jueves, 6 de octubre de 2011

Quinto Cap. CLARE

(Goñi, goñi)


Capítulo 5
Cruzó una pierna por un lado del tablón en el que estábamos sentados todos los alumnos de aquella mesa y obligó a correrse, con un pequeño empujón, al chico que se sentaba a mi lado. Le dirigió una mirada fulminante, pero que Max que estaba de espaldas le fue fácil ignorar.
-Hola Clare…
-Hola –le dirigí una sonrisa tímida.
-Me estaba preguntando si no te habrías olvidado de mí –puso la esquina de su bandeja en la mesa.
Miré a Marie y noté que me estaba ignorando junto con todos sus amigos. Hablaban como si yo ya no estuviera ahí y entendí que Max y sus amigos no debían de tener una muy buena reputación. Solo esperaba que cuando Max se fuera, no estuviera condenada a perder a mis nuevos amigos.
-No, tú eres Max. Me acuerdo.
-No, me refiero a antes. No a hoy en la mañana…
-En la playa –le interrumpí- Si, lo recuerdo.
En realidad recordaba su nombre, pero su rostro era totalmente distinto a como me lo había podido imaginar en la negrura de aquella noche.
Era bastante más moreno de lo que creía, no tanto como Tyler, pero se notaba que le gustaba el sol. Y era alto y musculoso; al lado de Bob parecía un muñeco flacucho que por poco se derribaba sobre sus propios huesos, pero era solo la diferencia.
-Que bien… creía que me habías olvidado.
Si, si te había olvidado, pero de pura tonta, pensé, como me olvidaría de un chico tan guapo. Sonreí.
-Y ¿Cómo está Bob?
Torcí la comisura de los labios en una mueca. No tenía derecho a hacerme acordar de lo que había abandonado por tanto tiempo.
-Bien, ahí en un mar de lágrimas por mi partida –dije pensando en mí.
Era yo la que se había deshecho de dolor cuando había llegado la hora del adiós.
-¿Eran buenos amigos?
-Los mejores –respondí sin pensarlo.
-Supongo que lo vas a echar mucho de menos.
-Ya lo hago. Desde que nos despedimos.
Rió haciendo que su bandeja de comida resbalara de la esquina que estaba sujeta a la mesa y estuviera a punto de caérsele al suelo.
-Bueno, te dejo comer tranquila, solo quería asegurarme de que no me había olvidado alguien de quien podría llegar a ser un buen amigo–sonrió de la misma manera deslumbrante como había hecho en el umbral de mi habitación cuando le había dejado con mis cosas- Nos vemos luego ¿Bien?
Supongo. ¿Nos vemos? Y que se suponía que haría con lo que me había pedido Tyler o ¿No era más que un “nos vemos” de los que se dicen para ser amable? Forcé una sonrisa. Aun retumbaba en mi cabeza la vos sombría que había utilizado mi amigo para pedirme que no me juntara con aquellos chicos.
-Bien, adiós –murmuré.
Se alejó con su bandeja naranja sobre una sola de sus manos.
Yo nunca había podido tomar una bandeja con una sola mano, incluso con dos se me hacía dificultoso para conservar el equilibrio. Me pregunté si no habría trabajado alguna vez de mesero y me lo imaginé con smoking en un restaurant de cinco estrellas mostrando su lado más elegante. Qué guapo era.
-Así que… ¿Tienes una cita?
La voz de Marie me arrancó de mis cavilaciones. Hubiera deseado seguir pensando en cómo me atendería cuando fuera a aquel importante restaurant y que… No, Marie había hecho bien. Si me ponía a pensar esas tonterías me darían ganas de estar con el chico y faltaría a mi promesa de hacer caso a lo que Tyler me había pedido.
-No tengo una cita –concentré mi mirada en mi plato de comida casi intacto.
Comencé a comer con rapidez para igualar a los demás.
-Si, tienes una… -objetó Marie- te dijo: “Nos vemos luego”
-Una simple cordialidad –le informé con un tono despectivo como si ella no estuviera acostumbrada a esa clase de cosas.
Me mordí la lengua enseguida. Literalmente.
Los amigos de Marie ahora estaban prestándome toda la atención que se habían guardado estando Max. Me sentí observada y fue incomodo, pero lo más molesto fue que me di cuenta de lo hipócritas que eran al mostrarse tan amables con uno en un momento y luego volverme la cara solo por hablar con alguien más.
Dejé de morderme la lengua. Lo que tuviera que decir lo diría sin rodeos.
-No. Las citas son un acuerdo en el que participan dos o más personas conviniendo reunirse en una hora y lugar determinados.
-Entonces, como lo dices… sigue siendo una no cita. No hay ni lugar ni hora “determinados” –hice hincapié en la última palabra.
Marie movió la cabeza enérgicamente, para rebatirme.
-No, no, no. Si hay una hora y lugar determinados –ahora su voz era la misma que le había escuchado cuando la había conocido, esa vos tierna de niña indefensa- La hora será “luego” y el lugar será “donde se vean”
Y ahora comprendí. La chica estaba totalmente loca. Era simpática y un poco psicópata, la podía soportar de compañera, pero prefería mil veces una mente racional como la de Anne.
Solo porque me estaba hablando seriamente intenté no ser brusca, intenté no tratarla como habría hecho con Bob de haber dicho semejante tontería.  Si fuera broma, me reiría y le diría que podría tener razón, pero ella no, era seria ¿Diría siempre comentarios tan extraños sin que la cara se le arrugara ni un poco?
-Emm, Marie, creo que de verdad no hay cita ¿Bien?
-Oh, entiendo, no quieres ir, pero no puedes huir, estas citas son muy quisquillosas, cuando lo veas va a empezar y tú no te puedes escapar.
Hice una mueca para no ponerme a reír. Sus amigos también disimulaban la risa, al menos ellos no eran tan extraños.
-Está bien, esperemos a ver qué pasa.
Sonrió triunfante y no me molestó con sus extrañas suposiciones por el resto del almuerzo.
Cuando terminamos nos levantamos todos al unísono, como si todo el grupo con el que estaba hubiera sido programado por la misma persona. Nos dirigimos a los botes de basura a dejar los restos de comida que habíamos dejado en la bandeja.
-Te vamos a secuestrar un rato –dijeron dos de los chicos con los que me había sentado.
Gabbe y Todd unos mellizos que simplemente me habían saludado  cuando me sentaba a su lado y no me habían dirigido la palabra en todo el tiempo hasta ahora, me tomaron cada uno de un brazo y me “secuestraron”, tal como me habían dicho, hacia las cercanías del bosque.
No me dejaron hacerles ni una pregunta hasta que se sentaron delicadamente con las espaldas apoyadas en el tronco de unos cedros. Yo imité su acción lo mejor que pude, resultando un movimiento bastante torpe.
Les miré impacientes para que me dijeran algo. Gabbe suspiró para comenzar.
-Bien, siempre hacemos esto con los compañeros de habitación de Marie y ahora te ha tocado a ti.
La voz de Gabbe era suave y angelical. Probablemente uno de los pocos rasgos que la diferenciaban de su mellizo, junto con que ella tenía el pelo más largo y ondulado que su hermano y que las facciones de Todd eran más varoniles.
-Marie es muy sencilla –comentó el chico- y también demasiado sensible. Es un poco aniñada pero amable.
-A veces hace tonterías y molestan bastante, pero hay que acostumbrarse –suspiró la chica recordando algún desastre cometido por su amiga.
Seguí mirándoles atentos aunque ya había entendido a donde iban. Ellos querían advertirme de cómo era Marie para que pudiéramos convivir lo mejor posible. Era obvio que ellos entendían la personalidad extraña de su amiga y querían ponerme al tanto al ver mi reacción hacía media hora.
Había estado a punto de decirle un par de cosas pesadas al sentirme en una de las bromas de la chica. Pero no era ni una broma y me había dado cuenta a tiempo para no meter las patas.
-Si te dice algo raro, síguele la corriente. Si hace algo malo… bueno, estás en tu derecho de enojarte, pero ten en cuenta que no lo hace con intención –continuó Todd- Piensa en ella como una hermana pequeña ¿Tienes hermanos pequeños? ¿Algún primo? ¿Un amigo demasiado infantil?
-No, yo siempre fui la niña. No tengo ni hermanos ni conozco a mis tíos, y para mi amigo yo era la hermana de la que debía cuidar. Pero entiendo… hay que tratar lo mejor posible con Marie. Difícil, teniendo en cuenta mi carácter.
Rieron.
-Si tienes algún problema con ella, nos avisas, somos casi como sus padres en este lugar –dijo Gabbe con amabilidad.
-Bien… eso… ¿Eso es todo?
-Sí, ¿Nos quieres acompañar? ¿O prefieres tu cita? –bromeó Todd.
-Los sigo.
Caminamos por el jardín del internado. Si no mirabas al bosque, podrías decir que era lo más agradable del lugar y en especial si tenías a tu lado a dos simpáticos mellizos que no dejaban de contarte historias divertidas.
Me hablaron de las clases y lo que se hacía más difícil desde su parecido punto de vista. Me fueron indicando uno a uno los profesores que pasaban cerca de nosotros indicándome sus nombres, sus personalidades y cuáles eran sus clases. Parecían no hablar nunca mal de nadie, pero en medio de las descripciones del profesor Bessner pude notar como fruncían el ceño.
Cuando les pregunté por los alumnos fue lo mismo. Todos eran perfectos y amables, incluso cuando hablaron de los amigos de Billy. Ya creía yo que tendrían la misma impresión de ellos que la que tenían Marie y Tyler, pero ni una arruga entre sus cejas pudo delatarlos.
Me hablaron de los viajes semanales que se hacían a la ciudad todos los sábados recordándome que siempre era bueno salir a tomar aires nuevos.
Con todo eso, pude formarme una buena impresión de ellos quedándome claro que sus modales eran muy a la antigua. Eran buenas personas, no con quienes pasaría el tiempo para divertirme, pero siempre mostraría una sonrisa al verlos.
Me despedí de ellos cuando vi una palabra mágica tallada en una de las puertas que no había encontrado en mí recorrido aquella mañana, ni cuando Anne me había mostrado el internado. Biblioteca. Suspiré mirando en lo alto y empujé la puerta lista para inundarme de sabiduría.
Echaría de menos las constantes interrupciones de Bob en mi lectura, pero al menos sabría que se siente leer un libro sin pausas comerciales.
Recorrí una de las estanterías y anonadada por la cantidad de libros que siempre había querido leer y tomé uno al azar sin pensármelo dos veces. Que sea lo que la suerte me depare. Sonreí contenta de encontrarme con algo tan familiar.
Me senté en uno de  los sillones más cómodos que pude encontrar y abrí el libro después de leer el título.
Después de leer varias páginas me di cuenta de una casualidad tan triste que hiso que se me llenaran los ojos de lágrimas. Estaba leyendo aquel libro en el que intentaba concentrarme el día antes de irme de mi pueblo. Cuando estaba sentada en la cama de Bob y él me había revelado su secreto más grande.
No me había acordado de él hacía… en realidad hacía poco. Cuando Max se había sentado a mi lado para preguntarme si me acordaba de él y preguntarme por Bob.
Mi mente repitió todo lo vivido desde el día en que mi hermano del alma me había llevado a dar un extraño paseo al cerro, cerca del lugar en que los peatones se detenían a orinar. Intenté contener una risita que me causaba pensar en eso de tal forma.
Cambié de página luego de haber estado leyendo y pensando en cosas diferentes. No le prestaba ninguna atención a la lectura como me había pasado en casa de Bob. Qué nostalgia. Solo pensaba en la vida que había dejado atrás…
…Y ¡Ay! Alguien me había puesto sus manos en los hombros desde atrás del sillón haciéndome saltar.
-¡Bob! –grité riñéndolo.
Oh, pero él no estaba aquí para interrumpir mi lectura. Varios chicos que estaban con un libro en mano como yo me chistaron para que me silenciara.
Volteé rápidamente la cabeza y vi una cara tostada riendo maliciosamente a mis espaldas.
-Piensas mucho en Bob ¿No crees?
Era Max. Y con razón eran buenos amigos, si tenían los mismos indeseables gustos de interrumpirme.
Caminó alrededor del sillón para poder mirarme de frente y yo le seguí con la mirada. ¿Qué tontería podía haber pasado entre Billy y Tyler para que odiaran incluso a sus amigos? ¿Billy me odiaría a mí también y a Bob?
-Puede ser… -respondí.
-¿Desde cuándo se conocían ustedes?
-Desde que tengo memoria. Siempre fuimos vecinos.
-Hasta ahora –agregó haciendo que me molestara.
¿Por qué no me hablaba de otra cosa? Cada vez era Bob, Bob, Bob. ¡Hay mas temas chico!
-¿Se contaban todo? Me imagino que sí, todos los secretos.
Le miré suspicazmente y el levantó las manos en signo de rendición.
-¿A dónde quieres ir con esto?
-Nada, solo intentaba conversar… ser agradable –sonrió con picardía. Sus ojos brillaron con malicia y comencé a sentir como un calor me subía desde la espalda.
¿Querría saber un secreto mío? ¿O ya sabía algo de Bob? Al parecer tendría que mostrarme cautelosa con estos chicos, Max podría hacerme caer en una trampa y no quería traicionar a mi amigo. ¿Sería esto a lo que se refería Tyler? No, era imposible, Tyler no sabía que Bob era un hombre lobo a menos que Bob me hubiera mentido en cuanto a eso. Pero él no me mentía y si lo hacía yo lo sabía de inmediato.
-Bien… -murmuré.
Solo tendría que recordar mostrarme cautelosa.

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