jueves, 12 de enero de 2012

CLARE Cap. 34

Capítulo 34

Encontraron el cuerpo de la profesora Fielding al cabo de tres días en la rivera de un río. Las heridas de su muerte habían convencido a los doctores, que habían sido provocadas por un animal salvaje cerca de un río y que esta solo había caído por casualidad. Nadie podía creer que todo fuera tan simple, pero supuse que Balthazar también tenía sus contactos con la policía.
Supuse además, que Balthazar podía haber modificado algunas de las heridas con las que había dejado a la profesora para que parecieran hechas por un animal salvaje, pero luego pensé que  ahora yo podía ser fácilmente comparable con un animal.
No asistí al funeral, tanto por las razones por las que casi no había asistido al de Fred y porque Balthazar aun estaba completamente enfadado conmigo y yo evitaba encontrármelo a costa de todo.
Lamenté que el pobre alumno nuevo hubiera llegado en una época peor. Quizá si en vez de aparecerse a mitad de año, hubiera esperado al próximo, le habrían recibido con mayor afecto, o incluso si hubiera aparecido antes de la muerte de Fred, ya que el parecido existente entre ambos nos había dejados a todos catatónicos.
Era rubio, sí, pero el color pardo de sus ojos, las mismas pecas y las mismas facciones de Fred le daban un aspecto tan parecido, que a casi nadie le apetecía entablar amistad con él. Incluso su forma de moverse era similar y sus más cercanos se sentían muy turbados.
Charlotte parecía haber vuelto a su estado depresivo y yo sentía que aquella aparición era solo una maña del universo para hacerme sentir culpable. Y lo estaba logrando.
-¿Puedes creer que tome el mismo desayuno que Fred, todos los días?
Estaba de pie en la fila para comprar la primera comida matinal, junto a Lyan, que como todos, no dejaba de observar  y hacer comentarios sobre el chico nuevo.
-Esto parece una mala broma –murmuré.
Lyan asintió de acuerdo.
Nuestra amistad había mejorado notablemente desde que había vuelto a beber sangre y las relaciones con los amigos que había dejado de lado, fueron por el mismo camino. A excepción de Max. Ya no había vuelta atrás con nosotros dos, el tren había pasado y habíamos perdido el pasaje desde hacía bastante tiempo
Nos sentamos en el extremo de una de las grandes mesas. El comedor estaba casi vacío, como todas las mañanas y eso ofrecía la suficiente privacidad.
-No sabía que existiera gente en el internado que no conociera a Fred… -mustió Lyan siempre mirando a “Fred II”.
Fruncí el ceño pero pronto vi la respuesta en su mente. Aun así, pregunte:
-¿Porqué lo dices?
Apuntó a mis espaldas, en la larga mesa paralela a la nuestra. Ahí estaba “Fred II” y un par de chicos, cuyos nombres no conocía.
-Si ellos hubieran conocido a Fred, no estarían ahora sentados tan cómodamente junto al chico nuevo.
Me encogí de hombros.
-No sabía que le creías capaz de conocer a todo el mundo aquí –dije.
El también se encogió de hombros, decidiendo que el tema no era de total agrado para mí.
Se pasó unos momentos revolviendo su café mientras yo husmeaba en sus pensamientos. Quizá tuviera una buena idea, porque no quería pasar las vacaciones de invierno con mi madre y arriesgarme a ser descubierta.
-¿Dónde piensas pasar estas vacaciones de invierno? –preguntó con fingido desinterés.
Recordé que los sentimientos de Lyan por mí no habían cambiado. Era yo la que ahora parecía notarlos mucho menos. Así que decidí contestar de una forma en que le hiciera sentir incómodo al hacer cualquier proposición.
-Espero no pasarla en ningún lado. Aquí en el internado debe de estar bien vacío para entonces, me agradará no estar obligada tener que poner buena cara a la gente por un par de semanas.
Sentí la oleada de desilusión que invadió a Lyan en secreto, pero aún así soltó una carcajada.
-¡Como si alguna vez te obligaras a poner buena cara cuando no tienes ganas! –rodé los ojos ante su comentario pero no pude evitar esbozar una sonrisa divertida.
Lyan suspiró por un momento y luego volvió a hablar.
-Supongo que yo también debería quedarme –la imagen de una pareja disgustada pasó por mi cabeza- no es que sea muy agradable pasar dos semanas con mis padres…
-Me gustaría ver a mi madre de nuevo, la estoy echando de menos, pero algunas cosas se complicaron y en verdad creo que no haría ni un bien que me apareciese por allá –se me escapó.
Aunque de todas formas, no parecía muy arrepentida. Quería contarle de forma parcial algunas verdades a alguien más que a Bob, y ya tenía el dialogo más o menos planeado.
-¿Qué es lo que anda mal con tu madre? Te he notado muy mal este último tiempo, pero he evitado preguntar, se que esas cosas molestan mucho…
¿Entonces porqué estaba preguntando ahora? Pero la respuesta estaba claramente plasmada en la mente de Lyan. Solo estaba verdaderamente preocupado por mí y tenía intenciones de ayudar. Sentía curiosidad, claro, pero si yo no quería contar nada, el ya estaba planeando cualquier otro tema de conversación con el cual distraerme.
-No es que me guste hablar sobre el tema –dije, esperando que luego no se atreviera a preguntar mucho sin molestarme- pero sé que puedo confiar en ti.
-Si no quieres contarlo no importa…
-Está bien –total, no sería toda la verdad- Sucede que me he enterado de cosas sobre mi padre por boca ajena y ahora no sé cómo llegar a casa y enfrentar las cosas o simplemente hacer como si nada.
Lyan asintió lentamente.
-Uhm, te entiendo. ¿Y tu padre…?
Comencé a hablar antes de que él pudiera complicarse con el resto de la pregunta.
-Ella me dijo que había muerto cuando era muy pequeña, pero al parecer simplemente abandonó a mi madre antes de que yo naciera. No es tan complicado en realidad –mentí- pero no entiendo la necesidad de mi madre de mentirme sobre eso.
-¿Y cómo es que te enteraste?
Titubeé, pero prontamente se dibujó una escusa barata en mi cabeza.
-Uh, una carta… un amigo se había enterado y bueno… no pudo más que contarme.
La revelación parcial que le había hecho a Lyan sobre mi vida, había servido de poco, por no decir que había empeorado las cosas. Ahora creía que tenía la suficiente confianza en él para contar una cosa tan íntima y eso no me parecía bien en absoluto.
Había esperado que eso ayudara a desahogarme, pero lo que le había contado carecía de los detalles más importantes para poder cumplir su cometido. Pero Bob cumplió su parte y le veía casi todas las tardes en el bosque, así que tenía un constante paño de lágrimas a quien contar mis penas.
-¿Cómo vas con Tyler?
Ese era uno de los temas que con Bob, no solíamos tocar. Pero sentía como su curiosidad crecía con los días y ya no había podido más.
-Mal…
Estábamos en un claro del bosque, justo del otro lado del cerro, donde presumía, que no habían estado nunca los demás lobitos. Era un lugar muy alejado del internado para que les llamase la atención.
-Pues por el genio de Tyler, a mí me parece que van terribles.
Rodé los ojos. “Gracias por animarme” le gruñí mentalmente.
-Yo nunca pensé que los de ustedes pudiera funcionar. Tyler y sus caprichos y tú tan impulsiva como siempre.
Apreté la mandíbula y le fulminé con la mirada. El levantó sus brazos y se encogió de hombros aparentando inocencia. Me tendí de espaldas en la hierba ignorando el gesto de Bob.
-¿Y Max? –preguntó logrando sacarme un suspiro. Él rió por eso.
Le había comentado brevemente las confusiones de mi corazón, pero no había insinuado que fuera nada serio para que pudiera recordarlo ahora.
-¿Qué pasa con él? –pregunté haciéndome la inocente.
Bob se recostó al lado mío reprimiendo una risita.
-Clare –me reprendió.
-Está bien, está bien, no pasa nada con él. Nada. Y creo que es mejor así, porque de pasar algo, podría terminar matándolo.
Asintió lentamente.
-Supongo que eso no pasaría con Tyler. Así que ya entiendo más menos tú dilema.
Por su cabeza pasó todo lo que me afligía en cuando a Tyler y Max, y estaba tan claro como el agua, que no había persona en el mundo que me conociera mejor que Bob.
Comprendió casi mejor que yo, que ya no quería a Tyler y lo único que temía, era herirle y perder un aliado en esta guerra. Muy egoísta, pensó Bob, pero comprensible. Entendió que estaba perdidamente enamorada de Max, y que de no ser por eso, pasar algún tiempo con él me resultaría mucho más fácil. Comprendió que no me gustaba nada esta situación, pero no dijo nada.
-¿Y qué hay del director vampiro amigo tuyo?
-Aun no nos hablamos. Sigue odiándome por lo de entonces aunque no me lo haya dicho.
Bob soltó una risita burlona.
-Debes sentirte fatal por eso –me molestó.
-Era lo único que tenía antes de que llegaras…
Chasqueó la lengua y se encogió de hombros restándole importancia.
-Solo debes admitir que fue una gran ayuda. Agradece que este repentino enojo te haya salvado de deberle algo. ¿Por qué le tomas tanta importancia?
-No lo sé.
-A mí me da mala espina.
-No lo conoces –defendí casi sin proponérmelo.
-Es demasiada amabilidad para ser sincero…
Así, los debates que sostenía con Bob, me ayudaron a hacer más llevadero todo lo que estaba pasando. Era como si hubiese estado demasiado tiempo sin moverme y mis músculos se hubiesen agarrotados. Antes, no había querido moverme por sentir el dolor, pero al hablar con Bob, era como si me estuviera acostumbrando nuevamente a la movilidad. Poco a poco mover un brazo ya se hacía cómodo.
Pero había un músculo que aun no había ejercitado en mis encuentros con Bob. No le había contado de “Fred II” y esa parte de mi cuerpo seguía dormida, nada susceptible ante cualquier inclinación a moverse.
No podía dejar de fastidiarme, que el destino hubiese querido traer a un chico tan parecido a mi víctima. Para colmo de males, el chico nuevo había reemplazado todo lo que Fred había dejado atrás. Le veía en cada clase y ahí donde antes se había sentado un moreno, ahora había un rubio. El entrenador Kelem, incluso había señalado que, al ser nuevamente el curso un número par, podían volver con las actividades que habían dejado de lado. Solo esperaba que las parejas no volvieran a ser las mimas, ya que me tocaría con el chico nuevo.
Pero pronto llegué a la determinación, que quizá acercarme a él, y comparar diferencias, me haría sentir mejor. No cabía duda, de que al conocerle más profundamente, podría darme cuenta de que el parecido con Fred era solamente físico.
Decidí hacer acopio de valor un día en que me lo encontré por causalidad en la biblioteca. Respiré profundo y comencé a acercarme a él por su costado, simulando buscar un libro.
El chico me miró de reojo y entonces yo giré mi cabeza en su dirección. Tragué con fuerza y me obligué a hablar.
-Mmm, hola –sonreí casi con jovialidad y casi risueña- me sorprende ver chicos por aquí –reí- Es bueno que llegue alguien más a quien le interesen los libros.
Debí sonar de lo más desesperada por intentar un tema de conversación cuando le hablé, que llegué a sentirme más nerviosa de lo que quería. Pero era justificable, yo era una chica y él era guapo. Pero esas no eran mis intenciones.
-Sí, la verdad no soy muy fanático de la lectura, pero… ¿Suele ser aquí la gente tan poco cortés con los nuevos?
Sentí pena por el pobre, él no tenía la culpa de parecerse tanto a Fred. Eran casi tan parecidos como lo éramos yo y Danna. La única diferencia era el color del pelo.
Su comentario era prácticamente una súplica y una queja a la vez, esperando que yo no fuera tan descortés como los demás.
-No, es que has llegado en el peor periodo.
El chico levantó una ceja, sin entender y yo le expliqué lo sucedido hacía tan poco tiempo a la profesora de Religión y a un chico que era muy amigo de todos. Notó claramente lo turbada que me sentía al mencionar esos dos sucesos, y esperaba que no notara la culpabilidad.
-Ya veo. Lo de la profesora no me sorprende. Últimamente mueren muchos por ataques de jaurías de perros, pero no había escuchado nunca a nadie, que se enterrara un cuchillo por debajo de la almohada.
Me estremecí y él lo notó.
-Lo siento, no creo que te guste hablar de esto.
Negué rápidamente.
-Ya entiendo un poco el porqué de la veta que me han impuesto. Yo no he pasado por nada de lo de ustedes y debo ser un bicho raro y entrometido. Luke y Sim, me contaron algo, pero apenas podía formular unas cuantas preguntas cuando cambiaban de tema.
Levanté la vista y le miré directo a los ojos. Eran tan cafés y expresivos como los de Fred. No podía existir una copia más perfecta, a pesar de que sus modales eran irreparablemente mejores que los de mi difunto. Aunque aun no dejaba de preguntarme, que tal nos habríamos llevado Fred y yo, de no comenzar con el pie izquierdo.
Retrocedió un paso, ante nuestro largo contacto visual e intentando desechar la incomodidad que podía haber sentido, me tendió la mano para presentarse.
-Uhm, lo había olvidado, soy Greg Harrison –acepté su mano y sonreí de vuelta.
-Clare Thompson…
Odié que los nombres Fred y Greg se pareciesen tanto.

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