Capítulo 18
Marie fue a visitarme el domingo en la tarde luego de enterarse de que ningún chico se asomaría a ese baño. Se había corrido la voz, de que ese baño estaría clausurado mientras durara nuestro castigo. Di gracias a Dios el hecho de que la profesora Button no se enterara de nuestra mentirita piadosa.
Mi compañera de cuarto fue una gran compañía. Mientras yo limpiaba los retretes ella se inventaba cualquier tema para sacarme de mi miseria.
Lo peor era que ahora tenía más cosas por las cuales sentirme mal. Me dolía la espalda, los brazos, las rodillas, en fin, todo mi cuerpo, gracias al incansable trabajo. Me sentía mal por mi actitud hacia Marie desde que la había conocido, que a pesar de intentaba remediarlo, seguía sintiéndome culpable. Me sentía mal porque estaba asustada sobre lo que me había dicho Anne y Max, no lograba entender que era lo que yo tenía de peligroso que me convertía en un punto constante de vigilancia. Me sentía mal porque ya había encontrado en el instituto a alguien que me odiara, Charlotte era como esas chicas pesadas de las películas que le hacen la vida imposible a las más insignificantes. Me sentía mal porque me había burlado del baile al que Lyan me había invitado. Me sentía mal por Fred incluso, cuando comprendí que la decepción que había mostrado en su rostro luego de que me besara, no era porque había perdido a su presa, como pensaba de cualquier mujeriego, sino porque de verdad yo le gustaba. Me sentía mal porque había besado a un chico pocas horas antes de ver a Tyler quien me gustaba de verdad, por casi haber besado a Fred queriendo realmente hacerlo en un momento.
Me sentía mal por tantas cosas. De unas pocas podía olvidarme fácilmente, de otras intentaba olvidarme, y las más importantes rondaban por mi cabeza sin dejarme en paz.
Me cepillaba el pelo aquella noche, luego de haber terminado de limpiar el baño de hombres hacía apenas media hora. Podía mirar por el espejo antiguo de mi cómoda, cómo Marie intentaba mirarme por el rabillo del ojo mientras disimulaba leer su libro. Aun parecía ir empezándolo y me preguntaba si siquiera alguna vez había leído alguna línea o simplemente lo usaba para esconder su mirada cada vez que le pedía que me dejara en paz.
El pelo me había quedado hecho un asco luego de haberme empapado con Fred. Ya me imaginaba que en un radio de tres metros a mi alrededor todas las plantas caerían mustias cuando pasara cerca; solo que no podía comprobarlo ya que en el internado el único ser viviente perteneciente al reino vegetal, era el moho.
Mi olor era repugnante. No había tenido tiempo de darme un baño; hacia media hora nada más que había terminado mi castigo, así que debí conformarme con contrarrestar el mal olor empapándome de litros y litros de perfume.
-Tú pelo está perfecto como siempre –susurró Marie con una voz tímida- y la cama no tiene nariz para olerte. ¿Por qué te perfumas tanto?
-Después de estar horas en un baño putrefacto no me pidas que quiera seguir soñando con el olor toda la noche. La cama puede no tener nariz, pero yo sí –mentí convincentemente.
No sabía cómo haría para salir de la habitación sin que Marie supiera las verdaderas intenciones. No podía fallarle a Tyler, pero no se me ocurría ninguna escusa para darle a mi compañera de cuarto. Y si tuviera que esperar a que se durmiera, ya sería demasiado tarde. No sabía si Tyler me esperaría por demasiado tiempo.
Medité por unos minutos hasta que no se me ocurrió nada realmente bueno para inventar.
-Quizá deba bañarme, juro que no soporto más este olor –murmuré un poco nerviosa.
¿Sería esa una buena coartada para el tiempo que estaría fuera? No sabía cuánto me demoraría. Había cuatro desenlaces para lo que fuera a ocurrir. Primero, podía salir y ser sorprendida por alguna autoridad o por alguien que me delatara. Segundo, podía demorarme más de lo que una ducha podría demorar y Marie querría ir a verme. Tercero, Marie podía dormirse en el tiempo en que me estuviera supuestamente duchando y nadie notaría mi ausencia. Y cuarto, podía ocurrir algo que yo no lograra imaginar.
-Nos vemos luego –murmuró.
-Duérmete temprano mañana tenemos clases –espeté esperando que mi suplica interna surgiera algún efecto.
Salí de la habitación con toallas y ropa en mano, para que mi actuación resultara más convincente. Caminé hasta los baños y dejé las cosas en un saliente de la pared, parecido al que había en la cafetería, pero mucho menos espacioso.
Luego de deshacerme de mi escenografía y de tomar un poco de agua para aplacar los nervios que me carcomían por dentro, salí de los horribles baños, mi sala personal de torturas y me dirigí cautelosamente hacia el patio del internado.
El corazón me latía a mil por hora y no dejaba de escuchar ruidos por todas partes, esperando ver aparecer a alguien en cada sombra extraña que veía, que luego no resultaba ser más que la sombra de uno de los pilares, la sombra de los arboles penetrando por la ventana o mi propia sombra, jugándome malas pasadas.
Me dirigí a mi lugar de encuentro con Tyler. No dejé de dar miradas furtivas hacia mis espaldas sintiendo alguna inexistente presencia que no dejaba de asecharme desde que había salido de mi cuarto. Pero no era nadie. Ahí afuera estábamos, el bosque, el cielo, la tierra, yo y Tyler por algún lugar que aun no lograba encontrar.
Me dolían las manos del nerviosismo. Los escalofríos se concentraban en el final de mi espalda, con una insistencia aterradora. El calor de mi pecho se extendía por mis brazos, produciéndome un extraño estado de aletargamiento, como si mis músculos flaquearan. Intenté ignorar todo eso, respirando profundamente el fresco aire de la medianoche. Miré el cielo despejado y ver todos aquellos millones de estrellas me hicieron sentir pequeña e insignificante.
Bajé la vista a la tierra intentando sentirme superior a todo lo hubiera bajo de mi. Recordé de pronto a Billy. Y si no me convenía estar caminando sola por los alrededores del internado en medio de la noche. Max me había dicho que me creían peligrosa, y si era así, no dudarían en eliminar el peligro ¿No? Ellos eran hombres lobos, fuertes, poderosos, podían hacer lo que se les antojara con los más débiles, como yo podía hacer con una sola de mis pisadas a todo lo que se encontrara en el suelo.
¿Pero Max no me estaba vigilando ahora o sí? Quizá se estaba escondiendo, pero no existía una razón para eso, sabiendo que yo ya conocía su secreto. Quizá era por Tyler, para no incomodarlo, quizá ni siquiera sabía que yo estaba ahí y se encontraba ahora durmiendo en su cuarto.
Miré a mí alrededor escudriñando entre las sombras del bosque y apresuré al paso.
A lo lejos vi una sombra, apoyada en el tronco de uno de los árboles más cercanos al internado. Entré en pánico y el corazón me latió a una enorme velocidad. Dejé de caminar abruptamente y no supe que hacer.
La figura se movió lentamente en mi dirección y yo fui retrocediendo paso a paso. ¿Qué estaba haciendo? ¿Y si era Tyler? Pero… ¿Y si no era?
La sombra dejó de caminar al notar mi inseguridad. ¿O simplemente estaba planeando una nueva forma de acercase a mí? Con velocidad sobrehumana, sin que yo pudiera notarlo.
Levantó una mano y la agitó en alto. Podía ser una sucia artimaña para que me acercara a él. Pero podía ser Tyler esperándome.
No podía ser tan idiota. Si esa sombra que estaba llamándome a algunos metros pudiera resultar peligrosa, Tyler ya estaría aquí para protegerme. Si ese no era Tyler, ya estaría con él y como no estaba con él, quería decir que si era Tyler. Tenía que serlo.
Y para averiguarlo la única forma era acercarme a aquel extraño, aunque quisiera hacerme algo. Aunque fuera alguno de los amigos de Billy que quisieran deshacerse del peligro. ¿Peligro? Aun no entendía porque yo podía significar un peligro.
Retomé la caminata en dirección a la figura. Poco a poco fui encontrando rasgos vagamente familiares en el chico. Porque era un chico, joven, de mi edad, de piel tostada y pelo oscuro. Era mi Tyler, con sus hermosos ojos avellana y su sonrisa reluciente incluso a mitad de la noche.
En cuanto le reconocí corrí a sus brazos, como había intentado hacer con el supuesto Bob hacía unos días.
-¡Tyler! –exclamé con vos lo suficientemente baja para que solo escucháramos nosotros dos.
-Te extrañé tanto, Clare –me susurró al oído.
Apreté mi rostro contra su pecho por unos instantes, impregnándome de su aroma exquisito. Seguramente él ya estaría intentando aguantar la respiración por mi culpa. Lancé una risita.
-Dios mío que extraño es verte aquí.
-Sí… emm… ¿Qué te sucedió?
Tomé un mechón de mi cabello oscuro y me lo acerqué a la nariz. En contraste el aroma que recién había olido de él, yo parecía un bote de basura repleta de cadáveres de rata en descomposición y rodeado de desechos químicos.
-¿Qué porque esta pestilencia?
Asintió con la cabeza mostrando una tonta sonrisa al tener su nariz arrugada.
-Ya sabes que tuve que limpiar los baños.
-Si ¿Y lo hiciste con tus ropas o qué?
Enrojecí. No quería detallar la parte en que me había puesto a jugar con Fred y pensar en lo que había pasado luego de eso. Esperaba que Charlotte nunca conociera a Tyler. Ella tenía la evidencia…
Me limité sonreír y forzar una risita nerviosa.
Crucé mis brazos por alrededor de su cuello y me le quedé mirando fijamente a los ojos. Ninguno de los dos parecía tener intenciones de tocar el tema que era importante hablar.
-No puedo creer que sea verdad lo que me dijiste por chat –murmuró tocando mi nariz con la suya.
No me imaginaba como podía soportar mi mal olor. Incluso yo quería alejarme de mí.
-Pues es verdad –le respondí- yo tampoco puedo creer que sea verdad lo que me dijiste en la carta.
-Pues es verdad…
Nos sonreímos por un rato. Las mariposas volaban por todo mi cuerpo, no solo en mi estómago. Quise besarlo pero no me atrevía y había una razón para que Tyler tampoco lo hiciera.
Frunció el ceño levemente como si algo le estuviera doliendo. El abrazo se hiso más débil, hasta que al final Tyler se alejó unos pasos de mí. Supuse que se sentía mal.
-¿Estás bien? –le pregunté.
Tyler negó con la cabeza, confundido. No estaba bien, pero simplemente se quedó ahí de pie mirando la tierra a escasos metros de mí, sin explicar que era lo que le pasaba.
-¿Tyler?
Se pasó la mano por el cabello y levantó la vista mostrando una sonrisa contrariada.
-Me enteré de que… te llevas bien con ese chico al que golpeaste…
Fruncí el ceño y mi corazón latió rápido y nervioso nuevamente. “Me enteré…” ¿Cómo se había enterado?
Removí en mi mente en busca de algún momento en el que pude haberle contado algo comprometedor a Tyler, pero no habíamos hablado desde que odiaba a Fred. Charlotte era la única que nos había visto pareciendo algo más que enemigos, pero Fred le había pedido discreción. Al parecer no le había hecho caso.
Esa era la única opción, a menos que Tyler me hubiera estado vigilando.
Lo extraño y que no me calzaba con nada, era que Tyler había reaccionado de improviso como si la noticia se la hubieran dado en el momento.
-No te sorprendas tanto –pronunció Tyler con una voz monótona- me lo acabas de decir tú. Me es fácil leerte los pensamientos, solo que ahora desearía no haberlo hecho.
Abrí la boca para responder, pero ningún sonido brotó de mi garganta. Eso era nuevo para mí. Cada día me iba enterando de más y más cosas extrañas. Desde ahora en adelante creería cualquier patraña que me dijeran.
Tyler me tomó de la mano y apenas pude contenerme para dejarle hacerlo. Me sentía invadida. Me incomodaba tener expuesta toda mi intimidad, pero más me incomodaba que hubiera sabido ese pequeño detalle en mi castigo.
-Lo voy a olvidar –torció la comisura de los labios en una mueca- supongo que es verdad que te arrepentiste en… pero no importa si lo hiciste o no ¿verdad? Al final…
-Al final te quiero a ti –le interrumpí nerviosa.
Posó sus manos en mis hombros, suavemente y acercó su rostro al mío. Esta era una sensación mucho más especial de la que había sentido esta mañana con Fred. Fred era como comer chocolate, en cambio Tyler era como comer chocolate mientras miraba fuegos artificiales sentada sobre la Luna.
Rozó sus labios con los míos, delicadamente por unos pocos segundos, luego presionó con un poco más de fuerza y se alejó de mí con una sonrisa en la cara. Yo también estaba sonriendo.
-Deberíamos comenzar a hacer a lo que vinimos –sugirió rascándose la frente.
-Bien, quizá deberías contarme la historia desde el principio –le pedí.
La curiosidad que tenía era enorme. Había comenzado en su máxima expresión, cuando Max y Anne me habían rebelado parte de la verdad y desde entonces a medida que los días pasaban, me moría por entender más.
Tyler suspiró hondamente y nos fuimos a sentar bajo un árbol, con las espaldas apoyadas en el tronco. No nos soltamos las manos en ningún momento y habría deseado seguir haciéndolo toda la noche, si es que existiera la posibilidad de que nadie se diera cuenta de mi ausencia.
-Bien –comenzó.
Me acomodé para escuchar atentamente.
-Bien… no. Emm…
Se frotó las sienes con el dedo índice y corazón intentando ordenar las ideas. Apoyó sus antebrazos en sus rodillas flectadas y volvió a tomarme la mano cuando se decidió a comenzar.
-No sé por qué comenzar. Por ti… o por los hombres lobos… o por Billy. ¿Qué quieres saber primero?
-Yo tampoco tengo claro que debo que saber.
-Comenzaré por el principio entonces. No sé muy bien como se crearon los hombres lobo, apenas estuve con Billy tres años y al principio solo me dedicaba a entrenarme. Lo que entiendo, es que los hombres lobos existen desde el principio de los tiempos y que son una especie de demonio que se ha arrepentido de su pecado o algo parecido. Desde entonces estamos en guerra constante con los demonios más malignos, que desean el poder. No sé qué poder… y bien. Entonces existen algunos grupos de hombres lobo, como Bob que no saben nada de esto o al menos no le dan gran importancia. Billy pertenece al otro grupo que quiere derrotar a los demás demonios. Para mí son simples patrañas. Me lo creí cuando me dio la misión de vigilarte, pero nunca en mi vida he visto un demonio ni nada que se le parezca.
Me quedé pensando en lo último, con la sangre helándome en todo el cuerpo. Me había tenido que vigilar, porque Billy sospechaba que era un demonio. ¿Por eso me creían un peligro?
Quise preguntarle, pero sería mejor dejar las dudas para el final y dejar que continuara con el hilo del relato.
-Billy iba detrás de ti... porque no conocíamos tu procedencia –dijo esto último atropelladamente.
-Tú conoces a mi madre –decidí interrumpirle.
Y no había duda de que yo era su hija. Teníamos el mismo carácter, aunque eso podía heredarse sicológicamente con el paso de los años ¿O no? Se me contrajo el estomago por los nervios, no podía no ser mi madre.
-A tu padre no… -dijo con voz ahogada.
¿Mi padre? Mi padre había muerto cuando yo era una niña. Si me habían vigilado desde mi nacimiento, tenían que haberlo conocido. ¿Quería decir que mi padre era un demonio únicamente porque nadie le conocía?
-Mi madre le conoció. Ustedes debieron haberlo conocido antes de que muriera.
Negó con la cabeza lentamente.
Había estado mirando la mayor parte del tiempo hacia sus pies, pero de pronto levantó la vista como si hubiera escuchado a alguien acercarse a lo lejos.
Miré a donde él dirigía su mirada, pero no vi nada.
Tyler se levantó de un brinco a una velocidad inhumana y se puso en alerta. Me tomó de un brazo como lo había hecho en la playa cuando nos habíamos encontrado con Billy, y me escondió tras de sí.
El corazón me latía con fuerzas a pesar de que un no veía quien se acercaba. Si hubiera sido alguien del colegio que pudiera delatarme o castigarme, habríamos corrido a escondernos, pero Tyler se había puesto a la defensiva. Era alguien peligroso… un hombre lobo quizá… un demonio…
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