viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 21 CLARE

Capítulo 21
Invité a Marie y a Teresa a que me acompañaran este fin de semana a comprarme un vestido para la fiesta de la semana entrante. Faltaba muy poco y esa sería nuestra única oportunidad de conseguir algo pasable.
Las dos chicas aceptaron entusiasmadas, pero aun así no lograron contagiarme su alegría. Toda la semana había estado cabizbaja e ignorando todo a mi alrededor. Al desayuno, almuerzo y cena, me sentaba con Marie y sus amigos, como una sombra.
Lyan se había alejado un poco de mí. No le había hablado más de tres palabras desde que lo había saludado el lunes luego de la clase de lenguas. Parecía enfadado conmigo. Pero nadie le podía culpar por eso; era yo la que estaba actuando así de extraño.
Max y Anne me miraban con cara de preocupados. Eran los únicos en el internado que sabían el porqué de mi actitud. Todos los demás debían soportarme en silencio. Marie y Teresa me compadecían y Fred parecía haberse olvidado de mi existencia.
Pero no estaba tan mal. Lo que me mantenía en ese estado de turbación era la inquietud de no entender nada teniendo las respuestas en frente de mis narices. Tyler me había dicho todo lo que necesitaba saber, e intentaba adecuarme a ello, pero sentía una traba.
Era como si de pronto todo lo que conocía fuera mentira, o que al menos se hubiera puesto de cabeza. Como si me acabaran de decir que en el día salen las estrellas y en la noche alumbra el sol, que los caballos comen carne y de los arboles crecen jamones, que ya no me llamo Clare Thompson. No, no conocía siquiera mi verdadero apellido, y no quería llevarlo.
Pero me llevaba ensimismada toda la semana. Debía controlarme al menos este fin de semana para intentar no ser un estorbo a mis amigas.
Suponía que Teresa y Marie estaban haciendo un esfuerzo más que grande para poder levantarme el ánimo sacándome fuera este fin de semana. Se los agradecía, lo necesitaba.
-Lo que tú necesitas es ir a un spa –comentó Marie con su extraña voz adulta.
Aun no lograba acostumbrarme a ella.
-Lo que ella necesita es conocer a un chico guapo –dijo Teresa- Estas más muerta que mi bisabuela, necesitas a alguien que reviva tú alma.
Estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural para ponerles atención. Pero a cada segundo mi cabeza se desviaba a aquella noche en que Tyler me había contado todo.
Tal vez, si las ponía al tanto, tan solo de una parte de aquello, podría sentir que mis pensamientos eran la conversación. No tendría que pensar en ello, estaría hablando, al menos una parte.
-Ya tengo un chico guapo que pueda revivirme.
Teresa levantó las cejas asombradas.
El chofer del transporte escolar acababa de llegar de vuelta al internado después de ir a dejar a la cuidad a una tropa de chicos con un profesor. Ahora  nos pedía a nosotras y otros chicos, que subiéramos junto con la profesora Fielding.
-¿Me hablas en serio? –preguntó Teresa mientras se acomodaba en uno de los asientos.
Yo me senté a su lado, entre las dos.
Asentí.
-¿Cómo se llama? –pidió Teresa.
-Tyler –dije recordando su bello rostro.
-¿Son novios?
-Eso creo… -medité.
La primera vez que nos habíamos declarado amor cara a cara, no estábamos en una situación demasiado romántica. Se suponía que nos habíamos citado para aclarar algunas muchas dudas, así que no había habido tiempo.
-¿Eso creo? ¿Cómo que eso creo?
-¿Dónde estuviste el domingo en la noche? –preguntó Marie de pronto ahora con su voz de niña.
Que cambio de tema más abrupto y más incómodo. ¿Cómo se había enterado? No me lo había dicho en toda la semana, ni siquiera había insinuado nada. ¿Acaso leía mentes también? ¿Era una mujer lobo?
Claro, como si Marie fuera capaz de tener colmillos y garras.
-Me dijiste que ibas a bañarte y no volviste en más de dos horas. Dejaste todas tus cosas en el baño. No usaste tus toallas.
El ruido del motor me sobresaltó. Maldita chica. Siempre se andaba inmiscuyendo en mis cosas. En una de esas podía gritarle de nuevo para que desistiera de entrometerse en mi vida. ¡¿Cómo se había enterado?!
Que pregunta más idiota. Estaba claro que me había ido a buscar al baño al ver que me demoraba demasiado. Mi plan había fallado, pero al menos había tenido la suerte de que Marie no se preocupara lo suficiente por mi desaparición como para avisarle a alguien más.
-Te reuniste con tu chico –no era una pregunta.
Le lancé una mirada amenazadora. Lo había dicho demasiado alto.
-Lo siento –bajó la voz- ¿Pero es verdad? Porque te echaste litros de perfume y no era precisamente para irte a dormir.
Asentí lentamente.
-Bien, pero no le digan a nadie. Además el perfume era porque olía horrible.
Ante mi declaración Teresa se puso a reír como loca de la emoción. Si supiera que no solo había roto las reglas para ver mi chico, se moriría. Toda la verdad junta era mucho más emocionante.
Pero era mejor que se quedaran con aquella versión corta. No era tan malo después de todo.
-Escaparse a medianoche para verse con el novio. Eso sí que es romántico. Y yo que pensaba que solo pasaba en las películas.
-¿Qué hicieron? –preguntó Marie.
-Eso no se pregunta –le recriminó Teresa.
-No hicimos nada –respondí de todas formas- hablamos un rato. Hacía mucho que no nos veíamos.
-¿Desde hace cuanto? –volvió a preguntar Marie.
-Desde un día antes de entrar a clases.
-Umm, no fue hace tanto –resopló Teresa.
-Ya le echaba de menos.
No dejaron de interrogarme todo el camino sobre Tyler y como era nuestra vida antes de que me fuera de mi pueblo. No les mentí en nada acerca de lo que yo había creído toda mi vida. Lo único que guardé en secreto, fue de lo que aun no lograba convencerme.
Teresa y Marie, me arrastraron de tienda en tienda y mientras ellas se probaban cantidades innumerables de hermosos vestidos, yo intentaba obligarme a que alguno me gustara. ¿Cuándo en mi vida había usado un vestido? Para el matrimonio de una amiga de mi madre, nada más y entonces incluso había asistido con zapatillas para el colmo de mi madre.
Los tacos eran otro cuento. Si no me rompía un tobillo sería una chica con mucha suerte.
-Me gusta este –anuncié aburrida.
Un vestido azul grisáceo con bordado de flores negras. Oscuro, pero brillante, era corto, pero tapaba, no era mucho, ni tampoco quedaría en ridículo. Perfecto para alguien que solo quiere pasar inadvertida. Con un buen peinado todo se arregla.
-Hay tantos mejores –dijo Marie intentando no ser tan franca como para anunciarme en cara que era la peor elección- ¿Segura que  no quieres mirar un poco más?
-Estoy cansada –me respetaron.
-Si así lo dices… de todos modos, es bonito… -Teresa se rascó la cabeza. No lo creía en serio.
-No te preocupes –dijo Marie dirigiéndose a Teresa- A Clare le queda todo increíblemente bien. Todo se amolda a ella y ya ves como es de perfecta.
Me ruboricé soltando una risita acompañada de Teresa. Marie siempre me idolatraba. No era tan bonita, pero sí tal vez un poco más que ella, y eso le bastaba para bañarme en elogios.
Salí de lo más contenta de esa tienda. Ya no tendría que seguir buscando en algún otro lado y eso sería un alivio. Las dos chicas comenzaban a llevarse bien y se reían juntas a mi lado.
Yo me alejé de ellas para acercarme a aquella figura que me saludaba al final de la cuadra. Por mi mente pasó la idea de que era Max queriendo robarme un rato del fin de semana que le había negado. Casi me emociono ante la expectativa hasta que supe que era Tyler.
Mi corazón comenzó a bombear agitadamente y mi rostro irradiaba alegría.
Eso era lo que más necesitaba. Un tiempo para nosotros, sin tener que pensar ni en Max ni en todas esas cosas de las que me había hablado la medianoche del domingo.
Por una vez en la vida, corrí a sus brazos como cualquier chica normal enamorada. Recibió mi fuerte abrazo, con agilidad, sin que llegáramos a retumbar por el golpe. El beso esta vez, fue mejor que antes, parecía más calmado, como si ahora tuviera el doble de experiencia. Los nervios podían haberlo traicionado antes.
-Clare, seis días… -murmuró.
-Y muchas horas…
-Siento no haber avisado.
-Una linda sorpresa. Las cosas más lindas en la vida llegan sin avisar.
Rió.
-Gracias.
-Lo malo es que las cosas más malas tampoco avisan…
-Se que todo lo que te dije te debe haber dejado mucho para pensar. Pero tenías que saberlo. Ya no podía evitarse por más tiempo.
Negué con la cabeza.
-Pero no hablemos más de eso.
Posó su mano en mi mejilla y me acarició el pómulo con la yema del dedo pulgar. Qué lindo era tenerlo cerca.
-Claro que no. Vamos a dar una vuelta.
-Tengo que avisarle a mis amigas –me volteé para verlas.
Ellas estaban paradas a varios metros, agitando sus manos en signo de despedida. “No pierdas más tiempo” parecían decirme con el gesto con sus manos. “Diviértete”. Me despedí también desde la distancia y así ellas y yo nos dimos la vuelta para seguir por diferentes caminos ese día.
-¿A qué hora deben volver al internado?
-A las nueve, pero no me vallas a recordar la hora a cada rato, ¿Bien?
-Claro.
Me tomó de la mano y caminamos por la acera, en dirección a una placilla que se veía a unas pocas cuadras. La ciudad era pequeña en comparación con otras que conocía, pero aun así sentía que me perdía con cada paso que daba al estar acostumbrada a un pueblo pequeño.
Tyler también había vivido en mi pueblo, pero eso había sido solo dos años y conocía muchos otros lugares.
-¿Qué llevas en esa bolsa?
Le di una ojeada a la bolsa que llevaba en mi mano izquierda. Me puse triste. No iría con él al baile.
-Es un vestido… Tenemos un baile la próxima semana.
-Suena divertido. ¿Se puede invitar gente de fuera?
-Eh, no lo sé… pero, emm, ya no pregunté…
Se encogió de hombros.
-Puedes preguntar luego. Me gustaría verte la próxima semana…
-Ya tengo pareja –le dije- Te invitaría si pudiera, pero sería feo dejar plantado al otro chico.
Tyler miró hacia otro lado y se rascó la cabeza. Luego al voltearse, me miró con el ceño fruncido.
-¿Quién es?
Me puse a reír.
-No me digas que vas a ponerte celoso…
-¿No es de los amigos de Billy?
Ah, sí era por eso…
-No, pero ya sabes que Max y Anne están de nuestro lado, y no me vengas con el tema de nuevo… se me revuelve el estómago.
-¿No es Max? ¿O el tal Fred?
-Es Lyan, un chico completamente normal, ¿Bien? –dije exasperada.
Tyler se quedó callado y yo muy nerviosa. Deseaba con toda mi alma, que no me estuviera leyendo los pensamientos en ese momento. Me había dicho que no lo volvería a hacer, pero yo no tenía como saber si cumplía o no su promesa.
El ajuste de su mano a la mía era tenso y volvía a molestarme. Quité mi mano bruscamente aburrida que no pudiera controlar su fuerza.
Tyler se me quedó mirado confundido. Luego le pegó una patada al suelo y siguió caminando.
Le seguí simplemente porque si no lo hacía me perdería. De otra forma habría querido volver con mis amigas.
Pero no estaba enojada con Tyler. No, él no había hecho nada, solo un par de preguntas. Era yo la que me encontraba irritable, tensa y con todas esas cosas dando vueltas por mi cabeza aun. Y con Tyler ahí cerca, todo era mucho más vívido. Era como tener la prueba de la leyenda. El me demostraba que todo era real y eso me ponía demasiado nerviosa.
Tyler cruzó la calle dirigiéndose todavía a la placilla. Y yo le seguía de cerca.
Me propuse a hablar. No podía dejar las cosas así hasta la próxima vez que nos viéramos. Debía pedirle disculpas.
Le tomé de un brazo para que se volteara a mirarme. Tenía una expresión tan indolente que creí que no le importaría nada de lo que le dijera. Pero con un suspiro se borró aquella mascara y ceño fruncido volvió a su frente.
-Disculpa –dijo él primero.
-No, yo fui la tonta. Pero no fue mi intención. Ya sabes que todas estas cosas me tienen vuelta loca, y con los pelos de punta. Aun no puedo pensar que todo esto sea posible.
Movió la cabeza de lado a lado y tomándome de los hombros casi con brusquedad, me besó. Mis brazos se acomodaron a su cintura y lo de él a la mía. Nos quedamos atrapados el uno en el otro, en un beso perfecto, ahora sí perfecto.
Deslizó sus labios por mi mejilla, por mi cuello, por mi clavícula y le detuve. Yo… yo no estaba acostumbrada a esto. Nunca me habían besado así y estaba que me caía de los nervios.
-Un poco más lento –le pedí.
-Tú no tienes la culpa –continuó- Yo sabía que estarías nerviosa por todo esto y prácticamente te provoqué para que reaccionaras como nunca lo haces.
-¿Ah? Ah…
Creía que me hablaba del beso y no tenía demasiado sentido. Se refería a nuestra discusión. Pero no había reaccionado como nunca lo hago, últimamente me había puesto bastante agresiva y mal genio.
-Clare… ¿Quieres ser mi novia?
Pum. Sentí algo dentro de mí. Como si se hubiera reventado un huevo de avestruz caliente dentro de mi pecho. El corazón me latió alocado, gritándole a mi boca que respondiera que sí. ¡Que sí! ¡Qué sí! ¡Qué sí!
-Sí, sí, claro que sí. Si te quiero tanto…
Comenzó a reírse y me abrazó fuerte. Lanzó un fuerte suspiro lastimero que me provocó un escalofrío.
-Si Billy no te deja tranquilas por las buenas, tendré que obligarle por las malas. Ya me tiene cansado.
Las lágrimas amenazaron con brotar súbitamente. Era peligroso.
-No, Tyler, no. Eres tú contra ¿Cuántos? No sacas nada. ¿Qué vas a hacer, vas a pelear?
-Yo también puedo conseguirme mi ejército. Para Bob sería un buen juego de video. Max, tú me dices que está dispuesto a ayudarte. A Molly podría convencerla si es que antes no lo intenta Billy.
-No metas a Bob en esto.
-Él se metió solito. Ya no puede arrancarse, es mejor que conozca la realidad.
Y entonces si lloré. Si algo les sucedía a mis amigos, sería por mi culpa. Yo era la hija de un bastardo animal, que nos había arruinado la vida, a mí, a mi madre y a mis más cercanos, incluso a los que recién estaba conociendo o por los que terminaría por conocer.
Tyler me acunó en sus brazos y nos sentamos en una banca de piedra, mientras pasaba la pena. Pero la pena no pasaba, ni el miedo, ni los nervios, ni la incertidumbre. No pasaba, como no había pasado en una semana, ni pasaría en bastante tiempo.

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