viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 26 CLARE

(Ejem... ya he acabado. Ahora a escribir y terminar pronto esta historia antes de que me vuelva loca. Sobretodo porque quiero continuar con muchas otras que también he dejado inconclusas. Lo peor de todo es cuando se te vienen ideas nuevas a la cabeza que te parecen cada vez mejores y entonces quieres dejar lo que ya habías comenzado para iniciar algo nuevo. 
Me pican los ojitos... Uhm, ¿Son las 4:00 ya? Se me está haciendo tarde. Por suerte mañana mi madre y mi hermana viajan a ver a mis abuelos y yo puedo quedarme durmiendo hasta tarde. Me estoy sintiendo un poco mal por no querer ir, pero también irán mis tíos y a decir verdad no me caen nada bien. Quisiera ver a mis primos, que no veo hace muchos meses, pero están distintos, tan crecidos que ni los reconozco. Lo único de lo que podemos hablar, es de clases, notas y ya está, me apena...)


Capítulo 26
Volví al internado luego de tres días. El director y la profesora Hannah me habían preparado una habitación especial en donde tenía que fingir estar adolorida y cansada. Para todo el mundo, estaba totalmente prohibido ir a visitar a Clare Thompson, solo Max pudo filtrarse por la ventana sin que “supuestamente” nadie se diera cuenta.
Era parte del plan el que yo hablara con el chico y obviamente Balthazar, que había reparado en la visita del lobito, le había permitido entrar sin ningún problema.
Ocurrió el cuarto día en la noche, cuando mientras intentaba quedarme dormida, escuché unos ruidos en el patio del colegio, que poco a poco comenzaban a acercarse a mi ventana. Me acomodé dentro de las sabanas intentando parecer enferma, cerciorándome de que todos los falsos parches que me había colocado la profesora, estuvieran correctamente ajustados.
Fue fácil fingir sorpresa cuando vi asomarse la cabeza de Max por el alfeizar. A duras penas logré contener la risa y fue más difícil aun cuando reparé en la torpeza con que se colaba por la ventana semi-abierta.
-¿Qué haces? –pregunté notando fácilmente su expresión afligida.
Parecía totalmente asustado mientras se acercaba a mí. Quizá esperaba encontrarse con el demonio que realmente era, o simplemente estaba preocupado.
Intenté sentarme lo más torpemente posible mientras él se arrodillaba a un costado de mi cama.
-Quería cerciorarme de que estabas bien.
Sentí un dolor en el pecho, recordando lo que había pasado el día de la fiesta. ¿De verdad me gustaba tanto? Pues ahora tendría que olvidarme de eso. No era demasiado conveniente –y el director me lo había repetido hasta el cansancio- que comenzara un romance, con cualquiera, en especial con un lobo, mientras continuara en este estado. Era una vampira recién convertida y eso podía traerme problemas.
-No demasiado… Max –comencé el show- hay algo importante que deberías saber…
Tragó saliva y cerró los ojos en una mueca dolorosa, luego tomó mi mano y me besó sobre los dedos. Fruncí el ceño un poco nerviosa… no me gustaba verlo así aunque en parte, fuera él el culpable de lo que me había sucedido.
-No me trago nada de lo que el director nos contó a todos. Es imposible que hayas desaparecido así como así… yo fui tras tuyo inmediatamente.
Asentí lentamente, tal y como Balthazar había dicho. Forcé mi mejor expresión de terror.
-Fueron demonios… Tú me dijiste que había uno merodeando por el bosque –Max abrió los ojos ampliamente, pero continuó escuchando- Yo no recordé eso aquella noche… estaba borracha.
Miré a un costado y suspiré hondamente, haciendo parecer que me costaba trabajo hablar de este tema.
-¿Qué pasó?
-Gracias por venir… yo no había podido decirle esto a nadie.
-Lo sé, lo sé… -Me acarició la mejilla con su dedo pulgar.
Eso no estaba bien. Me desconcentraba, me hacía querer contarle todo, absolutamente todo, pero no se podía. Me odiaría por siempre.
-Continúa.
-Era una mujer… rubia –agregué. Si era propicio dar características para que los lobos la siguieran y la atraparan, no me callaría la boca. Después de lo que esa maldita me había hecho.
-¿Pálida y de ojos azules? –preguntó concentrado.
-Sí –afirmé extrañada- ¿Cómo la conoces?
Apuntó a sus espaldas, hacia el bosque, por la ventana.
-Los chicos la vieron la otra vez e intentaron atraparla. Es muy rápida…
-¡Si, corre como loca! –enfaticé cogiendo el hilo- Me tomó con fuerza y me internó muy profundo en el bosque.
Max parecía desesperado. Se cubrió la cara con ambas manos dejando de mirarme.
-¿Te mordió? –masculló por entre sus dedos sin haber levantado la cabeza aun.
Me puse nerviosa y mi corazón comenzó a bombear la poca sangre que quedaba en mi cuerpo con mayor rapidez. Negué con la cabeza, para luego corregirme con la voz.
-No, por suerte… -el chico suspiró aliviado- Justo en ese momento llegó otro demonio que se lanzó encima de la chica…
-¿Otro demonio? –Max levantó la cabeza mirándome intrigado ahora- ¿Cómo era?
Miré fijo al horizonte fingiendo que trataba de recordar. Pero en realidad intentaba pensar en si inventar las características del segundo vampiro o simplemente haberlo olvidado por la borrachera, que sería lo más creíble.
-No lo sé, estaba demasiado oscuro… Además nunca le vi la cara de cerca, como la de la chica. Él se lanzó muy rápido contra ella… no sé por qué quiso salvarme.
A mi lado, Max hiso un extraño gesto de disconformidad y luego, para mi sorpresa, me miró con cierta expresión burlona en el rostro.
-No creo que haya querido salvarte –Intenté lucir confundida. ¿Sino quería salvarme, entonces qué? Max debía de sentirse muy divertido por mi tonta deducción, pero claro, lo había hecho a propósito- Imagino que se peleaban por la comida.
Abrí los ojos como platos y ahogué un grito. De seguro era esa la reacción que Max esperaba recibir de mí.
-Yo creía que solo bebían sangre, no sabía que los demonios eran caníbales.
Max me miró con espanto.
-¡¿Solo?! Quiere decir que consideras que beber sangre es solo un detalle.
-Eh, no, claro que no –ahora un poco, sí- pero no me esperaba que también me comieran, es una forma horrible de morir…
-No, los demonios no se comen a los humanos, “solo” –enfatizó esa palabra como dándome en el gusto- beben su sangre. Pero aunque no lo creas, ellos tienen formas muy tétricas para poder matar a sus víctimas para luego drenarles la vida.
Sí, eso ya lo sabía. Recordé en mi mente, como había triturado los huesos del pobre conejo con mis propias manos. Podía imaginar cómo era sentir en tus manos el crujir de millares de huesos varias veces más grandes que los de un conejo.
Cerré los ojos con fuerza intentando borrar esa imagen de mi mente. Era horrible y esperaba nunca sentirlo en la realidad. Con los tazones calientes que me daba el director me bastaba y sobraba.
-¿Cómo caíste al barranco? ¿Es verdad que la profesora Fielding te encontró o hay otra historia?
Hice una mueca inconscientemente.
-Logré huir mientras los demonios luchaban. Fue horrible… se escuchaba como una tormenta eléctrica –añadí recordando la explicación que me había dado Balthazar- Y ya sabes, yo no estaba en las mejores condiciones. Asustada y borracha me caí por ese pequeño barranco y ya no supe más de mí hasta que desperté aquí.
Inmediatamente me arrepentí de lo que había dicho. Tenía que agregar que la profesora Hannah me había cargado… pero lo había pasado por alto.
-La profesora Fielding –intenté agregar- me curó las heridas. Intentó sacarme la verdad de lo que había pasado. Pero yo estaba tan confundida y me dolía tanto la cabeza que no supe que inventarle. No podía decirle que me había topado con dos seres paranormales, me creería loca.
El chico suspiró frunciendo el ceño y se preparó para hablar.
-Tenemos que inventarnos algo… pero por mi parte… voy a tener que decirles la verdad a mis compañeros. No puedo seguir mintiéndoles, tarde o temprano se darán cuenta de mi traición; así que… es mejor que sea más tarde que temprano.
-¿Qué hora es? –pregunté por costumbre. Obviamente Max lo tomó como que ya estaba cansada, pero solo quería saber.
Se giró para mirar en un reloj de pared que seguramente un humano no podría encontrar en medio de la oscuridad. Eran las Tres y cuarto de la mañana, observé, Max se sentiría culpable por tenerme despierta a esas horas.
-Ya es tarde, debes estar cansada, sobretodo… duerme y mañana hablamos sobre esto. ¿Bien? –forzó una sonrisa.
Se acercó a mí y suavemente posó su boca en la comisura de mis labios. Sentí una mezcla de sentimientos extraños que me dejaron  pasmada. El corazón, para mi sorpresa, me latió casi tan fuerte como sucedía en estas mismas situaciones cuando era humana y escuché como el de Max hacía lo mismo, pero escucharlo no me produjo más que una sed terrible. Me resistí a morderlo en ese mismo instante y me enterré en las sábanas como una tortuga.
El chico soltó una risita, suponiendo que mi reacción había sido por vergüenza. Si hubiera sabido que “solo” me quería beber su sangre, no le parecería tan gracioso.
Yo en cambio, bajo las sábanas cerraba los ojos con fuerza y hacía rechinar los dientes por el trabajo que me costaba contenerme. Esperaba que Max se fuera lo más pronto posible.
Seguramente luego de darse cuenta de que no saldría de mi escondite, decidió marcharse. No fue hasta que le sentí caer en tierra firme cuando recién me descubrí el rostro. Respiré hondamente, aliviada, pero su aroma seguía en el ambiente.
Balthazar llegó al rato, cuando me encontraba un poco más calmada.
-Se lo tragó todo…
Seguro había estado escuchando en algún lugar, pero yo no me había percatado de su presencia.
Asentí a su comentario. No era una pregunta, pero necesitaba creer que de verdad me había resultado, que Max se había creído todo y que me ayudaría a la mañana siguiente.
Me levanté acercándome al director, que se había quedado mirando por la ventana. Escudriñé lo que traía en sus manos.
Era un tazón, pero el líquido que contenía no era el que yo estaba esperando.
-¿Té? ¿Por qué?
Me miró con una sonrisa traviesa.
-No es para ti… Yo tenía deseos de tomar té ¿Algún problema?
Me encogí de hombros y me encaminé hacia el otro extremo de la habitación, donde había una cómoda de caoba con una muñequita de porcelana encima.
-¿El lobito te dio hambre? –preguntó burlesco.
Le fulminé con la mirada. ¿Cómo se había enterado de todo lo que había pasado dentro de la habitación si ni siquiera estaba cerca? De ser así lo habría notado, había estado pendiente de todo a mí alrededor, por todo el tiempo en que Max había estado en este lugar.
-Instalé cámaras de seguridad… -señaló un punto en la repisa de libros, pero yo no noté nada. Luego señaló otro punto en la cómoda de caoba a mis espaldas.
Miré la muñequita de porcelana. Se veía completamente normal. ¿Le cabría una cámara dentro?
Le resté importancia. Estuvieran donde estuvieran las cámaras de seguridad, el director ya había visto todo. Y si de cierto modo, me incomodaba, a él no tendría por qué importarle.
-Tengo sed –manifesté. Aun tenía el deseo que me había provocado la piel de Max tan cerca de mi nariz.
Dejó de mirar por la ventana y giró para mirarme a mí, al otro lado de la habitación.
-¿Porqué no vamos a cazar?
Fruncí el ceño. Ya no quería triturar huesos. Con beber sangre ya era suficiente para mí, y en un tazón era mucho más agradable. Además, la sangre del conejo no me había sabido tan bien como la que me daba Balthazar.
-Ya no puedo seguír gastando mis reservas, Clare. Es necesario que aprendas a cazar, al menos un par de ardillas y pájaros si no quieres arriesgarte a cazar algún gran animal. Pero debes dejar de tomar del biberón.
-La sangre de esos animales no es tan buena como la que usted me da –me quejé.
Soltó una risa silenciosa.
-Vamos, Clare, no quieres que asalte bancos de sangre todo el tiempo. Si quieres sangre de humano, pues aprende a cazarlos.
Fruncí el ceño nuevamente e intenté sosegar mi corazón, que se había disparado nervioso. ¿Tenía que matar? O podía conseguirme una “amiga”, como la profesora Fielding lo era para Balthazar, y pedirle que me alimentara de vez en cuando. ¿Lyan me ayudaría? Pero qué horror.
-¿Cuándo vuelvo a clases? –pregunté con curiosidad.
Me habían entrado unas ganas locas de ver a Marie, como si la estuviera extrañando.
-¿Estas cambiando de tema apropósito?
-¿Qué? No… Ah… ¿Me desvié del tema nuevamente?
No me había dado cuenta, pero Balthazar me había advertido que sería así. Tendría que comenzar a prestar más atención si no quería caer en mi propia trampa cuando hablara con Max al día siguiente.
El director asintió lentamente y caminó en mi dirección.
-Volverás el próximo lunes.
-¿Y ya  estaré bien?
Se encogió de hombros.
-Si me acompañaras a cazar ahora, estarías mucho mejor.
Puse mis ojos en blanco. De cualquier modo no era de lo más seguro salir de noche cuando había un montón de hombres lobos vigilando el perímetro.
-¿Qué tal si nos atrapan? Estamos rodeados de lobos.
-Clare, son unos niños cabezas de músculo. Lo único que saben es luchar. Lo único que tenemos que hacer, es saber estar en el momento y lugar indicados. Ellos no ven tan bien como nosotros en la oscuridad y tienen un rango de audición menor al nuestro. Eso sin contar que se mueven con mayor torpeza y podríamos escucharlos a kilómetros. ¿Cómo crees que no me han encontrado todos estos años?
Me relajé un poco. Pero pronto recordé mi reciente conversación con Max. Él me había contado que sus compañeros habían visto a la chica rubia.
-Los lobos saben que la chica rubia anda por aquí cerca.
-Sí, pero Danna tiene cientos de años menos que yo. Puede cometer errores, en especial cuando se concentra demasiado en su propósito.
-Yo tengo cientos de años menos que Danna –enfaticé aun sin ganas de salir a cazar.
-Pero tú estarás conmigo.
Suspiré resignada. Al parecer, Balthazar no me permitiría quedarme en cama esa noche. Extrañaba dormir, no tenía sueño, pero ya había estado despierta desde que me había convertido y eso me estaba molestando. Quizá mañana, me conformé.

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