Capítulo 41
Fred había considerado que sería mucho más conveniente para nuestro pequeño ejército, si le hacíamos creer que todo lo que había pasado no nos venía mal. Le había dicho que yo no sabía nada sobre la relación (padre e hija) que existía entre nosotros, ni que había sido él el que me había convertido… le dijo además que todo lo que había pasado con Fred, lo que me había ocultado, no me tenía para nada molesta, al contrario, haberlo vuelto a ver con vida, había sido una alegría enorme.
Claro, era algo que tenía que suceder tarde o temprano para continuar con el plan de Fred, solo que me ponía enferma tener hacerme la contenta con todo lo que más me dolía y repugnaba. En cierto modo, esperaba que esta supuesta guerra entre demonios, se diera lo más pronto posible para acabar con la vida de este maldito malnacido, independiente si después de eso, moría también yo.
-¿Qué te dijo? –pregunté por cumplir.
Si Max estaba poniendo atención, tenía que escuchar una conversación racional.
-Le dije lo que pensaba y el me lo dijo a mi. Estaba totalmente de acuerdo conmigo –dijo en broma.
Rodé los ojos y le pegue un puñetazo en el hombro.
-Mentiroso. Fr… Greg, no debiste haber reaccionado así –“Realmente este tipo de reacciones son algo que no le quedan ni a Fred, ni a Greg. El primero, es demasiado gilipollas para defenderme, y el segundo es demasiado correcto para pelear”
Fred se sentó relajadamente en el mismo lugar en el que Max y yo habíamos estado sentados hacía unos minutos.
-No me conoces realmente –“Y me refiero a mí, no a Greg”
Me dirigí a su lado, y me senté suspirando.
-No, creo que no. Y espero no hacerlo nunca, no quiero encariñarme contigo.
Fred me miró con el ceño fruncido, como si estuviera medio confundido de lo que acababa de decir. “¿Lo dices por Greg?” Preguntó.
Me encogí de hombros. “Por cualquiera”
“Wow” me mostró lo que se suponía que sentía en su interior en esos momentos. Una mezcla de sorpresa y algo de dolor. “No creí que me importara, pero pensaba que ya me tenías cierta estima”
La verdad era que si me importaba, pero no tenía muy definido si ese sentimiento era la culpa de haberlo convertido o por todo lo que habíamos pasado juntos. Era verdad que me llevaba con él, como dos hermanos cachorros se llevan, pero no sabía si realmente había llegado a encariñarme con él o no. Quizá era la costumbre.
“Te sientes dolido solo porque fui yo quien te convirtió” le dije mentalmente, recordando lo que él mismo me había dicho una vez, sobre el natural instinto que tenían los recién convertidos de seguir en todo a sus creadores.
Fred tragó saliva ruidosamente, como si de un humano se tratara y de pronto me sentí culpable. Recordé la vez en que había temido que Balthazar dejara de hablarme para siempre luego de la muerte de la profesora Fielding. Había sido terrible.
Era muy extraño que Fred se comportara de esa forma, así que puse una mano en su pierna, de forma cariñosa para llamar su atención e intentar componerlo. “No te pongas así” dije cuando me miró a la cara. Intenté sonreírle. “Supongo que si te quiero un poco. Después de todo este tiempo… no me queda remedio”
El captó el tono de mi broma y rió, como si se diera cuenta de que lo que le había dicho antes era solo porque no quería admitir que le estimaba. Intenté creérmelo yo también, quizá si era eso.
Pasó su brazo por sobre mis hombros y me palmeó el brazo derecho casi con brusquedad. Se levantó y se marchó de ahí, diciendo que Max saldría dentro de poco, y prefería no volver a topárselo dentro de un buen rato, hasta que los ánimos se calmaran aun más.
Esperé en silencio, sentada sola en el suelo, hasta que la puerta se volvió a abrir. Max salió con la cabeza gacha, sintiéndose más aburrido que culpable luego del sermón de Balthazar.
-Te llaman –me dijo.
Pasé por su lado y atrapó mi mano con la suya por un milisegundo, luego cerré la puerta tras de mí, con el corazón acelerado. Balthazar se rió de eso y me invitó a tomar asiento.
-Supongo que tu no piensas igual que el señor Harrison, sobre lo que acaba de suceder ¿Verdad? –Su sonrisa sardónica me irritaba.
De seguro le había parecido de lo más simpática la conversación que acababa de sostener con Max, en el pasillo antes de que le llamara.
“¿Reconciliados?” preguntó mentalmente.
-Si –contesté cortante- Creo que le mal interpretaron.
-Yo creo igual –dijo seriamente.
-¿No hay ningún castigo para nosotros? ¿Verdad?
Balthazar se encogió de hombros negando con la cabeza. Realmente, estas cosas le debían de parecer muy aburridas.
-No. Supongo que los chicos pueden entender con palabras. Ellos se comprometieron a que no volvería a suceder lo que sucedió. Y claro usted no tiene nada que ver en esto. Supongo que el profesor la envió más como testigo que para que le diera alguna charla sobre los valores.
Me reí mentalmente del esfuerzo que estaba haciendo por sostener una conversación humana convincente para oídos agudos. Me imaginaba que Max ya no estaría oyendo, pero podía estarlo haciendo por mera curiosidad y no había que arriesgarse.
-Genial –mustié. “Y… Fred te dijo todo” Cambié al tema que realmente teníamos que hablar.
Balthazar asintió lentamente. “Creí que estarías enojada conmigo, pero el chico me dijo que apenas pensabas en eso al saber que estaba vivo”
-Puede llevarse al perro. Creo que se escondió debajo del mesón y a sus compañeros se les ha olvidado.
Me levanté a buscarlo. “Me saqué un gran peso de encima. Aunque no entiendo porqué me lo negabas tanto, cuando comencé a sospechar”
El perro estaba escondido bien al fondo. Seguro que una habitación llena de seres endemoniados que podían matarlo en cosa de segundos, lo había dejado en shock. Que no se preocupara, no me lo podía comer… era mi tarea.
“No quería que te enojaras conmigo, por no habértelo dicho antes. Suponía que si lo descubrías me odiarías”
Estiré la mano con esfuerzo debajo del mesón, pero el perro… o perra, me ladró en su agudo tono infantil.
-No lo alcanzo –“¿Porqué no me lo dijiste desde un principio entonces?”
“Creí te sentirías mal haber convertido a Fred en un vampiro.. se que no te gusta lo que eres y pensé que no le desearías lo mismo al chico”
Asentí lentamente. Me estaba diciendo casi exactamente lo mismo que Fred había dicho que me diría.
-¿La ayudo a correr el mesón?
-No, ya casi… -me tumbé de estómago al suelo y me estiré lo más que pude para alcanzarle. Maldita perra.
“Creo que podríamos continuar hablando en otro momento, Balthazar” dije sopesando el tiempo. En clases se estarían preguntando por mi demora.
“Apenas hemos hablado…”
Se levantó de su asiento y le pegó una patada al mesón para hacer ruido y asustar al perro. Éste se escabulló por una esquina, cuando estaba a punto de alcanzarlo y Balthazar ocupó su habilidad sobrenatural de la rapidez y le alcanzó antes de que volviera a meterse debajo de otro mueble.
Me lo tendió en cuanto estuve de pie.
-Gracias. Ya podía yo –dije casi con odiosidad.
“Bueno, quizá sea buena ocasión para hablar de Bob”
“¿Tu amigo de la infancia? ¿Aquel con el que te juntas casi cada tarde? ¿Ese hombre lobo pasado de peso?” Preguntó fingiendo estar confundido. Luego rió. “Ya me he dado cuenta, querida”
Mi expresión de sorpresa debía de ser muy graciosa, porque Balthazar volvió a reírse de mí.
“Supuse que debías ser más listo que nosotros dos…” Suspiré. Debimos de haber dejado algún rastro. No fuimos lo suficientemente cuidadosos ni atentos, porque Balthazar nos había visto.
“Se te escapó cuando estabas toda desorientada luego de matar a Hanna” se encogió de hombros “Creo que venías con el propósito de contarme” Asentí “Luego de eso, te desaparecías constantemente y supuse que te seguías juntando con él ya que le vi correr por ahí un par de veces”
Me estremecí. No había sido tan terrible como creía. Había tenido suerte de que Balthazar estuviera de buen ánimo para aceptar que no se lo hubiera contado. Quizá era el modo de recompensarme por no contarme lo de Fred.
“Si, bueno… te lo puedo presentar algún día” dije nerviosa.
“No me parecería mal. Creo que no tiene idea del mundo, pero debe ser agradable si lo tienes como amigo desde hace tanto”
-Bien, creo que me puedo ir… ¿No? –pregunté.
-Si, claro, dígale a su profesor que está todo bien. Que si le parece preciso, que venga a hablar conmigo para cuando finalicen las clases y me diga su opinión al respecto.
“Nos vemos luego” se despidió.
-Gracias, director. Adiós.
-Adiós.
Volví a la sala, caminando lentamente con el perro asustado en mis brazos. Estaba sopesando la idea de ponerle por nombre “Bocadillo” o “Merienda” como un chiste interno entre Fred y yo. Pero Max o cualquier otro de sus amigos lo podían considerar sospechoso.
El profesor Hargensen por primera vez en toda la vida, nos había dejado el resto de la hora libre, para que interactuáramos con nuestros proyectos. Max y Fred estaban compartiendo en grupos separados con los perros de otras personas, pero se volvieron a mirarme en cuanto entré.
Me acerqué al profesor para darle el recado del director y luego me fui a reunir con mi grupo. Intenté escuchar desde ahí, algún sonido desde la oficina de Balthazar y comprendí que nuestra fingida plática en voz alta había sido un desperdicio de tiempo. A menos que Max no hubiera estado todo este rato en la sala o alguno de los de su manada se hubiera acercado a escuchar.
-Gracias por no llevarse al perro. Me dejaron a mí el trabajo de buscarlo por debajo del mesón del director –gruñí entre enojada de verdad y en broma.
Max me sonrió y pidió disculpas. Fred simplemente me ignoró y me preguntó que tal me había ido con el director.
-Solo quería aclarar las cosas conmigo. Yo no tengo nada que ver en la riña que hay entre ustedes –ambos bufaron ante mis palabras.
Luego le contesté mentalmente a Fred, que Balthazar me había dicho justo lo que él pensaba que me diría. Fred sonrió triunfante mentalmente y me prometió que todo iría bien.
-¿Cómo quieren ponerle al perro… perra? –me corregí rápidamente.
-Sigo insistiendo en que es macho –apuntó Fred testarudo.
Yo bufé e intenté forjar mi propia opinión mirando al cachorro. Yo no tenía idea de estas cosas… el perro era demasiado pequeño aun para que se le notara algo, al menos desde mi punto de vista.
-Es hembra –dije finalmente convencida por Max. Él debía saber mucho más.
-Ok –cedió Fred- Yo quiero ponerle Gusano.
Me quejé tanto mental como verbalmente, y le dije que estaba sonando demasiado parecido a lo que era Fred. Tenía que situarse en su papel de chico bueno o incluso la gente común y corriente le descubriría.
-Yo voto por llamarle… -pensé- No sé. Esto es difícil.
-Bueno –dijo Max- mientras pensemos, le decimos perro.
Lo anotó en una hoja, que seguramente les había entregado el profesor mientras yo no estaba y me fijé que había varios datos por completar.
-Descripción física –pidió.
-Dos ojos, cuatro patas y una cola –señaló Fred sin aportar en nada.
-Raza, labrador. Pelaje, negro. Hembra… -dije sin saber que más decir.
Max anotó, añadiendo las medidas y el color de ojos. Me acerqué a mirar. No distinguía muy bien si sus ojos eran castaños o negros. Pero el perro me ladró con su tono infantil, nuevamente y me alejé de un brinco.
Ellos se rieron.
-¿Reacciones al sentirse en peligro? –preguntó saltándose unas cuantas preguntas- Ladrar. Y esconderse bajo los muebles, al parecer.
-No le agrado –dije. Eso era obvio… el perro sabía que él era la presa y yo el depredador.
Continuamos anotando lo que pudimos, pero luego nos dimos cuenta de que el resto de las preguntas habría que contestarlas con el paso del tiempo, para cuando nos conociéramos mejor. Esperaba que Perro no fuera muy evasivo.
Cuando sonó el timbre, le entregué el perro a Fred, diciendo que le tocaba cuidarlo. Fue casi una orden y el entendió que quería estar libre un rato para continuar hablando con Max, aunque aun se me antojaba conversar con Anne acerca de todo.
Nos dirigimos los tres a la fila de la comida y Fred hiso el pedido especial que estaban habiendo todos los que llevaban a los perros. El profesor Hargensen nos había dado las indicaciones.
-¿Te sientas conmigo? –preguntó Max al ver que lo estaba esperando luego de que pidiera su comida.
-Si –dije. Era lo que pretendía. Me estaba esforzando por remediar las cosas.
Nos fuimos a sentar en el mismo lugar en el que habíamos comido juntos por primera vez. Estaba nerviosa. Sabía que comenzarían las preguntas.
-¿Qué es lo que te hiso cambiar? Me refiero, a dejar de hablarme en un principio y ahora volver a hacerlo.
Comencé a maquinar rápidamente en mi cabeza, alguna mentira para contarle. Mientras, suspiré intentando hacer parecer que todo esto me costaba… al menos eso era cierto.
-Creo… Creo que fue por Tyler en un principio –tragué- No he hablado con él, porque no se que decirle. No quiero perder a un aliado y siento que esto le molestaría.
Max revolvió su comida en su bandeja, sin mirarme, solo escuchaba sin juzgar. Eso era bueno.
-Luego, comenzaste a ir muy rápido y te sentiste dolido porque te rechazara. Sentí que estabas enojado conmigo y eso me dolió. Pasó lo de Fred y tú creíste que estaba exagerando… Necesitaba apoyo. Me enojé contigo por eso aun más –mentí- Fred murió creyendo que yo lo odiaba y eso me hacía sentir muy mal, porque si, en un principio odiaba que todo lo hiciera broma, pero comencé a tomarle cariño con nuestras discusiones. Nadie lo cree –reí.
Él levantó la vista por un segundo y me miró. Podía ver en su interior que le apenaba mucho haberme hecho sentir así todo este tiempo, pero podía ver también que tenía muchos argumentos para rebatir, que seguramente serían mejores que los míos. Pero el no me los diría, solo para evitarse más malos entendidos.
-Luego pasó lo de la profesora Fielding. También me afectó, créeme… Ella me acompañó mientras me recuperaba luego del accidente, no era tan solo una profesora más para mí –mentí nuevamente. Pero era necesario- Creo que pasé por una depresión muy profunda –reflexioné creyendo que era cierto. Debía ser así- Nunca me había sentido tan mal en mi vida…
Max extendió su mano izquierda y tomó la mía que aun sostenía la bandeja roja. Sonreí ante el gesto e intenté no pensar que es lo que estarían comentando mis conocidos si es que estaban viendo.
-Y ahora que llegó Greg… -reí- Se parece ¿No?
Él asintió alzando las cejas muy convencido de que era otra de las razones para que me sintiera mal.
-Me llevo mejor con él que con Fred de todos modos –y eso era muy cierto.
-Yo me llevaba mejor con Fred que con él –rió Max.
Yo suspiré y el continuó mirándome.
-¿Y que te hiso volver a hablarme?
Me encogí de hombros mostrando mi mejor cara de confusión. ¿Acaso no era obvio ya? ¿Cómo no se daba cuenta? Él lo sabía.
-Porque te quiero todavía. Creí que lo tenías claro.
Max sonrió medio turbado. Realmente esperaba una respuesta más rebuscada.
Esta vez fue él quien se inclinó hacia mí y sin pensarlo dos veces, dejó que nuestros labios se unieran. Intenté contener el aliento mientras me besaba, pero sus labios ardiendo contra la fría piel de los míos me desconcentraba totalmente y terminé respirando de cualquier modo.
Por primera vez, agradecí que Fred e Ivi me hubieran llevado de Caza hacía tan pocos días. Lo bueno era que me había dado cuenta de que beber la sangre de un humano, por completo, era mucho más satisfactorio que ir cada noche en busca de un bocadillo. No había podido darme cuenta de eso ni con Fred ni con la profesora Fielding, ya que ambas veces me habían interrumpido.
Ahora podía disfrutar del beso, plácidamente, aunque no sin cierto recelo. Su mano me producía un agradable cosquilleo en mi mejilla y el corazón me latía apresurado, con la sangre de un desconocido borracho. Pero también podía escuchar el corazón de Max.
Me detuve delicadamente, sin separarme bruscamente de él como hubiera deseado.
Son sonreímos mutuamente y pude sentir el rubor en mis mejillas. Bajé la vista avergonzada y el me susurró un “te quiero”.
“Que romántico” mustió Fred en mi cabeza a modo de burla, y yo puse la barrera inmediatamente. Que no se metiera en estas cosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario