viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 20 CLARE


Capítulo 20
Llegaba tarde nuevamente a la clase de la profesora Button. Era extraño que la rutina se repitiera nuevamente esta semana, pero no era más que una mera coincidencia. Ella aprovechó nuevamente esta oportunidad para burlarse de mí en frente de toda la clase, pero no le hice caso y pasé inmediatamente a mi asiento esperando a que terminara su verborrea.
Fred y Lyan me saludaron con un asentimiento de cabeza. Me quedé mirando a Fred nerviosa. Luego de todo lo que había pasado con nosotros era raro que terminásemos saludándonos en una clase. Odio, disculpas, amistad, atracción, distancia, todo en un solo día, así que ahora no sabía en qué estado habíamos quedado.
Los cuadernos no se me habían quedado esta vez. Los llevaba bien guardados dentro del bolso que Marie había intentado obsequiarme. Pero Lyan debió prestarme nuevamente una de sus plumas, ya que a la mía se le había acabado la tinta luego de haber escrito por una hora en mi diario de vida antes de quedarme dormida la noche anterior.
Tyler me había acompañado hasta la puerta de mi habitación a pesar de lo mucho que le había insistido en que no corriéramos peligro y nos separásemos antes de que alguien pudiera verme fuera a esas horas de la noche y con un chico que no era del internado. Pero el insistió y por aquellas cosas del destino, la suerte estuvo con nosotros.
Marie estaba durmiendo cuando crucé el umbral de la puerta y suspiré de alivio. No debía de haberse enterado de mi fuga.
Luego de quedarme escribiendo en mi diario de vida, todo lo que había sucedido aquella noche, miré la hora en el reloj digital de Marie. Me había quedado despierta hasta las tres de la mañana, así que eso, junto con el agotamiento acumulado gracias a mi trabajo en los baños, había hecho que despertara faltando pocos minutos para las ocho de la mañana.
 No dudé en ducharme, a pesar de que eso me retrasaría notablemente, pues aun conservaba aquel apestoso olor.
En clases de Matemáticas fui reprendida varias veces por Button, que me sorprendía justo cuando estaba logrando quedarme dormida apoyada en una de mis manos.
Algunos chicos se reían de mí, pero si supieran lo muy cansada que estaba, todo lo que había tenido que trabajar y de todo lo que me había enterado, no lograrían encontrarle la gracia.
Fred tenía un aspecto contrastablemente más agotado que el resto de mis compañeros, pero aun así no podía comparársele conmigo.
Me quedé absolutamente dormida seguramente unos pocos minutos antes del toque de la campana, pues no logré escucharla, ni tampoco algún reclamo de Button. Lyan se acercó a mí para sacudirme suavemente el hombro.
Le gruñí por despertarme, pero sabía que no podía quedarme todo el descanso durmiendo en aquella sala. Pronto sonaría la campana nuevamente y yo tendría que desocupar aquel asiento para que fuera ocupado por algún otro estudiante.
-Que cara tienes –alzó una ceja.
-No me lo digas.
Comencé a caminar hacia el comedor. Lyan me siguió.
-No es necesario que me acompañes –dije más brusca de lo normal- pensaba tomar una siesta, diez minutos son más que nada… te aburrirás.
-Todas las personas tienen un lado divertido al dormir –me sonrió burlonamente.
Pero no dije nada, ni siquiera le respondí con alguna expresión. Estaba totalmente aletargada, como sonámbulo, no podía aparentar que algo me causara gracia estando en aquel estado.
Además estaba sintiendo que Lyan estaba siendo especialmente agradable conmigo. No me molestaba, pero él a mi no me gustaba y eso podría pasarle las cuentas luego y me haría sentir culpable. Quizás debía de comenzar a ser desagradable desde ya. No, no desagradable como ahora, esto era culpa del sueño, sino que debía comenzar a poner un poco de distancia.
El baile podía haber sido una mala idea. Pero qué más daba. Lyan era simpático y sería agradable que fuéramos juntos a pesar de todo.
Pero no podía concentrarme en el presente por mucho rato. Por lo que me senté en la banca de boca a la mesa, con la cabeza acurrucada entre mis brazos, mientras me olvidaba de todo a mí alrededor. Eso era fácil, pero evadir los recuerdos de la noche anterior era prácticamente imposible.
¿Qué demonios eran aquellos demonios? Ya entendía porque Billy me consideraba un potencial peligro, pero había algo que me faltaba. Max no me había contado toda la verdad y al parecer Tyler había ocultado otro tanto. Lo presentía, era casi una certeza… si no fuera por el casi.
Suspiré cayendo en un profundo sopor como si el vacío me tragara. Pero solo fueron unos cortos instantes, pues un estrepitoso sonido me arrancaba de mi sueño abruptamente.
La campana sonaba anunciando el inicio de la próxima clase y yo no había podido dormir nada de nada, o eso era lo que sentía.
Al fin en la clase de religión pude darle tregua al esfuerzo de mantenerme despierta. A la profesora no pareció importarle que una de sus alumnas se babeara en la mesa mientras ella impartía su clase. Y mis compañeros respetaron mi sueño.
Pero no fue un buen sueño. Había podido descansar, pero las pesadillas no eran la mejor manera.
Los mismos ojos azules de niña. Esos ojos míos que me habían atacado la otra noche, volvieron a aparecer de la misma forma y con un dolor punzante en el hombro, casi despierto dando gritos estremecedores justo cuando se terminaba la clase. Por suerte había logrado contenerme antes de estallar en sollozos, pero mi expresión aterrorizada no escapó a ninguna mirada.
Salí con Teresa a las paredes caídas. Me apoyé en su hombro intentando descansar la vista. Pero una estúpida lágrima se escapó por entre mis párpados cerrados al recordar la pesadilla, al recordar a mi padre.
Sucio bastardo, pensé. Y yo la hija de él. ¿Sería todo una broma de mal gusto? Porque de ser así, los responsables no saldrían ilesos.
-¿Estás bien? –me preguntó Teresa y yo me limité a asentir con la cabeza.
Claro que no estaba bien. Aun no lograba acomodar toda esta nueva información en mi cabeza. Hombres lobos, demonios, mi padre vivo, mis vigilantes, todo parecía una estupidez, pero tendría que comenzar a acostumbrarme a ello, tragarme todo sin vacilar. Era difícil.
En ciencias Max me lanzó una mirada de preocupación. Tal vez por mi cara, tal vez porque se imaginaba como me sentía luego de que Tyler me contara todo. Pero como había hecho toda la mañana con todo a mí alrededor, le ignoré simplemente.
Ignoré a Marie en el almuerzo, a Gabbe, Todd, Diego y la otra chica cuyo nombre estaba comenzando a olvidar. Ignoré a Fred en gimnasia cuando practicamos tenis. Ignoré al profesor Koth en lenguaje, cuando intentó averiguar el porqué de mi extraño estado.
-Usted, venga conmigo un momento –me dijo tocándome con el extremo curvado de su bastón.
Me quedé embobada por un momento, como sin saber qué hacer hasta que mi mente reaccionó y terminé por seguirle. 
Cojeó hasta la puerta de la sala y me la abrió caballerosamente para dejarme pasar antes que él. Cerró la puerta tras de sí.
-Creo que tienes un problema…
Lo tenía.
Bajé la cabeza ignorando sus palabras. Si él sabía por qué me sentía de aquella manera, entonces no tenía porqué preguntarme, que me dejara sola.
-He observado que desde que llegaste al internado, has tenido algunos problemas y ahora te veo casi… desesperada. Desesperada por algo. No es bueno que te guardes eso para ti sola…
Asentí ante sus palabras. No me lo guardaba para mi sola. Todo lo que me pasaba, lo sabía también Tyler y hasta un poco Max y Anne, así que no tenía que incluir a una cuarta persona. Aquel profesor no era de mi confianza. Apenas me había dirigido la palabra hoy y yo no le había hablado nunca. ¿Qué esperaba? ¿Qué llorara en sus hombros y le contara mi secreto? Nunca señor, nunca.
-¿Es algo con aquellos chicos…? ¿Todd, Max, Jack, Anne, Sarah?
Fruncí el ceño. Apenas conocía a tres de aquellos chicos que había nombrado, los demás eran completamente ajenos a mí. Debían ser los amigos de Billy, pero ¿Qué tenían que ver sobre mi “desesperación”?
-No, bien. Tú te juntas con Max y Anne solamente… ellos... ¿Te han dicho o hecho algo?
-¿Qué? No –al fin saqué palabra.
¿Qué cosas tan idiotas me estaba diciendo? ¿Qué me iban a hacer? ¿Por qué interés en ellos? ¿Acaso no se daba cuenta de que yo me juntaba mucho más con Lyan y con Marie? ¿Lo estaba haciendo a propósito? Porque yo veía que aquel interés por ello no era para saber lo que me sucedía a mí.
-Bueno. Pero algo te preocupa. Veo que tú no eres una chica normal, deberías cuidarte mucho.
-¿Eso es todo? ¿Podemos ir a clase?
Tensó su mandíbula y con el ceño fruncido me contestó.
-Claro, antes de que allí dentro muera alguien.
Me fui directo a sentar a mi asiento sin siquiera darle las gracias al profesor por su supuesta preocupación por mí. Él intentó imponer el orden en la clase, la cual se había descontrolado mientras no estaba dentro de la sala.
Apenas presté atención a su clase. El profesor Koth estudiaba cada uno de mis movimientos con inquietante obstinación, lo cual me molestaba. ¿Qué quería que le dijera?
Cuando finalizó la clase, salí de ahí como un rayo. Quería encerrarme en mi pieza y dormir todo lo que no había podido. Tenía deberes para el día siguiente, pero no había tenido tiempo el fin de semana por mi castigo y no planeaba ocupar de mí tiempo libre ahora.
Sentí un trote a mis espaldas, pero lo ignoré hasta que una mano se posó suavemente en mi hombro.
Volteé para ver que Max hacía una mueca de disculpas. Más allá vi a Lyan, quien no le correspondía pasarse por estas salas. Supuse que vendría a buscar a sus amigos o tal vez algo se le había quedado de la clase anterior. Le saludé con un asentimiento de cabeza que también sirvió para Max.
-Hola… emm, no quería molestarte… se que anoche supiste muchas cosas y yo… quería saber cómo estabas.
Tragué saliva recordando todo. Recordando también cuando él se nos había acercado a mí y a Tyler y yo no había podido controlar mis sentimientos.
Moví una sola vez la cabeza en asentimiento. La comisura de mis labios tiritó parecida más a un tic que a la sonrisa que pretendía.
-Si te apetece… para subirte el ánimo, podríamos hacer algo este fin de semana… -Terminó en tono de pregunta.
No me gustó aquella idea. Sería totalmente inapropiado. Si bien el solo me veía como una amiga, o incluso como la chica peligros a la cual debía vigilar, yo aun tenía mis sentimientos confundidos y no quería meter las patas. Ahora estaba con Tyler, lo que más había querido desde hacía mucho tiempo.
-Eh… Planeaba salir a comprar un vestido para la fiesta –me inventé rápidamente- Ya sabes cómo somos las mujeres, no nos conformamos con la primera tienda a la que entramos.
Aunque yo sí.
-Cierto, tienes que comprar un vestido. Y… ¿Te gustaría ir al baile conmigo?
El corazón me latió inconvenientemente rápido. Esperaba que el no tuviera un audición tan aguda como para que pudiera oírme. Intenté controlar el rubor de mis mejillas, pero eso era algo imposible. Lo único que pude hacer, fue bajar la cabeza para ocultarme.
-Voy a ir con Lyan…
-Ah, oh –asintió enérgicamente mordiéndose su labio inferior- Está bien; seguro se adelantó bastante. Es del equipo de futbol, debe de estar ansioso por estar con la mejor chica celebrando la victoria contra el otro colegio.
Eso lo había hecho a propósito ¿Verdad? Quería molestarme. Habría notado mi inquietud en la noche y ahora me estaba molestando, de seguro. ¿Porqué sino me estaría invitando al baile y diciendo que era la mejor chica? ¿O le había entendido mal y solo había querido decirme que Lyan quería estar con la mejor chica, no que yo fuera esa? Quizá Lyan no se había apresurado lo suficiente y yo había sido una segunda alternativa.
-Estoy cansada, Max –me excusé-  Me voy a dormir.
Me sentí mal por eso. Pero estaba cansada en verdad y no tenía ganas de nada. Aun no había tenido tiempo de asimilar nada y quizá pudiera hacerlo durante el sueño.
-Me imagino, apenas dormiste unas ¿Tres… dos horas?
Asentí.
-Buenas noches –intenté ser agradable.
-Claro –rió- buenas noches.

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