Luego de
todo esto, viene la parte más difícil, aquella parte en la que el escritor se
frustra y siente esa presión molesta en la cabeza que le hace desear arrojar
todo por la ventana. Viene esa horrible instancia en la que el narrador se
encuentra intentando describir una emoción que ni él mismo comprende en
plenitud. Luego de la limitación de las letras, luego del camaleónico
sentimiento, llega la ignorancia. Todos y cada uno de nosotros, nos hemos
enfrentado alguna vez a esa sensación apostrófica en contra de nuestra salud
mental, que nos retuerce y enmudece, nos enmudece incluso en la intimidad de
nuestros pensamientos… No podemos saber que es lo que sentimos, no podemos
darle forma, no podemos saber si es acaso lo mismo que oímos nombrar una vez en
algún lado. Intentamos clasificarlo dentro de los estándares que nos ha
entregado la sociedad, pero ¿Acaso eso lo explica en su totalidad? ¿Acaso es
realmente lo que sentimos?
El Amor. El
amor es el sentimiento más recurrente en las cavilaciones de muchos escritores,
de mucha gente común y corriente… de aquellos incluso que nunca se han
enamorado. El amor, es el nombre que se le dio a esa serie de sensaciones y
sentimientos que se experimentan alguna vez en la vida por causa de otra
persona, quizá por los padres, quizá hermanos o abuelos, quizá por esa persona
del otro sexo. ¿Pero que es el amor realmente? ¿Cómo podemos saber si estamos
experimentándolo? ¿El amor es necesidad? ¿El amor es bienestar? Si decimos que
amamos a alguien ¿Es porque hemos escuchado que así les ha sucedido a otras
personas en una situación parecida a la nuestra o porque nos llega una
iluminación divina que nos los indica? Cuando un narrador habla sobre el amor,
cuando nos cuenta que el protagonista de su novela está irrevocablemente
enamorado, nosotros creemos saber a que se refiere, aceptamos empáticamente
todas las estupideces que el protagonista llega a realizar por este amor
incondicional que está sintiendo…
Intentemos
dar una explicación sobre el amor: Según algunos, el amor es estar dispuesto a
dar la vida por esa otra persona, o eso es lo que he escuchado decir. Claro,
uno puede aceptar esta frase y no cuestionarla, pero eso no es amor… eso es lo
que a experimentación del amor te lleva a hacer. Otros dicen, que el amor es
sentir mariposas revoloteando en el estómago y con eso concluyo que: O nunca me
he enamorado, lo que es muy posible, ó, quién dio esa definición se quedó con
la boca abierta durmiendo la siesta en el patio, un día de primavera.
El amor es
la luz del sol cada mañana, aun cuando las nubes grises cubran el cielo. El
amor es sentirte volar. El amor es magia. El amor es la felicidad inmediata. El
amor es querer abandonar la belleza de un sueño por la otra persona. El amor es
esto y el amor es lo otro. Quizá el amor es todo y está bien. Pero ahora. ¿Cuál
es la sensación de la luz del sol? ¿Cuál es la sensación de volar, la magia, la
felicidad…? Aun después de querer dar todas esas explicaciones completamente
loables, nos quedamos en un sinfín de sentimientos que nos costarían un millón
de páginas para poder explicarlos, quizá, sin siquiera lograr el objetivo.
Podemos
decir entonces, que los sentimientos son inexplicables. Quién pueda explicarme
tan solo una sensación, incluso el roce de una tela sobre la piel, recibirá
todo mi respeto y admiración, porque sinceramente, no encuentro trabajo más
arduo en el ámbito de la literatura, que el de una simple descripción.
Lo único que
se puede hacer, en estas situaciones, es tomar los estándares de sentimientos
que nos ha entregado la sociedad, adornar con sensaciones propias, haciendo uso
de figuras retóricas y dejar el resto a la imaginación del lector, porque a fin
de cuentas, es el lector el que hace toda la historia.
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