viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 13 CLARE


Capítulo 13
Acto seguido un ruido estrepitoso se oyó a menos de medio metro mío. Max había estado acomodando su bandeja sobre sus piernas, justo en los últimos segundos y cuando había pronunciado aquellas cinco palabras, la había dejado caer luciendo espantado.
Eché un vistazo a toda la cafetería y la mayor parte del alumnado que se encontraba en la esquina más cercana a nosotros de los mesones, nos estaban mirando. Algunos se reían disimuladamente, algunos estaban preocupados por la expresión perpleja de mi compañero, otros, como el resto de los amigos de Billy, solo me miraban a mí. Como si yo hubiera tenido la culpa de todo. ¿Habrían escuchado desde aquella distancia?
Comencé a alterarme al no recordar que tono había ocupado al hacer esa acusación. Pensaba que había sido en un volumen bajo, pero no podía confiarme, en ese momento estaba demasiado sumida en mis pensamientos.
Max y Anne se habían levantado hacia pocos segundos y yo los miraba como una boba sin saber qué hacer. Ninguno de los tres sabía muy bien qué hacer.
-¿Quién te lo dijo? –Murmuró Max apenas en un suspiro audible.
Abrí mis ojos como platos. Parecía enfadado y me arrepentía de mi acusación. Pero lo que más me consternaba, era que no lo estuviera negando, expresamente me decía que era verdad.
-Na… nadie… yo… su… supuse…supuse que tú. Tú convertiste a Bob
La última frase terminó convirtiéndose en una pregunta, cuya respuesta ya tenía parcialmente resuelta.
-Clare –murmuró Anne esta vez, con una vos tranquila, como la que usaba Marie inocentemente la mayoría de las veces- pienso que deberíamos hablar… en privado. Hay mucha, mucha gente aquí.
Asentí lentamente mirándolos a cada uno, como esperando que reaccionaran de improviso y pudieran atacarme. Me puse en pié para agacharme a recoger el desastre que había dejado Max en el suelo. Intenté juntar los restos de comida en una sola división de la bandeja y de limpiar la grasa con una servilleta. Solo Anne se dignó a ayudarme.
Max parecía demasiado concentrado mirando por los grandes ventanales de la derecha, que nos daban una perfecta, hermosa y tenebrosa vista al bosque y al cerro en la distancia. Aun seguía con el ceño fruncido y la mandíbula tensa mirando en la lejanía.
Se pasó la mano por la frente apretando con los dedos sobre los ojos y terminando por la nariz antes de darse la vuelta y seguirnos hasta el basurero a dejar los desperdicios de nuestra comida ya inútil. Pero no importaba, no tenía demasiada hambre, después de todo, hacía bastante tiempo que había estado soportando esta incontrolable sed de conocimientos.
Salimos al jardín. Había unos pocos grupos sentados en el césped comiendo, pero eran pocos y la mayoría eran parejas de enamorados.
Nosotros los pasamos por alto y nos dirigimos al rincón más recóndito del internado, cerca del final del edificio continuo al que se encontraban las habitaciones y que no sabía para que estaba destinado.
Le dimos la vuelta y nos metimos por un pequeño callejón sin salida, formado por la pared del edificio parecido al de las habitaciones y una instalación nueva de cemento la cual supuse que era el gimnasio.
Nos sentamos apoyados en la pared de cemento y Max comenzó a hablar a la velocidad de la luz. No sabía si lo hacía esperando que no entendiera nada, porque quería terminar luego con esto o porque estuviera nervioso, pero no importaba, al final lograba escuchar todo lo que decía.
-Supongo que lo supiste cuando te vi en el bosque. Te dije demasiado. Te dije que sabía lo que habías visto y si yo lo sabía era porque algo tenía que ver con todo ¿No? Bob debió haber roto su promesa, pero no le culpo, al menos no me incluyó a mí.
-No –respondí rápidamente.
-No esperaba que tuvieras tanta información, pero eso bastaba para deducir lo que dedujiste. Al menos ahora… Anne ¿Estas con migo en esto?
De detuvo de pronto mirando a la chica que jugueteaba con su larguiruchos dedos pensativamente.
-Clare me cae bien, Max. Creo que están en un error.
Continuó mirándola. También había notado que no había respondido a su pregunta.
-Sí, estoy contigo.
-Bien. Deberías saber que no fue a Bob a quien viste en el bosque.
Fruncí el ceño.
-No te voy a decir –agregó interpretando mi petición- No puedo delatar a nadie. No es que no pueda, pero… puedes llamarlo “principios”.
Asentí.
-Te están buscando Clare. Hay algo que tú no sabes y que ellos sí. Creen que… creen que eres… peligrosa.
-¿Peligrosa? ¿Pero porqué? Yo no mato ni una mosca, ¿Son idiotas o qué? No tienen ninguna razón…
-Si –me interrumpió Anne- hay una razón que tú no conoces. Han enviado gente a vigilarte por toda tu vida, solo que al final nos damos cuenta de que todas las suposiciones acerca de ti, son infundadas. Sabemos que eres inofensiva, pero ellos no quieren rendirse…
-¿Bob…? –las lágrimas acudieron al borde de mis ojos sin que nadie las llamara, pero no podía evitarlo. Me vigilaban. –Bob, el me ha vigilado desde siempre… era mi amigo –sollocé.
-Eh, no, él no –Anne me cruzó uno de sus brazos por sobre mi hombro.
-Él es el único que conozco, que no sabe nada sobre lo sobrenatural. Bob piensa que los dos somos los únicos hombres lobos del mundo, no sabe de dónde venimos, ni que es lo que se propone la mayor parte de nosotros.
Una ráfaga de viento se filtró por el pequeño callejón y al golpear contra la pared del fondo, levantó un remolino de tierra que nos impactó directo en las caras. Yo y Anne no dejamos de toser por un buen rato y pensé en la fortaleza de los hombres lobo, como me había dicho Bob, habían pocas cosas que los afectaba.
-Y… tú no eres “mujer lobo” ¿O sí?
Negó con la cabeza ruborizándose levemente.
-No, yo… ejem… soy novia de Roger
Silencié por un minuto indecisa de mi pregunta. Podía delatar a mi amigo si lo hacía pero necesitaba saberlo. Y viendo que Max y Anne parecían querer que estuviera a salvo, tal vez podía confiar en ellos.
-Tyler, tiene que ver con esto ¿Verdad? Vi como Billy lo miraba hace una semana, ¿Qué es…?
-Tyler y Molly su novia, fueron un par de los vigilantes. Al parecer… él se enamoró de ti y fue destituido. Pero cuando le pidieron que se alejara de ti él se negó y se empeñó en mantenerte a salvo del resto de nuestro grupo. Molly también nos dejó apoyando a Tyler. Anne y yo tuvimos el trabajo de vigilarte en este último año y al fin puedo darme cuenta de que todos lo que abandonaron fue por una buena razón: no tenían nada que vigilar. Eres inofensiva e inocente y a pesar de eso corres peligro. Los demás no pueden convencerse de eso, creen que es una artimaña… o…
No podía imaginar que cara estaba poniendo en esos momentos, pero conociendo todos esos extraños sentimientos y pensamientos que estaban pasando por mi cabeza, podía sospechar que mi expresión no debía ser nada natural.
Estaba consternada, en shock, no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando. Ya era demasiado para mí.
-¿Pero qué es lo que yo podría hacer para que me temieran tanto? ¿Por qué me buscan? ¿Qué hice? No veo que pueda causar ningún problema… a parte de golpear a Fred, pero eso lo puede hacer cualquiera. Y Tyler… -fue como una puñalada por la espalda, perforando hasta mi pecho, desgarrando mi corazón- se acercó a mi por ordenes… fue mi amigo… obligado…
Ahora, las lágrimas brotaron con facilidad y empaparon mi rostro y enrojecieron mis ojos. Anne volvió a rodearme los hombros con su flacucho brazo amistoso y Max… buscó disimuladamente mi mano con sus firmes dedos.
-Pero se enamoró de ti –murmuró dándome un apretoncito en la mano.
Me calmé un poco. Eso era verdad, pero aun así me dolía. No tenía entonces ningún amigo, aparte de Bob, que se hubiera acercado a mí por cuenta propia. Marie era mi compañera de cuarto, también estaba obligada a que conviviéramos bien, Max y Anne eran como Tyler, unos vigilantes. Lyan… ya no querría ser mi amigo, por acercarse por cuenta propia. Y Teresa, si es que podía llamarla amiga, era lo único que tenía.
-Molly me odiaba… ¿Por qué apoyó a Tyler?
Max jugueteaba con uno de los cordones de su zapato y Anne con un mechón de mi pelo. Ambos levantaron la vista torciendo la boca en una mueca divertida.
-No quería perder a Tyler. Si te dejaba tranquila, su novio estaría con ella.
-Yo creo que le chantajeaba –sugirió Max- Si Tyler seguía de novio con ella, ella te dejaría tranquila. Supongo que eran celos psicópatas.
Lancé una débil risita.
-La campana está por sonar. Deberíamos irnos ya –comenté.
-Sí. Anne, las cosas siguen igual. Yo le negué todo. Vamos a decirles que ella vio a Billy ayer en la tarde en el bosque, será su culpa, pero nosotros le dijimos…
-¿Qué eran simples lobos grandes? –Sugerí- yo me lo creería…
-No, ellos ya saben que has visto a Bob. Ya me inventaré algo yo…
La campana sonó.
-Ahora será mejor que vallamos a clases. Clare, estamos en gimnasia, me ayudarás a pensar en algo.
Asentí.
Me levanté ayudada por la mano de Max que solté al instante en que estuve estable y erguida. La verdad me agradaba, pero podía prestarse para malas interpretaciones, en especial de mi corazón. Anne se despidió con un asentimiento de cabeza y un guiño y se marchó en dirección a las salas de clase. Nosotros en cambio, simplemente salimos del callejón y doblamos a la derecha, donde a un par de metros estaba el gran gimnasio.
Fuimos uno de los primeros en entrar al enorme espacio techado. En verdad era enorme. Con una cancha de basquetbol y otra aparte, para futbol. Al final, detrás de un ventanal semi-empañado, había una hermosa piscina olímpica temperada.
-¿Te gusta nadar? –preguntó Max.
Sacudí la cabeza extrañada de volver a hablar de algo tan trivial como los gustos personales.
-Es lo que más amo. Me gustan las piscinas, pero prefiero el mar.
-Claro, es como haber probado… iba a decir algo sucio , pero… es como haber probado la mejor droga y luego volver al cigarrillo.
Torcí la sonrisa imaginando que cosa podía hacerse imaginado antes del segundo ejemplo.
-No me gusta la droga ni el cigarrillo.
-Yo te vi fumando.
-Siempre hay una primera vez. Y una última.
-Supongo que esa fue tu última vez ¿Me equivoco?
-No, apenas lo probé una vez y llegaron ustedes… así que nunca más.
Un silbato sonó demasiado fuerte, o demasiado cerca de mí, impidiéndome seguir hablando por la molestia en mi oído. Max ni se inmutó.
Era el entrenador Kelem apuntándonos a todos los que no prestábamos atención a sus atronadoras palabras.
-LA CAMPANA YA SONÓ Y ESO SIGNIFICA QUE ESTÁN EN CLASES Y ME DEBEN PRESTAR ATENCIÓN. ¡QUE ME PRESTEN ATENCIÓN! –les gritó a unas chicas que chismorreaban en voz baja, y les pitó varias veces el silbato. Esperaba llevarme bien con él. Por lo general los deportes se me daban bien, con excepción de algunos, así que si era buena alumna y me portaba como con la profesora Button, no tendría problemas con aquel cavernícola- HOY VAMOS A COMENZAR CON TENNIS. SI, NUNCA ANTES LO HABÍAMOS ENSEÑADO, PERO EL DIRECTOR SUGIRIÓ VARIEDAD EN LOS DEPORTES OBLIGATORIOS Y A MÍ ME PARECIÓ BUENA IDEA. ESPERO QUE TODOS APRUEBEN, PORQUE ESTE AÑO SE LES VIENE DURO. LES EXPRIMIRÉ HASTA LA ÚLTIMA GOTA Y NO QUIERO NIÑOS DE MAMÁ CON CERTIFICADOS MEDICOS QUE LES EXIMA DE LOS EXAMENES POR UN SIMPLE DOLOR DE ESTOMAGO. QUIERO HOMBRES Y MUJERES FUERTES. NO DEBILUCHOS. USTEDES DOS FLACUCHAS –me apuntó a mí y a una compañera- VAYAN A BUSCAR LA RED Y CUATRO RAQUETAS EN LA BODEGA. AQUÍ ESTAN LAS LLAVES. VEAMOS SI LES SIRVE PARA FORTALECER ESOS MÚSCULOS FLOJOS. LOS DEMÁS, DIEZ VUELTAS ALREDEDOR DE LAS DOS CANCHAS PARA CALENTAR.
-Eh… -un chico levantó la mano a mis espaldas- ¿No deberíamos…?
Pero la voz se me perdió en la distancia y no pude escuchar más que los pasos silenciosos de mi compañera y las llaves tintineando en su mano derecha.
Abrió la cerradura de una puerta de madera barata pero que aun se conservaba en buen estado y nos internamos en una habitación enorme y oscura en la que se distinguían montones de siluetas de diversos materiales de deportes. Cajones repletos de pelotas de fútbol, de básquetbol, de hándbol, en las esquinas habían de todo tipo de conos para marcar limites en algún juego, las colchonetas chicas y grandes, estaban apiladas hasta el techo, en estantes estaban las cuerdas enrolladlas, jabalinas en un tarro, garrochas, zapatillas, aros, caballetes, cintas de gimnasia rítmica, más al fondo estaban las cosas de natación, gorros, lentes, flotadores…
La chica tomó la malla y me la lanzó encima, tomó las cuatro raquetas, y se marchó empujándome de vuelta a la salida sin dejarme continuar viendo el resto de la enorme habitación.
Antes de que cerrara la puerta con llave la detuve. Faltaba algo.
-Necesitaremos pelotas…
Abrí nuevamente y sin mirar lo que me faltaba, pasé directo hacia donde estaban los cajones de pelotas y saqué un par. Solo porsiacaso.
Nuestros compañeros ya se encontraban trotando alrededor de ambas canchas, pero con unos uniformes deportivos que no sabía de dónde habían sacado.
Las dos nos dirigimos hasta dónde el entrenador, que nos envió a los camarines, que eran replicas casi exactas de los baños antiguos del edificio de las habitaciones.
Ahí amontonados en una caja y esparcidos unos pocos por el suelo, estaban los mismos uniformes que estaban ocupando nuestros compañeros para trotar. Me metí en uno de las duchas mientras que mi compañera impudorosa, lo hacía ahí mismo en frente mío.
Salimos de los vestidores y me uní a la multitud trotando lo más rápido posible para alcanzar a Max, que era el cabecilla del maratón.
Alguien me hiso carrera. Sentía unos pasos veloces intentando alcanzarme por detrás, hasta que un golpe por la espalda me dio la respuesta para saber quién era. Fred me había pasado a llevar a propósito, pero no le daría el gusto de meterme en problemas nuevamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario