Capítulo 22
Marie volvía a leer su libro. No, mentira, nunca lo leía, pero fingía leerlo. Habíamos salido el sábado a comprar el vestido y hoy por la tarde los zapatos. Tacos altos que no me quedaban para nada.
Ambos días me había reunido con Tyler. Hoy nos había ido mejor, habíamos procurado no hablar de nada que nos llevara por el mal camino. Compramos helados y nos sentamos a tomarlos en la plaza de armas mientras les dábamos comida a las palomas. Incluso habíamos estado un rato con mis amigas.
Justo en ese momento pasaba Max con unos chicos que no conocía. Tyler lo saludó con un asentimiento de cabeza y yo intenté sonreír. Para Teresa era bastante más fácil, porque nunca habían sido enemigos ni nunca le había mentido que no podría salir con él el fin de semana porque tenían que comprar y al final salían con otro chico. Marie, ni lo miró… nunca lo hacía.
Me morí de vergüenza estando frente a Tyler… frente a ambos y lo único que quería ahora era que Marie apagara la luz y dejara de fingir leer, para que esa incómoda escena, dejara de repetirse en mi cabeza y pudiera pronto quedarme dormida.
Gruñí por última vez, y Marie pareció comprender o simplemente se aburrió, porque guardó el libro bajo la cama y apago la luz.
Pronto me quedé dormida y la pesadilla volvió a asaltarme.
Mis mismos ojos en aquella blanca cara, la mía, exactamente igual, rodeada de oscuridad. Me atacaban. Y cuando intentaba quitarme de encima, algo arrojaba a aquella otra yo, lejos por un segundo. Y cuando volvía, ya estaba sintiendo ese dolor agudo en el hombro. Y gritaba fuerte, tan fuerte que me dolían lo oídos, pero algo me cubría la boca finalmente.
Desperté sudando frío, con la mano de Marie en mi boca, susurrándome que me quedara en silencio, mientras tarareaba una canción de cuna.
Me imaginé la escena desde otro punto de vista. Debía parecer perturbador. Yo gritando por el falso dolor que sentía y Marie tarareando una canción que en medio del forcejeo parecía realmente tenebrosa.
Mi respiración era muy agitada y me costaba aun más por entre los dedos fríos de Marie. Le arranqué su mano de mi cara, puesto que ya había dejado de gritar.
-Silencio. Vas a hacer que todos vengan a ver qué pasa. Creerán que te estoy matando –intentó reír, pero parecía más asustada que yo.
La pesadilla había sido peor que nunca. Más detallada, más aterradora, más dolorosa. Comencé a tranquilizarme.
-¿Quieres que vaya a buscarte un poco de agua?
Negué tragando saliva.
-No te molestes, Marie, gracias. Voy yo –la voz aun me temblaba- Quizá me lave la cara –miré por la ventana. El cielo se veía de un azul más intenso, no tan oscuro- ¿Qué hora es?
Marie miró la hora de su reloj digital.
-Un cuarto para las cinco de la mañana. Será mejor que te vayas a dormir.
-Quizá pueda vestirme ya. No me apetece seguir durmiendo teniendo en cuenta el tipo de pesadillas que tengo.
Aun mi respiración era agitada. Me pasé la mano por la cara; estaba totalmente empapada en sudor. ¿Cuánto durarían en realidad los sueños?
Llevé mis cosas para la ducha y salí de mi habitación. Quien me viera se reiría de mi forma de caminar. Aun me temblaban las piernas.
Me acerqué al balcón a mirar el cielo. Aun se veían varias estrellas, pero brillaban con menor intensidad. Apoyé mis brazos en la barandilla, las toallas en mis brazos y mi rostro en las toallas. Cada vez estaba acumulando más y más cansancio.
Toda la semana había dormido mal, con la misma pesadilla, pero nunca tan horrorosa como ahora.
Alguien a mi lado se apoyó también en la barandilla dándome un susto de muerte. Ahogué un grito tapándome la boca y mirando hacia mi derecha.
Era Max, apareciendo de la nada como siempre. Tal como esa vez en la primera clase de matemáticas, cuando me había abierto la puerta.
-¿Estás bien? –me preguntó.
-Tú qué crees, si casi me matas del susto.
-Lo siento. Te escuché… y bueno, tengo que seguir vigilándote, así que vine a ver que te había sucedido.
Suspiré entrecortadamente. Pronto comencé a sollozar silenciosamente y me apoyé en su pecho abrazándolo. Me sentí como una tonta, pero le quería y necesitaba a alguien que me consolara; Tyler no estaba aquí.
Él apoyó sus fuertes manos tibias en mi espalda, como sin saber qué hacer, y comenzó a frotar como a una niña pequeña. Bien, eso servía.
Acercó su cabeza a la mía besándome en la mejilla, secando una de mis lágrimas con sus labios. Me estremecí apretándome más contra él. ¡Valla que estaba confundida! Y no debería de estar haciendo esto teniendo novio.
Pero qué rayos. No podía evitar esto más de lo que se puede evitar un nuevo amanecer.
-¿Qué pasa? –preguntó paternalmente.
-Tengo tanto miedo –me interrumpió un sollozo- tanto, que una estúpida pesadilla me deja tiritando.
Intentó despegar mi pelo de mi rostro mojado por el llanto. Debía de tener un aspecto patético. Volvió a abrazarme y a sobarme la espalda, mientras susurraba palabras de aliento. Que nada pasaría… eso esperaba.
¿Y si algún día conocía a mi padre? ¿Cómo reaccionaría ante él? Tendría rabia, o pena, o miedo, desesperación, o una mezcla de todas.
-Quisiera volver a nacer –murmuré- de otras personas, alguien normal. Crecer en un pueblo comiendo tierra, esforzándome mucho por estudiar y poder ir a la universidad. Algo normal. Luego tener una familia y no preocuparme nunca de lo que me preocupo ahora.
-No, Clare. Tú no tendrás que preocuparte por nada. Nosotros nos encargaremos de todo. Ahora, intenta dormir sin tener pesadillas, que yo estaré sentado fuera de tu puerta todas las noches para que nada te pase.
Sacudí mi cabeza contra su pecho y solté un poco el abrazo para poder limpiar mi rostro con las toallas que traía en la mano.
-No quiero dormir…
Max lanzó un suspiro.
-Vamos a dar una vuelta entonces.
Aun estábamos en pijama. Pero eso no importaba esas horas de la madrugada, cuando nadie rondaba por los pasillos. Aun teníamos una hora antes de que todos los alumnos comenzaran a levantarse para ir a los baños.
Cuando pasábamos por el patio techado que conducía al comedor, Max se quedó mirando hacia el bosque. Parecía tenso y nervioso.
-Hay alguien ahí. No es de los nuestros…
Intenté mirar en la espesura. Pero ni siquiera veía bien los rasgos faciales de Max. Me quedé en absoluto silencio, esperando inútilmente que mis oídos fueran mejor que mi vista. No había caso, era Max el único que podía decirme quien era.
-¿Billy?
-No, no es alguien que conozca… Vamos, entremos luego.
Me empujó suavemente por la espalda, tal como Tyler nunca hacía y me dirigió hacia el comedor que estaba a pocos metros de nosotros. El corazón me latía muy fuerte por los nervios. ¿Si no era alguien que conocía, entonces porque estaba aquí? ¿Quién era?
Nos fuimos a sentar en el mismo lugar en el que habíamos estado Tyler y yo el domingo pasado. Donde las sombras eran más espesas y la posibilidad de que alguien nos viera era menor. Aunque quizá poco serviría ante los ojos de aquella persona que se encontraba en el bosque.
Las manos comenzaron a sudarme. Nunca sudaba por las manos. Solo cuando tenía algo plástico mucho rato entre ellas, pero ahora, por más que las restregara por mis pantalones, seguían mojadas.
-¿Quién era?
-Que no lo conozco… -murmuró entre dientes.
No dejaba de lanzar miradas nerviosas por el ventanal en el que se veía el oscuro bosque.
-Pero lo viste…
-No. Sentí algo… y huele distinto. Ni siquiera huele a hombre lobo.
-¿No era un animal?
-No.
Pronto fui yo la que pude vislumbrar una sombra extraña antes que Max. El no pareció siquiera percatarse de su presencia, pero salté asustada y le señalé ese movimiento oscuro que se dirigía del internado al boque.
-Es Todd. Le pedí que fuera a vigilar…
¿Le pidió? ¿Cuándo? Si recién había sentido aquella extraña presencia y no se había despegado de mi lado. Acaso tenía el poder de duplicarse… o podía correr tan rápido y volver sin que su ausencia se notara…
-Podemos leernos la mente… -explicó Max- Tyler debió habértelo dicho. Los hombres lobos podemos leernos la mente entre nosotros y podemos leérsela a aquellos humanos que nos tienen la suficiente confianza.
Valla. A Tyler se le había escapado ese detalle.
-Deben habérsele escapado varios detalles –murmuró siguiendo el hilo de mis pensamientos- Estuvo muy poco tiempo con nosotros como para que fuera consiente de varias cosas que siempre estuvieron a su alrededor. Cuando eres nuevo te fijas en lo menos importante, luego tus sentidos se van desarrollando.
Un momento… ¿Cuánta confianza le estaba teniendo a Max? ¿Había respondido a mis pensamientos o había sido una coincidencia?
-Clare, creo que tienes la suficiente confianza en mi… desde hace varios días…
Y tuve casi la misma sensación que había tenido cuando Tyler me pidió que fuera su novia, solamente que esta vez fue a la inversa. El enorme huevo de avestruz ya no se quebraba caliente, sino que se llevaba toda esa agradable sensación para adentro, recomponiéndose y quedándose frío dentro de mi pecho.
Ya no tenía sentido comenzar a contar ni hacer ecuaciones para distraer mi mente. Max debía de saber varios de mis secretos desde hacía tiempo. Varios días, como me había dicho.
-Sí, lo siento… Billy quería información. No se la daría, claro, pero…
-Pudiste habértela inventado…
Me sentí nuevamente invadida. Furiosa, porque odiaba que se metieran en mis cosas y en especial en mi mente. Pero ya era tarde, Max debía de saber todo.
-Sentía curiosidad…
Sabía todo. Me moría de vergüenza. No solo había podido notar el aceleramiento de los latidos de mi corazón cuando él se acercaba, sino que también conocía toda mi desesperante confusión.
Quise salir corriendo. Ya no me importaba volver a dormir aunque pudiera sufrir aquella pesadilla nuevamente. Cualquier cosa era mejor que estar viviendo esta vergüenza, esta humillación.
-No te vayas –Max me detuvo del brazo cuando comenzaba a hacer mi primer movimiento de escape- Clare, perdóname… es que no eres la única que está confundida.
Mi corazón dio un vuelco… casi emocionado, pero yo quería convencerme de que solo estaba nervioso. Ignoré la mano de Max alrededor de mi antebrazo y partí caminando a grandes zancadas, de vuelta a mi habitación. Max no hiso nada por impedírmelo como me esperaba, simplemente soltó el agarre y me siguió a la misma velocidad a un par de metros de distancia.
Intenté apresurarme y extender los metros que nos separaban. Pero por más rápido que fuera, la distancia siempre era la misma. Max no se acercaba ni alejaba ni un metro más ni menos de lo que él parecía considerar prudente.
Cuando subimos las escaleras, me di cuenta de que ya había varias chicas dirigiéndose a los baños. Así que decidí mezclarme entre ellas y despejar de mi cabeza todas aquellas ideas locas que se habían ido mezclando estos últimos días, con una buena ducha.
-Si quieres te espero fuera –sugirió Max.
Pero yo, sin mirarle siquiera, y luego de mascullar un improperio, le pedí que se fuera.
Ya estaban todos los cubículos ocupados cuando entré en el baño. Marie le sostenía los envases de champú y acondicionador a alguna chica, mientras canturreaba apoyada contra la puerta del cubículo. Se quedó callada en cuanto me vio y abriendo bien los ojos, pareció estar pidiéndome una explicación.
-Creí que ya estarías duchada y tomando desayuno –dijo con su adorable voz de pequeña.
-Aun no sirven el desayuno…
Me apoyé en la misma puerta que ella, esperando, como varias de las demás que no se estaban vistiendo ya, a que se desocupara alguna ducha.
-Al menos podrías estar duchada y con ropa…
-Necesitaba aire fresco… -suspiré entrecortadamente mientras pensaba en mi paseo con Max.
Se suponía que él estaba haciendo su trabajo y yo simplemente le dejaba que lo hiciera tranquilo. No era que nuestro paseo significara algo más, ni que el abrazo, ni que mis sentimientos… ni que los suyos… ¡Dios!
-¿Y yo no tengo aire fresco? –preguntó con sus ojos crasos bien abiertos.
-¿Qué?
Otra de las nuevas extrañas metáforas de Marie.
Un baño se desocupó y comencé a dirigirme a él, ignorando la pregunta de Marie y mi curiosidad con ella. Pero la chica me detuvo bruscamente girando su cabeza de lado a lado haciendo que sus dorados cabellos cortos danzaran alrededor de su cabeza dando suaves brincos.
-Porque parece que hay personas que si tienen aire fresco…
-Marie, no entiendo nada…
-¿Tú querías tomar aire?
-Sí –contesté aturdida.
Le señalé por sobre sus hombros a la chica que estaba ocupando el cubículo que yo habría podido usar si ella no me hubiera hecho perder la oportunidad.
-¿Y es que Max tiene mucho? –dijo en un susurro.
Abrí los ojos como platos. Se me revolvió el estómago y empecé a maldecir interiormente. Marie siempre lograba enterarse de todas mis cosas. Es que era demasiado chismosa.
-No metas las narices donde no te importe, Marie, por favor –casi le supliqué.
-Quizá a Tyler si le importe… -amenazó- Hay distintos tipos de abrazos… los de amigos… los de novios… los de padres… y los de No novios y esos son feos.
Pero no parecía estarme amenazando. Marie no amenazaba. Su voz era siempre constante e inocente, como si todo lo que dijera fuera sin intención de lastimar. Pero aun así lograba ponerme tan nerviosa.
-Marie… eso no fue nada… estaba asustada. Yo ni siquiera planeaba encontrarme con él. No le dirás a Tyler ¿Verdad?
-Como si lo fuera a ver. Yo no haría eso… Pero de todas formas, pienso que eso lo lastimaría.
Se me escapó una lágrima traviesa y me escapé de su mirada pegajosa en cuanto vi salir a una chica de una de las duchas. Me puse a sollozar silenciosamente sacándome las ropas y arrojándolas por encima de la puerta pidiendo que me las cuidaran.
El llanto se confundió con el agua y mis pensamientos se mezclaron con el vapor. Intenté dormirme despierta y no pensar, simplemente ser un muerto viviente, porque era lo más fácil en estos momentos.

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