que cambie en mucho.
El director suspiró impacientemente como sintiendo que toda la explicación que me había dado no hubiera servido de nada. Se suponía que siendo un demonio mi mente funcionaría más rápido, pero no sentía que ese fuera mi caso.
-El chico te siguió, Clare. Es un hombre lobo… obviamente ahora se estará preguntando como desapareciste tan rápido si siempre había creído y jurado ante toda su manada de que eras una humana normal.
Debe de estarse sintiendo horrible, pensé suspirando hacia un costado. Si todo este tiempo había puesto las manos al fuego por mí y de pronto todo este incidente apuntaba en un sentido totalmente opuesto. Ojalá durara su duda el tiempo suficiente hasta que le pudiera contar la historia.