domingo, 25 de noviembre de 2012

Momento Filosófico



Cuan difícil es poder describir un simple objeto de la vida cotidiana, con el objetivo de que el lector pueda imaginárselo lo más fiel a la realidad posible; cuan difícil es atrapar su forma en palabras, su textura, su color y su tonalidad exacta, cuan difícil se torna, teniendo en cuenta que el objeto es algo solido y tangible. ¿Pero que sucede cuando lo que queremos retratar es algo que va más allá del espacio físico? ¿Qué sucede cuando lo que queremos retratar es un sentimiento, una emoción, algo que viene del alma y la forma más simple de entenderlo en toda su amplitud, es nada más ni nada menos que experimentándolo? Aun así, no todo el mundo experimenta de la misma manera un sentimiento en específico, lo que transforma el trabajo del narrador de describir esta emoción, en una faena casi imposible. Incluso podría decirse, que los sentimientos son únicos para cada ser existente sobre la faz de este planeta, que éstos nunca se repiten en dos personas a la vez y que cuando llegamos a coincidir con alguien en que hemos experimentado algo parecido, es simplemente porque las palabras que utilizamos para expresarlo, son tan vanas que no logramos entender nada realmente.
Luego de todo esto, viene la parte más difícil, aquella parte en la que el escritor se frustra y siente esa presión molesta en la cabeza que le hace desear arrojar todo por la ventana. Viene esa horrible instancia en la que el narrador se encuentra intentando describir una emoción que ni él mismo comprende en plenitud. Luego de la limitación de las letras, luego del camaleónico sentimiento, llega la ignorancia. Todos y cada uno de nosotros, nos hemos enfrentado alguna vez a esa sensación apostrófica en contra de nuestra salud mental, que nos retuerce y enmudece, nos enmudece incluso en la intimidad de nuestros pensamientos… No podemos saber que es lo que sentimos, no podemos darle forma, no podemos saber si es acaso lo mismo que oímos nombrar una vez en algún lado. Intentamos clasificarlo dentro de los estándares que nos ha entregado la sociedad, pero ¿Acaso eso lo explica en su totalidad? ¿Acaso es realmente lo que sentimos?
El Amor. El amor es el sentimiento más recurrente en las cavilaciones de muchos escritores, de mucha gente común y corriente… de aquellos incluso que nunca se han enamorado. El amor, es el nombre que se le dio a esa serie de sensaciones y sentimientos que se experimentan alguna vez en la vida por causa de otra persona, quizá por los padres, quizá hermanos o abuelos, quizá por esa persona del otro sexo. ¿Pero que es el amor realmente? ¿Cómo podemos saber si estamos experimentándolo? ¿El amor es necesidad? ¿El amor es bienestar? Si decimos que amamos a alguien ¿Es porque hemos escuchado que así les ha sucedido a otras personas en una situación parecida a la nuestra o porque nos llega una iluminación divina que nos los indica? Cuando un narrador habla sobre el amor, cuando nos cuenta que el protagonista de su novela está irrevocablemente enamorado, nosotros creemos saber a que se refiere, aceptamos empáticamente todas las estupideces que el protagonista llega a realizar por este amor incondicional que está sintiendo…
Intentemos dar una explicación sobre el amor: Según algunos, el amor es estar dispuesto a dar la vida por esa otra persona, o eso es lo que he escuchado decir. Claro, uno puede aceptar esta frase y no cuestionarla, pero eso no es amor… eso es lo que a experimentación del amor te lleva a hacer. Otros dicen, que el amor es sentir mariposas revoloteando en el estómago y con eso concluyo que: O nunca me he enamorado, lo que es muy posible, ó, quién dio esa definición se quedó con la boca abierta durmiendo la siesta en el patio, un día de primavera.
El amor es la luz del sol cada mañana, aun cuando las nubes grises cubran el cielo. El amor es sentirte volar. El amor es magia. El amor es la felicidad inmediata. El amor es querer abandonar la belleza de un sueño por la otra persona. El amor es esto y el amor es lo otro. Quizá el amor es todo y está bien. Pero ahora. ¿Cuál es la sensación de la luz del sol? ¿Cuál es la sensación de volar, la magia, la felicidad…? Aun después de querer dar todas esas explicaciones completamente loables, nos quedamos en un sinfín de sentimientos que nos costarían un millón de páginas para poder explicarlos, quizá, sin siquiera lograr el objetivo.
Podemos decir entonces, que los sentimientos son inexplicables. Quién pueda explicarme tan solo una sensación, incluso el roce de una tela sobre la piel, recibirá todo mi respeto y admiración, porque sinceramente, no encuentro trabajo más arduo en el ámbito de la literatura, que el de una simple descripción.
Lo único que se puede hacer, en estas situaciones, es tomar los estándares de sentimientos que nos ha entregado la sociedad, adornar con sensaciones propias, haciendo uso de figuras retóricas y dejar el resto a la imaginación del lector, porque a fin de cuentas, es el lector el que hace toda la historia.

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