Capítulo 11
Apagón en todo el colegio. Había ocurrido un corto circuito y nos habíamos quedado sin electricidad, sin cargador de celulares, sin Tyler. Marie había agregado a su “lista de reglas para vivir con Clare” el no hablarme demasiado cuando la luz se corta en medio de una llamada importante. Me hubiera hecho gracia en otro momento, pero Tyler me había dicho unas pocas cosas que parecían un montón rebotando por todos lados en mi cabeza.
Estaba loca. Loca de enojo. Habían llamado a unos profesionales para que arreglaran el problema de electricidad lo más pronto posible, mientras yo daba vueltas y vueltas en mi lado de la habitación ordenando con furia todo el desastre que había dejado en la mañana.
Marie me miraba con sus ojos pegajosos, pero ya no me importaba. Había una sola cosa que llenaba mi cabeza. Tyler. Tyler y todo lo que me había dicho, que aunque no había sido mucho, me daba demasiado que pensar.
Sabía el secreto de Bob. Bob no sabía que Tyler sabía su secreto. Y yo no sabía si decírselo a Bob. No sabía tampoco que decirle a Tyler para que guardara el secreto. Pero también podía saberlo de antes. Él me había dicho que tenía que ver con algo importante. Había pensado inmediatamente en Billy, luego en Tyler. ¿Y si también era un hombre lobo? ¿Y si era de Bob de quien quería protegerme? Él no sabía que Bob era inofensivo. O si lo sabía y conocía a otro… que… o Billy.
Y encima de todo, yo le gustaba. Él me gustaba y yo le gustaba. El creía que a mí no me gustaba. ¿Cómo podía pensar semejante estupidez? Nunca había pensado que Tyler no se hubiera dado cuenta, ni siquiera un poco, de mi obsesión. Pero no, no lo sabía y yo no sabía cómo decírselo. La única vez que había tenido novio, había sido hacia más de un año con un chico idiota que quería aprovecharse de mi popularidad. No habíamos durado ni una semana.
Marie me había ofrecido su celular cargado cuando tiré el mío contra el piso. Me sentí una tonta al no habérseme ocurrido esa idea, pero luego rechacé su ofrecimiento. Después de todo no sabía que decir, ni siquiera sabía cómo reaccionar ahora.
Tal vez luego. Hablaría con Bob de esto. No, no podía hacerlo. No iba a acusar a Tyler sobre lo que sabía de Bob, pero podía contarle sobre sus sentimientos hacia mí. ¿Qué diría Bob sobre eso? ¿Lo sabría? ¿Si lo sabía…? Podía decirle a Tyler por mí. Sería más fácil, pero cobarde. Marie me miraba paciente. Era lo que menos me gustaba.
-Otra regla: Intentar no prestar demasiada atención a Clare
La vi tomando su hoja de apuntes rápidamente y anotar lo que le había sugerido. Luego volvió a mirarme y cayendo en su error sacó un libro de unos de sus cajones y comenzó a leer.
Me senté en la cama orgullosa de que el desastre hubiera desaparecido y recordé a Lyan.
Él había venido a avisarnos del corte de luz y a informarnos el rumor que corría por todo el colegio. Bueno, el rumor que había hecho correr el propio director para poder informar a todos sus alumnos. Y me había invitado a dar una vuelta viendo lo muy alterada que me encontraba. Le había rechazado teniendo como escusa tener que ordenar mi habitación. Pero ahora si me apetecía tomar un poco de aire fresco. ¿Dónde estaría?
-Marie ¿Quieres dar un paseo por el campus?
Levantó la vista de su libro y me prestó atención.
-Bien. Me gustaría.
Eso sería lo primero que haríamos juntas luego del almuerzo del día anterior. Se sentía bien programar un panorama con una amiga, aunque apenas fuera para salir al “jardín trasero” del internado. Era como si ya me estuviera sintiendo como en casa.
Me di cuenta de que hacía más calor, dentro que fuera. Debía anotarlo en mi lista de notas para adecuarme al internado. Seguramente, varios chicos lo habían notado antes que yo, porque vi a varios nuevos y a la mayoría del alumnado en el jardín como nosotras. ¿O se debía a que no tenían electricidad para entretenerse?
Al día siguiente me levanté a las siete justas gracias a la alarma de celular que Marie había puesto bajo mi almohada para ayudarme a despertar. Si el sonido al máximo volumen, justo al lado de mi oído no podía despertarme, no sabía que lo haría.
La luz había llegado el día anterior por la noche. Me sentí mal por no devolverle el llamado a Tyler ni ponerme en contacto con Bob. Pero me había prometido que sin falta al final de clases, los llamaría a ambos y terminaría de una vez por todas con estos estúpidos nervios que me comían por dentro.
Llevé ropa y toallas al baño mohoso. Me asusté de ver a tantas chicas dentro, pero era de esperar. Todas querrían llegar a tiempo a clase y no enfrentarse a las miradas temibles de los profesores ofendidos por un retraso. Ayer no había tenido el honor de compartir la suciedad, pero ahora se hacía más fácil.
Éramos como un equipo ahí dentro. Cuando una se bañaba, había otra afuera esperando que se preocupaba de pasarle el champú y el acondicionador a la que estaba dentro. Si los dejabas en el piso, no tardaban en caerse por la inclinación que tenía la ducha para que se fuera el agua y así los envases terminaban todos cubiertos por una capa de moho repugnante. Todo eso lo aprendía hoy. Como que también era más cómodo bañarse con sandalias y si largabas toda el agua salía demasiado caliente.
Volví a mi cuarto en busca de mis cuadernos y mis lápices, para dirigirme cuanto antes al comedor a tomar desayuno. No quería tardar demasiado y llegar tarde nuevamente a la clase de la señorita Button.
Marie y yo nos servimos lo mismo que había comido con Lyan la mañana anterior y nos sentamos junto a Gabbe, Todd, Miriam y Diego justo en el mismo lugar en el que habíamos almorzado el primer día, cuando había llegado.
No había tanta gente como a la hora de almuerzo. Seguramente no todos desayunaban y también el número se reducía bastante con los que tenían sus desayunos personales. Como Teresa o Charlotte que tenían un mini congelador en su propia habitación.
Luego del desayuno me reuní con Lyan, Harry y el otro chico galleta de chocolate del cual no recordaba su nombre, y nos fuimos a la clase de matemáticas.
La profesora Button me saludó con un leve asentimiento de cabeza y me dirigió una sonrisa burlona.
-Que bien, señorita Thompson, que hoy sus sábanas la hayan soltado a tiempo.
Asentí simplemente. Estaba siendo desagradable conmigo para ver cómo reaccionaba, pero no caería en su trampa.
Me senté en mi asiento al lado de Lyan y por sobre su hombro pude ver un rostro níveo con una marca entre morada y roja cubriéndole el pómulo izquierdo. Mi puñetazo en la cara de Fred había sido más fuerte de lo que había creído, pero aun así me sentí orgullosa.
Cuando me miró, me puse a sobarme disimuladamente mi pómulo limpio para indicarle que había algo extraño en su rostro. Me fulminó con la mirada y yo le lancé una mueca de desprecio.
Lyan se dio cuenta de nuestro intercambio rencoroso y nos miró a cada uno de hito en hito antes de dirigirse a Fred.
-¿Qué te sucedió en la cara Fred? –él se puso tenso.
Por un momento creí que me acusaría con Lyan, pero seguramente le avergonzaba demasiado que una chica lo hubiera golpeado.
-Nada…
-¿Clare? –se dirigió a mí descubriendo que yo lo sabía.
-No lo sé –tampoco iba a decirle lo muy agresiva que era a veces.
Se volvió al chico galleta de chocolate cuyo nombre no recordaba y volvió a preguntar.
-No me quieren decir… ¿Sabes que le pasó a Fred en la cara?
Se encogió de hombros y le golpeó suavemente la espalda a Fred, que se sentaba en frente suyo. Frunció el ceño cuando este se volvió fulminándole con la mirada.
-¿Quién te hiso esto, tío? Hacía tiempo que no te metías en una pelea. ¿Quién ganó?
-No era pelea… no me pasó nada –se volvió bruscamente.
La profesora Button llamó el orden a la clase cuando la campana sonó y se volvió a nosotros con su rostro más severo. Fred se puso tieso como tabla y pálido como una hoja de papel. Si mis sentimientos reflejaban lo muy asustada que me dejaba esa mirada, entonces debía tener la misma expresión que mi bruto compañero.
-Casi lo olvido. Ustedes dos, síganme –se dirigió a la puerta luego de apuntarnos lentamente con el dedo- tenemos que hablar.
La clase nos quedó mirando con curiosidad y, si mis percepciones no me fallaban, con cierta compasión.
Fred me miró exigiendo una explicación. Obviamente no se esperaba que lo hubiera acusado con la profesora, pero a mí no me bastaba con haberlo golpeado… aunque ahora me estaba arrepintiendo un poco.
Me levanté de mi asiento, tomando la iniciativa y seguí a la profesora que nos esperaba sosteniendo abierta la puerta. Fred me siguió murmurándome una suave amenaza al pasar.
-Eres una idiota, no solo me estas castigando a mí –se apuntó el pómulo.
Antes de salir eché una rápida ojeada a la clase y vi como la mayoría nos miraba ceñudos diciéndose cosas entre sí. Lyan articuló una pregunta con sus labios, pero no le pude entender.
Fred cerró la puerta tras de sí.
-Si iba a caer, tú caerías conmigo –le respondí.
La profesora nos dirigió por entre los amplios pasillos del internado, pasando por afuera del comedor y por algunas de las salas de clases, hasta llegar a las habitaciones de los profesores, que se encontraban justo al lado opuesto que la de los alumnos.
Los cuartos de los profesores eran mucho más grandes que las de los alumnos. Debía ser tan grande como la que yo compartía con Marie, salvo que ellos no la compartían y además tenían una recepción antes, para atender a los alumnos. Ahí estábamos los dos a punto de ser sometidos a un cruel interrogatorio en la oficina de la más odiada profesora del instituto.
Se sentó detrás de un enorme escritorio de caoba. Era hermoso, nada comparable con el resto de la vieja habitación, o con el resto de todo el internado. Nos hiso un gesto con la mano, para que tomáramos asiento en dos sillas de madera, que parecían hechas solo para nosotros.
Se me revolvió el estómago, las manos me sudaban frío y de repente quise salir corriendo de ahí. Pero no podía hacerlo.
-¿Alguien me va a explicar que fue lo que sucedió ayer?
Los dos guardamos silencio por un periodo de tiempo muy largo. El más largo que nunca hubiera tenido que esperar. Había sido un error confesarle a ella lo que había sucedido afuera de mi cuarto ayer en la tarde, pero estaba fuera de mis casillas y me habría atrevido a hacer cualquier estupidez. Como las que ya había hecho.
-¿Señorita Thompson?
Carraspeé, pero no dije nada.
-¿Me puede explicar lo que sucedió?
Inspiré con fuerzas.
-Ayer… Fred leyó mi carta.
-No la leí toda –saltó el chico de pronto.
La profesora giró su cabeza hacia él, con un movimiento tan premeditado como el más precavido de los asesinos, a la hora de matar a alguien. Abrió sus ojos enormes alzando las cejas.
-¿Pero la leyó?
-Sí –se limitó a decir.
-¿Puede explicarme por qué lo hiso? –la profesora Button arrugó sus labios.
Fred golpeteó nervioso, los dedos en el borde de la silla mientras me miraba por el rabillo del ojo, con expresión furibunda.
-Me extrañó que Clare hubiera recibido correspondencia fuera de la fecha y quería saber si su pretendiente era uno de mis amigos. Simple curiosidad…
-Pues estuvo mal –le criticó la profesora- A mí también me extrañó que hubiera recibido correspondencia fuera de fecha, por eso le pregunté ¿Cómo había llegado la carta a sus manos? ¿O él remitente era de aquí?
Ahora comprendía lo que me había preguntado en el pasillo fuera de mi cuarto. “¿Cómo llegó a sus manos?” me había preguntado y yo le respondí que era mejor preguntar cómo me la había quitado. No había entendido que no se refería a Fred.
-Yo… pensé que me preguntaba cómo había llegado a las manos de Fred.
El chico pareció relajarse en la silla. Estiró sus piernas por debajo del escritorio y con sus manos cruzadas en su abdomen, me miró con una sonrisa sardónica.
-Pues no me refería a eso… ¿Era de aquí el chico?
-No era, señorita Button –Fred contestó por mí suponiendo que eso me pondría en aprietos.
Pues claro ¿Cómo me habría llegado una carta si estábamos fuera de fecha? Si les decía que era de alguien de aquí, como Lyan, que no dudaría en mentir por mí, podía tener una salvación en cuanto a eso. Pero si me pedían mostrar la carta o si le preguntaban a Lyan antes que yo le pusiera al tanto de le situación, la mentira me traería más problemas.
-¿Thompson?
-No era señorita Button –contesté cabizbaja.
-¿Cómo llegó a sus manos entonces?
Se la quité a Marie mi compañera de cuarto, pensé, pero a ella no le quería dar problemas.
-Estaba en mi habitación cuando entré.
-¿Entonces usted no sabe cómo pudieron haberla hecho ingresar al establecimiento? –negué con la cabeza.
Fred torció la comisura de los labios, decepcionado de que eso no me trajera problemas.
-Muy bien, señor Lockwood, el castigo es para usted –mi compañero hiso un mueca, pero aun faltaba algo. Él tenía un as bajo la manga.
-Señorita Button… ¿Clare no recibirá ningún castigo por el golpe que me dio en la cara? –dio su mejor expresión de niño inocente y se apuntó el pómulo nuevamente.
Suspiré resignada. Sabía que yo también caería, junto con él.
-¿Es verdad eso señorita Thompson? –me miró alarmada, con esos ojos abiertos de ave rapaz.
Asentí lentamente, no había vuelta que darle.

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