Capítulo 15
Y ahí estaba. Once en línea y solo uno me interesaba. Me saludó en cuanto vio mi nombre en el chat.
“¡Clare! ¡Cuéntame todo lo que has hecho!” pidió Bob.
“Nada en especial” pensé. Quería pedirle a Bob que me pasara con Tyler, pero sería demasiado mal educada no hablarle un poco a Bob. “Le pegué a un chico y ahora debo limpiar los baños”
“Oh” puso una de sus extrañas caritas emoticones “¿Qué te hiso?”
¿Le podía contar sobre la carta de Tyler? Después de todo Bob entendería que a él no le gustaba mandar e-mails y sería normal que un amigo quisiera comunicarse con una.
“Ya sabes cómo es Tyler con la tecnología. Así que me mandó una carta escrita. No pensó que tendría una compañera de cuarto extremadamente curiosa. Tuve que salir de la habitación para leer la carta tranquila, pero un chico idiota me la quitó de las manos. Y lo siento mucho, pero ya tenía los pelos de punta y no pude evitar golpearlo” tecleé con rapidez.
“Te dije que me llamaras a mí si tenías problemas jajaja”
“Y ¿Estará Tyler por ahí?”
“No. Pero está muy extraño. Cuando lo vi ayer en la tarde no soltaba su celular y murmuraba todo el tiempo que lo había arruinado”
“¿Arruinado?” seguramente estaba esperando que le devolviera el llamado. Podía pensar incluso que le había cortado en la cara. Tenía que hablar con él. “Y tú que eres tan audaz ¿No podrías ir corriendo hasta su casa y llevarlo a tu computador? Necesito preguntarle algo”
“Eh, bien. Espérame”
“No me muevo de aquí. No te demores”
Entre tanto salí de la habitación para ir al baño. Era tarde y el cielo celeste oscuro, con algunos reflejos aun anaranjados por el ocaso, se veía por el techo de ventanas de nuestro edificio. Se veía hermoso si solo mirabas hacia arriba por el balcón, pero una vista panorámica producía escalofríos. El lugar era antiguo y misterioso. Tardaría en acostumbrarme.
Cuando volví, Marie estaba con pijama y leía un libro sin hacer caso a mi conversación con Bob a un lado suyo. Solo esperaba que no hubiera estado leyendo mientras yo estaba en el baño. Aunque no decía nada importante, seguía molestándome que intrusearan en mis cosas.
“Ya volví.
¿Clare?
¿Estás ahí?
Tyler está aquí conmigo”
Bob se había demorado menos que yo. Me sorprendí. Seguramente había usado sus súper habilidades, pero la gente podía haberlo visto.
“Tyler. Lo siento, estaba en el baño. Pásame con Tyler”
“Hola Clare. Lo lamento” tardó en responder.
“Yo lo siento. Dile a Bob que no lea. Si quiere se puede dar una vuelta por mi casa y saluda a mi mamá”
“Dice que te desconoce y que eres una pesada. Él te ha confiado todo y tú le ocultas cosas”
“Dile que luego le cuento”
“Bien. Ya se fue. Quería pedirte perdón por la carta y por la llamada. Sé que fue algo estúpido e impulsivo, pero es lo que siento desde hace mucho tiempo y necesitaba hablar contigo”
“Tyler, está bien” podía decirlo. Las cosas eran más fáciles por escrito. Nadie estaría escuchando en verdad, y las expresiones serían imaginación de cada uno. “Tú también me gustas”
“¿Y por qué me colgaste? Me hiciste quedar como un tonto”
“Se cortó la luz y mi celular estaba cargándose”
“Bah, que escusa más barata” escribió sin creerme. Ahora que lo pensaba, lo de la luz había resultado incómodamente conveniente. ¿Quién lo creería?
“Es la verdad” pensé en decirle el resto de la verdad también. Que sabía todo sobre Billy y él y que me vigilaba, pero era muy inapropiado hablar de eso por chat. Marie podría ver luego el historial de conversaciones o alguien podría jaquear mi cuenta y todos sabrían la verdad.
“Está bien Clare. ¿Podrás salir este fin de semana?”
“No. Y todo por tu culpa”
“¡¿Por mi culpa?!”
“No sé cómo hiciste llegar la carta fuera de plazo, pero eso me trajo problemas. Entonces pensé en que Tyler también era como Bob… Quizá había venido a dejármela y yo lo había visto luego en el bosque. Pero Max me había dicho que ese lobo era Billy… ¿Sería mentira? Llegó a manos equivocadas. Mi compañera la leyó y terminé enojándome. Salí de mi habitación para leerla y un chico me la arrancó de las manos así que le golpeé en la cara. Ahora estoy castigada y tengo que limpiar los baños”
Se demoró unos segundos mientras leía y escribía su respuesta. Yo me acomodé en mi cama un poco nerviosa.
“Lo siento de nuevo. Soy un idiota. Debí imaginármelo, algún chico de Billy debió ser quien te quitó la carta ¿Verdad? Querrían saber que tramo. Al menos no decía nada importante, pero te metí en problemas y vaya que necesitaba decirte algunas cosas importantes” leí rápidamente mientras me debatía entre decirle o no decirle que yo ya sabía todo. Que no era tan necesario que nos juntáramos, si dejábamos de lado que queríamos vernos además de porque nos gustábamos. “Tal vez pueda sacarte a escondidas. Nadie se daría cuenta”
“Sabrían que no estoy trabajando. Me buscarían y veían que no estoy en el internado”
“Está bien”
“Tyler. Ya lo sé todo. Quizá no sea necesario que nos veamos...”
“¿Qué?”
Ya me había decidido. Si éramos un equipo, por lo menos debíamos tener claro quiénes eran los nuestros y quienes los oponentes. Podíamos confiar en Max y Anne y Tyler no lo sabía.
“Ya sé lo de Billy y que tú y Molly…”
“Terminamos”
“No me refiero a eso. Ustedes trabajaban con Billy”
Se produjo un silencio. Bueno, todo estaba en silencio, pero sentir un silencio en medio de otro, era bastante para entender que el ambiente estaba tenso. Tyler no escribió por un buen rato y yo tampoco.
“¿De qué me estás hablando?”
“Ya lo sabes. Max y Anne me explicaron…”
“¡Estuviste hablando con ellos! Clare, te dije que no te juntaras con los amigos de Billy. Son peligrosos”
“¡Ya lo sé Tyler, pero ellos dos no lo son” respiré hondo y me calmé. Me estaban entrando las ganas locas de ponerme a gritar en frente de la pantalla del computador y hacerle entender. Pero sabía que esto no sería fácil. Él no conocía a Max y Anne. “Están de tú lado. Ellos… son mis nuevos vigilantes o algo así. Les sucedió lo mismo que a ti y a Molly y a los anteriores que creían que Billy estaba en un error. Aun no entiendo muy bien, pero tengo claro que Max y Anne me quieren ayudar”
“Es una estrategia de Billy. El contarte todo… nunca lo había hecho. Ahora más que nunca necesito hablar contigo. Maldición. Lo odio. Voy a arreglar cuentas con él”
Me asusté. Billy era un hombre lobo. Hasta entonces era eso lo que pensaba saber, y podía hacerle daño a Tyler. No podía enfrentarse con él a solas. Pensé en Bob.
“Deberías contarle a Bob”
“No. Lamento decirlo, pero sería un estorbo”
Eché una ojeada a la cama de Marie. Me estaba observando un poco preocupada y cuando me fijé entendí que era por mi extraña expresión. El ceño fruncido y haciendo caras al computador. Debía de verme demente, pero había que imaginar que tenía una persona en frente.
Le sonreí para que viera que estaba bien y así ella volvió a la lectura de su libro. Debían ser las nueve y media de la noche y ella se veía muy cansada. Con todo el ajetreo del día yo también debería verme así, pero me sentía como si hubiera bebido tres tazas seguidas de café concentrado.
“Voy a ir este domingo a la medianoche. Te veo al inicio del bosque, por el este ¿Bien?”
“Bien Tyler. No hagas ninguna tontería. Te quiero”
“Nos vemos”
Me desconecté y apagué el computador. No tenía deseos de seguir consiente pensando y pensando en lo que había pasado en el día. Yendo en contra de mi ética, me tomé una pastilla para dormir y luego de ponerme el pijama rápidamente para que Marie no viera, me acosté.
Marie apagó la luz de su mesita de noche. Guardó su libro bajo la cama lo que hiso que se me retorciera el estómago. Los libros no se tiraban bajo la cama como si no importaran. Yo no tenía repisa, pero al menos los tenía bien amontonados en una esquina limpia.
Cerré los ojos olvidando todo y dormí tranquila.
Nadie me despertó a la mañana siguiente como los días anteriores. Ni Marie soplándome en la cara, ni rebotando en mi cama, ni con un despertador.
En realidad fue un milagro que despertara temprano.
Eran las cinco y medio de la madrugada y la pastilla para dormir parecía haberme hecho el efecto contrario. No pude volver a pegar el ojo en todo el rato hasta que decidí levantarme.
Fui al baño veinte para las seis y me bañé complicada, con el champú rodándome por entre los pies. No había nadie que pudiera ayudarme.
Con el uniforme ya puesto, volví a mi habitación a ver si Marie había despertado. Y en efecto, justo cuando entré en el cuarto, la vi desperezándose, bostezando y estirando los brazos.
-Hola –murmuró con voz patosa.
-Bueno días floja. Mira quien se levanta tarde ahora.
Sonrió levantándose de un brinco.
-Me gusta cómo se te ve el pelo amarrado. Resaltan tus ojos, son muy hermosos.
Puse mis ojos en blanco. No me gustaba que me hicieran cumplidos.
-Son igual a los tuyos.
-No. Los tuyos son más celestes. Los míos están como desteñidos. Los tuyos se parecen al cielo en pleno verano, están más brillantes y parecen inteligentes.
-Eso es porque soy inteligente –reí.
Me senté en la cama.
-Tienes un bolso que me prestes. No me gustaría seguir llevando las cosas en la mano y el bolso que tengo es muy grande, es para viajes.
Asintió buscando en su cajonera.
-Pensaba comprarme uno cuando saliera este fin de semana, pero ya que estoy castigada, todos mis planes flaquearon.
Me pasó un bonito y práctico bolso de imitación de cuero color café oscuro. Me lo crucé por los hombros y metí mis cuadernos y mis lápices dentro.
-Te queda mejor a ti –murmuró Marie- Te lo regalo.
-Eh, no Marie. Es tuyo, no lo puedo aceptar. Es un préstamo. Los bolsos no le quedan mejor a una persona que a otra, son bolsos.
-Yo me veo más baja y fofa. Simplemente lo llevo. A ti te queda bien. Te ves esbelta, más alta. Simplemente lo luces mejor
-Ideas tuyas. Hey, estoy muerta de hambre. Me voy a desayunar.
Salí de la habitación seguida de Marie. Ella se dirigía al baño junto a todas las chicas de los cuartos vecinos.
Crucé por el patio techado mirando recelosa hacia el bosque. Ahora que lo pensaba, no había sido a Bob a quien había visto en el bosque el lunes. Debía de ser Tyler o en el peor de los casos, Billy o uno de sus amigos. Quizá incluso a Max y que luego hubiera aparecido a mis espaldas, pero eso era más bien imposible, o improbable.
La cafetería estaba prácticamente vacía. Las únicas almas vivientes que rondaban por ese lugar, tan temprano, eran las cuatro cocineras que preparaban el desayuno a más de setecientos alumnos, sin contar al profeso rado.
Pedí unas tostadas con un té y esperé sentada en el borde de una de las largas butacas de un mesón mientras me lo preparaban.
Las tripas comenzaban a rugirme y sentía mi estómago lleno de aire.
Comí lentamente esperando que el lugar se llenara. Pero fue un caso perdido. Recién cuando ya había terminado de comer, la gente fue llegando a borbotones.
Me levanté de mi asiento. No servía de nada que siguiera ahí, si ya había comido. Fui a la sala de matemáticas a esperar nuevamente.
La clase empezó varios minutos después. Me entretuve dibujando en uno de mis cuadernos. Era un lobo, pero de los normales y le aullaba a la luna. Me había quedado bien.
Cuando llegó Lyan, me saludó como si ayer no me hubiera lanzado ni una mirada de odio. Decidí pasarlo por alto y no perder el tiempo en enojos inútiles.
La profesora Button ya no me miraba despectivamente. Es más, había resuelto a dejar de mirarme y a mí me agradaba.
En descanso Lyan no dejó de hablarme del partido de fútbol que se llevaría a cabo en dos semanas. Sería un sábado en la tarde, fuera del colegio y me había pedido que lo fuera a ver.
Sería emocionante. Pero si las cosas resultaban bien con Tyler y para entonces hubiera posibilidad de que quisiéramos vernos, no dudaría en dejar plantado a Lyan con cualquier escusa.
En un momento de estupidez, en clase de religión, se me escapó preguntarle a Teresa, Pete y Lyan, si es que me encontraban peligrosa.
Simplemente se pusieron a reír y a molestarme con que les pegaría un puñetazo como el que había recibido Fred. Forcé una sonrisa y dejé que olvidaran el tema.
Luego de que terminara el último descanso de la mañana, acompañé a Teresa a su próxima clase y luego me dirigí a Ciencias con el profesor Hargensen.
Hasta el momento, en que no me apetecía hablar con nadie demasiado, me agradaba esta clase. Porque el profesor estaba atento a cualquier susurro entre sus alumnos. Así que Anne apenas podía voltearse un segundo y luego ya estaba siendo reprendida.
Salí de la clase antes de que mis dos vigilantes pudieran alcanzarme y me fui a la cafetería. Entre la multitud vi Lyan que me hiso un disimulado gesto con la mano, para que le acompañara en su mesa, pero ese día quería seguir compensando a Marie. Me había portado como una tonta con ella. No merecía que la tratase así.
Me acerqué a su lugar, luego de comprar mi almuerzo, donde estaban Gabbe, Todd y su otro par de amigos.
Me saludaron con una inclinación de cabeza y una sonrisa.
-¿Puedo sentarme con ustedes hoy?
Me hicieron un espacio entre los dos mellizos y me uní a su conversación. Marie era la que más contenta parecía estar. Ahora, al fin sabía que era ser una hermana mayor. O amiga de una chica al menos.
-Marie, muéstrales tus uñas. ¿Verdad que quedaron hermosas?
Todos le miraron las manos mientras Gabbe y ¿Mariana? me elogiaban por mi excelente trabajo, que en verdad no había quedado nada mal.
Acompañada por Marie y Todd, me dirigí al gimnasio y en cuanto vi a Max luego de cambiarme de ropa, me uní a él para trotar. Cinco vueltas esta vez, el entrenador fue piadoso.
-¿Sabías que es mejor trotar que correr?
-Sí lo sabía, pero, queríamos apresurarnos para conversar un rato sin cansarnos ¿No?
Asentí.
-Deberíamos quedarnos callados ahora. No tengo deseos de correr y hablar me cansa más.
-Claro, hay que mantener una respiración constante –reímos.
Sonreí y seguimos trotando en silencio. Me agradaba su compañía incluso si no teníamos que hablar. No era como me sentía con Bob, con él no había silencio alguno, siempre había alguna tontería de la que hablar si es que no estábamos ocupados haciendo algo.
Acabamos de dar las cinco vueltas a las dos canchas junto con el último grupo. Me sentí lenta, pero que importaba. Max debía de estar frustrado al no poder correr a máxima potencia, pero seguramente ya estaba acostumbrado a seguir el ritmo de los demás.
Me propuse preguntarle cuando había sido convertido en hombre lobo, pero había demasiadas personas alrededor, acercándose al profesor Kelem para escuchar sus instrucciones. Aunque de todos modos, podíamos haberle escuchado desde varios metros de distancia por su vozarrón, pero todos obedecían sin chistar a su llamado.
Me quedé con las ansias de saber la respuesta a mi duda, pero lo olvidé luego, cuando el entrenador había hecho un nuevo anuncio.
-¡LAS MISMAS PAREJAS DE AYER! TOMEN LAS RAQUETAS QUE TRAJERON ESTAS FLACUCHAS –esta vez había elegido a un par de chicas que se veían más bajitas que yo, entre ellas, estaba Marie- VAMOS, DIRIGANSE A LAS CANCHAS, USTEDES PONGAN LA MAYA. NO, NO VOY A CAMBIAR LAS PAREJAS DE NADIE –agregó cuando dos chicas se acercaron muy amigas sujetas del brazo, con una sonrisa tímida y suplicante - LAS ORDENES LAS DOY YO, SI INSISTEN EN CONTRADECIRME PUEDEN IRSE A VER AL DIRECTOR.
-¿Crees que nos conviene pedirle que nos cambien de pareja? No creo que podamos estar en más problemas de los que ya estamos. A lo más el director nos dará una charla estúpida y seguiremos limpiando los baños, nada más.
Fred se me había acercado de improviso. Escuché atentamente su sugerencia intentando parecer desinteresada, pero no pude evitar una risita.
-No sería mala idea –dije seria.

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