Capítulo 37
No esperé ni un segundo más, ni una sola prueba más, para poder abrazarle. Los chicos a nuestras espaldas debían estar completamente consternados por la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, pero a mí me importó un pepino.
Fred, conservaba la compostura mucho más fácilmente que yo. Él no estaba reencontrándose con su víctima luego de tanto tiempo y aun podía fingir que todo esto, le tenía tan asombrado como a los demás. Clare Thompson se estaba volviendo loca, pobrecilla.
-Clare… ¿Sabías que Max no vendría a clases hoy o solo tuviste suerte?
Salté del susto y dejé de abrazarle. Le miré horrorizada y recién me di cuenta de que podíamos estar corriendo un grave peligro. Dos vampiros, revelando secretos a viva voz.
-El profesor Kelem no sabe si venir a ayudarme o quedarse esperando un rato más –comentó como si lo primero que había dicho no tuviera más importancia.
Sondeé el internado con mi mente, esperando encontrar alguna de confianza que me dijera dónde podía estar Max. Pero no, ninguna respuesta, había tenido mucha suerte.
“Pude haber utilizado este medio” le señalé a Fred mentalmente.
“Seguro que de haber sido Greg, me habría dado un paro cardíaco al escucharte en mi cabeza. Valla personaje el que me inventé, era todo un señorito” se burló de sí mismo, delatando su diversión en su rostro.
“No era nada bueno… de haberlo sido, no te habría descubierto”
Se encogió de hombros, con la típica despreocupación de Fred y me sacó una sonrisa.
“¿Qué tal si arreglamos cuentas en clases? El entrenador comenzará a enfadarse si seguimos haciéndole perder clases. Está siendo comprensivo porque me quería mucho y sabe que tu también. Así que piensa que debería dejarte hablar un poco, aunque no está seguro”
“Yo no te quería mucho…” contradije, aunque sabía que eso no era verdad.
“Se lo has dicho a Greg y todo el mundo rumorea…”
“Ya, ya...” le corté. Y miré a mis espaldas, un poco nerviosa.
-Perdóname por hacerte esto… no sabía lo que hacía.
Esbozó una débil sonrisilla.
-No te preocupes, ya me estoy acostumbrando a caer contigo.
Le abracé una vez más y como ya había hecho Fred, con anterioridad, solo puso sus manos en mis hombros, pareciendo tan consternados como mis compañeros. Le solté justo en el momento en el que el entrenador Kelem comenzaba a perder la paciencia.
-MUY BIEN. THOMPSON, LOCK… HARRISON. LES HE DADO TIEMPO SUFICIENTE. YA HAN PASADO OCHO MINUTOS DESDE QUE COMENZÓ MI CLASE Y QUIERO VERLOS TROTANDO INMEDIATAMENTE –Fred y yo comenzamos a caminar hacia el gimnasio y procuré mirar siempre al suelo para dar la impresión de que no quería que nadie me molestara con preguntas. Dio resultado, porque incluso Marie decidió dejarme tranquila por el momento y saciar su curiosidad por la noche- VAMOS, TODOS A CAMBIERSE DE ROPA Y A TROTAR…
Me dirigí a los camarines rápidamente sin hacer caso a ninguna mirada de mis compañeras y comencé a trotar sola, en parte, porque no quería seguir hostigando al pobre de Greg en frente de los demás y en parte, porque nadie quería trotar conmigo tampoco. Fred, fue quien se vio envuelto en una lluvia de preguntas por parte de sus compañeros. Que si Clare estaba trastornada, que le había dicho, que me había respondido, que si hubiera deseado que me sacaran de encima o si simplemente estábamos coqueteando. Fred decidió que era mejor dejarme como una loca y se burló de mí frente a sus compañeros.
“Típico de Fred” Le recriminé. “Creí que Greg era más caballeroso y que no se burlaría de una pobre chica” “Ahora, cuéntame que fue lo que pasó”
“Pues, he caído contigo, como te gusta”
Continué trotando un poco molesta por el sarcasmo de Fred. A mí no me hacía ninguna gracia el haberlo transformado. A menos que lo hubiera hecho Balthazar, sin que yo me diera cuenta de nada. ¿A eso se debía la seña que les había hecho a los doctores?
“Balthazar… ¿El sabe…? ¿Tú sabes que él también es un vampiro?
Le sentí bufar mentalmente mientras contestaba alguna tontería que le decía uno de sus amigos.
“Claro que lo sé… Fue él el que me sacó de la tumba luego de que mi familia me encerrara. Yo estaba desesperado cuando desperté dentro del sarcófago y ni siquiera soy claustrofóbico…. Até algunos clavos mientras estaba ahí solo sin poder moverme, con el cuerpo todo dormido y supuse que me habían creído muerto luego de lo que me hiciste. Te odié mucho, nunca había odiado tanto a alguien…”
Sentí esa punzada de dolorosa culpa recorrer todo mi cuerpo en mi interior. Cuando yo había despertado, había tenido la suerte de estar cómodamente recostada sobre un sillón, con Balthazar listo para dar todas las explicaciones.
Le dejé ver lo mucho que me habría gustado poder tomar su lugar para ahorrarle toda esa angustia y pagar en parte lo que le había hecho.
“No importa, ya no te odio. Balthazar me explicó todo y me dijo lo mucho que estabas sufriendo”
“¿Cuánto tardó en ir a buscarte? ¿Cómo sabía que estabas vivo?”
“Pues te fuiste antes de matarme. ¡Gracias a Boris! Cuanto lo amo… no se lo vayas a decir” No pude evitar reír ante su comentario, pero nadie llegó a verme. “La transformación dura alrededor de dos o tres días, por lo que Balthazar fue a buscarme de a cuerdo a sus cálculos. Lo malo fue que yo ya había despertado hacía bastante. Destrocé el ataúd por dentro… la madera era sorprendentemente frágil ante mis arañazos y se despedazaba como si de queso se tratara. La tierra comenzó a caer de a pedazos gigantes cubriéndome entero. Creí que iba a morir, pero no importó cuanto tiempo estuviera sin respirar, seguía estando consiente, hasta que llegó Balthazar”
Me mostró en su memoria todo lo que había pasado. Como la pala que llevaba el director, le había golpeado el estómago y luego la cara. No le había dolido, obviamente, al contrario, le había resultado la alegría más grande del mundo.
Balthazar no lo había llevado hasta nuestra cabaña en el bosque, no lo había llevado a ningún lugar confortante… no le había llevado sangre, no le había traído un solo animal. Fue frío y duro. Apenas le explicó lo que era y de lo que debía vivir y todo, estando aun Fred en el cementerio, de noche, todo sucio, y confundido.
Le había pedido que se fuera, lejos, que no podía volver a verse con ningún conocido, pues ya todos le creían muerto. No podía volver a su casa ni al internado. Debía buscarse un nuevo hogar y nuevos amigos. Le había dejado solo, completamente solo.
“Ese no es Balthazar” rechacé sus pensamientos ofendida “Muéstrame la verdad”
El profesor Kelem llamó a dos chicas, de las que le parecían más flacuchas y las mandó a buscar la red, las raquetas y un par de pelotas de tenis. En tanto, nos reunía a todos con nuestras respectivas parejas para que comenzásemos a elongar.
-Ese es tu queridísimo Balthazar O’Reilly –susurró topándose los zapatos con la punta de los dedos- Me costó ganarme su confianza, lo logré a costa de amenazas.
Abrí los ojos como platos. ¿Por qué Fred tendría que amenazar a Balthazar? Seguramente estaba exagerando la situación. Balthazar era como un gatito, solo rasguñaba cuando le pisaban la cola. ¿Qué era lo que Fred había hecho tan mal?
“Balthazar me explicó que los vampiros recién convertidos, sienten una necesidad tremenda de estar con su creador… como te sucede a ti con él, por lo que me obligó a marcharme muy lejos antes de que me dieran ganas de volver al internado y pudiera meter las patas…”
-El no me ha creado… -susurré mientras me balanceaba en un pie, sosteniendo el talón derecho pegado a mi trasero- Fue Danna…
Dejó de elongar de improviso y me miró con el ceño fruncido. Pronto imité su gesto.
-Oh, maldición, Clare… No me digas que no te lo ha dicho. Claro que no, le odiarías –mi expresión confundida comenzó a cambiar rápidamente a una perfecta expresión de furia. ¿Porqué Fred no podía decirme la verdad de una vez por todas y dejarse de sus jueguitos estúpidos?- Por eso sonabas tan convencida cuando te presentaste conmigo en la biblioteca como Clare Thompson, ya creía que al menos titubearías…
Me estaba haciendo enfurecer cada vez más y más. Comencé a lanzarle improperios mentalmente y a rogarle para que hablara en serio de una vez por todas.
Pero el continuó con su bromita.
-Clare… tú eres Clare O´Reilly… hija de Balthazar O´Reilly y Megan Thompson. Hija de un vampiro y una mujer lobo, lo cual se ha anulado en ti y has nacido tan humana como cualquier humano, hijo de humanos. Por eso es que Balthazar ha inventado todo esto de Danna, la vampira vengativa… porque no soportaba que su hijita fuera humana, tan débil y vulnerable.
“No” Claro que no era una farsa. Yo había visto a Danna, rubia de ojos azules, exactamente con mi mismo rostro. Max y su manada también la habían visto y yo había sentido perfectamente su mordida en mi hombro. Incluso, aun tenía la cicatriz.
-Déjame verla –me pidió al ver en mi mente.
Me mostré reacia a hacer cualquier cosa que le sirviera para apoyar su mentira. Pero esa mordida no tenía nada de especial.
Tiré un poquito del cuello de la polera de gimnasia y dejé parte de mi hombro a la vista, ahí donde estaba la mordida de Danna.
Fred abrió su boca lo más grande que pudo y comenzó a bajar su rostro hasta mi hombro, con la intención de comparar tamaños, pero noté que había mucha gente que aun estaba prestando atención a lo que Clare la loca hacia con Greg el nuevo.
“Se ve muy raro, Fred”
Entonces él se detuvo y rió con picardía.
-Lo sé… pero no niegues que hay algo raro entre nosotros que no se puede evitar. No eres la clase de chica de la que enamoraría, ni yo tu clase de chico… pero si alguna vez te da la gana, no me molestaría ser tu amante.
Me dieron unas ganas tremendas de darle una cachetada bien fuerte que resonara por todo el gimnasio. Una de las que podrían dolerle hasta un vampiro, pero no quería que la historia de limpiar los baños volviera a repetirse, así que solo le di un golpe brusco en el brazo, no demasiado fuerte. De esos que solo le dolerían a un humano.
-Estúpido –gruñí.
“¿Porqué no hablas en serio de una buena vez y te dejas de idioteces? Me estás cansando”
“Estoy siendo serio” señaló mi hombro “¿Te has dado cuenta que esa mordida era aun más grande que la mía? ¿O solo estuviste preocupada de lo que podían pensar los demás?”
Lo había notado, pero no me dignaba a admitirlo. Intenté pensar que simplemente había engordado un poco desde entonces y la piel me había estirado. Solo eso.
“Creí que eras un poco más inteligente, Clare”
Le gruñí.
-EA, USTEDES DOS. ¿Qué HACÉIS AHÍ PARADOS? TRABAJEN.
El entrenador Kelem hiso sonar el silbato por casi siete segundos, dejando a toda la clase sorda. Acto seguido, se volvió a regañar a otra pareja, que estaba practicando mal el saque.
Fred y yo, tomamos nuestras raquetas y comenzamos a practicar, casi mecánicamente. Yo seguía enteramente furiosa. ¿Es que no podía actuar como Greg Harrison, solo un día más? Quería explicaciones coherentes y no otra de sus bromitas infantiles.
“Balthazar me mandó lejos porque yo no soy su hijo y solo le traigo problemas. El te ha creado, por lo que instintivamente le sigues en todo lo que haga. Yo en cambio, no estoy de acuerdo con él. Danna, también es hija suya. Ella es mitad vampira mitad humana, por lo que sus poderes son muy similares a los de un vampiro común. Balthazar esperaba que Danna le siguiera, pero al igual que sus otros dos hijos, descubrió lo que se proponía y le ha abandonado. Intentó frustrar los planes de Balthazar cuando iba a convertirte, por eso le has visto en el bosque la noche del baile, pero como ves, no lo ha logrado…”
Una bomba de ira estalló en mi interior y cuando tuve la pelota bajo mi raqueta y se la lancé con toda la fuerza de la que fui capaz. Éste me la respondió con agilidad, quitándole la velocidad y llegó hasta mí, con la suavidad de una pluma.
Volví a arrojársela con más fuerza, pero esta vez Fred no pudo responder, no porque no la alcanzara, sino, porque la pelota atravesó la red de la raqueta.
“¡Si todo eso que estás diciendo fuera verdad, no habrías podido enterarte de ello por ningún medio! ¡Balthazar, no habría sido tan estúpido de contar unos planes como esos!”
Tiré mi raqueta al suelo logrando que rebotara. Fred lanzó la suya sobre la mía y eso fue lo que enfureció al entrenador, que se volvió sobre nosotros, gritando más alto que nunca.
-¡¿QUÉ OS PASA PAR DE INÚTILES?! –bramó el entrenador dando grandes zancadas hacia nosotros. Levantó las raquetas y las examinó con detenimiento. La barbilla le temblaba - ¡¿SABÉIS CUANTO CUESTA UNA DE ESTAS?! –negamos con la cabeza- ¡PUES YO TAMPOCO Y NO PLANEABA AVERIGUARLO! ¡¿SABEN LO QUE LES PASA A CHICOS INDOLENTES COMO USTEDES, QUE DESTROZAN MATERIAL DEL COLEGIO?! –volvimos a negar con la cabeza- PAGARÁN LA RAQUETA Y SE LES DARÁ UN CASTIGO.
-La raqueta estaba defectuosa –alegó Fred.
-¡DEFECTUOSA! ¡SE HAN COMPRADO ESTE AÑO! ¡ASÍ QUE LARGAOS DE MI CLASE, LLAMAD A SUS PADRES, Y PEDID DINERO. LUEGO HABLAREMOS DE VUSTRO CASTIGO, AUNQUE SUPONGO QUE EXTRAÑAIS LIMPIAR BAÑOS… -se detuvo en seco. No era a Fred a quién le hablaba y se sintió un poco culpable, pero pronto recuperó su expresión- ¡LARGAOS!
Fred y yo nos marchamos cada uno a sus camerinos para sacar nuestras cosas, pero no nos cambiamos.
Me extrañó y molestó a la vez, que Fred pareciera tan calmado luego de la escenita que nos había hecho el entrenador y luego de todas las mentiras que me había dicho, en cambio yo, estaba hecha una furia. Si la rabia que sentía fuera fuego, ya se habría incendiado el internado completo.
Y su pelo rubio era aun peor. Le hacía parecer todavía más inocente, como si todo lo que pasaba a su alrededor a él no pudiera afectarle en lo más mínimo.
-Eres un idiota –le gruñí.
-Como son las cosas… me caías mejor cuando creías que yo era Greg, al menos entonces habrías aceptado que lo de la raqueta fue tu culpa.
-No, porque la idea no era que la respondieras, sino que te llegara a la cabeza…
Unas gotitas de lluvia comenzaron a caer sobre mi pelo y mi rostro, tan finas que parecía que nos estábamos internando en una espesa nube en vez de estar caminando bajo la lluvia.
-¿Tanto te cuesta asumir que lo que te digo es verdad? –Fred se quitó la fina capa de agua que mojaba como sudor en su rostro.
-No estás diciendo la verdad –gruñí.
La lluvia comenzó a ser más fuerte y ya podía sentirlas, picando como agujas en toda la piel que llevaba descubierta. Miré de reojo el lugar en el que había asesinado a la profesora Fielding e instintivamente mis pies le rodearon, mientras que Fred pasó por encima como si nada.
“Fue entonces cuando comenzaron las amenazas. Le pedí que me explicara por qué le importabas tanto o si no volvería al internado como un muerto viviente y le delataría. Balthazar me confesó entonces que tú eras su hija y me prometió que pronto te lo diría. Inmediatamente me di cuenta de que algo andaba mal…”
-¡Cállate! –le grité a viva voz, cuando estábamos por entrar en el comedor.
Pero mi grito llamó la atención de una de las cocineras que corrió a abrirnos el ventanal, toda preocupada por nuestra salud. Estaba lloviendo ya muy fuerte y cómo íbamos, con polera manga corta y pantaloncillos, corríamos el riesgo de enfermarnos.
-Entren, entren –nos pidió la señora, que llevaba su pelo amarrado en una malla- Con este frío… ¡Y estaban en gimnasia! El cambio de temperatura les sentará fatal. Déjenme prepararles una sopa caliente.
Negamos y rechazamos su ofrecimiento cordialmente, diciendo que preferíamos ir a cambiarnos de ropa primero o tomar una ducha caliente.
Recorrimos el pasillo que nos llevaba a nuestras habitaciones y nos separamos en las escaleras. Esto me recordaba al momento después del castigo que nos había inflingido la profesora Button hace meses, cuando habíamos subido por las mismas escaleras y yo le había acusado de seguirme.
Me dirigí a la habitación veintisiete mientras Fred se iba por el lado contrario. Me metí en mi habitación y me cambié de ropa, a una un poco más abrigada. Un chaleco negro holgado, sin nada debajo y unos jeans azules, solo para aparentar.
No pensé siquiera en llamar a mi madre. Cuando el profesor Kelem nos diera el precio de la raqueta, lo cual no creí que fuera mucho entre los dos, pagaría con lo que tenía, ya que no había hecho ningún gasto hacia ya bastante. Desde el vestido y los zapatos para el baile.
“Le obligué entonces a contarme todo”
“Cállate” le bufé mentalmente, pero no coloqué la barrera mental que siempre ponía cuando no quería escuchar más. Aun me picaba la curiosidad.
“Me dijo que pronto te contaría todo a ti, que te confesaría la verdad y que seguramente estarías de acuerdo con la lucha. Pero ahora veo que ha roto su palabra”
¿Qué lucha?
Recordé lo que Tyler me había contado sobre Billy la noche luego de limpiar los baños con Fred. “Estamos en guerra constante con los demonios más malignos, que desean el poder. Billy pertenece al grupo que quiere derrotar a los demás demonios”.
“Oh, no…” le dije “Yo no lucharé con los hombres lobos. Max, Bob… Tyler, son mis amigos”
“Entonces me crees” afirmó.
Pero yo no pude negarlo esta vez y me puse a llorar. Escuché al alguien acercarse por la ventana, era Fred, lo sabía, así que no me digné en levantar la cabeza y acepté el brazo que pasaba por sobre mis hombros para consolarme.
Enterré la cabeza en su hombro y le abracé por la cintura, mientras sollozaba casi hasta ahogarme.
-Balthazar no es tan bueno como creías ¿No?
No hay comentarios:
Publicar un comentario