Capítulo 17
Trabajamos toda la mañana sin descansar. Para cuando la profesora Button nos vino a ver, habíamos avanzado bastante.
No nos dejó ir a almorzar junto a todos los demás chicos, así que ella nos llevó la comida, que devoramos instantáneamente. No habíamos tomado desayuno y el olor a cloro y desinfectante daba aun más hambre.
Cuando nuestros brazos dolían y la nariz ya no podíamos sentirla por todo lo nauseabundo que habíamos tenido que soportar, nos levantamos trastabillando deseosos de escapar de nuestra condena. Si bien ya no parecía un calabozo infernal y el suelo de vieja madera mohosa se veía casi decente, queríamos escapar de la mutua compañía indeseada.
No habíamos hablado casi nada desde que le había gritado que se callase. Solo unos simples comentarios de “Eh, me acercas la cubeta” o “Aquí no sale” y “Continuemos con los lavamanos” habían bastado para rellenar parte del silencio que a mí no me molestaba en absoluto.
Nos fuimos a acostar cerca de las una de la madrugada. Cansada y adolorida como estaba, no tardé en quedarme dormida mientras pensaba que en dentro de pocas horas vería a Tyler. Qué extraño sería volver a verlo ahora sabiendo toda la verdad…
Apreté los párpados con brusquedad. Al abrirlos pude ver mis ojos frente a mí. Parecía como si me estuviera mirando en un espejo, pero solo podía ver mis ojos azules, y oscuridad. Pensé que Marie me estaría haciendo una broma, pero no la veía a ella ni sentía que alguien estuviera ahí conmigo. Pero si había alguien, alguien estaba usando mis ojos eso era. Pegué un manotazo hacia adelante y la figura desapareció por un momento. Cuando mis ojos volvieron sentí un endemoniado dolor en el hombro, peor de lo que nunca había podido imaginar… grité fuerte, muy fuerte.
Entonces todo comenzó a sacudirse a mí alrededor y creí que estaba temblando. Desperté con pánico. Abrí los ojos como platos y vi la esbelta figura de Marie sacudiéndome asustada.
-Clare ¿Ya estás bien? –dijo balbuceante.
Ambas tragamos saliva.
Me senté en la cama y me limpié el sudor de la frente. Miré hacia todos lados intentando encontrar aquellos ojos que me pertenecían y que habían querido atacarme. Poco a poco comprendí que simplemente había sido una horrible pesadilla.
Marie me acercó un vaso con agua y lo bebí arrebatándoselo de las manos. Necesitaba distraerme con algo.
-Bien, Clare, solo fue un sueño. A mí me pasa seguido solo que ya me acostumbre a no despertar gritando. Hay ciertas señales que te indican que estas soñando, entonces ya nada te toma desprevenida. ¿Qué soñaste?
La miré atentamente. Me puse a reír silenciosamente recordando mi estúpido sueño. ¿Cómo era que algo tan ridículo pudiera asustarme tanto en un momento y al instante siguiente causarme gracia?
-Nada importante en realidad. Soñé que yo misma quería matarme.
-¿Te quieres suicidar? –preguntó alarmada.
Negué con la cabeza. Ya me imaginaba que Marie podía darle cualquier significado a las cosas que hablábamos. Debía de ser divertido estar en su mente en algunas ocasiones.
-Era otra yo la que me estaba matando y yo luchaba por mi vida. ¿No crees que no habría gritado si en verdad me quisiera matar?
Nos volvimos a dormir y la noche transcurrió más tranquila. No volví a tener otro sueño en toda la noche.
Desperté con la alarma de mi celular a las cinco y media de la madrugada. Había pensado en levantarme más temprano que la profesora Button, para tener tiempo de ducharme y quitarme ese pestilente olor de la piel, esa mezcla entre desinfectante y baño putrefacto.
Llevé todas mis cosas a los baños y me bañe y me vestí con rapidez.
Esperé sentada afuera del baño, apoyada en la puerta carcomida por las termitas, hasta que llegaran Fred y la profesora. En todo el rato no dejé de mirar la pantalla de mi celular, mientras los minutos pasaban lentamente cambiando frente a mis ojos justo cuando pestañeaba.
Pensé llamar a mi madre, ya que tenía unas cuantas llamas perdidas suyas, pero justo en ese momento llegó la profesora Button.
Levanté la vista al escuchar el sonido sus tacones subir por la escalera, pero permanecí sentada. Aun nos quedaba esperar a Fred.
-Me impresiona señorita Thompson, no es propio de usted llegar temprano –saludó despectivamente.
-Buenos días a usted también señorita Button –contesté cortante.
Me lanzó una mirada de odio que respondí con una simpática sonrisa sardónica.
-Vamos a despertar a su amigo –me invitó.
Me limité a quedarme en silencio, aunque se me cruzaban mil formas de contestar de forma brusca y mal educada a esa simple sugerencia. Caminamos por el pasillo contrario del de mi habitación. Justo en frente se hallaban los cuartos de los chicos en donde debíamos ir buscar a Fred.
El chico nos recibió con un bostezo. Estaba vestido solo con calzoncillos y aun parecía que llevaba la almohada pegada a la nuca. Tenía el pelo enmarañado y su rostro somnoliento le daba un aspecto terriblemente sexy. Intenté no mirarlo por mucho rato.
Esperamos a que se vistiera y luego de eso la profesora Button nos acompañó hasta los baños de hombre, los cuales nos correspondían por hoy. Allí ya nos aguardaban todos los instrumentos que necesitábamos para desinfectar, fregar y apestarnos toda la ropa, el cuerpo, y los huesos.
Al cabo de algunos minutos comenzamos a hablar.
-¿Me prestas ese paño? –me preguntó más amable de lo normal.
Fruncí el ceño en mis pensamientos, más mi expresión no cambió en absoluto. Le pasé uno de los paños que tenía a mi lado, con desinterés. Era más grueso y áspero, casi como una lija, nos servía para sacar las cosas más pegoteadas.
Él se lo quedó mirando pensativo y yo seguí con mi trabajo hasta que me volvió a dirigir la palabra.
-Clare… -murmuró con voz suave.
Levanté mi cabeza y esta vez sí que me vi confundida. Nunca decía mi nombre de esa manera.
-Deberíamos hacer las paces –continuó como si tuviera un hueso de pollo atragantado en la garganta.
Si hubiera sido yo quien intentara decir eso, la voz no me habría salido a través de ese hueso de pollo. No habría podido decir semejante fantasía. ¿Fred y Clare haciendo las paces? ¿Quién se lo imaginaría?
Pero no me parecía una mala idea. A decir verdad, ya me estaba cansando de ser hosca todo el tiempo cuando estaba con Fred. No era tan malo cuando se le conocía bien. El problema era que no nos habíamos conocido en las mejores condiciones. Yo estaba enfadada y su bromita me había sacado de las casillas.
-Clare –me recordó. Me había quedado callada demasiado rato- ¿Qué dices?
Levanté las cejas meditando. De verdad no me imaginaba estando en paz con Fred, era algo que creía imposible desde que lo había conocido.
-Bien… creo que deberíamos hacer las paces –respondí sintiendo que había dado el paso más grande de mi vida.
-¿Lo dices en serio? –sonrió ampliamente.
Eso me resultó aun más extraño. Fred sonriendo porque ya no estábamos el uno en contra del otro, era muy raro. Pensaba que lo de hacer las paces era una simple cordialidad, como una tregua. Pero sentirme bien por eso…
-Los digo en serio, después de todo no eres tan idiota como pensaba –se me escapó el mal humor que aun tenía contenido. Hice una mueca de arrepentimiento- lo siento, no quise decir eso.
Hiso un gesto de desinterés con la mano.
-No importa, eso me sonó como un cumplido viniendo de tu parte, quiero decir… por cómo nos hemos tratado siempre… ah, olvídalo.
Escuchamos unos pasos en el pasillo acompañado de algunas risitas monótonas y adormiladas aun. Veían los chicos a ocupar el baño, pero ahora no sería tan tonta como ayer y dejar que nos hicieran perder una hora de trabajo. De no ser por mí, anoche podríamos habernos dormido a las doce y no a la una de la madrugada.
Además, obviamente me convenía desocuparme antes de la media noche para llegar puntual a mi cita con Tyler.
Fred se puso de pie cuando el primero cruzó el umbral de la vieja puerta. Mientras más chicos iban entrando, más diezmada me sentía en el suelo, así que decidí levantarme también.
Escuché algunos comentarios indisimulados y algunas risotadas sobre Fred y yo y nuestro sucio castigo, pero por sobre todo, se escuchó la voz de Fred dando las mismas instrucciones de ayer.
-Button no quiere que ocupen este baño hoy, se supone que no debemos demorarnos demasiado en limpiar, así que si no nos quitaran más minutos…. se los agradecería.
-Y ¿Dónde supones que nos vamos a bañar? ¿En el gimnasio? –preguntó un chico que llevaba sus toallas al hombro.
-No veo otro lugar. A menos que quieras ocupar el baño de las chicas –sugerí alzando las cejas.
El chico frunció el ceño y agachando la cabeza y rezongando junto con los demás se marcharon enojados hacia los baños del gimnasio.
-Gracias por no arruinarlo ahora –dijo en un tono simpático.
-Hicimos las paces ¿No?
-De todas maneras ayer no te convenía decir la verdad aunque estuvieras enojada conmigo. El tiempo que me quitan a mí, también te lo quitan a ti.
-Si iba a caer, tú caerías conmigo.
-Mmm, te gusta esa frase –volvió a arrodillarse- ¿Haces todo lo que no te conviene porque a mí también me va a ir mal?
-Nunca lo hice a propósito –me puse a fregar la pared- pero resultó de todas maneras. Ah, y una cosa, que hayamos hecho las paces, no significa que ya no esté más enojada contigo.
Alzo las cejas sorprendido.
-Oh, debí imaginármelo.
-Bien, imagínate a un asesino a punto de matar a su víctima y esta le dice “Hey, ¿Hacemos las paces?” y el asesino le responde “Bueno, ya. Ahora somos amigos” ¿Crees que eso es lógico?
-No –rió- pero tú no eres una asesina y yo no soy tú víctima.
-Es parecido… Fred, ¿Sabes? Te perdono por leer mi carta ¿Me perdonas por golpearte?
-Ahora para ti es así de fácil.
Bajé la cabeza. Tenía razón. Recién le había dicho que seguía enojada con él, que un simple “hagamos las paces” no solucionaría las cosas y yo le estaba pidiendo disculpas luego de todo lo que nos habíamos odiado.
-¡Venga! Es broma –se mojó la mano con el agua sucia de la cubeta y me salpicó en la cara- Claro que te perdono y gracias por perdonarme…
Lancé un grito ahogado acompañado de un improperio e hice lo mismo que él había hecho. Metí la mano en el agua sucia y se la lancé a la cara antes de que pudiera darse cuenta.
Fuimos vengándonos de cada salpicadura al instante en que el otro se acababa de vengar hasta que la cosa pasó a mayores. Le estrujé el paño inmundo encima de la cabeza y el agua le corrió por toda la nuca y la espalda. Él, en vez de hacer lo mismo con su paño, tomó una de las cubetas y me la lanzó encima. Grité de sorpresa y me lancé contra mi balde con agua para lanzárselo encima. Fue fácil alcanzarlo puesto que el suelo resbaloso nos impedía avanzar demasiado rápido.
Nos tumbamos riendo en el suelo y escupiendo cada gota de agua sucia que se nos colaba por los labios.
Fred se subió encima de mí como un cazador y me atrapó los antebrazos contra el suelo.
-Aun debo vengarme.
-Tú comenzaste –dije riendo.
Las gotas que caían desde su cabello a mi rostro me incomodaban, pero no podía borrar esa sonrisa estúpida. Era extraño que todo hubiera cambiado tan rápidamente entre nosotros en menos de un par de horas.
Nos pusimos serios paulatinamente y comenzamos a relajarnos. Fred acercó lentamente su rostro al mío y yo no hice nada por impedírselo, al contrario, cerré los ojos esperando plácidamente el contacto de sus labios con los míos.
En eso la puerta se abrió de golpe y nos sobresaltamos. Nos separamos rápidamente antes de que alguien pudiera vernos en tan incómoda escena.
-Hola hermanito –saludó Charlotte- me sorprende lo bajo que has caído. Te prometo que no esperaba esto de ti, creí que la odiabas –me señaló despectivamente como siempre lo hacía.
Poco a poco había comprendido que su actitud hacia mí no se debía simplemente a nuestro encuentro en el cuarto de Teresa aquella tarde, sino que Fred le había metido cosas en la cabeza hasta que había terminado odiándome más de lo que me odiaba él a mí. Si, odiaba, tiempo pasado, ya no más.
-¿Qué haces en el baño de hombres? –respondió Fred simplemente.
-Escuché algunas risas aquí dentro y pensé: “Alguien le debe de haber lavado el cerebro a Fred para que se esté divirtiendo con esa mentecata”
Fred frunció el ceño ante su sobrenombre para mí.
-Charlotte –le reprendió.
-Lo siento, no sabía que estaban tan amigos ahora –miró algo en su celular y luego añadió apuntándonoslo:- se ven bien juntos…
¿Nos había tomado una foto? Nos había tomado una foto… ¡Nos había tomado una foto! Era mi culpa, nuevamente era mi culpa y lo entendía, nadie me había obligado a divertirme con Fred, nadie me había impedido quitármelo de encima cuando casi sucede eso que nunca debería hacer casi sucedido. Se suponía que me gustaba Tyler, me seguía gustando más que nadie, había sido una tontería darle una oportunidad a Charlotte para que nos tomara una foto.
-¡Charlotte! –Se levantó Fred de improviso- ¡Devuélveme eso! ¡Bórralo o te juro que…!
La chica lo miró desafiante y con la cabeza muy en alto. Recién me daba cuenta, ahora que los tenía uno en frente del otro, que eran casi idénticos, tanto como Gabbe y Todd, salvo que ello no eran ni mellizos ni gemelos, ni habían nacido en el mismo año.
-¡¿Juras qué?! ¡A ver! ¿Qué me puedes hacer? ¿A tu hermana? No me amenaces Fredie, mamá se puede enojar nuevamente. ¿Recuerdas?
-Bórralo –gruñó un poco más tranquilo, pero con una voz ronca de ultratumba- Bórralo, bórralo Char, bórralo ya y no sigas jugando con lo que pasó hace tanto. No es gracioso…
-Adiós chicos, lamento haberlos interrumpido –se dirigió a la puerta pero Fred la sostuvo por el hombro- ¡Ay, Fred! Me duele. Está bien, no se la voy a mostrar a nadie, pero me imagino…
Le susurró el resto al oído y luego sonrió pícaramente. Fred le correspondió con una sonrisa lastimera.
-Eres una arpía…
-Supongo, pero me lo agradecerás…
-Me conoces demasiado bien, eres la única que me conoce tan bien y a veces me molesta. Y Charlotte… te he pedido incansables veces que no me menciones ese tema, me duele tanto como a ti.
-Adiós hermanito, sigue divirtiéndote, y perdóname.
-Vete antes de que me arrepienta.
Charlotte cerró la puerta tras de sí y salió mirando la foto que tenía en la pantalla de su celular. Yo estaba atónita. ¿Cómo había podido convencerlo tan fácilmente? Incluso lo había hecho sonreír, una extraña sonrisa, pero igual contaba.
Estaba perpleja. Le miré con el seño fruncido por la confusión cuando se dio vuelta en mi dirección.
El levantó una ceja y me sonrió pícaramente, como lo había hecho su hermana hacía poco.
-Que fácil eres de manejar –le acusé.
-Es fácil cuando una persona te conoce de toda la vida. Si bien la mayoría de las personas conocen tus fortalezas los más cercanos son los más peligrosos, pues ellos conocen también tus más secretas debilidades.
Levanté las cejas más confundida aún. Fred se aceró a mí ignorando mi pregunta silenciosa y me dio un breve beso de un segundo en los labios.
No me lo esperaba, pero ya no me sentía como cuando estaba bajo sus garras antes de que llegara Charlotte.
-Creo que eso fue una mala idea –murmuré mirando el suelo.
Fred dejó de sonreír comprendiendo enseguida mi cambio de idea.
-Tyler –murmuró recordando el nombre que había leído en la carta.
No dijimos una sola palabra más y trabajamos codo a codo como los viejos enemigos que habíamos sido.

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