Capítulo 33
Mis manos estaban manchadas en sangre y mi boca conservaba ese sabor dulzón de la profesora Fielding, que me había enloquecido. Miré aturdida a mí alrededor, levantándome de un brinco para repeler cualquier segundo ataque. Pero era Balthazar.
Estaba agachado revisando el cuerpo de la mujer. Pero con tan solo verlo se podía saber que ya estaba muerta, muy muerta. Intentó colocar su cabeza en su lugar, pero se giraba tétricamente hacia un lado. Alguna de las fracturas estaban expuestas, mostrando la punta astillada de sus huesos blanco amarillentos.
La imagen de la profesora muerta era mil veces más impactante que la que aún conservaba de Fred bajo mis garras. Al menos, él había acabado completo y respiraba aun tranquilamente como si soñara.
Balthazar me miró con una furia apenas contenible. Le temblaba la barbilla y sus nudillos estaban blancos como la cal por la fuerza en que apretaba. Me vino un miedo atroz y quise salir corriendo, pero por alguna razón sentía que debía ofrecerle alguna disculpa.
-Vete… -susurró entre dientes.
Me sentí diminuta ante aquel hombre tan furioso. Tenía la cabeza encogida entre los hombros y las lágrimas espesas caían por mis mejillas sin que apenas las notara. Murmuré algo que ni siquiera yo entendí. Pretendía decirle cuanto me odiaba por esto, que era horrible, que me matara, que ya no quería más… pero la voz no me saldría por un buen rato. Quizá me había quedado muda.
-¡Vete! ¡Ahora!
Me marché corriendo a una velocidad a la que nunca había corrido nunca, mientras sollozaba y clamaba para mis adentros alguna ayuda a mi amigo.
“Bob, Bob, Bob, Bob…”
No sabía si podría escucharme cuando yo le llamara. Nunca había llamado a alguien mentalmente. Solo veía dentro de los demás y Balthazar me hablaba… pero llamar era diferente.
Utilicé los troncos de los árboles gruesos para impulsarme y avanzar casi volando como una saeta por en medio del bosque. Supuse que aunque pasara por el frente de uno de los lobos, este solo lograría ver una mancha borrosa.
A lo lejos vi la cabaña de Balthazar, escondida entre un montón de arboles de diferentes especies… todas, de los follajes más frondosos. Me precipite hacía aquella minúscula obra arquitectónica esperando encontrar a Bob, todavía durmiendo en el sillón… pero…
Ambos chocamos en el umbral de la puerta.
Bob me miró horrorizado y pronto recordé, gracias a la imagen mental que Bob mantenía en su cabeza, que mi aspecto debía ser completamente tétrico, como si acabara de matar a alguien…
-Bob… -sollocé retrocediendo. No quería asustarlo, ya no le haría nada, no estaba sedienta.
Choqué de espaldas contra uno de los arboles que rodeaba la cabaña y me dejé caer resbalando contra el tronco. Me abracé las rodillas con los brazos y escondí la cabeza.
Ahora Bob me vería como una asesina. Ya sabía lo de Fred, pero cuando se lo había contado, no estaba toda manchada con su sangre.
Me sorprendí cuando sentí sus brazos alrededor de mis hombros y me dejé llevar hacia su cuerpo mientras me abrazaba.
-Tranquila… ahora estoy aquí, tu hermano mayor va a protegerte –le sentí sonreír- No te voy a dejar sola nunca más… mira todos los problemas en los que te has metido sin mí. Te hacía falta… -rió.
Suspiró sobre mi cabeza y su aliento cálido me reconfortó. Cuanto me gustaría que se quedara conmigo para siempre, como él decía, pero no podía dejar a su familia ni el colegio.
-Ahora soy inmortal –rió hablando de mis pensamientos- puedo retomar las clases cuando se me dé la gana.
-¿Y tu mamá? ¿Y tu papá?
-Ya he tenido mucho de ellos toda mi vida, es hora de que me dé un descanso… -me miró y yo levanté la cabeza para mirarlo también- Bien, es broma, pero vendré cada noche.
-No seas tonto…
-Vendré todo lo que pueda.
-Pero sin que eso signifique perjudicarte a ti mismo –le pedí.
Asintió lentamente.
Nos quedamos allí sentados por largo rato. Intenté no pensar en lo que podía estar pasando ahora en el patio del internado, con el cuerpo inerte de la profesora de Religión desangrándose sobre el césped. Intenté no pensar en lo muy alterado que se había puesto Balthazar cuando me había pillado con las garras sobre su proveedora de sangre.
Bob pasaba sus cálidas y grandotas manos por sobre mi cabeza esperando a que se me pasara la angustia. La tranquilidad del verde bosque, como un planeta extraterrestre, me habría puesto nerviosa en cualquier otra ocasión, no me gustaba tanto verdor, pero ahora sentía que me estaba impregnando de su calma.
Poco a poco, pude comenzar a pensar en cosas que no me pusieran tan nerviosas como lo que había pasado tan recientemente.
-¿Tu cazas animalitos?
Bob sonrió de forma traviesa.
-Me he probado un par de pájaros camino a aquí. Sentía curiosidad desde que me lo preguntaste la otra vez. Es más divertido que tomar el cereal de la despensa, pero no es nada agradable.
Me imaginé a Bob en su forma lobuna saltando tras un pájaro, tal como lo hacían los perros con las mariposas.
-¿Quisieras acompañarme a cazar animalitos?
Hiso una mueca de disgusto y vi como se recordaba masticando y triturando a una gorda paloma entre sus enormes fauces. Él se la había comido completamente y se sentía fatal, yo en cambio, disfrutaba solo con la sangre de estos a pesar de que odiaba cuando sentía los pelos y plumas pegajosos en mis labios.
Bob se puso de pie tendiéndome su rolliza mano para ayudarme, aunque la ayuda estaba de más. Fui yo la que tomé la delantera, porque aunque Bob tuviera un excelente olfato, no era él el que tenía que escoger la comida.
Atrapé un conejo pequeño. Debía de andar una camada de recién nacidos dando vueltas por el bosque, pero eso no me produjo ningún arrepentimiento a la hora de quitarle la vida. Bob desvió su mirada de la escena y se mantuvo lo suficientemente alejado para no sentir tan profundamente la incomodidad de ver a su mejor amiga, comerse un conejo crudo.
Aun tenía todo mi uniforme manchado con la sangre de la profesora Fielding y la sangre fresca del conejo manchando mi boca y mi barbilla, debía darme una aspecto asesino.
-Bob, no sé lo que estará pasando en el internado con la profesora, pero estoy muy seguro que Balthazar no estará de humor para conocerte cuando vuelva.
-¿Quieres que me valla?
-Sugiero que será mejor que no nos encuentre juntos antes de que yo pueda darle las respectivas explicaciones.
Bob asintió cansinamente y se acercó a mí.
-Dame un abrazo hermanita mía –sus enormes y regordetes brazos se estiraron hacia los lados para abrirme paso hacia él.
Ahora mi sed estaba completamente saciada, por lo que un abrazo con Bob no me alteraría en lo más mínimo.
-Date un baño antes de aparecer ante otras personas. Luces fatal.
Sonreí ante su buen consejo. No podía olvidarme de eso, si alguien me veía así, sería el fin de todos mis secretos. Y aunque no sospecharan que esa sangre pertenecía a su profesora de Religión, la noticia podía llegar a oídos de Max o de alguno de sus compañeros y sería desastroso.
Bob se fue corriendo entre los árboles. Observé como en el camino se iba quitando la polera y seguramente, luego, toda la ropa, para poder convertirse en su forma animal sin dañar sus prendas.
Me dirigí hacia el internado con sigilo, intentando no encontrarme con nadie de casualidad y menos con Balthazar, que su ira me hacía sentir mucho más temor de lo que haber matado a la profesora Fielding me hacía sentir culpable. Ella no me importaba en absoluto como Fred, por lo que lo único que me hacía sentir mal por su muerte, era que eso me convertía nuevamente en una asesina y que así me ganaría el rencor del director.
Me metí por una de las ventanas que daban a la habitación que había utilizado durante mi aparente recuperación luego del accidente de la fiesta y me dirigí al baño que tantas veces habíamos ocupado con Hannah, para reponer mi vendaje.
Había un par de toallas blancas, pulcramente dobladas sobre un canasto de mimbre de un barnizado bastante oscuro para mi gusto. Me deshice de mi ropa en apenas un par de segundo y largué el agua de la ducha. Solo cuando hube salido, toda empapada, me di cuenta de que no tenía ropas que ponerme.
Solté una risita que no parecía divertida en absoluto y resolví que no me quedaba más opción que confiar en mis habilidades vampíricas, de que nadie me vería pasearme por todo el internado con solo una toalla un tanto corta, para cubrirme.
La amarré bien en mi torso y salí nuevamente por la ventana de mi ex habitación. Escalé al techo del internado y fui sorteando los altibajos, procurando no ser vista desde abajo por ningún motivo. Agradecí que las clases de la tarde no hubiera terminado aún y me apresuré para disponer de una habitación para mi sola durante los pocos minutos que me quedaban.
Marie llegó luego de un rato y se sorprendió al verme tendida tan calmada de espaldas sobre mi cama. Ella debía suponer que me encontraba en las dependencias de los profesores en mi anterior habitación.
-Me he sentido mucho mejor –le aseguré.
Esperaba que dejara pronto de lado, la sorpresa que había sentido al verme ahí, y fuera remplazada por la emoción de contarme las malas nuevas de la muerte de una de las profesoras. Pero no, nada. Supuse que Balthzar no había hecho correr ni un rumor todavía y si lo había hecho, Marie no se había enterado de nada.
Marie me preguntó si había tenido pesadillas, si había pasado bien la noche, si necesitaba de alguna cosa y yo le respondí a todas sus preguntas con el debido agradecimiento, pero con un marcado desinterés.
Estaba demasiado preocupada por otras cosas y Marie me comprendió. No podía hacer otra cosa que recordar el modo en que Balthazar me había mirado y solo quería escuchar algún pensamiento suyo, solo para saber si su enojo persistía.
“Balthazar” intenté llamarle. Me sentía incómoda con la presencia de Marie, por lo que cerré los ojos fuertemente. “Yo no quería hacerlo”
Sentí entonces como una pared se interponía en algún lugar de mi mente y comprendí que mi mensaje si había llegado al destino que esperaba, solo que no había sido bien recibido.
Me tendí esta vez, de cara a la almohada y derramé un par de lágrimas literalmente. Quizá había derramado muchas hasta entonces y mi cuerpo había agotado toda el agua que podía quedarme desde que había sido convertida.
Escuché la mente de Marie, titubear a un lado mío, en si reconfortarme con un abrazo y palabras cariñosas o dejarme tranquila como siempre había expresado que me gustaba.
Terminó por decidir poner una de sus delgadas manos y mi espaldas y sobar casi con el mismo temor con el que se acaricia a un gato por vez primera, temiendo que en cualquier momento fuera a crisparse y darte un zarpazo.
No me di vuelta, ni ronronee, pero me sentí casi reconfortada. Solo casi.
Al día siguiente se llamó al alumnado a una reunión en las comodidades del gimnasio.
Nos anunciaron de la desaparición de la profesora de Religión, que se había ausentado todo el día de ayer luego de su primera clase por la mañana.
No hubo clases ese día y por la tarde vinieron algunos policías a hacer las respectivas investigaciones.
-¿Tenía la señorita Hannah Fielding algún conflicto personal con alguien que usted conozca?
-No creerá que fue asesinada ¿O sí? –fingió Balthazar pareciendo afligido.
Había estado escuchando arriba del tejado de la oficina de Balthazar, la interrogación que le estaban haciendo los policías. La verdad era que no sospechaban de nadie ni demostraban mucha curiosidad por el caso, la mujer había desaparecido apenas hacia un par de días y bien podría haberse ido por su propia cuenta.
Me había enterado de los pensamientos uno de los jóvenes policías que habían venido y hacía un rato me había sorprendido de pasada en el pasillo del internado y se había detenido a hablarme de cosas sin importancias como si estaba en una de las clases de la profesora, que si me gustaban y si era buena alumna. Comenzó a parecer más una coquetería cuando comentó que tenía una cara bonita que parecía muy inteligente.
Eso me había extrañado bastante, pero correspondí con sus galanterías esperando averiguar algo. El joven policía no superaba los 24 años y se veía muy apuesto. La leve confianza que había depositado en mí me dejó saber que preferían mil veces tirar dardos contra el blanco que estar ahí.
-No podemos descartar nada –espetó el policía mayor- las posibilidades de que hubiera sido asesinada son tantas como las de que solo quisiera hacerle pasar un mal rato dándose una vuelta por la ciudad.
-Ella no podría hacer algo así, era una profesora muy correcta…
La falsa turbación de Balthazar y el poco interés de los policías, dejó de llamarme la atención y me marché a mi habitación.
Por el camino me topé con Max, lo cual resultó un encuentro bastante incómodo. No podíamos hacer más que ignorarnos, como si fuera un acuerdo mutuo, pero entonces él me sonrió al pasar por mi lado.
-Te ves más repuesta.
Pareció disminuir la velocidad de su caminata esperando que yo hiciera lo mismo, y aunque ya no sentía esas ganas casi incontenibles de morderle, me producía una vergüenza atroz luego de todo lo que había pasado, así que simplemente pasé por su lado murmurando un rehúyete gracias.
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