viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 25 CLARE


Capítulo 25
Los arboles pasaban a mi lado borrosos como la niebla, borrosos e indefinidos. Las sienes me dolían de los deseos que tenía de derramar aquellas lágrimas que ya no existían. Sorteé ramas y raíces sin ningún problema y no llegué a cansarme en ningún momento.
Esperaba que el director estuviera intentando acortar terreno entre los dos corriendo tras de mí, pero era evidente que la carrera era solo mía.
Cuando, en medio de mi carrera, comencé a pensar con mayor claridad deduje que ir a pedir ayuda sería lo más sensato, pero en medio de los árboles y de mi atropellamiento había olvidado la dirección al instituto.
¿Por qué tenía que haber un inmenso cerro justo detrás del internado?
Pero entonces un aroma irresistible se me agolpó en la nariz e invadió todos mis sentidos. Choqué de frente contra un enorme pino y caí de espaldas. Gateé en busca de ese aroma que, aunque no tan impactante como el de la sangre que me había enseñado el director en la cabaña, me había atontado por completo.
Me levanté en un sucinto movimiento para correr más rápido de lo que antes había corrido y perseguir a aquel animalito que se había escondido entre las ramas de un pequeño arbusto. Ambos, el conejo y yo,  corrimos lo más rápido que pudimos hasta que el pobre calló bajo mis fauces.
Me sorprendí en un momento cuando escuché el crujir de sus huesos bajo la presión de mis manos y su insistente pataleo para intentar liberarse de mí. Me entró el pánico apenas por una fracción de segundo, pero luego de eso ya no era dueña de mis pensamientos y el conejo estaba totalmente muerto.
Salí de mi estupor luego de unos segundos. El animal estaba completamente laxo entre mis dedos y con enormes heridas por todo su cuerpo.
Lancé un grito al comprender que había sido yo. Había bebido toda su sangre como la del tazón, había sido capaz de matar con mis propias manos sin ningún pudor.
Me llevé las manos a la cara que se me caía de vergüenza pero éstas, estaban completamente profanadas de una sangre espesa que cada vez se secaba más y más.
-Sabía que iba a ser poco –murmuró la voz del director desde mi espalda.
Instintivamente le di la cara retrocediendo al mismo tiempo un par de pasos. Estaba sentado contra el tronco de un árbol en una postura totalmente relejada. Tenía una piedra en la mano a la cual le pasaba su dedo pulgar por encima haciendo que cayeran pequeñas limaduras.
No llegué a sorprenderme de ello, hasta entonces habían pocas cosas que me pudieran sorprender y ahora sospechaba que nada, nunca más atraería mi atención. Esto era el colmo de los colmos, era horrible.
-¿Quieres seguir con tu caza o prefieres volver a tomar nuestra merienda?
“¡Lágrimas, lágrimas, vuelvan a mí!” Estaba harta de que solo se agolparan en mi cabeza para molestarme y no llegaran a salir nunca.
Le di negativa a su respuesta. Lo menos que quería hacer después de todo lo que había pasado era volver a tomar aquel líquido rojo y viscoso al que no quería volver a llamar sangre.
-Volverás al internado cuando te haya explicado todo. No puedes presentarte ante los demás en este estado sicológico.
-¿Mi madre no sabe?
-Claro que no…
Cuando había despertado obviamente había deseado que mi madre hubiera sabido de mi infortunio y que estuviera conmigo. Pero antes no sabía todo lo que me había pasado y que era  diferente a como era antes. Ya no quería que nadie se enterara.
Lo que más me aterraba era que Max pudiera darse cuenta de que era ahora. Sentía la necesidad de confesarle todo al director para que pudiera tranquilizarme, pero no podía traicionar la confianza que habían depositado en mí, Bob, Tyler y mis vigilantes.
Aunque el director ya sabía que yo estaba enterada de la existencia de demonios. Si él sabía eso, mínimo debía conocer cuál había sido mi fuente de información.
-¿Usted conoce… hombre lobos?
-Me recuerdas a mí hace varios años atrás. No era capaz de continuar una conversación coherentemente. Nos distraemos tan fácil cuando recién nos enteramos de este nuevo mundo.
Continué mirándole sin expresión alguna esperando que respondiera mi primera pregunta. Si decía que me distraía fácil no le resultaría esta vez cambiarme el tema.
No hablamos por unos segundos que me parecieron eternos, hasta que de un brinco se levantó y dando un largo suspiro se acercó a mí para responder.
-Tú hablas de tus pequeños amiguitos –rió sardónicamente- Son unos novatos. Han estado vigilando este internado por más de un década y aun no sospechan de mí.
Fruncí el ceño.
-¿Cómo van a sospechar si parece una persona normal?
Comenzó a caminar en círculos a mí alrededor con las manos dentro de los bolsillos.
-Hay ciertas “pistas” que pueden delatar a un vampiro. Si te vieras… estás mucho más colorada que hace media hora y eso es porque has recuperado sangre. Como vez, yo estoy totalmente pálido. Aquel sorbo que bebí en la cabaña no me sirvió de nada, fue muy poco. Tampoco han sospechado que mi continua ausencia se deba a que todo el mundo podría darse cuenta que con el correr de los años sigo viéndome de veintisiete años. –le dio un puntapié al conejo que yacía en el suelo- Claro, cualquiera no sospecharía tan fácilmente, pero ellos son hombres lobos, se supone que están más cercanos a este mundo de fantasía, se supone que deberían tener más experiencia, pero ¿Qué puedo esperar de ellos que apenas han vivido una fracción de años de lo que yo?
Me sorprendí que pudiera restarle tanta importancia a la presencia de sus mayores enemigos en su internado. Me sorprendí de que los viera como unos mocosos que jugaban un juego de guerra, mientras yo con ellos me moría de miedo. Y más me sorprendí que los dejara seguir jugando sin interferir.
Estaba perdida y sola sin alguien que me guiara ahora, así que más me valía seguir todas las indicaciones del director.
-¿Qué sucedió en verdad?
-Aquella chica, era una vieja conocida mía. Quería vengarse de mí por haberla convertido, pero yo no tenía demasiada conciencia en ese tiempo. Simplemente me dejaba guiar por el instinto. Seguramente pensó que atacar a alguno de mis alumnos atraería mi atención. Yo ya sabía que estaba en el campus desde el día anterior, así que estaba alerta. Lo malo fue que nunca esperé que a alguien se le ocurriera internarse en el bosque por cuenta propia en especial cuando las reglas lo prohíben. Así que debí partir rápidamente para intentar rescatarte, pero fue demasiado tarde. Apenas llegué ella ya estaba mordiéndote.
-¿Así nada más?
Asintió adormilado.
-Huelo duraznos… -murmuré.
-¿Cómo? –preguntó sin comprenderme.
Y no tenía demasiado sentido que lo dijera entonces, pero siempre me habían encantado los duraznos desde que tenía memoria. Y ahora los sentía cerca.
-Me gustan
-Ah, sí. Planté varios cuando llegué a este sitio y fundé el internado. Siempre fue mi fruta favorita. Lástima que ya no quiten el hambre como cuando estaba vivo.
-¿Vivo?
-Si ¿No te sientes muerta?
Lo pensé por unos segundos y recordé que había sido una de las primeras cosas que había pensado al despertar. Ya no me sentía con vida.
Luego intenté forzar mi mente y recordar todo lo que había pasado últimamente para hacerlo encajar.
Me había cambiado de ciudad a un internado de mala muerte de donde lo único que quería era escapar. Me había enterado de que mis dos mejores amigos de toda la vida, eran seres mitológicos que caminaban sobre cuatro patas. Me había enterado que mi padre era un demonio, o como ahora lo sabía, un vampiro. Hombres lobos me habían vigilado toda mi vida creyendo que era peligrosa. Y Max había estado todo este tiempo intentando convencer a Billy de que yo no podría dañar a nadie, cuando de pronto se me ocurre escaparme al bosque donde me atraparía una chica demonio.
Ahora si podía ser peligrosa. Había matado a un conejo con mis propias manos y no me había significado un arduo trabajo. Seguramente un humano no me causaría muchos más problemas.
Fred. Quizá el mereciera algún susto por haberme querido emborrachar. Después de todo, él había sido el culpable de mi tonto descontrol.
-¿Cuándo puedo volver al internado? –pregunté planeando mi venganza.
-Y nuevamente cambias bruscamente la conversación.
Lo medité. Su última pregunta había sido si no me sentía muerta y había olvidado responder. Pero que importaba en realidad. ¿Y los duraznos?
- Volverás al internado cuando te haya explicado todo. No puedes presentarte ante los demás en este estado sicológico –repitió lo mismo que me había dicho antes- Primero debo advertirte sobre ciertas cosas.
Me encogí de hombros indicándole que estaba dispuesta a escuchar fuera la estupidez que fuera. Ya debía de estarme acostumbrando a recibir noticias catastróficas y al parecer esta nueva “especie de vida” me hacía sentir un poco más fuerte.
Nos encaminamos de vuelta a la cabaña. Caminamos a un paso normal, pero que me parecía tan lento como el de un caracol. A cada paso que daba sentía como mis músculos me reprochaban. Sentía como era capaz de mucho más, como lo había sido al intentar escaparme del hombre hacía un rato.
El director se dirigió nuevamente hacia detrás de su escritorio y oprimió una vez más el botón del hervidor para que su contenido continuara hirviendo.
-Seguramente querrás más –dijo más como una sugerencia.
Asentí. La verdad era que aun sentía deseos de atragantarme con aquel líquido rojo, aunque no lo quisiera admitir.
-Bien, puedes llamarme Balthazar O’Reilly o si prefieres, Director O’Reilly, aunque me gusta más lo primero… Tengo veintisiete años y tres hijos que no veo desde hace siglos –se peinó las cejas con los dedos en un claro intento de cubrirse el rostro por un momento- Creé esta institución hace ciento quince años con el propósito de ver crecer a los chicos, como no pude hacer con mis propios hijos. Si, se que debería pensar antes en la educación de la juventud, pero no me importa que mi propósito sea egoísta.
>>Nací en el siglo X en plena edad media y a los veintisiete años fui convertido por un vampiro autóctono del infierno –alzó las cejas intentando llamar mi atención. Obviamente sabía que yo me estaba preguntando a que se refería con eso, pero no le quise interrumpir- Se llamaba Gedeón-Esec y era un verdadero tirano. Durante años lo sentí como un padre cruel, pero poderoso y admirable; luego de darme cuenta de que solo causaba dolor y destrucción intenté alejarme de él lo más posible, poniendo cielo, mar y tierra entre los dos.
>>Terminé recorriendo el mundo entero hasta que encontré un par de lugares insignificantes en donde podía pasar inadvertido. Este último siglo me ha resultado bastante bien aquí. Fundé este internado por las razones que ya conoces, e intenté protegerlo todo este tiempo de aquellos que quisieran hacerles daño a los alumnos. Pero Danna me encontró al fin, después de muchos años y quiso vengarse –inspiró hondamente- No lo logró conmigo, pero logró que tú fueras su víctima.
Lucía triste, pero increíblemente no logró conmoverme. Comenzaba a preguntarme si esta nueva vida, cambiaría mi forma de tomarme las cosas, si acaso fuera más fácil. Esperaba a que sí, pero no tenía prueba contundente. Lo de ahora era casi lógico que no me importara, apenas conocía a ese hombre.
-¿Quién es Danna? –pregunté distraída.
-La chica que te atacó.
La hervidora me sobresaltó al indicar que ya estaba lista. Balthazar se dirigió premeditadamente hacia ella y tomándola, nuevamente la vertió en mi tazón, solo que esta vez no se dejó ni una gota para él solo.
Tomé mi tazón sin reclamar ahora. No tenía caso sabiendo que de todas formas no podría resistirme por mucho tiempo más y por otra parte, era mucho mejor que triturar un conejo con tus propias manos.
-¿Qué le diré a mis amigos de por qué me desaparecí misteriosamente?
Hizo un gesto de autosuficiencia indicándome que ya lo tenía todo planeado. Mientras, me tomé la sangre de un solo sorbo.
-Serán dos historias… Una para tus amigos humanos y la otra para los lobitos.
Di mi mejor expresión de no entender nada. ¿Porqué no dar la misma historia para todo el mundo? Sería menos complicado y se correría menos riesgos de que unos u otros se enteraran de las distintas versiones.
-Max te ayudará a mentir, por supuesto…
-¿Qué él ya sabe? –interrumpí sorprendida.
-No… déjame hablar. Él creerá que sabe la verdadera historia, creerá que es el único que sabe la verdad y que por lo tanto deben mentirle a los demás –aun continuaba sin entender- Le dirás a este chico que fuiste atacada por una chica y que pensaste que era un demonio. Obviamente él ya sabe que tienes conocimiento sobre eso, así que solo se mostrará preocupado y se tragará todo. Le dirás que la chica te tomó en brazos y te alejó mucho del internado, y eso explicaría tu pronta desaparición. Porque el chico seguramente te debe de haber seguido y extrañado de que te hallaras ya tan lejos de donde te vio desaparecer en el bosque. Entonces la chica se habrá encontrado con otro demonio y estos lucharon hasta que tú caíste por un pequeño barranco en el que perdiste la conciencia, producto del susto, del golpe y la borrachera. Luego de eso dirás que te encontró la profesora Fielding la cual…
-¿La profesora Fielding? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? ¿No creo que a cualquiera le apetezca atestiguar a nuestro favor.
El director giró los ojos en redondo disconforme con mi reciente interrupción. Se rascó la nariz, como si hubiera perdido la concentración por culpa mía y ahora quisiera recuperarla.
-La cual… sabe de nuestra existencia.
Abrí los ojos como platos. ¿Cuántos vampiros y hombres lobos habían a mi alrededor sin que pudiera darme cuenta?
-Ella es humana. Estuvo aquí poco tiempo antes de que te despertaras, cerciorando que tus heridas estuvieran cicatrizando correctamente. Ella es la encargada de alimentarme las veces que se me acaba la sangre del congelador, las veces que no puedo salir a cazar. No son muchas, pero muy de vez en cuando lo necesito.
-Es una especie de sirvienta suya… -dije con desprecio en el tono de vos.
No entendía como alguien podía ser tan insensible para tener a un humano a su disposición para cuando quisiera. Seguro era cómodo.
-Es una amiga –me corrigió cortante.
Silenciamos por un minuto. Nos quedamos mirando fijamente mientras prometía quedarme callada hasta que terminara con sus explicaciones. Quizá no era muy conveniente hacerlo enfadar, especialmente sabiendo que era la única persona que podía darme todas, o la mayor parte de las respuestas que me faltaban.
-¿Puedo…?
-Si… lo siento –respondí más sumisa de lo que me hubiera gustado.
Carraspeó mirando el escritorio. Luego levantó la vista.
-La profesora Fielding dirá que salió a buscarte luego de haber escuchado un fuerte grito, tuyo por supuesto, mientras regaba los tomates que tenemos en un huerto en medio del bosque.
¿Un huerto en medio del bosque? Bien, supongo que eso no era tan raro, pero parecía poco convincente que justamente los estuviera regando a aquellas horas.
-Yo ya me encargué de avisar a todo el colegio de que habías tenido un pequeño accidente y que estas siendo cuidada por la profesora y una enfermera en una habitación individual. Para todos está prohibido visitarte ya que estás muy cansada y necesitas recuperarte bien. Le dirás a tu lobito que estas muy asustada y que la verdadera razón por la que no quieres ver a nadie es porque la experiencia te dejó horrorizada. Así no tendrás que asistir a clases por algún tiempo ni expondrás a nadie  ahora que eres más peligrosa que nunca.
Me quedé pensando por unos instantes. Ahora era peligrosa y hacía tan solo un par de días lo más que podía hacer era pegarle una bofetada a un compañero. Un compañero que tenía toda la culpa de que ahora estuviera así, al igual que Max. Ambos, Fred quitándome el raciocinio con sus bebidas y Max enfureciéndome, habían logrado que me internara en el bosque donde firmaría mi condena.
Era ahora un demonio al igual que mi padre. Qué locura. Lo había evitado por dieciséis años y podía haber seguido así de no ser por esos dos chicos.
Quizá cuando me encontrara mejor, podría hacerles pagar todo lo que me habían hecho. Pero ahora debía poner toda mi atención al plan de Balthazar, debía intentar aprendérmelo con mil detalles para narrarlo como si en verdad me hubiera sucedido.
-¿Y qué les tenía que decir a los demás?
-Solo te caíste por el barranco… y Hannah te encontró. Ahí te ayudará Max para agregar algunos detalles, se supone que él sabe la verdadera historia y debe ayudarte a mentir a los demás.
-¿Y por qué no le cuento a Max la misma historia que a otros? No creo que cambie en mucho.
El director suspiró impacientemente como sintiendo que toda la explicación que me había dado no hubiera servido de nada. Se suponía que siendo un demonio mi mente funcionaría más rápido, pero no sentía que ese fuera mi caso.
-El chico te siguió, Clare. Es un hombre lobo… obviamente ahora se estará preguntando como desapareciste tan rápido si siempre había creído y jurado ante toda su manada de que eras una humana normal.
Debe de estarse sintiendo horrible, pensé suspirando hacia un costado. Si todo este tiempo había puesto las manos al fuego por mí y de pronto todo este incidente apuntaba en un sentido totalmente opuesto. Ojalá durara su duda el tiempo suficiente hasta que le pudiera contar la historia.

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