Capítulo 10
Intenté zafarme de los brazos fuertes que se ceñían alrededor de mi cuerpo impidiéndome cualquiera movimiento. Intenté gritar por entre la mano agresiva que me cubría la boca. Intenté que el hombre se alejara de mí propinándole fuertes patadas en las piernas y en los pies, pero al parecer era imposible que siquiera si inmutara.
Intenté verle la cara y esta vez me dejó voltearme lentamente sin dejar de cubrirme la boca. Aun intentaba gritar.
-No grites, no te voy a hacer nada Clare –murmuró con un dedo en los labios para hacerme seguir su ejemplo.
Asentí vigorosamente esperando que me quitara la mano de la cara. Me hacía sentir incómoda, secuestrada, forzada a algo que podía hacer por mí misma.
Guardé silencio en espera de que Max me diera alguna explicación razonable de porque estaba actuando tan extraño.
-¿Qué fue lo que viste? –me preguntó en cambio.
Como si fuera él el que necesitaba comprender las cosas.
-Vi a…
No podía decírselo. Si le decía que había visto a un amigo, y él había visto al lobo, sabría el secreto de Bob. Y viceversa, si le decía que había visto un lobo y me había escuchado gritar el nombre de Bob, también sabría su secreto. ¿Y si guardaba silencio como me había pedido? Sería demasiado obvio que ocultaba algo, pero sería la única manera.
Miré a mis espaldas, por donde Bob había desaparecido corriendo. Ahora le entendía. ¿Cómo se me había ocurrido ponerme a gritarle cuando estaba en su forma animal? Cualquiera, como Max, que le conocía, podía haberme escuchado.
Había sido una tonta.
-Clare… dime lo que viste.
Me tenía asida por los brazos. Mis deseos de ponerme a correr lejos de ahí se habían ido al carajo. Era mucho más fuerte que yo. Aun si le propinaba un golpe con la rodilla en la ingle. Pero no se lo merecía, solo estaba preocupado… o algo, no quería hacerme mal. Además, no podía andar golpeando gente por la vida como si fuera un orangután.
-¿Porqué no me lo dices? –parecía más una pregunta para sí mismo que para mí.
Ambos estábamos con los ojos como platos. Yo con terror y el con exasperación y… algo más. Estaba sufriendo.
¿Sufriendo? ¿Por que no le respondía? Qué extraña reacción.
-Bien, no me lo vas a decir. Confío en que es porque estás asustada. Pero prométeme que no se lo vas a decir a nadie. Se lo que viste, Clare. No me lo puedes negar, pero no puedes decírselo a nadie. Y, más importante que eso, por favor, no vuelvas a acercarte al bosque, es peligroso para ti.
-¿Para mí? –pregunté perpleja.
-Valla, encontraste la lengua. Si, para ti. ¿Me lo prometes?
-¿Qué cosa? ¿Ambas?
-Ambas, Clare, ambas. ¿Lo prometes? Por favor…
Lo de decírselo a alguien nunca había estado dentro de mis posibilidades. Guardaría el secreto de mi amigo y me lo llevaría a la tumba. Lo de no ir más por el bosque, tampoco era de lo más bonito que digamos, solo que no entendía lo que Max me decía.
-Lo… lo prometo.
La tensión de sus manos firmes en mis hombros se redujo notablemente ante mi respuesta. Aproveché esa oportunidad para alejarme de él lo más pronto posible.
Me solté de su agarre con brusquedad y me encaminé de vuelta al internado. Me senté en una de las escaleras de cerámica fría y quebradiza a la que le faltaban varios pedazos, y al fin, tomé la carta para leerla.
Querida Clare:
Te echo mucho de menos. Más de lo que siquiera podrías imaginar. Solo me pregunto, cuanto me extrañarías tú. Me gustaría poder estar en ese internado contigo, pero créeme, que no lo hago por el dinero, ni la distancia, ni por mi padre; esas serían escusas demasiado insignificantes. El verdadero problema es otro y me gustaría hablar contigo sobre él.
Voy a viajar a Morgow el viernes ¿Te parece si nos vemos este fin de semana? ¿Puedes salir? Me preguntaba si podían darte permiso para ir a dar una vuelta conmigo.
He intentado llamarte, pero cada vez suena ocupado. Si, sé que es demasiado pronto, pero necesitaba asegurarme de que… ya sabes. ¿No te has juntado con los amigos de Billy? Hablaremos de eso también.
Ah, una cosa muy importante. Quizá no te importe, pero quiero que lo sepas antes de que nos veamos. Terminé con Molly. Ya sabes, nunca estuvimos bien, nunca desde que te conocí.
Bueno, solo eso. Quiero hablar contigo, te quiero mucho.
Tyler
Ohm… Era Tyler… Mi Tyler.
El corazón me latía a mil por hora. Si no le conocía bien, pensaría que esto era una declaración, pero Tyler no lo hacía de esa manera. Ni por carta ni tan subjetivamente. Lo había visto plantarse en frente de otras chicas, cuando Molly no lo veía, y decirles de frente lo mucho que les atraía. Esto era distinto e inusual.
Pero si no era una declaración… no tendría que haberme dicho lo de su novia, su ex novia, ni que me quería tanto y quería estar conmigo y que la distancia no era impedimento, ni tampoco el dinero… otra cosa…
Y lo de Billy. Volvía a repetirlo. Era importante para él y quería explicármelo este fin de semana. Yo había faltado a mi palabra varias veces, aunque no había sido yo la que se acercaba a esos chicos.
Suspiré profundamente una y otra vez, hasta que la quemazón en mi pecho y la aceleración de mi corazón fue haciéndose cada vez más débil.
Un chico pasó por mi lado escaleras abajo y me sobresalté arrugando aun más, si es que era posible, el papel entre mis manos temblorosas.
Me levanté un poco trémula y decidí volver a la habitación para encender mi celular. Lo había apagado en el viaje, porque me quedaba muy poca batería y no quería que se le agotara tan pronto. Pensaba llamar a mi madre en cuanto hubiera ordenado mis cosas, pero había olvidado encenderlo nuevamente. Seguramente estaría lleno de mensajes anunciándome las llamadas perdidas.
Debían ser cerca de las cuatro de la tarde cuando llamé a la puerta de mi habitación. Me había dejado el banano con las llaves encima de mi cama al salir hecha una furia. El calor era insoportable.
Marie me abrió la puerta con los ojos enrojecidos y estalló en llanto en cuanto vio que era yo la que estaba parada en frente suyo. Ella me rodeó con los brazos instantáneamente suplicándome perdón.
-Ya está bien Marie… -le rogué que me soltara.
Lo hiso, pero pensando en que podía enojarme aun más si me molestaba. ¿Tan mala era?
-No importa Marie. Pensé que había algo privado en la carta, pero…ya está bien…
Si la carta hubiera sido de Bob, y dijera algo sobre su secreto, no habría podido perdonarla nunca. Quizá. Me haría enfadar realmente que descubriera un secreto mío, metiéndose en mis cosas. Pero eso no había pasado, para suerte mía y de Bob. Marie seguía tan incauta como siempre.
-¿De verdad me perdonas? ¿No lo haces porque estoy molestándote?
Se sorbió la nariz mirándome con sus celestes ojos pegajosos. Suspiré.
-Hay, Marie, si te perdono. Pero ya sabes… no me gusta que hagas eso.
Asintió vehementemente.
-Nunca más Clare. Yo soy una tonta…
-No lo eres Marie. Y ya estas perdonada, no sigas hostigándome.
Se dirigió hacia su cómoda y sacó de encima un cuaderno de clases. Lo abrió por la mitad y arrancó una hoja.
Tomando un lápiz de su mesita de noche, se puso a escribir.
-Vamos a hacer unas reglas para que podamos llevarnos bien. Nunca lo he hecho, quizá por eso mis compañeras me abandonan.
¿La abandonan? ¿Qué compañeras? Saqué mi celular desde el banano que estaba tirado en mi cama y lo encendí.
Le iba a preguntar sobre lo que había dicho, pero ella continuó hablando sobre las reglas.
-No leer la correspondencia ajena. No despertar a Clare con soplidos. No lanzarse en la cama de Clare cuando duerme. Respetar su mal humor al despertar. ¿Qué te parece? Dime lo que tú quieras y yo lo anoto, así no vamos a tener problemas.
Como creí, los mensajes de llamadas perdidas, comenzaron a aparecer en la pantalla de mi celular, como el sarampión. Uno tras otro fueron apareciendo, diez de mi madre, cinco de Tyler, uno de Bob, uno de Fiona, una compañera de curso, y otro de un número desconocido.
-Marie… -dije distraída haciendo caso omiso a su pregunta- ¿Qué compañeras te abandonan?
Lo primero sería llamar a mi madre. Era todo un record tener dieciocho llamadas perdidas, pero me daba terror que la mayoría fueran de mi madre. Me llevaría una buena bronca por mi descuido.
-No es nada… -murmuró- ¿Agrego “no interrumpir a Clare mientras habla por teléfono”?
-Bueno –contesté marcando el número de mamá.
Si esa nueva regla servía para hablar tranquila, no dudaría en utilizarla. Solo esperaba que Marie no se sintiera mal con su repentina idea loca.
El sonido de espera apenas alcanzó a oírse y una voz ansiosa y desesperada contestó en seguida.
-Aló, mi niña, ¿Por qué no contestabas? Estaba preocupada ¿Cómo llegaste? ¿Tu compañera de cuarto es simpática? ¿Cómo te fue en tu primer día de clases? ¿Conociste a chicas amigables? ¿Has hablado con Bob? Respóndeme, no te quedes callada, he tardado una eternidad para poder oír tu voz.
Me reí disimuladamente al otro lado de la línea.
-Mamá, no me has dejado hablar.
-¡Ah! Ahí te escucho por fin. Cuéntame todo.
-Bien… eh… se me había olvidado encender el celular y oh, se me puede apagar de pronto –agregué escuchando el sonido de batería baja que tanto me exasperaba- no lo he puesto a cargar.
-Pues hazlo ahora mismo –dijo cuando yo ya estaba buscando el cargador para enchufarlo al celular.
-Bueno, mi compañera de cuarto… -dije mirando significativamente a Marie- es muy amable. Vamos a ser buenas amigas.
Marie me sonrió mostrando todos sus dientes y unos hoyuelos de felicidad. Luego enrojeció bajando la cabeza.
-El colegio es un poco… sucio… -reí- nada a lo que no me pueda acostumbrar. Quizá tu manía por el orden me ha marcado.
-Mantente ocupada de tu lado de la habitación y estaré orgullosa de ti.
Me rasqué la barbilla sin saber que mas decir. Hablar con mamá desde tan lejos, siempre me ponía un poco tonta, infantil y tan poco independiente.
-¿Qué tal tu primer día de clases?
Fruncí el ceño al recordar todo lo que me había pasado esa mañana y no quise contarle nada. Tal vez entendiera.
-Mamá, creo que tendrás que mandarme el CD del reglamento.
-Mmm, ya veo. No me digas nada entonces. Mañana me llamas de nuevo, como si este día no hubiera sucedido nunca.
Reí. Reímos. Las dos nos entendíamos bien en algunas ocasiones. En las demás, no dejábamos de gritarnos y estar a punto de odiarnos mutuamente y sin consideración.
-Gracias mamá.
-¿Conociste a otro Bob y a otro Tyler?
-No… no hay nadie como ellos. Díselos. Pero hay chicos que son bastante simpáticos.
Hiso un silencio.
-¿Chicos? –dijo con una extraña voz.
-No, ha, ha –reí- chicas también. Pero no hablo de eso…
-No, bien… espero que no.
-Bien, mamá. No tengo más que contarte. Además tengo pendiente unas llamadas de Tyler y Bob.
-Bien Clare, cuídate mucho y no te metas en problemas.
Claro que no, no golpearía a un chico… ops, eso ya lo había hecho.
-Adiós mamá.
Colgué. Marie me miró seriamente pasando el dedo índice y pulgar por los labios, como cerrándose la boca, demostrándome que no había dicho ni pío en todo el rato. No pude contener la risa. No era mala persona, un poco “niña boba” quizá, pero no era mala.
-Tengo otra llamada le informé… -el celular volvió a sonar anunciándome la batería baja.
Se me había olvidado enchufar el otro extremo. Así que antes de llamar a Tyler, procuré estar segura de que la llamada no se cortaría en cualquier momento.
Tyler demoró un poco más en contestar. Me puse nerviosa y el estómago se me fue encogiendo de a poco hasta que fue doloroso. Miré a mi compañera y me puse colorada, ella había leído la carta de Tyler. Conocería el porqué de todas mis reacciones.
-Hola Tyler…
-Clare, yo… hola… ¿Recibiste mi carta?
Le di una hojeada al papel roñoso que tenía entre mis dedos. Seguramente esa sería la carta “romántica” –si es que eso era- más horrible de todos los siglos. Ojalá Tyler no hubiera puesto mucho corazón en todo eso.
-Sí, gracias –dije sin saber si eso era lo correcto. ¿Darle las gracias?
-¿Te dejarán salir este fin de semana?
No lo sabía, solo esperaba a que sí.
-Eh… no he preguntado. Y ya sabes… no leí el reglamento.
-Era un CD, no te costaba nada. Floja –bromeó aliviando mi tensión.
-Lo sé.
Callamos por unos segundos.
-Terminé con Molly. ¡Dios! Me siento como un tonto… nunca actúo así con nadie. Clare me gustas… me gustas mucho. No quiero que te pase nada. Tengo que hablar contigo este fin de semana. Billy…
Bum. Fue una declaración bastante fuerte y precipitada.
Yo no sabía que responder. Estaba petrificada. Mis sueños se habían hecho realidad de pronto y me asustaba. Tyler era un chico… distinto, lo adoraba como a nadie. Ahora no sabía cómo responderle que a mí también me gustaba.
-Se lo de Bob. Él no sabe que yo lo sé, pero eso tiene mucha importancia… eh, no podemos hablar así, por aquí, además quiero verte.
-Tyler…
-Lo sé, si no te gusto… pero… hay otras cosas… te quiero mucho…
La llamada se cortó de pronto y salté de la cama con un grito ahogado de pura rabia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario