Capítulo 39
La muchacha se erguía en toda su escasa estatura, torciendo sus carnosos labios rosados en una amplia sonrisa. Su pelo castaño ondulado revoloteaba al paso del gélido viento invernal. Le sonreí de vuelta, era Ivi.
-Clare... –me reconoció- Yo soy Ivonne, amiga de Fred… -soltó una risotada- Cielos, siento que ya nos conocemos…
Sonreí entre divertida y confundida hacía mis espaldas, donde Fred acababa de saltar. No parecía tan tímida e indefensa como él me la había mostrado mentalmente.
No había pensado nunca que los pensamientos pudieran dar una idea tan distorsionada de la realidad. ¿Qué impresión le había dado yo a Fred de Bob? ¿Cómo era yo para Ivi?
Fred pasó por mi lado ignorando mis pensamientos y se apresuró al encuentro del abrazo que la chica le ofrecía. Se veían tan contentos.
-Te extrañé tanto –murmuró Ivi con una voz cantarina que se confundió un poco al tener la boca apretada contra el hombro de Fred.
-Yo también…
Se soltaron lentamente, como si no quisieran despegarse. Ivi se acercó a mí a pequeños pasitos delicados y me tendió la mano.
-Es un gusto conocerte, Clare. Fred me ha hablado de sus amigos en el internado… dice que eres un poco gruñona –soltó una risita.
Miré a Fred hostilmente pero aun divertida. “Mira quien habla, el chico más simpático de todo el internado… admite que siempre fuiste un pesado”
Curvó sus labios en esa típica sonrisa burlona de Fred y se encogió de hombros. “No lo niego”
-Eso me hace sentir un poco mal… Fred solo ha dicho cosas buenas de ti… -sonreí afablemente.
Ella le miró sonriente y luego volvió su vista hacia mí.
-No dijo que fueras gruñona como algo malo y dice también que eres sexy –alzó las cejas hacia su amigo, mientras yo me sentía enrojecer.
Fred soltó una carcajada, que no sonaba para nada nerviosa, pero aun así se acercó a Ivi y la tomó de los hombros para alejarla de mí.
-Vamos a sentarnos y a hablar de otras cosas –dijo- vamos a lo que vinimos.
-A beber, Fred… -pronunció Ivi- Es más divertido atrapar tipos a modo de película de terror como hacíamos antes. Yo, la dama en apuros y tú, el demonio que salta desde el tejado. Recuerdas cuando el barbudo se orinó en los pantalones.
Fruncí el ceño mostrando una expresión perturbada e intenté no imaginármelo. Fred solo reía a carcajadas, mientras imágenes de la escena pasaban por su cabeza sin que yo les prestara demasiada atención.
-¿Qué cara puso Fred cuando le convertiste? –preguntó Ivi esperando encontrar una respuesta que le permitiera burlarse de su amigo.
Pero la pena del recuerdo me invadió y solo logré bajar la vista totalmente avergonzada por mis actos.
-Eh… Ivi… -mustió Fred suspirando- Creo que aun se siente culpable…
Me imaginé como estaría rodando los ojos, exasperado por mi reacción. Ya me lo había echado en cara… si ahora estaba tan arrepentida, al menos debía haber pensado un poco más antes de hacer lo que había hecho.
-No te preocupes… -Ivi se inclinó en mi dirección- Si no hubiera sido por ti y por… por eso que hiciste, yo no habría conocido a Fred y no estaríamos conversando aquí los tres. Habría sido muy triste.
Sonrió afablemente, intentando animarme. Le devolví la sonrisa lo más convincentemente posible.
-Ok, entonces … -Ivi me tomó de la mano y me arrastró tejado abajo, con una sonrisa permanentemente pintada en su cara- Vamos a dar un paseo, Clare. Fred… Vigílanos las espaldas.
El plan de Ivi, se materializó repentinamente en mi cabeza. Ella quería dirigirse a la plazoleta en la que había visto a unos cuantos jóvenes un poco mayores que nosotros, completamente borrachos. Esperaba, que viéndonos completamente solas y asustadas, decidieran aprovecharse de nosotras… El hecho de que comenzaran a hacer algo malo, nos daría la luz verde para beber lo que quisiéramos, aunque no sin antes jugar un poquito con ellos con la entrada de “Fred el protector”.
Yo no estaba totalmente convencida. En realidad, Ivi prácticamente me llevaba arrastrando de la mano.
Fred sonreía con picardía desde los tejados y yo procuraba ignorar todas las bromas estúpidas que me lanzaba mentalmente.
Luego de caminar un par de cuadras a pasos agigantados, incluso para un par de vampiras, Ivi adoptó su papel de chica asustada que sabía perfectamente que se encontraba en un lugar demasiado peligroso para ella.
Su mano me soltó de pronto y cruzó su brazo alrededor del mío, para que pareciera que ambas estábamos apoyándonos, además de mantenernos lo más juntas posibles por el frío. Bajó la cabeza y yo le imité. En un instante comencé a escuchar las risotadas de los cinco muchachos borrachos que continuaban bebiendo en la plazoleta.
“Camina con inseguridad, pero no relajes el paso” me susurró Ivi mentalmente.
“Clare, relájate… será divertido. Estamos ayudando a la sociedad…” murmuró Fred olvidando un poco su típico tono sardónico. “Los vecinos deben de estar aun despiertos con tanto ruido… además, si son buenos chicos, no les haremos nada”
“Espero que no lo sean” rogó Ivi, completamente aturdida por la sed.
En cuanto pusimos un pie en la placilla y fuimos atrapadas por la luz amarillenta de los faroles, los cinco pares de ojos enrojecidos por la borrachera, se posaron en nosotras.
Un chico comenzó a silbarnos, mientras que los otros, alentados por sus amigos nos gritaron un par de piropos inocentes. Aceleramos el paso, pareciendo asustadas…
“Ivi, ellos no. Son chicos… solo están borrachos. Deben tener unos dieciocho años, nada más…”
Uno de los más atrevidos, nos gritó que nos quedaramos con ellos a tomar una lata de cerveza, mientras los otros lanzaban risotadas al ver que ni siquiera lo mirábamos del susto. Pero mi miedo, era completamente diferente… yo temía por ellos.
Fred había llegado disimuladamente a uno de los arboles de la plaza y estaba dispuesto a atacar si es que alguno osaba a acercársenos.
“Clare, ya verás lo bien que sabe su sangre”
Si, claro que lo sabía, pero el remordimiento me estaba comiendo viva. No podía matar a unos chicos que simplemente estaban pasados de copas. ¿No me había pasado eso, ya una vez?
“Si, y te fuiste a meter al bosque y nadie respetó tu preciosa vida” Me lanzó Fred con verdadero enojo, más por mi terquedad que porque me hubieran convertido en vampira.
Uno de los chicos comenzó a caminar hacia nosotras. Los otros le gritaban entre risas, que nos dejara tranquilas, que estábamos muertas de miedo… pero éste no les hiso caso alguno.
“Clare, a éste nos lo llevamos a algún lado…” el resto de su pensamiento se complementó con una sabrosa imagen…
Fred, deseaba que aquel no fuera el único atrevido. Pero ya no pude sondear más los pensamientos de mis dos acompañantes. Decidieron que quizá tenerme dentro de sus mentes todo el tiempo, en este preciso momento, no era de lo más agradable… quizá solo querían cazar tranquilos.
-Ivi, no. Solo está jugando… -susurré.
El chico ya estaba lo suficientemente cerca para cruzar un brazo por sobre mis hombros.
-¡Eh, suéltame! –me quejé nerviosa. Fred estaba por saltar y aun no desaparecíamos de la vista de los demás amigos del chico. Todavía podíamos escuchar sus risotadas.
Mi sacudida hiso que me deshiciera del brazo del chico, pero también del de Ivi, que parecía decidida que era el momento.
-¡Vamos a otro lado…! ¡Ivi! –gruñí interponiéndome entre ella y el chico, que en ese preciso momento lanzaba una risotada malinterpretando mis palabras.
-Eh… si no te va a pasar nada, nena –me dijo- ¿No quieren venir a tomar un trago conmigo.
Su mano se posó en mi barbilla e intentó voltearme delicadamente en su dirección. Me solté de otra sacudida.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso y Fred decidió saltar de su frondoso escondite, que se hallaba a casi diez metros de nosotras. El pobre chico debió de llevarse un gran susto cuando le vio caer de la nada a mi lado.
Ivi le cortó el paso por las espaldas por si quería salir corriendo. Los dos estaban demasiado embebidos con su propósito, que no lograban darse cuenta que teníamos público.
Los cuatro chicos restantes comenzaron a lanzar improperios, aturdidos por la impresión. ¿Se les olvidaría todo esto a la mañana siguiente? Seguramente la muerte de su amigo les daría la pista de que lo que vieron la noche anterior no había sido todo producto de la borrachera.
-Fred, ellos no… Solo está borracho –me interpuse entre él y el chico que estaba aun confundido dándole un empujón.
Pero no me percaté de que Ivi actuaría inmediatamente.
-El alcohol es muy malo para la salud –le susurró al oído- La cirrosis es una muerte más lenta, agradece que hemos llegado antes.
Y sus colmillos se clavaron en el cuello del chico antes de que yo pudiera reaccionar. Fred corrió a paso humano al encuentro de los restantes, que venían a ayudar a su amigo.
-¿Qué mierda esta pasando? –gritó uno, al ver a su amigo desplomarse en el suelo, con un chica de catorce años besándole el cuello.
Seguro que lo que más les había desconcertado había sido la llegada de Fred. Si toda esta escena se hubiera desarrollado sin su presencia probablemente el desmayo de su amigo les parecería algo gracioso.
Me quedé mirando como una tonta. Ya no tenía sentido que intentara detener a Fred. Si los demás seguían vivos, no nos vendría nada bien a nosotros.
Pero tampoco quería ayudar.
Me quedé parada, sin más guion que el mismo del árbol del que había saltado Fred. No, incluso su papel me superaba a mi en ese momento. Fred acabó con la vida de los cuatro amigos restantes en unos pocos segundos y yo continuaba mirando absorta al horizonte.
Esto me espeluznaba.
-¡Clare! –me gruñó Fred, como si ya me hubiera estado llamando desde antes.
Estaba de pie, sosteniendo en el aire a uno de los cadáveres por el cuello de la polera. Fred frunció el ceño y acercó el cadáver hacía él, con picardía.
De un mordisco, le sacó un gran pedazo de carne del cuello dejando a la vista, una masa chorreante de sangre caliente. El pulso se me aceleró y las manos comenzaron a temblarme… no quería hacerlo…
Apenas se me cruzó la escusa por la cabeza, de que era una estupidez estar matando gente bajo la amorosa luz de un farol, en una plaza pública, pero la mandíbula se me calló por los suelos y mis manos se alargaron sin preguntarme hacia el cuerpo inerte que Fred sostenía para mí.
Fred soltó el cadáver en el mismo instante en que mi boca hacía contacto con la sangre que caía de la herida del cuello y caí bruscamente al suelo, junto con mi comida.
El rugido del agua contra las rocas era lo suficientemente intenso como para acallar mis sollozos.
Estaba sentada en la rivera del río, con el trasero todo empapado por el agua que llegaba de a ratos a mi posición. Fred me abrazaba con resignación mientras su polera me servía como paño de lágrimas. La culpa ya no me comía viva… la culpa me estaba matando.
-Soy una víbora asquerosa… -lloraba- ¿Cómo pude haber caído tan bajo? Esos pobres chicos tenían toda una vida por delante… seguro solo se querían divertir un rato…
Fred me dejaba continuar con mi monólogo sin pronunciar ni una sola palabra. Ivi en cambio, en calzones y una polera ajustada, luego de dejar sobre una roca su ropa ensangrentada, canturreaba gustosa mientras arrojaba miembro por miembro los cuerpos de nuestras víctimas.
-La pierna se va, la pierna se va… lai, larai, larai, la, lai..
¿Cómo podía ser tan fría? A Fred tampoco le importaba… es más, se estaba divirtiendo como nunca mientras escuchaba cantar a Ivi y me ignoraba a mí.
-Nadie podría ignorar tus sollozos… -me recriminó palmeándome la espalda- suerte que el río es más ruidoso que tú.
Me puse a llorar con aun más fuerza, sin saber muy bien porqué… Pero claro, no tardaba mucho en darme una razón.
-Soy una maldita rata asesina… Merezco morir.
-Clare ¿Quieres ayudarme con esto? –preguntó Ivi con malicia.
Fred se echó a reír.
-Vamos Clare, quítate toda esa ropa ensangrentada… -me pidió Fred deshaciendo el abrazo.
Pero no le hice caso y me abrasé a mi misma como una niña pequeña. Fred se levantó en un segundo e intentó pararme a la fuerza, mas yo me resistí, amurrada en el suelo.
Ivi se acercó a pasitos danzarines, chapoteando en el agua y se inclinó hacia mí. Como una madre a su hija, me ayudó a quitarme el chaleco, que era lo único que traía, aparte de la ropa interior y los pantalones. Fred se había alejado unos cuantos pasos, pero realmente su presencia no me incomodaba… no en esta situación.
Volvimos al internado casi completamente desnudos, con nuestras ropas empapadas en nuestras manos, procurando mantenerlas lo más alejadas posible de cualquier tipo de mugre.
Ya estaba amaneciendo. El sol aun no salía, pero cada vez el cielo se veía más y más gris. Yo no quería hacer nada realmente, no quería entrar a mi habitación ni sacar ropa de repuesto para mí y para Ivi. Sabía que si lo hacía, algún sollozo repentino terminaría por despertar a Marie.
Mis dos acompañantes, escuchando mis quejas internas, decidieron dejarse todo el trabajo. Ivi me acompañó a los baños, a limpiarme mientras Fred buscaba nuestras ropas.
Actué como una autómata en todo momento. Si Ivi me decía que levantara los brazos, yo lo hacía y si me pedía girarme, igualmente obedecía. Me lavó, me secó y me vistió, casi sin recibir ayuda mía, mientras Fred aguardaba fuera del baño.
No supe cómo comportarme cuando ella, anunció que debía marcharse, y que gustosa, aceptaría otro paseo como aquel. Me estremecí consternada y no pude hacer otra cosa que ocultar la vista tras mis parpados.
Apoyé mi espalda contra la sucia pared, que hacía un tiempo Fred y yo habíamos intentado limpiar y caí sentada, en el piso húmedo de madera hinchada. Que horrible noche había pasado… que horrible noche.
Podía imaginarme el asco que le produciría a Bob todas estas escenas cuando le permitiera recorrer mi mente. Temía que incluso sintiera un asco por mí, un asco que le disuadiera de ser mi amigo… de una maldita roba-vidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario