Capítulo 27
Me dirigí directo al baño cuando volvimos de la cacería. Tenía la boca y toda la ropa manchada de sangre de perros, gatos y conejos. Max podría llegar en cualquier momento y no quería parecer una asesina.
Hannah entró en ese momento trayendo ropa y vendaje nuevos. Comenzó a desvestirme con rapidez y agilidad, mientras que con una toalla húmeda me quitaba los restos de sangre seca pegados a mi piel. Comenzó a sacar los vendajes antiguos, que ya estaban o a punto de despegarse o estaban tan sucios como si me hubiera revolcado en tierra. Volvió a colocar vendaje nuevo sobre donde se suponía que estaban las heridas y en especial, un vendaje más grande y reforzado en mi hombro, donde aun tenía la cicatriz de la mordida de Danna.
Me tomó el pelo en una coleta y volvió a pasarme un nuevo paño húmedo por la cara para limpiarla bien. Me roció perfume por todos lados y luego de haberme vestido bien, con un nuevo pijama, se marchó del baño y luego de la habitación, sin haber pronunciado ni una sola palabra.
Me quedé mirando fijo a la puerta por donde había salido. La profesora Fielding siempre había sido una gorda gruñona con la que no me había llevado nunca bien. Aunque siempre había parecido tener paciencia en explicarnos todo sobre los “persículos”, nunca me había gustado la forma en que me miraba con un odio reprimido.
Sí, y desde que la conocía en esta nueva vida, no habíamos cruzado siquiera una sola palabra.
Desperté de mi ensimismamiento y dejé de mirar fijo a la puerta, cuando escuché acercarse un par de pasos rápidos que se acercaban a subir por mi ventana.
En un segundo me encontraba dentro de las sábanas recién arregladas de mi cama, y me hacía la dormida.
Max entró un par de segundos más tarde. Le sentí disminuir la velocidad, para hacer menos ruido, cuando me vio dormida. Se acercó lentamente y en silencio hacia la orilla de mi cama. Se inclinó sobré mí, apoyándose en el catre con una mano y con la otra me quitó el cabello de mi rostro.
Había tenido planeado que despertaría en ese momento, pero por alguna razón, me detuve a abrir los ojos y quise que siguiera pasando sus suaves dedos por mi mejilla.
Me forcé a abrir los ojos lentamente y Max retiró sus dos manos para dejarlas a sus costados. Me giré para mirarle a la cara y me acomodé un poco mejor y así parecer un poco más erguida.
-Hola –le saludé adormilada.
-Buenas tardes, dormilona –me sonrió.
-¿Cómo está Marie? –se me ocurrió preguntar.
Max se sentó a los pies de mi cama.
-No lo sé, no hablo mucho con ella, pero se debe sentir bastante sola en una habitación sin ti.
-Quizá está de fiesta –reí.
-La verdad, no creo… pero bueno. ¿Cuándo vuelves?
-El lunes. Ya me siento mucho mejor, y por lo menos ahora tengo a alguien que sepa la verdadera historia.
Max tomó una de mis manos y la estrechó con fuerza entre las, suyas, fuertes y nerviosas.
Parecía querer darse más ánimos a él que a mí. Me imaginaba el susto que debía haber pasado aquella noche, creyéndome siempre humana y de pronto desapareciendo como todas sus ilusiones.
-Te quiero… -susurró rozando mis dedos con sus labios.
Y yo… Si, cuanto lo quería.
No podía hacerle nada. Él era tan bueno, que no merecía nada de lo que había planeado todo este tiempo. Quería vengarme, no lo haría claro… significaría revelarle mi secreto, pero había deseado vengarme y ahora veía que eso no podría ser nunca.
Me gustaba mucho y él lo sabía. Había podido leerme la mente en su momento.
Balthazar me había explicado que ahora nadie podía leerme los pensamientos mientras yo no lo permitiera. Era algo natural en el mundo de lo sobrenatural, y me inquietaba que Max pudiera asociar ese impedimento de saber lo que pienso, con lo que había pasado el día del baile.
Por suerte tenía un parche en la cabeza. Podría haberme visto afectada por eso ¿Verdad?
-Billy aun no confía… -suspiró al fin.
-¿Porqué tendría que hacerlo?
Max levantó la cabeza con el ceño fruncido. Parecía enojado, con Billy, no conmigo.
-¿Qué más pruebas quiere? Estás aquí herida, por culpa de esa maldita demonio…
-¿Eso no sería una razón aun más grande para desconfiar…? –pregunté arrepintiéndome en el instante de las palabras recién pronunciadas.
No era apropiado que le diera pistas sobre mi hasta ahora bien ocultada mentira. Balthazar me reprendería luego por no haber controlado bien mi lengua, pero debería perdonarme, después de todo era una novata y como él mismo había dicho, la concentración no era mi fuerte.
Debía agradecer que hasta ahora el secreto continuara intacto.
-Billy cree que todo es razón para desconfiar –mustió sin captar nada extraño en lo que había dicho- y los demás no tienen más alternativa que hacer lo que él diga. Creo que Roger está de mi lado… pero qué más da si aún así obedecerá todo lo que Billy diga.
-¿Roger el chico de pelo lindo? –pregunté recordándolo en la playa.
Max hiso una mueca, extrañado.
-¿Pelo lindo? Me sentiría celoso si fuera cierto… -Sus labios se curvaron instintivamente en una sonrisa pícara- Roger, con suerte se Baña una vez a la semana.
No pude evitar sonreír. Me agradaba que Max admitiera que podía sentirse celoso si yo encontraba guapo a otro chico. ¿Pero qué pasaba con Tyler? Nunca había parecido molestarle.
-¿Quién es Roger entonces?
-¿El de pelo negro…? ¿Largo? ¿Tatuajes? Creo que él estaba en la playa la vez que lo viste, pero no viene al colegio, ya tiene veinticuatro.
Oh, ya lo recordaba. Era el chico malo. Reí para mis adentros, ese chico no llegaría a tener nunca el hermoso pelo que recordaba. ¿Entonces de quien era? ¿Jack? Era uno de los que había nombrado el profesor Koth ¿Todd? Ese era el hermano de Gabbe… No, pero también era amigo de Max. ¿No era el joven?
-¿Y cuántos años tienes tú? –pregunté desviándome de lo que se suponía que debía interesarme en esos momentos.
Max volvió a sonreír con una mueca, como si lo hubiera sorprendido en algo sucio. Soltó el aire lentamente convirtiéndolo en un suspiro.
-Bien, no debería ir en tu curso… pero era necesario.
Comenzó a interesarme.
-Dime cuantos –insistí con su misma sonrisa.
-No debería estar siquiera en el internado… -continuó rehuyendo.
-¡Max! –me quejé- ¿Cuántos?
-Aunque tampoco es demasiado… No creas que estoy muy viejo, Billy ya tiene cincuenta y tres y se ve de veintidós, ya sabes, es por la edad en que comenzamos a ser lobos… Bob te contó… Pero yo no fui convertido, es que…
-¡¿Qué cuántos años tienes?! ¡Dime ya! –reí frustrada.
-Solo tengo diecinueve, ¿Ok? Te decía que…
-Me refiero a los años reales, no a los que aparentas. ¿Cuántas vueltas le has dado al Sol mientras existes aquí en la Tierra?
Max se echó a reír.
-Te digo que no soy viejo. Tengo diecinueve y punto. No me has dejado explicarte.
-¿Qué?
-Que. Yo. Nací. Siendo. Así –dijo atropelladamente antes de que le interrumpiera.
Fruncí el ceño.
¿Eso se podía o me estaba bromeando?
-¿Lo dices en serio?
Max asintió lentamente, complacido de su declaración. Aun no le creía mucho, pero preferí dejar que me explicara. Ya casi había olvidado mi meta aquel día, de seguir con el embuste y parecer afligida, pero qué más daba si Max no estaba notando nada extraño.
Prefería mil veces divertirme cómodamente con él, antes que continuar mintiéndole.
-Mis dos padres eran hombres lobos y bueno, yo no tenía muchas opciones, o le heredaba la genética a mis abuelos o continuaba con el nuevo trabajo de mis padres.
Me sentí extraña. Yo había disfrutado unos hermosos dieciséis años como una chica normal y él había tenido que lidiar con esto toda su vida.
-¿Nunca fuiste humano? –era una pregunta idiota, ya lo sabía, la respuesta era obvia.
Negó con la cabeza, borrando la sonrisa de sus labios intentando adecuarse a mi humor.
No me calzaba que alguien tan bueno como él, no hubiera podido disfrutar siquiera un rato siendo normal. No era justo.
-Y yo que… -me detuve.
Casi comenzaba a decirle lo tonta que había sido por no agradecer a la vida de conocer la humanidad. Balthazar debía de estar completamente nervioso del otro lado de las pantallas. Quizá decidía evitarles la molestia a las cámaras y venía a vigilarme al mismo cuarto antes de que dijera algo que nos delatara.
-Si yo fuera… -no me aguanté- como tú… ¿Me querrías?
Max alzó una ceja y volvió a besarme la mano.
-Si –mustió- Aunque… no me gusta mucho la idea.
-¿Por qué? Seríamos iguales…
-Billy no habría tenido nunca la necesidad de vigilarte y así yo nunca podría hacerte conocido. Me dijiste hace días que te hubiera gustado nacer de otras personas completamente normales para así vivir una vida normal. Me dolió un poco que no te importara que me hubieras conocido… pero debía entender que lo único que querías era ser feliz, vivir una vida normal y estar a salvo.
De pronto enrojecí completamente. Era raro. El único que hacía que mi torrente sanguíneo funcionara como cuando era humana, era Max. Aunque hasta entonces no había visto a más de tres personas.
Esta vez, al igual que la noche anterior, me escondí bajo las sabanas. Ahora las razones no eran las mismas, sino que era tal cual lo que Max había imaginado antes. Sus palabras habían acelerado mi corazón como nunca más creí poder sentirlo.
Escuché como reía. Esta vez no se fue como lo había hecho antes, sino que decidió intentar sacarme de mi escondite. Tomó del borde de la blanca sábana con la que me cubría y la deslizó hacia atrás con delicadeza, dejando descubierta la parte superior de mi cabeza y uno de mis ojos para que le mirara.
-¿Dejaras de hacer eso cada vez que te avergüences? Antes no lo hacías…
Pensé que quizá afectara mi nueva condición, pero recordé que antes no me había escondido por vergüenza, sino que sentía una sed terrible de su sangre.
-Antes no me decías estas cosas –recriminé.
-¿En el baile te dije unas pocas y lo único que hiciste fue insultarme y golpearme?
-Y querer besarte –agregué recordando- Y tú me recházate.
-Estabas borracha –se defendió- Si tú quieres puedo pagar mi deuda ahora mismo.
¿Qué? Le miré horrorizada y volví a mi escondite. Nuevamente no había sido la vergüenza, sino el recuerdo del olor de su piel tan cerca de la mía. Yo quería decirle que sí, de todas formas había sido su rechazo lo que me tenía aquí, pero no podía arriesgarme.
-Vamos, Clare, era una broma –le escuché rezongar. Mentiroso, pensé, si era una broma, bueno, a mi me dolería mucho- Creí que eras más valiente.
Ok, no me besaría, eso estaba bien, aunque yo quería…
Tenía que optar por lo más saludable para todos. Ni a mí ni a Max nos gustaría que me descontrolara y le diera una buena mordida en busca de sangre. No le gustaría ni a Balthazar ni a los lobitos.
Le escuché suspirar. No pude adivinar si estaría sonriendo o ya se estaba aburriendo de mi actitud.
Decidí que tal vez, lo mejor era volver al tema que a Balthazar le importaba. Me había desviado demasiado y ahora podía estar corriendo un riesgo.
Me destapé lentamente y le miré esbozando una sonrisa que le pedía disculpas. Pero Max ya estaba sonriendo desde antes y eso me alivió.
-Hablemos de algo más –sugerí- ¿Qué les dijiste a tu compañeros?
Me refería a sus amigos lobos, por supuesto, Max lo entendía.
Apenas alcanzó a abrir la boca cuando sentí unos pasos veloces dirigiéndose desde el bosque al internado. Mi acompañante se puso tenso, segundos después de que yo notara aquello.
Debí concentrarme por sobremanera para no delatarme, ya que yo me había dado cuenta antes que Max, que alguien nos haría una visita.
-¿Qué pasa? –susurré haciendo como que no entendía.
Max se levantó de un brinco y encaró la ventana. Yo no sabía si levantarme también, para estar preparada ante un ataque o si continuar postrada en la cama, sin abandonar la farsa. Balthazar debía de estar mirando desde alguna de las cámaras; debía confiar que él no dejaría que nada me pasase.
Miré hacia la muñequita de porcelana, donde yo creía que estaba una de las cámaras y lancé mi mejor expresión de terror. Si Balthazar no se había dado cuenta que alguien se acercaba, pues al menos debía intentar prevenirlo de que algo andaba mal.
Entonces, con mucha más agilidad que Max, se internó por la ventana un hombre joven, de pelo crespo y moreno que me parecía familiar. Sonrió arrogante y entonces mis recuerdos se refrescaron. No podía olvidar aquella odiosa sonrisa sardónica con la que me había mirado aquel día en la playa.
-Billy –gruño Max- ¿Qué hace aquí?
Le dirigió una mirada de desprecio que nunca antes le había visto. Claro, a Tyler lo había mirado desafiante, porque no era de su manada, en cambio, Max, lo estaba defraudando.
-Teniendo en cuenta que la mocosa ya sabe todo y tú no me has servido de nada, pienso que será mejor que verifique yo mismo lo que necesito confirmar.
Comencé a incorporarme cuando Billy dio el primer paso en mi dirección.
Max le detuvo colocando una de sus manos en su hombro. Le fulminó con la mirada y creí que Billy no aguantaría mucho la traición de Max.
-Si la tocas, yo te mato, sin importar que hayan humanos ahí afuera que puedan enterarse de todo –gruñó entre dientes.
Billy se sacudió la mano de Max y le propinó un empujón que lo azotó contra la pared. Estuve a punto de levantarme a ayudarlo en la pelea que estaba a punto de comenzar, pero de pronto escuchamos una voz.
-¿Está bien señorita Clare? Escuché un ruido… -era la voz de una mujer que no conocía.
Me asusté un poco, pero entonces comprendí que debía ser una estrategia de Balthazar para espantar a los lobitos que querían comenzar a jugar.
Titubeé. No sabía si contestarle o no. No sabía siquiera que debía contestarle.
-Dile algo –ladró Billy en un tono bajo- Que no venga…
Le miré horrorizada.
-Yo… e-estoy b-bien –tartamudeé nerviosa.
No estuve muy segura, si la mujer había podido escucharme o no, pero Billy pareció relajarse.
-Cualquier cosa, me avisa –Respondió la voz femenina.
Iba a responder, pero el hombre lobo me miró furibundo. Max volvió a interponerse entre nosotros, cuando Billy quiso acercarse a mí nuevamente.
-Vete, que no quiero pelear –amenazó Max, como si verdaderamente resultara ser una verdadera amenaza contra ese hombre enorme- Ella es humana, siempre lo ha sido. Ya ves lo herida que está, ¿No puedes dejarla tranquila?
Yo ya no aguanté más y me fui levantando de a poco. Saqué una pierna de la cama, pero eso a Billy no le gustó.
-Quédate quieta, que yo no me voy –volvió a mirar a Max- Todavía estas a tiempo de remediar tus errores…
Me pareció un hipócrita. ¿Quién se creía que tenía el poder de perdonar? ¿Dios? Saqué mi otra pierna.
-¡Que no te muevas, dije! –salté del susto mas luego volvió su atención a Max- Tú sabes que yo tampoco quiero pelear contigo, sabes que eres mi mano derecha, o al menos lo eras… Me apena mucho que te hayas desviado tanto… ¿Porqué no vamos al grano y terminamos tu trabajo de una vez por todas?
-Tú estás loco, Billy ¿Cuántas personas tendremos que dimitir, para que te convenzas de que Clare es humana?
Billy frunció el ceño, como si eso le hubiera dolido en el alma. Ladeó la cabeza un tanto y luego hiso una mueca de asco.
-¿Dimitir? ¿Tendremos? –asintió lentamente, comprendiendo- ¿Acaso te estás transformando en otro maldito desertor?
Le escupió en la cara de pronto, sin que nadie se lo esperara. Me levanté de inmediato, cuando vi que el puño de Max se dirigía con furia al rostro del maldito lobo.
Antes incluso de que pudiera comenzar la lucha, yo ya tenía mis opciones claras. Las había estado sopesando mientras ellos hablaban.
No podía unirme a la lucha para ayudar a Max, se darían cuenta de mis nuevas “habilidades” y eso terminaría por poner en contra a mi mismo protector. Por lo que lo único que podía hacer era llamar a alguien de fuera.
Balthazar, o no debía estar prestando atención, o creería que todos se solucionaría por arte de magia.
-¡Profesora Fielding! –grité con todas mis fuerzas justo en el momento en el que Billy se estrellaba contra la pared, con Max bajo sus garras.
Ambos se quedaron pasmados al instante.
-¡CALLATE, BURRA! –ladró Billy, casi superando la potente voz del entrenador Kelem.
-Eres idiota –le gruño Max- Crees que a ti tampoco van a escucharte…
Los tres escuchamos como unos tacones acelerados se acercaban hacia la puerta de mi habitación. En el espacio de un par de segundos mi habitación había quedado completamente vacía, a excepción de mí.
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